SIENDO BARRO el barro, con él se construyeron hace siglos torres, que obligan, todavía, a levantar la vista. ¿Quién puede negar su propia debilidad? ¿Quién puede negar que el paso de los años y el tiempo nos hacen más humildes y realistas?
¿Quién puede resistirse a la evidencia de que nuestro corazón de hombres y mujeres es frágil y quebradizo? El orgullo y el fracaso, la intolerancia y nuestras obsesiones circulares y recurrentes… Día a día nos vemos encarados con nuestros pecados, con nuestra fragilidad.
Pero, también día a día, nos vemos fortalecidos en un amor que nos desborda y sorprende. Dios es amigo de la vida. También de la tuya, de tu libertad y tu felicidad. Dios es amigo de dar las fuerzas necesarias para que cumplamos nuestros buenos deseos. Dios nos entregó a su Hijo para que Él fuera nuestra gloria, y nosotros fuéramos gloria para Él. Ninguna de las oscuridades que de vez en cuando se apoderan de ti es más fuerte que su amor y su entrega. ¿Quién no encontrará amor en la fuente misma de la vida? ¿Si la Vida espera en nuestra puerta a que salgamos, quién no encontrará vida con sólo salir a buscarla?
Los ladrillos son sólo barro, y como nosotros debilidad, pero el calor, el fuego y la fuerza de apoyarse unos en otros los hace edificar construcciones que admiran durante siglos.
Mira cerca de ti y verás corazones que, siendo frágiles, merecen admiración por los siglos de los siglos. Tal vez el tuyo también.
Los profesores brindaron por el éxito futuro de los alumnos
Probablemente vivimos en el momento más aburrido de la historia de nuestro Sistema Solar. Los planetas están anclados en órbitas con frecuencias idóneas para que el Sistema no se desmonte fácilmente. En la Tierra, tenemos una Luna que evita que la Tierra se ponga a girar de modo irregular, cosa que complicaría mucho las condiciones para la vida. Tenemos a Júpiter, que es un muro de contención que se traga o desvía miles de objetos que de otra manera llegarían hasta nosotros. El Sol está en el punto ideal para que la Tierra tenga temperaturas idóneas para la vida… Es lo que llaman en ciencias un sistema “Ricitos de oro”: ni demasiado frío, ni demasiado caliente.