Etiqueta: protagonista

  • Una chica aventurera

    1501ADÈLE Y EL MISTERIO DE LA MOMIA

    El director, guionista, productor y hombre-orquesta en general del cine francés, Luc Besson, comentó en sus comienzos que su pretensión era dirigir diez películas de muy alta calidad y después retirarse. Y lo cierto es que, salvo contadísimas excepciones, el resultado obtenido  ha sido más que satisfactorio.

    {xtypo_code}Francia, 2010 (105′).
    Título original:  Les aventures extraordinaires d’Adèle Blanc-Sec.
    Dirección: Luc Besson.
    Producción: Luc Besson, basado en los comics de Jacques Tardi.
    Fotografía: Thierry Arbogast.
    Música: Eric Serra.
    Montaje: Julien Rey.
    Intérpretes: Louise Bourgoin (Adèle Blanc-Sec), Mathieu Amalric (Dieuleveult), Gilles Lellouche (Inspector Caponi), Jean Paul Rouve (Justin de Saint-Huber), Jacky Nercessian (Marie-Joseph), Philippe Nahon (Profesor Ménard), Nicolas Giraud (Andrej Zborowski), Laure de Clermont (Agathe Blanc-Sec).{/xtypo_code}

    Sea como sea, hay un hecho indudable, y es que Besson sabe lo que hace, tiene talento y una visión acertada con sus proyectos, que lleva a buen puerto, sin importar que se trate de un drama sobre un sicario (León. El profesional), la vida de una guerrera mística (Juana de Arco) o una cinta infantil con seres diminutos que viven en los jardines (Arthur y los Minimoys). Aunque, la otra verdad, es que ésta es su película (no incluimos los dos documentales que ha rodado, ni la tercera parte de las aventuras de Arthur, aún en postproducción) número trece.

    En ésta, su última obra. Besson logra llevar a la gran pantalla un proyecto tras el que llevaba casi una década: la adaptación de los cómics (nueve álbumes hasta el momento) de Jacques Tardi, publicados desde 1976, y protagonizados por una intrépida y aventurera periodista del París de principios de siglo XX. Y lo hace con el acierto al que nos tiene (normalmente) acostumbrados.

    Adèle y el misterio de la momia utiliza dos de los primeros libros de Tardi sobre el personaje, para presentarnos (a pocos se les escapa que ésta no será la única película que Besson rodará sobre ella) a una periodista aventurera, valiente, que viaja al viejo Egipto en busca de una momia con ciertos poderes. Mientras, en París, de algún modo desconocido, un pterodáctilo ha nacido de un huevo de más de 135 millones de años, y está sembrando el pánico mientras sobrevuela la ciudad en busca de alimento.

    Aunque la cinta tiene un arranque que recuerda demasiado a la Amelie de Jeunet, poco tarda en desviarse, en abandonar la sensación de copia, y crear una cinta original y divertida, con un personaje femenino de carácter, osada, atrevida, y con un sentido del humor rayano al sarcasmo. Por el contrario, los personajes masculinos son una caterva de timoratos y torpes de escasos recursos y limitadas capacidades, y que aparecen incluso afeados, sobre todo frente a la belleza de la protagonista total y absoluta de la cinta.

    Louise Bourgoin, que antes de dar el salto al cine se hizo popular como la chica del tiempo de Canal+ Francia, se presenta mucho más sexual y atrevida (si cabe) que la Adèle de las viñetas, pero conserva el mismo sentido del humor del original.
    Besson ha creado una película que tiene ritmo, humor (tiene al menos un par de secuencias de gran nivel), dos historias (que a veces encajan con dificultad), pero que finalizan del mejor modo posible visto los intereses de la protagonista e instigadora de toda la historia, y nos descubre a una actriz de talento a la que a partir de ahora vamos a ver mucho más. Una película que ofrece bastante más de lo que en un primer visionado se aprecia.

     

  • Sentimentalismo baboso

    1501UN SUEÑO POSIBLE

    El pasado 2009 fue un año completito para Sandra Bullock. En el terreno personal, pudo adoptar al niño que tanto tiempo llevaba persiguiendo, pero por otro lado sufrió un doloroso divorcio tras las infidelidades de su marido. En el apartado profesional, recibió el Golden Rapsberry (o el Razzie, como es más conocido) a la peor actriz del año por su papel en Loca obsesión, aunque un par de días después recogió el Oscar por esta película, como la mejor actriz del mismo año.

    {xtypo_code} Estados Unidos, 2009 (129′).

    Título original: The blind side.

    Director:  John Lee Hancock.

    Producción: Broderick Johnson, Andrew A. Kosove, Gil Netter.

    Guión: John Lee Hancock, basado en el libro de Michael Lewis.

    Fotografía: Alar Kivilo.

    Música: Carter Burwell.

    Montaje: Mark Livolsi.

    Intérpretes: Sandra Bullock (Leigh Ann Tuhoy), Tim McGraw (Sean Tuhoy), Quinton Aaron (Michael Oher), Jae Head (S.J. Tuhoy), Lily Collins (Collins Tuhoy), Ray McKinnon (Entrenador Burt Cotton), Kim Dickens (Sra. Boswell), Adriane Lenox (Denise Oher), Kathy Bates (Srta. Sue), Catherine Dyer (Sra. Smith), Andy Stahl (Director Sandstrom). {/xtypo_code}

    La verdad es que la protagonista demuestra mucho más talento de lo que había hecho hasta la fecha (aunque las cintas predecesoras tampoco se prestaban a demasiado), y que puede interpretar papeles más allá de la comedia romántica en la que estaba prácticamente afincada, aunque de ahí a darle un premio de la Academia de Hollywood hay un trecho, y tampoco habría extrañado que la ganadora hubiese sido cualquiera de las otras cuatro candidatas rivales.Un sueño posible (ignoremos la traducción española del título, que obvia todo el sentido del original, basado en el deporte que es protagonista de la historia) es una película de buenos sentimientos, extremadamente buenos, con una familia acomodada, triunfadora y feliz que no tiene el más mínimo problema en ningún aspecto de sus vidas, en ningún momento.

     

    Basada en hechos reales, nos cuenta la historia de Michael ‘Big Mike’ Oher, un joven negro, casi un sin techo, que sobrevive como puede, y al que un día la matriarca de la familia le ofrece pasar la noche en su casa. Poco a poco, el silencioso grandullón va conquistando a la familia, y gracias a sus aptitudes deportivas logrará éxitos inesperados.Aunque está bien contada, está rodada con innumerables estereotipos y muchos tópicos ya demasiado manidos.

    Pero el principal error es que el argumento se centra exclusivamente en la familia, en lo bien que les va a todos con la llegada del nuevo miembro (antes ya le iba de lujo al padre empresario rico, a la madre solidaria y orgullosa de serlo y demostrarlo a los demás, al hijo divertido y chistoso -el descubrimiento de la cinta- y a la guapa hija animadora del equipo del instituto -por cierto, hija en la vida real del cantante Phil Collins-), pero no se molesta en considerar repercusiones sociales más amplias.

    La película es demasiado blanda, tan sentimental y condescendiente que llega a molestar en algunos momentos y que raya el racismo y la vergüenza en otros. Y lo que es peor: es maniquea y demagoga. Nos quiere convencer de que la bondad existe, de que los buenos sentimientos mueven al mundo. Pero Hollywood ha evolucionado poco desde los años treinta, y los negros siguen en guetos, dedicados al robo y al tráfico y consumo de droga, y son los ricos y generosos blancos los que ayudan a sacarlos del hoyo del que por sí mismos no son capaces de salir. Aunque basada en hechos reales, hay mejores modos (y más creíbles) de contar la historia.

  • La palabra de hoy

    Las palabras que el viento desparrama
    sobre el tiempo, la vida y el olvido,
    van tiñendo su piel con el sentido
    que incrustamos en nuestro pentagrama.

    Las palabras se inflan con el viento
    de cada bocanada de la historia,
    y así, serán más polvo o más memoria
    según sea el rescoldo del lamento.

    Resurge la palabra cual disparo
    que atrona la verdad de cada instante;
    una especie de marca o un sextante;
    un rumbo que, hoy por hoy, se llama “paro”.

    Sin duda es nuestro mal protagonista;
    la pista desigual y empobrecida
    que a nuestra sociedad desfallecida
    la merma, la define y la conquista.

    Palabra más maldita que cercana.
    Palabra a trompicones mal disuelta.
    Palabra displicente —no resuelta—,
    que atufa a decadente y aldeana.

  • La palabra de hoy

    Las palabras que el viento desparrama
    sobre el tiempo, la vida y el olvido,
    van tiñendo su piel con el sentido
    que incrustamos en nuestro pentagrama.

    Las palabras se inflan con el viento
    de cada bocanada de la historia,
    y así, serán más polvo o más memoria
    según sea el rescoldo del lamento.

    Resurge la palabra cual disparo
    que atrona la verdad de cada instante;
    una especie de marca o un sextante;
    un rumbo que, hoy por hoy, se llama “paro”.

    Sin duda es nuestro mal protagonista;
    la pista desigual y empobrecida
    que a nuestra sociedad desfallecida
    la merma, la define y la conquista.

    Palabra más maldita que cercana.
    Palabra a trompicones mal disuelta.
    Palabra displicente —no resuelta—,
    que atufa a decadente y aldeana.

  • La palabra de hoy

    Las palabras que el viento desparrama
    sobre el tiempo, la vida y el olvido,
    van tiñendo su piel con el sentido
    que incrustamos en nuestro pentagrama.

    Las palabras se inflan con el viento
    de cada bocanada de la historia,
    y así, serán más polvo o más memoria
    según sea el rescoldo del lamento.

    Resurge la palabra cual disparo
    que atrona la verdad de cada instante;
    una especie de marca o un sextante;
    un rumbo que, hoy por hoy, se llama “paro”.

    Sin duda es nuestro mal protagonista;
    la pista desigual y empobrecida
    que a nuestra sociedad desfallecida
    la merma, la define y la conquista.

    Palabra más maldita que cercana.
    Palabra a trompicones mal disuelta.
    Palabra displicente —no resuelta—,
    que atufa a decadente y aldeana.

  • La palabra de hoy

    Las palabras que el viento desparrama
    sobre el tiempo, la vida y el olvido,
    van tiñendo su piel con el sentido
    que incrustamos en nuestro pentagrama.

    Las palabras se inflan con el viento
    de cada bocanada de la historia,
    y así, serán más polvo o más memoria
    según sea el rescoldo del lamento.

    Resurge la palabra cual disparo
    que atrona la verdad de cada instante;
    una especie de marca o un sextante;
    un rumbo que, hoy por hoy, se llama “paro”.

    Sin duda es nuestro mal protagonista;
    la pista desigual y empobrecida
    que a nuestra sociedad desfallecida
    la merma, la define y la conquista.

    Palabra más maldita que cercana.
    Palabra a trompicones mal disuelta.
    Palabra displicente —no resuelta—,
    que atufa a decadente y aldeana.

  • Amor bipolar

    1501TWO LOVERS

    Hay algunas ocasiones en las que (sin que haya una razón que lo justifique) una película se estrena con años de retraso en nuestro país. Este es uno de esos extraños casos. Y es extraño porque las anteriores cintas del director (James Gray) tuvieron un éxito (relativo) en nuestras pantallas, y porque el reparto incluye rostros que otrora eran gancho para las masas como Gwyneth Paltrow y JoaquÍn Phoenix. Y dos años después de que se realizara (antes de que el protagonista masculino decidiera retirarse), Two lovers llega a nuestras pantallas, para goce y deleite de los cinéfilos.

    Gray ha construido aquí un potente drama sobre Leonard, un hombre con un trastorno de bipolaridad que, tras un frustrado intento de suicidio regresa a su casa, con su sobreprotectora madre y un padre que está a punto de vender su negocio, donde Leonard trabaja. Pero su mundo va a verse sacudido por un deseo a dos bandas (la bipolaridad también está presente aquí), al conocer a Michelle, una seductora y enigmática mujer que acaba de mudarse a su edificio, y a Sandra (arrebatadoramente bella, Vinessa Shaw), una chica educada y agradable, hija del empresario que va a comprar el negocio familiar y con quienes sus padres le quieren emparejar.

    Las dos mujeres entre las que se debate el protagonista (es un decir, él lo tiene meridianamente claro desde el principio), representan dos de los arquetipos de mujeres que ha explotado desde siempre el cine de Hollywood, y no me refiero a que una sea morena y la otra rubia, sino al ‘enfrentamiento’ entre la femme fatale y la mujer hogareña.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2008.
    Título original: Two lovers.
    Director: James Gray.
    Producción: James Gray, Donna Gigliotti, Anthony Katagas.
    Guión: Ric Manello, James Gray.
    Fotografía: Joaquin Baca-Asay.
    Montaje: John Axelrad.
    Intérpretes: Joaquin Phoenix (Leonard Kraditor), Gwyneth Paltrow (Michelle Rausch), Vinessa Shaw (Sandra Cohen), Moni Moshonov (Reuben Kraditor), Isabella Rossellini (Ruth Kraditor), John Ortiz (Jose Cordero), Bob Ari (Michael Cohen), Julie Budd (Carol Cohen), Elias Koteas (Ronald Blatt), Samantha Ivers (Stephanie), Jeanine Serralles (Dayna).{/xtypo_code}

    Gray hace aquí un par de guiño al cine de Hitchcock: las dos mujeres que obsesionan al protagonista de Vértigo, se pueden extrapolar a las dos que atormentan a Leonard; y también en el hecho de que el protagonista ‘espíe’ a través de su ventana a la chica de sus sueños.

    Después de los tres thrillers con los que Gray comenzó su carrera, este drama romántico supone un giro brusco en su trayectoria, aunque no abandona el decorado al que nos tiene acostumbrados (Brightom Beach, en Brooklyn). El resultado es una cinta muy potente, con mucha intensidad y unos protagonistas en estado de gracia, en el que Gray hace un acercamiento al amor de un modo mucho más elegante y ciertamente pesimista al que estamos acostumbrados.

  • Amor bipolar

    1501TWO LOVERS

    Hay algunas ocasiones en las que (sin que haya una razón que lo justifique) una película se estrena con años de retraso en nuestro país. Este es uno de esos extraños casos. Y es extraño porque las anteriores cintas del director (James Gray) tuvieron un éxito (relativo) en nuestras pantallas, y porque el reparto incluye rostros que otrora eran gancho para las masas como Gwyneth Paltrow y JoaquÍn Phoenix. Y dos años después de que se realizara (antes de que el protagonista masculino decidiera retirarse), Two lovers llega a nuestras pantallas, para goce y deleite de los cinéfilos.

    Gray ha construido aquí un potente drama sobre Leonard, un hombre con un trastorno de bipolaridad que, tras un frustrado intento de suicidio regresa a su casa, con su sobreprotectora madre y un padre que está a punto de vender su negocio, donde Leonard trabaja. Pero su mundo va a verse sacudido por un deseo a dos bandas (la bipolaridad también está presente aquí), al conocer a Michelle, una seductora y enigmática mujer que acaba de mudarse a su edificio, y a Sandra (arrebatadoramente bella, Vinessa Shaw), una chica educada y agradable, hija del empresario que va a comprar el negocio familiar y con quienes sus padres le quieren emparejar.

    Las dos mujeres entre las que se debate el protagonista (es un decir, él lo tiene meridianamente claro desde el principio), representan dos de los arquetipos de mujeres que ha explotado desde siempre el cine de Hollywood, y no me refiero a que una sea morena y la otra rubia, sino al ‘enfrentamiento’ entre la femme fatale y la mujer hogareña.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2008.
    Título original: Two lovers.
    Director: James Gray.
    Producción: James Gray, Donna Gigliotti, Anthony Katagas.
    Guión: Ric Manello, James Gray.
    Fotografía: Joaquin Baca-Asay.
    Montaje: John Axelrad.
    Intérpretes: Joaquin Phoenix (Leonard Kraditor), Gwyneth Paltrow (Michelle Rausch), Vinessa Shaw (Sandra Cohen), Moni Moshonov (Reuben Kraditor), Isabella Rossellini (Ruth Kraditor), John Ortiz (Jose Cordero), Bob Ari (Michael Cohen), Julie Budd (Carol Cohen), Elias Koteas (Ronald Blatt), Samantha Ivers (Stephanie), Jeanine Serralles (Dayna).{/xtypo_code}

    Gray hace aquí un par de guiño al cine de Hitchcock: las dos mujeres que obsesionan al protagonista de Vértigo, se pueden extrapolar a las dos que atormentan a Leonard; y también en el hecho de que el protagonista ‘espíe’ a través de su ventana a la chica de sus sueños.

    Después de los tres thrillers con los que Gray comenzó su carrera, este drama romántico supone un giro brusco en su trayectoria, aunque no abandona el decorado al que nos tiene acostumbrados (Brightom Beach, en Brooklyn). El resultado es una cinta muy potente, con mucha intensidad y unos protagonistas en estado de gracia, en el que Gray hace un acercamiento al amor de un modo mucho más elegante y ciertamente pesimista al que estamos acostumbrados.

  • Amor bipolar

    1501TWO LOVERS

    Hay algunas ocasiones en las que (sin que haya una razón que lo justifique) una película se estrena con años de retraso en nuestro país. Este es uno de esos extraños casos. Y es extraño porque las anteriores cintas del director (James Gray) tuvieron un éxito (relativo) en nuestras pantallas, y porque el reparto incluye rostros que otrora eran gancho para las masas como Gwyneth Paltrow y JoaquÍn Phoenix. Y dos años después de que se realizara (antes de que el protagonista masculino decidiera retirarse), Two lovers llega a nuestras pantallas, para goce y deleite de los cinéfilos.

    Gray ha construido aquí un potente drama sobre Leonard, un hombre con un trastorno de bipolaridad que, tras un frustrado intento de suicidio regresa a su casa, con su sobreprotectora madre y un padre que está a punto de vender su negocio, donde Leonard trabaja. Pero su mundo va a verse sacudido por un deseo a dos bandas (la bipolaridad también está presente aquí), al conocer a Michelle, una seductora y enigmática mujer que acaba de mudarse a su edificio, y a Sandra (arrebatadoramente bella, Vinessa Shaw), una chica educada y agradable, hija del empresario que va a comprar el negocio familiar y con quienes sus padres le quieren emparejar.

    Las dos mujeres entre las que se debate el protagonista (es un decir, él lo tiene meridianamente claro desde el principio), representan dos de los arquetipos de mujeres que ha explotado desde siempre el cine de Hollywood, y no me refiero a que una sea morena y la otra rubia, sino al ‘enfrentamiento’ entre la femme fatale y la mujer hogareña.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2008.
    Título original: Two lovers.
    Director: James Gray.
    Producción: James Gray, Donna Gigliotti, Anthony Katagas.
    Guión: Ric Manello, James Gray.
    Fotografía: Joaquin Baca-Asay.
    Montaje: John Axelrad.
    Intérpretes: Joaquin Phoenix (Leonard Kraditor), Gwyneth Paltrow (Michelle Rausch), Vinessa Shaw (Sandra Cohen), Moni Moshonov (Reuben Kraditor), Isabella Rossellini (Ruth Kraditor), John Ortiz (Jose Cordero), Bob Ari (Michael Cohen), Julie Budd (Carol Cohen), Elias Koteas (Ronald Blatt), Samantha Ivers (Stephanie), Jeanine Serralles (Dayna).{/xtypo_code}

    Gray hace aquí un par de guiño al cine de Hitchcock: las dos mujeres que obsesionan al protagonista de Vértigo, se pueden extrapolar a las dos que atormentan a Leonard; y también en el hecho de que el protagonista ‘espíe’ a través de su ventana a la chica de sus sueños.

    Después de los tres thrillers con los que Gray comenzó su carrera, este drama romántico supone un giro brusco en su trayectoria, aunque no abandona el decorado al que nos tiene acostumbrados (Brightom Beach, en Brooklyn). El resultado es una cinta muy potente, con mucha intensidad y unos protagonistas en estado de gracia, en el que Gray hace un acercamiento al amor de un modo mucho más elegante y ciertamente pesimista al que estamos acostumbrados.

  • Amor bipolar

    1501TWO LOVERS

    Hay algunas ocasiones en las que (sin que haya una razón que lo justifique) una película se estrena con años de retraso en nuestro país. Este es uno de esos extraños casos. Y es extraño porque las anteriores cintas del director (James Gray) tuvieron un éxito (relativo) en nuestras pantallas, y porque el reparto incluye rostros que otrora eran gancho para las masas como Gwyneth Paltrow y JoaquÍn Phoenix. Y dos años después de que se realizara (antes de que el protagonista masculino decidiera retirarse), Two lovers llega a nuestras pantallas, para goce y deleite de los cinéfilos.

    Gray ha construido aquí un potente drama sobre Leonard, un hombre con un trastorno de bipolaridad que, tras un frustrado intento de suicidio regresa a su casa, con su sobreprotectora madre y un padre que está a punto de vender su negocio, donde Leonard trabaja. Pero su mundo va a verse sacudido por un deseo a dos bandas (la bipolaridad también está presente aquí), al conocer a Michelle, una seductora y enigmática mujer que acaba de mudarse a su edificio, y a Sandra (arrebatadoramente bella, Vinessa Shaw), una chica educada y agradable, hija del empresario que va a comprar el negocio familiar y con quienes sus padres le quieren emparejar.

    Las dos mujeres entre las que se debate el protagonista (es un decir, él lo tiene meridianamente claro desde el principio), representan dos de los arquetipos de mujeres que ha explotado desde siempre el cine de Hollywood, y no me refiero a que una sea morena y la otra rubia, sino al ‘enfrentamiento’ entre la femme fatale y la mujer hogareña.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2008.
    Título original: Two lovers.
    Director: James Gray.
    Producción: James Gray, Donna Gigliotti, Anthony Katagas.
    Guión: Ric Manello, James Gray.
    Fotografía: Joaquin Baca-Asay.
    Montaje: John Axelrad.
    Intérpretes: Joaquin Phoenix (Leonard Kraditor), Gwyneth Paltrow (Michelle Rausch), Vinessa Shaw (Sandra Cohen), Moni Moshonov (Reuben Kraditor), Isabella Rossellini (Ruth Kraditor), John Ortiz (Jose Cordero), Bob Ari (Michael Cohen), Julie Budd (Carol Cohen), Elias Koteas (Ronald Blatt), Samantha Ivers (Stephanie), Jeanine Serralles (Dayna).{/xtypo_code}

    Gray hace aquí un par de guiño al cine de Hitchcock: las dos mujeres que obsesionan al protagonista de Vértigo, se pueden extrapolar a las dos que atormentan a Leonard; y también en el hecho de que el protagonista ‘espíe’ a través de su ventana a la chica de sus sueños.

    Después de los tres thrillers con los que Gray comenzó su carrera, este drama romántico supone un giro brusco en su trayectoria, aunque no abandona el decorado al que nos tiene acostumbrados (Brightom Beach, en Brooklyn). El resultado es una cinta muy potente, con mucha intensidad y unos protagonistas en estado de gracia, en el que Gray hace un acercamiento al amor de un modo mucho más elegante y ciertamente pesimista al que estamos acostumbrados.