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  • SeFF 2024. Arranca una nueva etapa

    SeFF 2024. Arranca una nueva etapa

    Tras la accidentada edición del año pasado, el Festival de Cine Europeo de Sevilla (SeFF 2024) regresó a sus fechas habituales y celebró su 21ª edición esta vez de un modo más o menos normal. Lo hizo, eso sí, con significativos cambios. La llegada de un nuevo equipo directivo siempre quiere dejar su marca personal, para significarse y diferenciase de sus precedentes.

    Así, el equipo comandado por el nuevo director del certamen, Manuel Cristóbal, empezó por cambiar la sede principal de las proyecciones (que ahora se ubica en los Cines Odeón del Plaza de Armas), añadió dos secciones competitivas más (Alumbramiento y Rampa, que no todo el mundo termina de comprender del todo), a la vez que eliminaba algunas de las apuestas más arriesgadas, como era Revoluciones Permanentes. Además, ha modificado los premios (que siguen llamándose Giraldillos de Oro, aunque ahora sean una especie de cerámica colorista con la forma de la famosa veleta), y ha cambiado también (aquí está el mayor temor de muchos) la imagen gráfico-nominativa (perdón por el palabro) del festival, que pasa de ser SEFF a SeFF. Esa minúscula, que tan poca cosa parece a primera vista, puede significar una intención (que se niega desde la directiva) de eliminar (o reducir significativamente) la identidad European para pasar a ser sencillamente el Sevilla Film Festival. Esperemos acontecimientos.

    En cuanto al tema cinematográfico en sí, comentemos (como cada año) las cintas participantes de la Sección Oficial, en la que, aunque en principio no había un gran bombazo como sí ha pasado en otras ediciones, sí que hemos podido ver un puñado de buenas películas, y alguna pequeña joya que, evidentemente, han resultado finalmente premiadas por el Jurado Oficial, que este año dirigía una estrella, el gran Jeremy Irons, que se paseó por Sevilla, disfrutó de su comida, y hasta se marcó algún taconeo en un tablao (hay por ahí algún vídeo, todavía secreto, que seguramente saldrá a la luz en algún momento…)

    Empecemos por las premiadas. Tres grandes ganadoras entre las participantes con 2, 3 y 4 premios. La francesa And their children after them, de los hermanos Boukherma, se alzó (contra pronóstico, aunque nadie protestó) con el premio gordo, el Giraldillo de Oro. Y también con el premio al mejor actor, para el joven Paul Kircher. La cinta nos cuenta una historia de iniciación a lo largo de cuatro veranos, en los que un grupo de jóvenes de una ciudad desindustrializada ven cómo la vida se torna en un torbellino. Es una historia a medias entre íntima y apabullante, con buenas interpretaciones, pero que quizá queda lastrada por querer contarlo todo, lo que da como resultado una cinta que va a saltos y que no llega a profundizar en nada en particular. Había mejores opciones para premiar, es cierto, pero también peores. No hubo pataleos, tampoco grandes aplausos.

    Flow del letón Gints Zilbalodis.

    Con tres premios se alzó el letón Gints Zilbalodis, que presentaba la soberbia Flow, cinta animada y sin diálogos (que representa a Letonia en los Oscar del próximo año, y que muy seguramente obtendrá nominación en alguna categoría) en la que un grupo de animales diversos debe unirse para sobrevivir en una Tierra que está siendo devastada por la meteorología y en la que los humanos han desaparecido por completo. Es bella, profunda, toda una experiencia emocional, en la que uno puede verse reflejado en muchos momentos. Recomendadísima. Para ella fueron el Gran Premio del Jurado, el premio al mejor montaje, y el Puerta América (de nueva creación) que premiaba a la mejor cinta de entre las candidatas extranjeras a los Oscar que se proyectaban en el festival (que fueron nada menos que dieciséis).

    Pero la cinta que mayor cantidad de estatuillas recogió fue The girl with the needle, representante danesa en los próximos Oscar. Filme muy interesante y ciertamente perturbador (basado en hechos reales) sobre una asesina en serie en la Copenhague después de la I Guerra Mundial. Sobrecoge más por lo que cuenta que por lo que se ve (no hay gran cantidad de casquería ni de imágenes terroríficas, el terror va en lo dramático), a pesar de que el aspecto estético, ese blanco y negro, ese formato 1,66:1, y esa iluminación casi expresionista, ayudan a mantener la tensión y a que la incomodidad esté presente en el espectador en todo momento. Suyas fueron las menciones a la mejor dirección, mejor actriz (para Trine Dyrholm, aunque muy bien habría podido ir también para su compañera Victoria Carmen Sonne), mejor fotografía y mejor dirección artística.

    The girl with the needle, representante danesa en los Óscar.

    Por último, el premio a mejor guion fue a parar a Secretos de un crimen, representante de Reino Unido para los Oscar. Una historia que tiene lugar en India, y en la que Santosh, una mujer joven que acaba de enviudar y que queda sin medio de subsistencia alguno, se acoge a un plan del gobierno que le permite heredar el trabajo de su marido como agente de policía en una zona rural del norte del país. Poco después, una niña de una casta inferior aparece muerta y violada, y Santosh se verá arrastrada al caso, viviendo los problemas burocráticos, clasistas y machistas de sus superiores. La directora hace alarde de una sutileza enorme, en la que parece que no dice nada pero que sobrecoge y te revuelve en el asiento en muchos momentos. En su contra, parece que no sabe cómo acabar la cinta y hay varios finales perfectos que realmente no lo son, y la película sigue y sigue y sigue…

    A parte de las premiadas, en la Sección Oficial también vimos alguna cinta más a destacar. Como Vida en pausa, de lo mejor del Festival, basada en los (muchos y desconocidos) casos reales del Síndrome de la Resignación, una extraña enfermedad que afecta principalmente a niños refugiados en Suecia, que les lleva a caer en un letargo (más bien un coma) que les deja postrados en cama, mientras sus padres tratan de lograr el asilo. Es desoladora, potentísima, escalofriante, y deja claro que Suecia es una película de terror, y no ese lugar idílico al que muchos les gustaría parecerse. Dirige Alexandros Avranas, el mismo que dirigió la brillante (y desoladora) ‘Miss Violence’. También con conflictos burocráticos se topa el protagonista de ‘A missing part’. En ella, un francés lleva años recorriendo las calles de Tokio como taxista con la esperanza de encontrar a su hija, a la que la madre se llevó tras el divorcio. Los terribles problemas con la legislación nipona, que en casos de divorcio permite quedarse con los hijos al primer miembro del matrimonio que se los lleve, quedan bien reflejados no solo en el protagonista, sino también en una compatriota que lucha desesperadamente por poder ver a su hijo, e incluso en algún local. Soberbio su protagonista, Romain Durais.

    The Antique, desde Georgia (y también elegida por su país para los Oscar), demuestra que el cine georgiano tiene algo, a pesar de ser muy diferente a lo que estamos acostumbrados a ver, que lo hace casi hipnótico. Cuenta la historia de dos almas solitarias, que acaban viviendo juntas cuando ella (joven que trabaja en una tienda de antigüedades) compra a un precio irrisorio la casa de él (un anciano que pone como única condición que la compra le incluye a él como inquilino), para mostrar la brutal e ilegal campaña de deportación de georgianos que ordenó Putin en Rusia a principios de siglo. No llega al nivel de la fantástica ‘¿Qué vemos cuando miramos al cielo?’ de Alexandre Koberidze, que también vimos en el SEFF hace tres años, pero está bastante bien.

    La vida en pausa
    Antique

    Y dos más, bastante diferentes entre sí, en cuanto al tema y al tono. Paul y Paulette take a bath venía con el Premio del Público en la Semana de la Crítica de Venecia. Y no es para menos, porque es una película (y unos personajes) de los que es fácil enamorarse. Paul es un aspirante a fotógrafo estadounidense y Paulette una chica local, ambos amantes del true crime, que tienen un encuentro casual y recorren la capital francesa más alejada del lujo y las luces, la capital de los escenarios de terribles sucesos como la matanza de la sala Bataclan. Historia encantadora y con un humor retorcido y pasado de rosca en no pocas ocasiones, en la que sobresale Marie Benati (la Paulette del título).

    Por último, quizás en el extremo opuesto, Julie keeps quiet. Todo lo que la anterior tenía de luminosa y extrovertida, esta lo tiene de intimista y en cierto modo oscura. Julie es una joven aspirante a estrella del tenis que un día ve cómo, tras el suicidio de otra joven estrella del club, su entrenador personal es suspendido y retirado de la plantilla. Aunque el resto de jugadores y personal empieza a hablar del asunto, de qué ha podido pasar, de sus experiencias con el acusado, ella permanece en silencio (el título es demasiado explícito en ese sentido). En este aspecto, la historia persigue la intimidad de Julie, sus esporádicos encuentros con el entrenador (a pesar de los hechos), y cómo ella va recordando situaciones, conversaciones con él, con una tensión y un desasosiego que va creciendo a medida que pasa el tiempo. 

    En resumen, ha sido un SeFF 2024 que, aunque no ha llegado al nivel de su etapa anterior, ha remontado el vuelo después del susto del pasado 2023. Un festival que comenzó con algún que otro fallo no muy perdonable (en los primeros días hubo alguna proyección que tuvo que cancelarse tras sufrir varios cortes y ser imposible poner en marcha de nuevo la maquinaría), pero que fue avanzando paso a paso. No hablemos de la tomadura de pelo (a muchos nos lo parece) del cartel oficial. Copia y pega, ampliada, del del año pasado. Esperemos que en la próxima edición se recupere en parte lo que era. 

    Julie keeps quie
  • Skin: Camino de redención

    Skin: Camino de redención

    Basada en hechos reales, Skin nos cuenta la vida de Bryon, un joven que desde niño fue criado por unos líderes supremacistas blancos que han provocado en su corazón un profundo odio, marcado también en su piel y en su rostro, plagados de tatuajes con símbolos y lemas de extrema derecha. Cuando se enamora de Julie, madre soltera de tres niñas, decide abandonar ese círculo de odio y violencia en el que está inmerso, aunque su ‘familia’ no se lo pondrá nada fácil.

    Guy Nattiv, director de la cinta, es también el autor de un cortometraje homónimo, que trata el mismo tema aunque la historia sea distinta, y que ganó el Oscar al mejor cortometraje de ficción hace dos años. En ambas obras se habla de la problemática en torno a la subcultura racista y extremista de los cabezas rapadas, aunque el punto de vista es radicalmente opuesto.

    Estados Unidos, 2018 (118′)
    Título original: Skin.
    Escrita y dirigida: Guy Nattiv.
    Producción: Dillon D. Jordan, Oren Moverman, Jaime Ray Newman, Celine Rattray, Guy Nattiv, Trudie Styler.
    Fotografía: Arnaud Potier.
    Música: Dan Romer.
    Montaje: Lee Percy, Michael Taylor.
    Intérpretes: Jamie Bell (Bryon Widner), Danielle Macdonald (Julie Price), Daniel Henshall (Slayer), Bill Camp (Fred ‘Hammer’ Krager), Vera Farmiga (Shareen), Mike Colter (Daryle Jenkins), Louisa Krause (April), Zoe Colletti (Desiree), Kylie Rogers (Sierra), Colbi Garnett (Iggy), Mary Stuart Masterson (Agente Jackie Marks), Russell Posner (Gavin).

    El proceso por el que un neonazi se desengancha de su grupo y acaba renegando de ellos ya ha sido tratado anteriormente en otras películas. Aquí, Nattiv se centra más en el proceso por el que un adolescente, normalmente de procedencia pobre y desarraigada, llega a enrolarse en estos grupos. El deseo de sentirse parte de una causa, de tener una familia en la que sentirse queridos, y que son utilizados por sus líderes para sus planes de asesinar a las minorías a las que achacan todos los males de la sociedad. Así, cuando un joven es captado por la asociación como nuevo integrante, es cuando el protagonista (un muy convincente Jamie Bell, en uno de los mejores papeles de su carrera) empieza a ver cómo sus ideales se van desmoronando y empieza a buscar una salida a su situación.

    Nattiv se sirve del muy doloroso proceso de eliminación de los tatuajes que decoran la piel del protagonista para vincularlo al arduo proceso de separación de la banda. Aunque el guion de Skin, a pesar de sus muy buenas intenciones, peca en muchos momentos de reiterativo y, sobre todo, de no tomar todos los riesgos que debería y que habrían ayudado mucho a la película.

    Al trabajo de Bell, creíble en su proceso de cambio, habría que sumar a la siempre solvente Vera Farmiga y a una estupenda Danielle Macdonald, que ya estaba en el corto homónimo y que es la luz que alumbra el oscuro camino del protagonista.

  • The Gentlemen. Los señores de la mafia:  Retorno a los orígenes

    The Gentlemen. Los señores de la mafia: Retorno a los orígenes

    El británico Guy Ritchie siempre ha tenido un estilo particular y muy definido, a pesar que ha tenido idas y venidas con patinazos como Barridos por la marea o las mucho más recientes Rey Arturo y Aladdin, que es mejor borrar de la memoria. Con The gentlemen, en cierto sentido, vuelve a su tema primigenio, el que ha tratado en multitud de cintas, el del submundo de mafias, traficantes y delincuentes de medio pelo de los bajos fondos ingleses, ese universo cockney en el que antiguamente solía moverse como pez en el agua.

    En la senda de Lock & Stock, de Snatch, cerdos y diamantes, o en cierto sentido de Rock’n’Rolla, The gentlemen sigue el camino de Mickey Pearson, un americano expatriado en Inglaterra que ha triunfado creando un imperio con el tráfico de drogas. Ahora quiere vender su imponente negocio y retirarse a descansar. Pero ninguno de sus potenciales compradores quiere ponérselo fácil, planeando poner obstáculos para abaratar el negocio.

    Estados Unidos, 2019 (113′)
    Título original: The Gentlemen.
    Escrita y dirigida: Guy Ritchie.
    Producción: Ivan Atkinson, Bill Block, Guy Ritchie.
    Fotografía: Alan Stewart.
    Música: Christopher Benstead.
    Montaje: James Herbert.
    Intérpretes: Matthew McConaughey (Mickey Pearson), Charlie Hunnam (Ray), Michelle Dockery (Rosalind Pearson), Hugh Grant (Fletcher), Jeremy Strong (Matthew), Lyne Renée (Jackie), Colin Farrell (Coach), Henry Golding (Dry Eye), Tom Wu (Lord George), Eddie Marsan (Big Dave), Jason Wong (Phuc), Chidi Ajufo (Bunny), Eliot Sumner (Laura).

    Ritchie plantea una trama alambicada, con saltos en el tiempo y entre tramas, entre realidades y posibilidades, entre narraciones (por tanto, subjetivas) y mostraciones (dentro de lo posible, objetivas), que hacen dudar en todo momento de la veracidad de lo que se está viendo. El ritmo es ágil, ayudado por un montaje videoclipero por momentos, y muchas secuencias atrapan por la (conocida) concepción divertida de la violencia a la que el director nos tiene acostumbrados.

    Además, el reparto es brillante, mostrando a intérpretes en papeles que parecen muy alejados a los roles en los que estamos acostumbrados a verlos. En este sentido, es especialmente reseñable el trabajo de Hugh Grant, aunque también los de Colin Farrel o un desatado Matthew McConaughey.

    Sin embargo, a pesar de todo ello, de que la película entretiene, divierte, emociona (a ratos) y sorprende (aunque menos de lo esperado), el tono de Ritchie parece descafeinado respecto al de sus trabajos primigenios. La historia está tan fragmentada que resulta confusa muchas veces, incluso con errores de encaje entre las tramas, y solucionado de forma burda por el elemento que aparece al final (guiño a la propia productora de la cinta). Todo ello hacen que el acierto de volver a los orígenes, no consiga el logro de acercarse al nivel de aquellas.

  • Queen & Slim: Bonnie & Clyde, black and naïf

    Queen & Slim: Bonnie & Clyde, black and naïf

    En Queen & Slim, una pareja de jóvenes afroamericanos, en su primera cita, son detenidos sin motivo aparente por un policía blanco que, en el pasado, ya tuvo problemas por razones semejantes. Cuando en el forcejeo, matan accidentalmente al policía, ambos se ven obligados a emprender una huida desesperada atravesando gran parte de los Estados Unidos, buscando una escapada que saben difícil, y con las autoridades siguiéndoles los talones.

    Queen & Slim es el debut de la directora Melina Matsoukas, que bebe indudablemente de un clásico como Bonnie y Clyde, revisionándolo en formato black-power, y dotando a la historia de una poderosa estética, un aspecto visual decididamente admirable, que esconde una historia verdaderamente aburrida, que se alarga innecesariamente hasta más allá de las dos horas, en las que la trama se sustenta a base de añadir una tras otra pequeñas subtramas, mínimas historias con los personajes que se van encontrando por el camino y que tratan de ayudarles (unos más que otros) como buenamente pueden. A pesar de que los protagonistas tienen todas las papeletas para acabar mal, muy mal.

    Canadá-Estados Unidos, 2019 (132′)
    Título original: Queen & Slim.
    Dirección: Melina Matsoukas.
    Producción: Pamela Abdy, Andrew Coles, James Frey, Michelle Knudsen, Melina Matsoukas, Lena Waithe, Brad Weston.
    Guión: Lena Waithe.
    Fotografía: Tat Radcliffe.
    Montaje: Pete Beaudreau.
    Intérpretes: Daniel Kaluuya (Slim), Jodie Turner-Smith (Queen), Bokeem Woodbine (Tío Earl), Chloë Sevigny (Sra. Shepherd), Flea (Sr. Shepherd), Sturgill Simpson (Oficial de policía Reed), Indya Moore (Diosa), Benito Martínez (Sheriff Edgar), Jahi Di’Allo Winston (Junior)..

    Matsoukas ha creado una cinta irregular, en la que no todas las pequeñas historias funcionan del mismo modo y consiguen el mismo resultado. Algunas, como la del mecánico y su hijo, son poderosas y ayudan significativamente en el mensaje que pretende dar la cinta. Otras, bastantes, parecen estar metidas con calzador, más por darle un pequeño papel a intérpretes que apoyan la causa, pero donde el guion hace aguas peligrosamente.

    Los protagonistas se ven envueltos en una atmósfera de paz, soledad y tranquilidad (casi siempre), y visualmente hay un trabajo hermoso en la creación de imágenes. Pero la narración es plana, monótona. Es una lástima que la historia no termine de enganchar, aunque ello, en realidad, se debe a que tampoco aporta nada nuevo. Es una historia convencional que sorprende en pocos momentos, y aunque funciona en su aspecto de denuncia del racismo, podía haber arriesgado más en su discurso, en vez de dejarse llevar por un tono visual que, en cierto modo, suaviza lo que quiere denunciar.

    Más críticas en https://happyphantomblog.wordpress.com/.

  • Star Wars El ascenso de Skywalker: Un mal cierre para una saga

    Star Wars El ascenso de Skywalker: Un mal cierre para una saga

    Aunque, en un principio, se habló de una cuarta trilogía, finalmente la saga termina aquí con Star Wars El ascenso de Skywalker. Lo hace después de nueve películas de la trama principal (aparte de alguna que otra serie y otras dos cintas que ampliaban la historia, creadas sobre todo desde que la todopoderosa Disney se hizo con los derechos de la saga y decidió sacarle el mayor partido posible).

    Y visto los resultados de esta entrega final, agradecemos que se termine. El ascenso de Skywalker es un batiburrillo aturullado de referencias en las que las cosas pasan por que sí, sin que importe mucho si tiene lógica o no, y que se preocupa más por la pirotecnia visual (es verdad, magnífica) y por agradar a los fans con guiños a las primigenias que por dar un cierre de altura a una historia que comenzó con éxito hace más de 40 años.

    Después de la muy criticada entrega anterior, que dirigió Rian Johnson, J.J. Abrams vuelve a la saga para cerrar contentando a los fans. Para ello, retoma la historia un año después de los hechos narrados en Los últimos Jedi, cuando lo poco que queda de la Resistencia se prepara para dar el golpe definitivo a la Primera Orden. Mientras Rey entrena para convertirse en Jedi, y Kylo Ren va camino de convertirse en el sucesor de Palpatine, que ha creado en secreto la Orden Final, para acabar con los seguidores de la Generala Leia y con todos los Jedi de una vez por toda, y que los Sith gobiernen en la galaxia.

    Estados Unidos, 2019 (141′)
    Dirección: J.J. Abrams.
    Producción: J.J. Abrams, Kathleen Kennedy, Michelle Rejwan.
    Guión: Chris Terrio, J.J. Abrams, basado en los personajes creados por George Lucas.
    Fotografía: Dan Mindel.
    Música: John Williams.
    Montaje: Maryann Brandon, Stefan Grube.
    Intérpretes: Daisy Ridley (Rey), Adam Driver (Kylo Ren), Mark Hamill (Luke Skywalker), Carrie Fisher (Leia Organa), John Boyega (Finn), Oscar Isaac (Poe Dameron), Anyhony Daniels (C-3PO), Naomi Ackie (Jannah), Domhnall Gleeson (General Hux), Richard E. Grant (General Pryde), Lupita Nyong’o (Maz Kanata), Keri Russell (Zorii Bliss), Joonas Suotamo (Chewbacca), Kelly Marie Tran (Rose Tico), Ian McDiarmid (Emperador Palpatine), Billy Dee Williams (Lando Calrissian).

    Abrams comete muchos errores. Aunque el principal es querer cerrar absolutamente todas las tramas. Y comenzar a contar mil cosas, claro. Quiere abarcar tanto que todo resulta enrevesado y superficial. Además, para que no haya que pensar mucho, todo resulta muy evidente, y muchas de las situaciones carecen de sentido, ocurren porque sí, porque deben ocurrir, sin pies ni cabeza.

    Star Wars El ascenso de Skywalker es además un claro homenaje a los seguidores más antiguos de la saga, con la aparición de (casi) todos los personajes de la trilogía original. Aunque es precisamente originalidad lo que no le sobra a la El ascenso de Skywalker, ya que los embrollos principales terminan resolviéndose del mismo modo. ¿Recordáis aquel famoso “Yo soy tu padre”?. Pues básicamente más de lo mismo, ya que en esta última trilogía el conflicto que más interesaba a la protagonista era precisamente conocer sus orígenes.

    La película avanza atropellándose a sí misma, sin saber hacia dónde se dirige, subrayando exageradamente y hasta el ridículo todo “descubrimiento” (ese “Yo soy el espía” que desvela alguien es uno de los ejemplos más claros), con batallas que visualmente son tan espectaculares como confusas, y enfrentamientos psíquicos (los de Kylo y Rey) que de tanto repetirse llegan a aburrir y exasperar. La película funciona por acumulación, hasta llegar a un final apoteósico (no es un piropo) que recuerda al de otra gran saga, el de Vengadores: EndGame.

    Es una lástima que el tono feminista de convertir en la salvadora del universo a una mujer quede eclipsado por una narración que se excede en temas y los zanja de modo simplista, que no sabe cómo enganchar y embarulla todo, con mil personajes y con mil sinsentidos, que hace que todo quede lejos de ser ese broche de oro que se pretendía con Star Wars El ascenso de Skywalker.

  • El tiempo contigo: Después de la tormenta

    El tiempo contigo: Después de la tormenta

    La nueva película de Makoto Shinkai, El tiempo contigo, uno de los maestros de la animación japonesa, ha sido la seleccionada por la academia japonesa para representar a su país en los Oscar del próximo año como mejor película extranjera. El que sea una cinta de animación la elegida era algo que no ocurría desde 1997, cuando se seleccionó La princesa Mononoke, del gran Hayao Miyazaki. Aunque lo cierto es que lo tiene muy complicado para catar premio, a tenor de lo que absolutamente todas las apuestas dicen, al enfrentarse a la gran favorita de este año para esa categoría (y puede que para alguna más) la surcoreana Parasite.

    Shinkai ya sorprendió por algunas de sus obras anteriores, como 5 centímetros por segundo y, sobre todo, la fabulosa Your name. En esta ocasión, vuelve a uno de sus temas favoritos (presente, de uno u otro modo, en las dos cintas mencionadas): el de dos personas que se quieren pero a los que las circunstancias mantienen separados, muy a su pesar. Añadiendo aquí, además, casi sin que nos demos cuenta, una clara preocupación por el cambio climático y por la desaforada escalada inmobiliaria que urbaniza y edifica terreno que pertenecía al mar, con los problemas evidentes que ello conllevará tarde o temprano (casos que en nuestro país hemos vivido recientemente con numerosas inundaciones), y breves pinceladas de otros temas sociales de interés, como la prostitución, la tenencia de armas, o la pobreza infantil.

    Hokata es un estudiante de secundaria que se escapa de una aburrida vida en el campo para ir a vivir a la capital, que está teniendo un verano sorprendentemente lluvioso y frío. Tras un periodo de pobreza y precariedad, empezará a escribir en una pequeña revista de ocultismo. Poco después, conoce a Hina, una chica que vive con su hermano pequeño y que tiene el poder de controlar el clima a su antojo.

    Estructura complicada

    La estructura puede resultar complicada en su primera parte, en la que vemos acciones fragmentadas de los dos protagonistas sin saber muy bien qué pasa, hasta que con su encuentro todo empieza a encajar y la trama ya sigue su linealidad temporal sin saltos que distraigan. Hay elementos que se mencionan de pasada y que merecerían una mayor atención por parte del director (esa creencia en seres mitológicos femeninos que controlan el tiempo, por ejemplo), y secundarios que podrían tener película propia.
    Visualmente es muy poderosa, sobre todo en su maravilloso reflejo de los paisajes urbanos, por cómo hace disfrutar de la lluvia (a pesar de todo), y por escenas resueltas con brillantez (la persecución, en su tramo final, es un claro ejemplo).

    El tiempo contigo es una cinta que viene a reivindicar aún más a Shinkai como sucesor del gran maestro Miyazaki. Aunque lo cierto es que la película está un par de escalones por debajo de su anterior obra. Shinkai se preocupa más por la relación amorosa adolescente que por cualquier otra cosa y se centra más en el insulso protagonista masculino que en la verdadera estrella de la función, la chica de los poderes, la que puede manejar el tiempo a su voluntad, la que hace que la historia sea como es.

    Japón, 2019 (114′)
    Título original: Tenki no ko.
    Escrita y dirigida: Makoto Shinkai.
    Producción: Kôichirô Itô, Noritaka Kawaguchi, Genki Kawamura, Wanaka Okamura. .
    Fotografía: Ryôsuke Tsuda.
    Música: Radwimps.
    Montaje: Makoto Shinkai.
    Intérpretes (voces originales): Kotaro Daigo (Morishima Odaka), Nana Mori (Amano Hina), Kentaro Araki (Araki), Chieko Baishô (Tomi Tachibana), Kana Hanazawa (Kana), Sei Hiraizumi (Yasui), Tsubasa Honda (Natsumi Suga), Kana Ichinose (Sasaki).

  • Excesos que matan la historia

    Excesos que matan la historia

    La todopoderosa Disney sigue empeñada en estirar el chicle, no solo con el hecho de rehacer sus clásicos animados en carne y hueso, sino en ampliar las historias con segundas (y hasta terceras, al tiempo) partes. Ahora le ha tocado el turno, otra vez, a Maléfica, Maestra del Mal. Cinco años después de la primera parte, que cambiaba la perspectiva del cuento clásico, dándole un nuevo enfoque al tratar a la famosa bruja de La bella durmiente no como una malvada, sino como una incomprendida, y cuyo éxito superó las expectativas, los jefazos decidieron que era conveniente ampliar la historia.

    Estados Unidos-Reino Unido, 2019 (118′)
    Título original: Maleficent: Mistress of Evil.
    Dirección: Joachim Rønning.
    Producción: Duncan Henderson, Angelina Jolie, Joe Roth.
    Guión: Micah Fitzerman-Blue, Noah Harpster, Linda Woolverton.
    Fotografía: Henry Braham.
    Música: Geoff Zanelli.
    Montaje: Laura Jennings, Craig Wood.
    Intérpretes: Angelina Jolie (Maléfica), Elle Fanning (Aurora), Harris Dickinson (Príncipe Philip), Michelle Pfeiffer (Reina Ingrith), Sam Riley (Diaval), Chiwetel Ejiofor (Conall), Ed Skrein (Borra), Robert Lindsay (Rey John), David Gyasil (Percival), Jenn Murray (Gerda), Juno Temple (Thistlewit), Lesley Manville (Flittle), Imelda Staunton (Knotgrass).

    Esta vez, el resultado de Maléfica Maestra del Mal se aleja mucho de la anterior, y queda como una explosión de efectos especiales, pero cuya historia tiene muy poco sentido.
    Ya desde el arranque la cosa pinta muy mal. La voz en off que comienza narrando el “Érase una vez…” dice, a los pocos segundos, que Maléfica “sin que nadie sepa muy bien por qué, se ha vuelto malvada de nuevo…” Así, sin anestesia, entramos en un mundo sobresaturado de CGI, tan abigarrado que echa para atrás, y con una primera parte (que se hace larguísima) en la que el almíbar te deja agotado. Y ya en esos momentos descubrimos que esa declaración de que “se ha vuelto malvada” es, cuanto menos, cuestionable.

    El príncipe Phillip le pide a Aurora (ahora Reina de la Ciénaga), y ella acepta, aunque Maléfica no termina de verlo claro del todo. En la cena de compromiso, Ingrith, reina de Ulstead y madre del novio, consigue que Maléfica sea señalada como culpable de la maldición que le ha caído al rey John, lo que pone en marcha una serie de sucesos que llevarán a una guerra, en la que Ingrith deja claras sus aviesas intenciones.

    Esta segunda parte, que en realidad poco tiene de continuación de la primera (los responsables se la han sacado de la manga tras el éxito inesperado de la anterior), tiene más contras que pros. La historia se pierde en elecciones incorrectas en favor de un exceso de efectos visuales, y un conglomerado de personajes y poderes sin mucho sentido y nula explicación. Incluso la mayoría de personajes principales falla: la química entre los amorosos casaderos es prácticamente inexistente, la misma Maléfica se pasa la mitad de la película como perdida, esperando que todo pase. Únicamente la presencia de Michelle Pfeiffer hace que la película avance (aunque tampoco es que su personaje ofrezca grandes sorpresas).

    La batalla que supone el clímax (más que obvio) presenta unas más que evidentes referencias a un clásico reciente de la televisión como es Juego de tronos, donde Ingrith sería Cersei Lannister y Maléfica sería Daenerys Targaryen atacando Desembarco del Rey desde el aire. Es una de las secuencias más esperadas de la película, pero está rodada de modo aturullado y resulta en muchos momentos incomprensible, sobre todo por el excesivo uso de los efectos especiales. Al final, todo se cierra con otro exceso, en este caso de almíbar. Una escena que se alarga de modo innecesario y que resulta empalagosa y cursi hasta decir basta.

    Todos estos excesos y las malas decisiones narrativas, ocultan el mensaje de los peligros de los pensamientos absolutistas y el manifiesto en defensa de la naturaleza y contra la explotación de sus recursos, que no llega, no funciona, y Maléfica Maestra del Mal termina por no ser válida ni para el público infantil ni para el adulto.

  • Ad Astra: El infinito interior

    Ad Astra: El infinito interior

    Un director tan acostumbrado a llevarse a su terreno personal cualquier género como James Gray, lo ha vuelto a hacer en Ad Astra con un tema en el que, contra lo esperado, el resultado ha sido tan satisfactorio como en otras ocasiones. Funcionó con los policíacos La otra cara del crimen y La noche es nuestra, y con los melodramas Two lovers o El sueño de Ellis.

    Ahora, con su inmersión en la ciencia ficción espacial falla precisamente en este aspecto, que aunque (evidentemente) no puede despreciar, Gray está más atento a otras cosas.

    La acción transcurre (nos dicen) en un futuro cercano. Después de que unas misteriosas descargas electromagnéticas provenientes del espacio exterior, el experimentado astronauta Roy McBride es contactado por sus superiores para una misión secreta. Treinta años atrás, Clifford McBride, el padre de Roy, considerado un héroe, una leyenda, se embarcó en el Proyecto Lima, que buscaba vida inteligente en el universo. El contacto se perdió en las cercanías de Neptuno y se le dio por muerto. Pero ahora, esas extrañas descargas que amenazan con acabar con la vida en el planeta, hacen pensar que sigue vivo y es el causante de ellas. Roy será el encargado de contactar con un padre al que idolatra.

    Estados Unidos-China-Brasil, 2019 (122′)
    Título original: Ad Astra.
    Dirección: James Gray.
    Producción: Dede Gardner, James Gray, Anthony Katagas, Jeremy Kleiner, Arnon Milchan, Yariv Milchan, Brad Pitt, Rodrigo Teixeira.
    Guión: James Gray, Ethan Gross.
    Fotografía: Hoyte van Hoytema.
    Música: Max Richter.
    Montaje: John Axelrad, Lee Haugen.
    Intérpretes: Brad Pitt (Roy McBride), Tommy Lee Jones (H. Clifford McBride), Ruth Negga (Helen Lantos), Donald Sutherland (Thomas Pruitt), Liv Tyler (Eve), Kimberly Elise (Lorraine Deavers), Loren Dean (Donald Stanford), Donnie Keshawarz (Capitán Lawrence Tanner), Sean Blakemore (Willie Levant), Bobby Nish (Franklin Yoshida).

    Gray, como acostumbra, se centra más en el intimismo, en el interior del protagonista, que narra en voz en off sus sentimientos, lo que pasa por su cabeza en esas circunstancias tan intensas y profundas para él. La relación con el padre desaparecido, la construcción de la figura del héroe, creada a partir de la ausencia. Y cómo Roy se va convirtiendo básicamente en su padre, también a partir de esa misma ausencia a la que somete a los que le quieren. Es un viaje hacia el interior en busca de redimirse, ante su novia, ante sí mismo.

    También es una película que se plantea las preguntas trascendentales que la humanidad viene planteándose desde hace siglos. Quiénes somos, hacia dónde vamos… planteándose que el hombre es una especie devoradores de mundos, y que quizás sea ahí a donde nos dirigimos cuando el planeta que habitamos fenezca.

    Es cuando Gray se mete en el terreno más espectacular, más de ciencia ficción pura, cuando la cinta patina un poco: la persecución en la Luna parece un pegote, la secuencia de la explosión y la huida de Roy atravesando un campo de meteoritos resultan inverosímiles… Pero claro, es que la historia no va por ahí. Gray pretende una historia contemplativa, un retrato interior del ser humano, y ahí sí, Ad Astra resulta hipnótica, y por momentos sobrecogedora.

  • Spider-Man. Lejos de casa: Héroes de excursión

    Spider-Man. Lejos de casa: Héroes de excursión

    Como los superhéroes también son, en el fondo, seres humanos, también terminan agotándose, agobiados por las responsabilidades y, al menos por una temporada, buscan tomarse unas vacaciones. Ese es el caso de Peter Parker (o Spider-Man), quien después de los hechos acontecidos en Vengadores: Endgame, y de que su mayor protector desapareciese, solo quiere descansar. Así, decide irse con su clase a una excursión por distintas ciudades de Europa, donde espera poder declararse a MJ.

    Pero los planes se tuercen cuando Nick Furia aparece para pedirle que les ayude a vencer a unas criaturas elementales (seres hechos de arena, piedra, agua y fuego) que han surgido provocando el caos. El joven Parker deberá decidir si quedarse con sus amigos o enfrentarse junto al equipo de Furia y el apoyo de Mysterio, un héroe procedente de otra dimensión, abierta con el chasquido de Iron Man, para evitar la destrucción del continente.

    Estados Unidos, 2019 (129′)
    Título original: Spider-Man: Far from home.
    Dirección: Jon Watts.
    Producción: Kevin Feige, Amy Pascal.
    Guión: Chris McKenna, Eric Sommers.
    Fotografía: Matthew J. Lloyd.
    Música: Michael Giocchino.
    Montaje: Leigh Folsom Boyd, Dan Lebental.
    Intérpretes: Tom Holland (Peter Parker / Spider-Man), Jake Gyllenhaal (Quentin Beck / Mysterio), Zendaya (MJ), Marisa Tomei (May Parker), Samuel L. Jackson (Nick Furia), Cobie Smulders (Maria Hill), Jon Favreau (Happy Hogan), Jacob Batalon (Ned Leeds), Angourie Rice (Betty Brant), Tony Revolori (Flash Thompson), Remy Hii (Brad Davis).

    Cierre de una fase

    Con Spider-Man: Lejos de casa se cierra definitivamente (ahora sí) la fase 3 del universo MCU llegando a los 3000 minutos de duración total y dando todo el sentido (como se venía diciendo desde la anterior) a la declaración de amor paterno-filial “I love you three thousand”. Y se cierra cambiando el tono de modo radical, centrándose en un humor que está presente en todo momento, algunos verdaderamente delirantes, que aligera de modo evidente la seriedad de las cintas anteriores.

    Ello provoca que el resultado, aunque sin ser para nada malo, sí se queda por debajo de lo deseado. Es una película divertida, mucho, más centrada en los asuntos amorosos de Parker (y alguno de sus amigos) que en las escenas de acción, alguna además demasiado aparatosa y recargada. Se ve con facilidad, se disfruta, se goza, a pesar de cierta previsibilidad. Se ha hecho una cinta conscientemente delirante. Tanto que a veces, por ese afán de los norteamericanos de destruir Europa (y quedar como los salvadores) recuerda a aquella ida de olla que era Team America: La policía del mundo (que Trey Parker dirigió en 2004).

    Las piezas encajan y los momentos más serios (alguno hay) se conectan bastante bien con los más leves, esos de los estudiantes de paseo por el viejo continente o en las que Gyllenhaal se ríe de sí mismo con un personaje glorioso. Posiblemente no pasará a la historia (aunque es mejor de lo que pareciera), pero cumple con creces sus objetivos. Incluso en algunos momentos (sobre todo en esa escena post-créditos) pilla por sorpresa a muchos y, quizás, abre alguna puerta a lo que en breve será la cuarta fase del MCU, que nos llevará por caminos hasta ahora no transitados.

    Más críticas en https://happyphantomblog.wordpress.com.

  • La (Des)Educación de Cameron Post: La conducta inadecuada

    La (Des)Educación de Cameron Post: La conducta inadecuada

    A pesar de que en nuestro país se haya estrenado tres meses más tarde, lo cierto es que esta muy interesante La (des)educación de Cameron Post es anterior (casi un año) a la más floja Identidad borrada, con la que comparte temática y (en cierto modo) estructura argumental.

    Ganadora del Gran Premio del Jurado en Sundance y de la Espiga de Plata y el Premio del Jurado Joven en Valladolid, La (des)educación de Cameron Post es más potente, más solvente, y ofrece un mayor deleite cinematográfico, abordando un tema de los que cabrean, de los que uno lamenta que sigan existiendo en estos tiempos.

    Como en aquella, una adolescente (la Cameron del título), al ser descubierta en actitud íntima con una amiga, es enviada por sus padres adoptivos a un centro de rehabilitación cristiano que, bajo el nombre de La promesa de Dios, pretende ‘curar’ a esas personas ‘desviadas’ que, como ella, sienten atracción por otras personas del mismo sexo al suyo.

    Estados Unidos, 2018 (91′)
    Título original: The miseducation of Cameron Post.
    Dirección: Desiree Akhavan.
    Producción: Cecilia Frugiuele, Jonathan Montepare, Michael B. Clark, Alex Turtletaub.
    Guión: Desiree Akhavan, Cecilia Frugiuele, basado en el libro de Emily M. Danforth.
    Fotografía: Ashley Connor.
    Música: Julian Wass.
    Montaje: Sara Shaw.
    Intérpretes: Chloë Grace Moretz (Cameron Post), John Gallagher Jr (Reverendo Rick), Sasha Lane (Jane), Forrest Goodluck (Adam), Marin Ireland (Bethany), Owen Campbell (Mark), Jennifer Ehle (Dra. Lydia Marsch), Kerry Butler (Ruth), Quinn Shephard (Coley), Emily Skeggs (Erin), Melanie Ehrlich (Helen), Isaac Jin Solstein (Steve), Dalton Harrod (Jamie).

    Huir del morbo gratuito

    Akhavan acierta de pleno al huir del morbo gratuito, y demuestra un enorme cariño por sus personajes, a los que dota de una entidad en la que no cabe la confusión. Cameron sabe lo que siente, no hay conflicto en su interior. El enfrentamiento viene de fuera, de aquellos que la ven como enferma, como desviada, cuando lo que la inundan son una infinidad de dudas.

    Dudas de un adolescente que está buscando su lugar en el mundo y que lucha contra esos elementos externos que pretenden modificar su conducta y destruir su identidad. Así, La (des)educación de Cameron Post se centra en la protagonista, cada vez más convencida de una identidad sexual que desde fuera se empeñan en modificar.

    Estéticamente, Akhavan también acierta en el modo de plantear la planificación de la cinta. Tras empezar con primeros planos, tanto de la protagonista como de elementos fragmentados y desestructarados, que muestran su desubicación en el mundo, pasa a planos generales y abiertos en los que Cameron forma parte de una totalidad en la que debe integrarse, un mundo (el centro reformatorio) en el que tratan de despojar de toda diferencia usando uniformes comunes para todos, ejercicios programados…

    Reflexión sobre la individualidad

    Y es cuando Cameron reflexiona sobre su individualidad, cuando se percata que no es culpable de ningún delito, los planos se cierran de nuevo, pero centrando al personaje en la pantalla. Ella se convierte en el centro de su propia vida, abriéndose al mundo, pasando de los muy escuetos “OK” de su llegada, al casi epitáfico “No tenéis ni idea de lo que estáis haciendo” que le espeta a uno de los directores al ser consciente de las injusticias que está viviendo allí dentro.

    En el terreno interpretativo, Chloë Grace Moretz nos regala el que (muy posiblemente) es el mejor trabajo de su carrera, sabiendo expresar la gestualidad no verbal que infunde de manera fantástica a su personaje. También cabría destacar el retrato de los dos educadores, la psiquiatra que trata a todos los jóvenes internos, y su hermano, un ser en el fondo débil y solitario, que se enorgullece de haberse curado de la homosexualidad, y que ahora trata de corregir a otros su malos comportamientos.