El delegado de Obras, Paco Rodríguez, participó el pasado sábado en el estadio Sánchez Pizjuan en la campaña del Sevilla FC, Juega con nosotros. Somos de todos. Una iniciativa para dar a conocer todos los pueblos de España en su página de Facebook.
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Dos Hermanas en ‘Juega con nosotros’
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Dos Hermanas en ‘Juega con nosotros’
El delegado de Obras, Paco Rodríguez, participó el pasado sábado en el estadio Sánchez Pizjuan en la campaña del Sevilla FC, Juega con nosotros. Somos de todos. Una iniciativa para dar a conocer todos los pueblos de España en su página de Facebook. -
Irrenunciable soledad
(Marcos 9,37-42) Huimos de ella como podemos. Ponemos la tele para no verla; oímos la radio y no la escuchamos; salimos y entramos en mil cosas queriendo alejarla de nosotros y siempre, siempre, nos acompaña.
Nuestra vida de personas se constituye en la soledad en la que nos miramos y nos decidimos. Es verdad, somos esto o lo otro: maestra o periodista, sacerdote o trabajador del campo, estudiante o “mileurista”. Pero nada de eso es lo que somos en verdad. Tú, y yo, somos un abismo de soledad que nos permite decidirnos y ser libres.
Huir de la soledad significa huir de nosotros mismos y refugiarnos, no en los otros, sino en la necesidad que de los otros tenemos. Huyendo de nuestra soledad no encontramos pareja, ni amigos, ni compañeros, sino a alguien, distinto cada vez, que satisface nuestras necesidades. Huyendo de la soledad, sin respetar el misterio insondable que somos, huimos de los otros hacia lo más exterior y superficial de sus personas.
Las preguntas fundamentales de tu vida: ¿eres feliz?, ¿a quién quieres de verdad?, ¿en qué te estás convirtiendo?, ¿es hermosa y tiene sentido la vida?, sólo se pueden afrontar sintiendo nuestra propia respiración. Pero no te engañes, en la soledad, mientras más abismal, más patente, siempre hay Alguien contigo. Por eso, mirar al abismo de tu propia vida es mirar a los ojos de quien te dio y te da el ser. ¿No es hermoso?
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Irrenunciable soledad
(Marcos 9,37-42) Huimos de ella como podemos. Ponemos la tele para no verla; oímos la radio y no la escuchamos; salimos y entramos en mil cosas queriendo alejarla de nosotros y siempre, siempre, nos acompaña.
Nuestra vida de personas se constituye en la soledad en la que nos miramos y nos decidimos. Es verdad, somos esto o lo otro: maestra o periodista, sacerdote o trabajador del campo, estudiante o “mileurista”. Pero nada de eso es lo que somos en verdad. Tú, y yo, somos un abismo de soledad que nos permite decidirnos y ser libres.
Huir de la soledad significa huir de nosotros mismos y refugiarnos, no en los otros, sino en la necesidad que de los otros tenemos. Huyendo de nuestra soledad no encontramos pareja, ni amigos, ni compañeros, sino a alguien, distinto cada vez, que satisface nuestras necesidades. Huyendo de la soledad, sin respetar el misterio insondable que somos, huimos de los otros hacia lo más exterior y superficial de sus personas.
Las preguntas fundamentales de tu vida: ¿eres feliz?, ¿a quién quieres de verdad?, ¿en qué te estás convirtiendo?, ¿es hermosa y tiene sentido la vida?, sólo se pueden afrontar sintiendo nuestra propia respiración. Pero no te engañes, en la soledad, mientras más abismal, más patente, siempre hay Alguien contigo. Por eso, mirar al abismo de tu propia vida es mirar a los ojos de quien te dio y te da el ser. ¿No es hermoso?
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Irrenunciable soledad
(Marcos 9,37-42) Huimos de ella como podemos. Ponemos la tele para no verla; oímos la radio y no la escuchamos; salimos y entramos en mil cosas queriendo alejarla de nosotros y siempre, siempre, nos acompaña.
Nuestra vida de personas se constituye en la soledad en la que nos miramos y nos decidimos. Es verdad, somos esto o lo otro: maestra o periodista, sacerdote o trabajador del campo, estudiante o “mileurista”. Pero nada de eso es lo que somos en verdad. Tú, y yo, somos un abismo de soledad que nos permite decidirnos y ser libres.
Huir de la soledad significa huir de nosotros mismos y refugiarnos, no en los otros, sino en la necesidad que de los otros tenemos. Huyendo de nuestra soledad no encontramos pareja, ni amigos, ni compañeros, sino a alguien, distinto cada vez, que satisface nuestras necesidades. Huyendo de la soledad, sin respetar el misterio insondable que somos, huimos de los otros hacia lo más exterior y superficial de sus personas.
Las preguntas fundamentales de tu vida: ¿eres feliz?, ¿a quién quieres de verdad?, ¿en qué te estás convirtiendo?, ¿es hermosa y tiene sentido la vida?, sólo se pueden afrontar sintiendo nuestra propia respiración. Pero no te engañes, en la soledad, mientras más abismal, más patente, siempre hay Alguien contigo. Por eso, mirar al abismo de tu propia vida es mirar a los ojos de quien te dio y te da el ser. ¿No es hermoso?
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Irrenunciable soledad
(Marcos 9,37-42) Huimos de ella como podemos. Ponemos la tele para no verla; oímos la radio y no la escuchamos; salimos y entramos en mil cosas queriendo alejarla de nosotros y siempre, siempre, nos acompaña.
Nuestra vida de personas se constituye en la soledad en la que nos miramos y nos decidimos. Es verdad, somos esto o lo otro: maestra o periodista, sacerdote o trabajador del campo, estudiante o “mileurista”. Pero nada de eso es lo que somos en verdad. Tú, y yo, somos un abismo de soledad que nos permite decidirnos y ser libres.
Huir de la soledad significa huir de nosotros mismos y refugiarnos, no en los otros, sino en la necesidad que de los otros tenemos. Huyendo de nuestra soledad no encontramos pareja, ni amigos, ni compañeros, sino a alguien, distinto cada vez, que satisface nuestras necesidades. Huyendo de la soledad, sin respetar el misterio insondable que somos, huimos de los otros hacia lo más exterior y superficial de sus personas.
Las preguntas fundamentales de tu vida: ¿eres feliz?, ¿a quién quieres de verdad?, ¿en qué te estás convirtiendo?, ¿es hermosa y tiene sentido la vida?, sólo se pueden afrontar sintiendo nuestra propia respiración. Pero no te engañes, en la soledad, mientras más abismal, más patente, siempre hay Alguien contigo. Por eso, mirar al abismo de tu propia vida es mirar a los ojos de quien te dio y te da el ser. ¿No es hermoso?
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Reflexiones sobre el andalucismo
Siempre he defendido desde la profunda convicción que el Andalucismo es un proyecto plenamente vigente y necesario para Andalucía, porque nuestra tierra necesita de la existencia de una formación con sentido progresista, solidario, integrador y plenamente reivindicativo y que tenga como prioritario objetivo lo andaluz. Y es en esa prioridad de objetivo donde radica la necesidad y existencia de nuestro proyecto político.
Es indiscutible que la Autonomía Andaluza, la conquista de la Autonomía plena, no hubiera sido posible sin la voluntad de millones de andaluces, sin la complicidad obligada o voluntaria de otras formaciones políticas, sin el empuje de los movimientos sociales y sin la existencia del Andalucismo. Esto último fue sin duda crucial y determinante.
Pero el Andalucismo va más allá de un proyecto político, que lo es, es una forma de concebir, de sentir y de querer a Andalucía. Desde luego que en sus principios no existe un sentido patrimonialista de nuestra Tierra, ni tampoco excluye a los demás en la defensa de sus intereses, pero sí mantiene que nuestra posición y los principios por los que defendemos los intereses andaluces son distintos, pues nada tiene que ver el ideario de los partidos centralista, PSOE y PP, por ejemplo, con uno nacionalista, en este caso, el Partido Andalucista. Nosotros tenemos la convicción de pertenecer a un gran País que ha sido a lo largo de la historia vanguardia y recepción de civilizaciones y que dentro de él, Andalucía es parte significativa y diferenciada al resto. Amamos nuestra propia cultura y forma de ser, y la concebimos distinta a la de los demás, y ese es otro de nuestros hechos diferenciales. Los Andalucistas defendemos la posesión de una historia rica en matices y amplificada por el conjunto de pueblos que a lo largo de los tiempos han convivido con nosotros fundiéndose en nuestras peculiaridades.
Asumimos a nuestro Pueblo con panderetas y con quejíos, con alegrías y con tristezas, con luces y sombras; un Pueblo cansado de deambular por el mundo en busca de ocupar sus manos; un Pueblo que lejos de enriquecerse se ha empobrecido a base de hacer más rico a otros; un Pueblo obligado a mirar el presente, instigados a olvidar el pasado y con el futuro de la decisión de voluntades ajenas. Las gentes Andalucistas no somos especiales, ni mejores ni peores, pero sí distintos.
A nuestro pragmatismo político, que lo hay, se le une un sentimiento profundo de cariño, de respeto hacia Andalucía que es lo que hace que pase a los múltiples avatares que se han producido a lo largo del Andalucismo, aún perdure, con fuerza y plena vigencia, en el amplio espectro político andaluz. Nosotros solemos decir que no hay quien pueda con el Partido Andalucista y prueba de ello, ahí está nuestra historia. Hemos resistido la fiereza con la que nos han tratado las demás formaciones; el desprecio, a veces, de nuestro propio pueblo; el cainismo feroz con el que nos hemos comportado y superamos de continuo incluso nuestros muchos errores. Y es que el Andalucismo, ya lo decía antes y vuelvo a reiterar ahora, además de ser política, es un sentimiento, una forma de ser y de sentir Andalucía. Siempre habrá alguien que piense y sienta así, y ese, aunque no lo sepa, mantendrá viva la llama del Andalucismo.
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Reflexiones sobre el andalucismo
Siempre he defendido desde la profunda convicción que el Andalucismo es un proyecto plenamente vigente y necesario para Andalucía, porque nuestra tierra necesita de la existencia de una formación con sentido progresista, solidario, integrador y plenamente reivindicativo y que tenga como prioritario objetivo lo andaluz. Y es en esa prioridad de objetivo donde radica la necesidad y existencia de nuestro proyecto político.
Es indiscutible que la Autonomía Andaluza, la conquista de la Autonomía plena, no hubiera sido posible sin la voluntad de millones de andaluces, sin la complicidad obligada o voluntaria de otras formaciones políticas, sin el empuje de los movimientos sociales y sin la existencia del Andalucismo. Esto último fue sin duda crucial y determinante.
Pero el Andalucismo va más allá de un proyecto político, que lo es, es una forma de concebir, de sentir y de querer a Andalucía. Desde luego que en sus principios no existe un sentido patrimonialista de nuestra Tierra, ni tampoco excluye a los demás en la defensa de sus intereses, pero sí mantiene que nuestra posición y los principios por los que defendemos los intereses andaluces son distintos, pues nada tiene que ver el ideario de los partidos centralista, PSOE y PP, por ejemplo, con uno nacionalista, en este caso, el Partido Andalucista. Nosotros tenemos la convicción de pertenecer a un gran País que ha sido a lo largo de la historia vanguardia y recepción de civilizaciones y que dentro de él, Andalucía es parte significativa y diferenciada al resto. Amamos nuestra propia cultura y forma de ser, y la concebimos distinta a la de los demás, y ese es otro de nuestros hechos diferenciales. Los Andalucistas defendemos la posesión de una historia rica en matices y amplificada por el conjunto de pueblos que a lo largo de los tiempos han convivido con nosotros fundiéndose en nuestras peculiaridades.
Asumimos a nuestro Pueblo con panderetas y con quejíos, con alegrías y con tristezas, con luces y sombras; un Pueblo cansado de deambular por el mundo en busca de ocupar sus manos; un Pueblo que lejos de enriquecerse se ha empobrecido a base de hacer más rico a otros; un Pueblo obligado a mirar el presente, instigados a olvidar el pasado y con el futuro de la decisión de voluntades ajenas. Las gentes Andalucistas no somos especiales, ni mejores ni peores, pero sí distintos.
A nuestro pragmatismo político, que lo hay, se le une un sentimiento profundo de cariño, de respeto hacia Andalucía que es lo que hace que pase a los múltiples avatares que se han producido a lo largo del Andalucismo, aún perdure, con fuerza y plena vigencia, en el amplio espectro político andaluz. Nosotros solemos decir que no hay quien pueda con el Partido Andalucista y prueba de ello, ahí está nuestra historia. Hemos resistido la fiereza con la que nos han tratado las demás formaciones; el desprecio, a veces, de nuestro propio pueblo; el cainismo feroz con el que nos hemos comportado y superamos de continuo incluso nuestros muchos errores. Y es que el Andalucismo, ya lo decía antes y vuelvo a reiterar ahora, además de ser política, es un sentimiento, una forma de ser y de sentir Andalucía. Siempre habrá alguien que piense y sienta así, y ese, aunque no lo sepa, mantendrá viva la llama del Andalucismo.
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Reflexiones sobre el andalucismo
Siempre he defendido desde la profunda convicción que el Andalucismo es un proyecto plenamente vigente y necesario para Andalucía, porque nuestra tierra necesita de la existencia de una formación con sentido progresista, solidario, integrador y plenamente reivindicativo y que tenga como prioritario objetivo lo andaluz. Y es en esa prioridad de objetivo donde radica la necesidad y existencia de nuestro proyecto político.
Es indiscutible que la Autonomía Andaluza, la conquista de la Autonomía plena, no hubiera sido posible sin la voluntad de millones de andaluces, sin la complicidad obligada o voluntaria de otras formaciones políticas, sin el empuje de los movimientos sociales y sin la existencia del Andalucismo. Esto último fue sin duda crucial y determinante.
Pero el Andalucismo va más allá de un proyecto político, que lo es, es una forma de concebir, de sentir y de querer a Andalucía. Desde luego que en sus principios no existe un sentido patrimonialista de nuestra Tierra, ni tampoco excluye a los demás en la defensa de sus intereses, pero sí mantiene que nuestra posición y los principios por los que defendemos los intereses andaluces son distintos, pues nada tiene que ver el ideario de los partidos centralista, PSOE y PP, por ejemplo, con uno nacionalista, en este caso, el Partido Andalucista. Nosotros tenemos la convicción de pertenecer a un gran País que ha sido a lo largo de la historia vanguardia y recepción de civilizaciones y que dentro de él, Andalucía es parte significativa y diferenciada al resto. Amamos nuestra propia cultura y forma de ser, y la concebimos distinta a la de los demás, y ese es otro de nuestros hechos diferenciales. Los Andalucistas defendemos la posesión de una historia rica en matices y amplificada por el conjunto de pueblos que a lo largo de los tiempos han convivido con nosotros fundiéndose en nuestras peculiaridades.
Asumimos a nuestro Pueblo con panderetas y con quejíos, con alegrías y con tristezas, con luces y sombras; un Pueblo cansado de deambular por el mundo en busca de ocupar sus manos; un Pueblo que lejos de enriquecerse se ha empobrecido a base de hacer más rico a otros; un Pueblo obligado a mirar el presente, instigados a olvidar el pasado y con el futuro de la decisión de voluntades ajenas. Las gentes Andalucistas no somos especiales, ni mejores ni peores, pero sí distintos.
A nuestro pragmatismo político, que lo hay, se le une un sentimiento profundo de cariño, de respeto hacia Andalucía que es lo que hace que pase a los múltiples avatares que se han producido a lo largo del Andalucismo, aún perdure, con fuerza y plena vigencia, en el amplio espectro político andaluz. Nosotros solemos decir que no hay quien pueda con el Partido Andalucista y prueba de ello, ahí está nuestra historia. Hemos resistido la fiereza con la que nos han tratado las demás formaciones; el desprecio, a veces, de nuestro propio pueblo; el cainismo feroz con el que nos hemos comportado y superamos de continuo incluso nuestros muchos errores. Y es que el Andalucismo, ya lo decía antes y vuelvo a reiterar ahora, además de ser política, es un sentimiento, una forma de ser y de sentir Andalucía. Siempre habrá alguien que piense y sienta así, y ese, aunque no lo sepa, mantendrá viva la llama del Andalucismo.