(Juan 14, 23-39) EL CRISTIANISMO no es para pusilánimes. Jesús fue un hombre de paz, y fue sembrando la paz por dónde quiera que iba. Proclamó, desde su experiencia personal, la bienaventuranza de los que construyen la paz; y la fundó en el don más grande y hermoso: “Dichosos los que construyen la paz porque serán llamados hijos de Dios”. Quien siembra paz, se experimenta hijo.
Pero la paz es fruto de la justicia, de la verdad y de la solidaridad, y no siempre cuenta con el beneplácito de los que se benefician de la injusticia, la mentira y el egoísmo. Por ello quien quiera, con su propia vida, sembrar paz que se prepare para afrontar conflictos. En ellos se ve cómo la paz es un verdadero fruto del Espíritu.
Fue en la última cena, sabiendo que iba a afrontar toda la violencia de la que el ser in-humano es capaz, y allí nos dejó dicho: “Mi paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón, ni se acobarde”. Desde entonces, los cristianos sabemos que lo nuestro no es la paz de los cementerios, ni la paz del silencio cómplice, ni la paz de reírle las gracias al poderoso, ni la paz de ignorar a los que sufren.
Sólo desde la paz construiremos el Reino sin dejar víctimas en la cuneta; sin que el odio ni el rencor nos prive de lo que, precisamente, queremos construir. El perdón no puede disculparnos de la justicia; la justicia no puede ser excusa de insolidaridad. La solidaridad sólo se vive combatiendo la mentira y la muerte. La experiencia profunda de paz es el único camino de la verdad y la vida. Por todo ello, la paz es un don del Espíritu.
La plaza de la Constitución fue el escenario elegido por la asociación cultural Ateneo Andaluz para llevar a cabo su acto de apoyo al juez Baltasar Garzón por las causas abiertas contra el magistrado, por el Tribunal Supremo y el Consejo General del Poder Judicial. El lema de la concentración, que rezaba en la pancarta, era el de Por Democracia, por justicia, con Garzón.
El Ayuntamiento va a pedir la nulidad del decreto de 1937 por su inconstitucionalidad