Etiqueta: sino

  • In memoriam

    0210Hoy quiero rendir un pequeño homenaje a mi Maestro Antonio Palomo Ramírez, porque tú me enseñastes tantas cosas.

    Me enseñastes el significado de la amistad, porque tú fuiste amigo de tus amigos.

    Me enseñastes a vivir en armonía con la naturaleza, porque tú amabas la naturaleza.

    Me enseñastes a predicar con el ejemplo. Me enseñastes a que sólo con el trabajo y el sacrificio se consiguen las buenas cosas de la vida, y no sólo me enseñastes un oficio, sino a ser mejor persona. Por todo esto y como tu hija Mari dijo un día, tú fuiste maestro de la vida. Donde quiera que estés, seguramente estarás con mi padre, él cantándote por Antonio Machín y tú gastándole bromas. No quiero despedirme de ti con un hasta siempre, sino con un hasta pronto, porque tenemos que hablar de tantas cosas, compañero del alma, compañero.

     

  • 1908. Una exportadora de aceitunas revoluciona el concepto de los envases

    Dunipe & Compañía, exportadora de aceitunas con almacenes en Dos Hermanas, ha revolucionado el mercado norteamericano aplicando un concepto nuevo del envase. Ha tenido la feliz idea de transformar los envases de cristal en objetos de aplicación útil en la casa: jarritos para agua, jarras para cerveza, leche o cualquier otro líquido. De esta forma no se elimina el recipiente de la aceituna, sino que es aprovechado por el consumidor.

  • Pasionaria en el recuerdo

    Se cumplen en estos días veinte años de la muerte de Dolores Ibárruri “Pasionaria”. Veinte años sin la presencia, sin el aliento de una mujer que hizo de su vida, de la lucha por la emancipación de la clase trabajadora, bandera a la que se aferraran miles de hombres y mujeres que vieron en ella, no el icono en que quisieron convertirla, sino la encarnación misma de la esperanza.

    “Quise ser religiosa y terminé renunciando a la fe. Quise ser maestra de niños y me convertí en propagandista política.

    Quise ser feliz y la vida me golpeó en lo más íntimo, en lo más entrañable…”.
    Son palabras de Dolores, palabras de una mujer a la que le fue arrebatado lo que más quería, lo único que realmente era suyo: cuatro de sus seis hijos, a los que tuvo que enterrar cuando apenas comenzaban a andar.

    Palabras duras y amargas que tiñeron su vida de negro luto. Sólo en sus adentros.
    Pasionaria fue ejemplo de entereza. Nunca entendió la vida, esa vida que tanto le golpeó, sino como sinónimo de lucha. Y nadie mejor que ella para saber que la lucha la mayoría de las veces, solo terminaba con la muerte.

    Pasionaria esposa. Pasionaria madre. Pasionaria dirigente política…, pero sobre todo, Pasionaria Mujer. Una mujer en un tiempo en el que por el simple hecho de serlo, a lo más que podía aspirar era a “parir, coser y limpiar”.

    Y Pasionaria parió, Pasionaria cosió, Pasionaria limpió. Pero no quiso, no pudo quedarse ahí. Dolores se rebela. Pasionaria lucha, no contra el hombre que pretende someterla por ser mujer, sino contra la sociedad que les embrutece, que les anula como personas, que les oculta el norte.

    Hombre y mujer son compañeros. Juntos han de cavar la trinchera que frene y termine con el verdadero enemigo: La lucha de clases.  Y lo consigue.
    La palabra de Pasionaria se transforma en clamor. Su voz, coreada por cientos de miles de hombres y mujeres que se ven reflejadas en ella, que sienten como ella que otro mundo es posible, se crece, avanza, se extiende…

    “Fui elegida diputada por el pueblo. Mi lugar es pues, junto al pueblo. Trabajando con el pueblo”. Son palabras de Dolores política. Palabras de Pasionaria para quien su acta de diputada pertenece a los hombres y mujeres que la votaron. La herramienta que tienen en sus manos para intentar paliar el hambre y la miseria que azota a la España de los años treinta.

    Dolores, Pasionaria, deja de pertenecerse a si misma. Su voz es la voz de quienes no tienen voz. Sus manos, las manos de quienes aun queriendo usarlas, no pueden hacerlo.

    Dolores, Pasionaria, esa flor del siglo XX, deja de ser mortal. Dolores, Pasionaria, se transforma en Bandera. Nuestra Bandera.

  • Pasionaria en el recuerdo

    Se cumplen en estos días veinte años de la muerte de Dolores Ibárruri “Pasionaria”. Veinte años sin la presencia, sin el aliento de una mujer que hizo de su vida, de la lucha por la emancipación de la clase trabajadora, bandera a la que se aferraran miles de hombres y mujeres que vieron en ella, no el icono en que quisieron convertirla, sino la encarnación misma de la esperanza.

    “Quise ser religiosa y terminé renunciando a la fe. Quise ser maestra de niños y me convertí en propagandista política.

    Quise ser feliz y la vida me golpeó en lo más íntimo, en lo más entrañable…”.
    Son palabras de Dolores, palabras de una mujer a la que le fue arrebatado lo que más quería, lo único que realmente era suyo: cuatro de sus seis hijos, a los que tuvo que enterrar cuando apenas comenzaban a andar.

    Palabras duras y amargas que tiñeron su vida de negro luto. Sólo en sus adentros.
    Pasionaria fue ejemplo de entereza. Nunca entendió la vida, esa vida que tanto le golpeó, sino como sinónimo de lucha. Y nadie mejor que ella para saber que la lucha la mayoría de las veces, solo terminaba con la muerte.

    Pasionaria esposa. Pasionaria madre. Pasionaria dirigente política…, pero sobre todo, Pasionaria Mujer. Una mujer en un tiempo en el que por el simple hecho de serlo, a lo más que podía aspirar era a “parir, coser y limpiar”.

    Y Pasionaria parió, Pasionaria cosió, Pasionaria limpió. Pero no quiso, no pudo quedarse ahí. Dolores se rebela. Pasionaria lucha, no contra el hombre que pretende someterla por ser mujer, sino contra la sociedad que les embrutece, que les anula como personas, que les oculta el norte.

    Hombre y mujer son compañeros. Juntos han de cavar la trinchera que frene y termine con el verdadero enemigo: La lucha de clases.  Y lo consigue.
    La palabra de Pasionaria se transforma en clamor. Su voz, coreada por cientos de miles de hombres y mujeres que se ven reflejadas en ella, que sienten como ella que otro mundo es posible, se crece, avanza, se extiende…

    “Fui elegida diputada por el pueblo. Mi lugar es pues, junto al pueblo. Trabajando con el pueblo”. Son palabras de Dolores política. Palabras de Pasionaria para quien su acta de diputada pertenece a los hombres y mujeres que la votaron. La herramienta que tienen en sus manos para intentar paliar el hambre y la miseria que azota a la España de los años treinta.

    Dolores, Pasionaria, deja de pertenecerse a si misma. Su voz es la voz de quienes no tienen voz. Sus manos, las manos de quienes aun queriendo usarlas, no pueden hacerlo.

    Dolores, Pasionaria, esa flor del siglo XX, deja de ser mortal. Dolores, Pasionaria, se transforma en Bandera. Nuestra Bandera.

  • Pasionaria en el recuerdo

    Se cumplen en estos días veinte años de la muerte de Dolores Ibárruri “Pasionaria”. Veinte años sin la presencia, sin el aliento de una mujer que hizo de su vida, de la lucha por la emancipación de la clase trabajadora, bandera a la que se aferraran miles de hombres y mujeres que vieron en ella, no el icono en que quisieron convertirla, sino la encarnación misma de la esperanza.

    “Quise ser religiosa y terminé renunciando a la fe. Quise ser maestra de niños y me convertí en propagandista política.

    Quise ser feliz y la vida me golpeó en lo más íntimo, en lo más entrañable…”.
    Son palabras de Dolores, palabras de una mujer a la que le fue arrebatado lo que más quería, lo único que realmente era suyo: cuatro de sus seis hijos, a los que tuvo que enterrar cuando apenas comenzaban a andar.

    Palabras duras y amargas que tiñeron su vida de negro luto. Sólo en sus adentros.
    Pasionaria fue ejemplo de entereza. Nunca entendió la vida, esa vida que tanto le golpeó, sino como sinónimo de lucha. Y nadie mejor que ella para saber que la lucha la mayoría de las veces, solo terminaba con la muerte.

    Pasionaria esposa. Pasionaria madre. Pasionaria dirigente política…, pero sobre todo, Pasionaria Mujer. Una mujer en un tiempo en el que por el simple hecho de serlo, a lo más que podía aspirar era a “parir, coser y limpiar”.

    Y Pasionaria parió, Pasionaria cosió, Pasionaria limpió. Pero no quiso, no pudo quedarse ahí. Dolores se rebela. Pasionaria lucha, no contra el hombre que pretende someterla por ser mujer, sino contra la sociedad que les embrutece, que les anula como personas, que les oculta el norte.

    Hombre y mujer son compañeros. Juntos han de cavar la trinchera que frene y termine con el verdadero enemigo: La lucha de clases.  Y lo consigue.
    La palabra de Pasionaria se transforma en clamor. Su voz, coreada por cientos de miles de hombres y mujeres que se ven reflejadas en ella, que sienten como ella que otro mundo es posible, se crece, avanza, se extiende…

    “Fui elegida diputada por el pueblo. Mi lugar es pues, junto al pueblo. Trabajando con el pueblo”. Son palabras de Dolores política. Palabras de Pasionaria para quien su acta de diputada pertenece a los hombres y mujeres que la votaron. La herramienta que tienen en sus manos para intentar paliar el hambre y la miseria que azota a la España de los años treinta.

    Dolores, Pasionaria, deja de pertenecerse a si misma. Su voz es la voz de quienes no tienen voz. Sus manos, las manos de quienes aun queriendo usarlas, no pueden hacerlo.

    Dolores, Pasionaria, esa flor del siglo XX, deja de ser mortal. Dolores, Pasionaria, se transforma en Bandera. Nuestra Bandera.

  • Irrenunciable soledad

    (Marcos 9,37-42) Huimos de ella como podemos. Ponemos la tele para no verla; oímos la radio y no la escuchamos; salimos y entramos en mil cosas queriendo alejarla de nosotros y siempre, siempre, nos acompaña.

    Nuestra vida de personas se constituye en la soledad en la que nos miramos y nos decidimos. Es verdad, somos esto o lo otro: maestra o periodista, sacerdote o trabajador del campo, estudiante o “mileurista”. Pero nada de eso es lo que somos en verdad. Tú, y yo, somos un abismo de soledad que nos permite decidirnos y ser libres.

    Huir de la soledad significa huir de nosotros mismos y refugiarnos, no en los otros, sino en la necesidad que de los otros tenemos. Huyendo de nuestra soledad no encontramos pareja, ni amigos, ni compañeros, sino a alguien, distinto cada vez, que satisface nuestras necesidades. Huyendo de la soledad, sin respetar el misterio insondable que somos, huimos de los otros hacia lo más exterior y superficial de sus personas.

    Las preguntas fundamentales de tu vida: ¿eres feliz?, ¿a quién quieres de verdad?, ¿en qué te estás convirtiendo?, ¿es hermosa y tiene sentido la vida?, sólo se pueden afrontar sintiendo nuestra propia respiración. Pero no te engañes, en la soledad, mientras más abismal, más patente, siempre hay Alguien contigo. Por eso, mirar al abismo de tu propia vida es mirar a los ojos de quien te dio y te da el ser. ¿No es hermoso?

     

  • Irrenunciable soledad

    (Marcos 9,37-42) Huimos de ella como podemos. Ponemos la tele para no verla; oímos la radio y no la escuchamos; salimos y entramos en mil cosas queriendo alejarla de nosotros y siempre, siempre, nos acompaña.

    Nuestra vida de personas se constituye en la soledad en la que nos miramos y nos decidimos. Es verdad, somos esto o lo otro: maestra o periodista, sacerdote o trabajador del campo, estudiante o “mileurista”. Pero nada de eso es lo que somos en verdad. Tú, y yo, somos un abismo de soledad que nos permite decidirnos y ser libres.

    Huir de la soledad significa huir de nosotros mismos y refugiarnos, no en los otros, sino en la necesidad que de los otros tenemos. Huyendo de nuestra soledad no encontramos pareja, ni amigos, ni compañeros, sino a alguien, distinto cada vez, que satisface nuestras necesidades. Huyendo de la soledad, sin respetar el misterio insondable que somos, huimos de los otros hacia lo más exterior y superficial de sus personas.

    Las preguntas fundamentales de tu vida: ¿eres feliz?, ¿a quién quieres de verdad?, ¿en qué te estás convirtiendo?, ¿es hermosa y tiene sentido la vida?, sólo se pueden afrontar sintiendo nuestra propia respiración. Pero no te engañes, en la soledad, mientras más abismal, más patente, siempre hay Alguien contigo. Por eso, mirar al abismo de tu propia vida es mirar a los ojos de quien te dio y te da el ser. ¿No es hermoso?

     

  • Irrenunciable soledad

    (Marcos 9,37-42) Huimos de ella como podemos. Ponemos la tele para no verla; oímos la radio y no la escuchamos; salimos y entramos en mil cosas queriendo alejarla de nosotros y siempre, siempre, nos acompaña.

    Nuestra vida de personas se constituye en la soledad en la que nos miramos y nos decidimos. Es verdad, somos esto o lo otro: maestra o periodista, sacerdote o trabajador del campo, estudiante o “mileurista”. Pero nada de eso es lo que somos en verdad. Tú, y yo, somos un abismo de soledad que nos permite decidirnos y ser libres.

    Huir de la soledad significa huir de nosotros mismos y refugiarnos, no en los otros, sino en la necesidad que de los otros tenemos. Huyendo de nuestra soledad no encontramos pareja, ni amigos, ni compañeros, sino a alguien, distinto cada vez, que satisface nuestras necesidades. Huyendo de la soledad, sin respetar el misterio insondable que somos, huimos de los otros hacia lo más exterior y superficial de sus personas.

    Las preguntas fundamentales de tu vida: ¿eres feliz?, ¿a quién quieres de verdad?, ¿en qué te estás convirtiendo?, ¿es hermosa y tiene sentido la vida?, sólo se pueden afrontar sintiendo nuestra propia respiración. Pero no te engañes, en la soledad, mientras más abismal, más patente, siempre hay Alguien contigo. Por eso, mirar al abismo de tu propia vida es mirar a los ojos de quien te dio y te da el ser. ¿No es hermoso?

     

  • Irrenunciable soledad

    (Marcos 9,37-42) Huimos de ella como podemos. Ponemos la tele para no verla; oímos la radio y no la escuchamos; salimos y entramos en mil cosas queriendo alejarla de nosotros y siempre, siempre, nos acompaña.

    Nuestra vida de personas se constituye en la soledad en la que nos miramos y nos decidimos. Es verdad, somos esto o lo otro: maestra o periodista, sacerdote o trabajador del campo, estudiante o “mileurista”. Pero nada de eso es lo que somos en verdad. Tú, y yo, somos un abismo de soledad que nos permite decidirnos y ser libres.

    Huir de la soledad significa huir de nosotros mismos y refugiarnos, no en los otros, sino en la necesidad que de los otros tenemos. Huyendo de nuestra soledad no encontramos pareja, ni amigos, ni compañeros, sino a alguien, distinto cada vez, que satisface nuestras necesidades. Huyendo de la soledad, sin respetar el misterio insondable que somos, huimos de los otros hacia lo más exterior y superficial de sus personas.

    Las preguntas fundamentales de tu vida: ¿eres feliz?, ¿a quién quieres de verdad?, ¿en qué te estás convirtiendo?, ¿es hermosa y tiene sentido la vida?, sólo se pueden afrontar sintiendo nuestra propia respiración. Pero no te engañes, en la soledad, mientras más abismal, más patente, siempre hay Alguien contigo. Por eso, mirar al abismo de tu propia vida es mirar a los ojos de quien te dio y te da el ser. ¿No es hermoso?

     

  • Nueva oficina de Correos ya

    Me veo en la ineludible obligación de solicitar a Correos así como al Ayuntamiento que ejerza de intermediario, para que en un plazo mínimo de tiempo, dote a esta ciudad de unas oficinas para el establecimiento de sus funciones, acorde con los habitantes, con la extensión y con la modernidad que en estos momentos existe a todo su alrededor.

    Es inadmisible congregar en aproximadamente 20 metros cuadrados, que tienen sus oficinas, a tantísimas personas como se dan cita allí para efectuar sus diligencias, debiendo soportar en tan poco espacio cochecitos de niños (que las madres tienen no solo su derecho sino la necesidad de ir con sus hijos), personas que tosen, estornudos a una distancia de una cuarta, permanecer en la calle porque dentro no se cabe, y es que más que una cola existe un «pelotón».

    La ciudad ha crecido en un 300%, pero Correos se ha quedado obsoleta, inadecuada a las circunstancias actuales, anclada en el 88, cuando yo llegué aquí y ya clama al cielo que estemos hacinados en lugar de colocados, máxime cuando no vamos a pedir limosna sino a hacer un trueque de «servicios por euros» y eso implica unos beneficios que deberían repercutir en posibilidades de ampliación y remodelación por el bien de sus empleados y usuarios; y digo empleados porque a veces se encuentran como «enterrados en paquetes».

    Considero su negligencia una falta de respeto a los 125.000 habitantes de esta ciudad. Almuñécar (Granada) tiene entre 30 y 40.000 y las oficinas de su entidad debe estar en unos 500 metros cuadrados. Ya nos toca a nosotros ¿no creen? Ruego tengan a bien adquirir un nuevo local (que ahora tienen una buenísima oportunidad de coger a buen precio), adjudíquenlo a una empresa constructora, que en estos momentos hay donde elegir y no lo dilaten más.