Etiqueta: evangelio

  • El de las tres mentiras

     Mateo 10,26-33

    UN AMIGO mío, que hace ya tiempo comenzaba a ser camarero, me sorprendió un día comentándome: «Hay un cliente que me pide el café de las tres mentiras». Cuando yo lo miré extrañado me aclaró que el café de las tres mentiras es un descafeinado con leche desnatada y sacarina: es mentira que tenga café, es mentira que tenga leche, es mentira que esté dulce… (más…)

  • El pan de la dignidad

     Juan 6,51-58

    “SENTÍA QUE, yo misma, era un error”, así hablaba una mujer que sufre una discapacidad y con una vida difícil, sin padre y sin madre, sin familia con la que sentirse única y especial. Veinte años, y se sentía prescindible para todos, un error de la naturaleza. “Lo que me devolvió la conciencia de dignidad personal fue la experiencia de fe; saber que en medio de todo lo que me pasaba, Dios tenía un plan para mí, una misión a la que responder”. (más…)

  • Instaurar el Reino

    LOS DISCÍPULOS de Jesús de Nazaret no tenían, en absoluto, una visión espiritualista de la misión de su maestro; más bien pecaban de reducirla a unas expectativas demasiado mundanas. Después de haber experimentado su resurrección, hablan de una manera que nos descubre su ansia de que nuestra historia cambie y se transforme. Cuando Jesús va a ascender al cielo le preguntan: ¿Es ahora cuando vas a instaurar tu Reino? (más…)

  • El obispo de Bilbao en La Almona

    Obispo de Bilbao,  Mario Iceta GavicagogeascoaEl Centro de Orientación Familiar Diocesano ha invitado al obispo de Bilbao, Mario Iceta Gavicagogeascoa, a una jornada de  formación sobre familia. Será el sábado, día 7, a las 18:00 horas, en el Centro Cultural La Almona.  El también presidente de la Subcomisión para la Familia de la Conferencia Episcopal Española hablará sobre La necesidad de anunciar el Evangelio en la familia hoy en día.

  • Efecto ‘llamada’

    (Juan 2, 35-42) El evangelio de San Juan es el más elevado y espiritual, por una parte, y el que más nos acerca a la realidad concreta de Jesucristo y sus discípulos. En el cuarto Evangelio encontramos detalles y gestos de Jesús tan cotidianos y concretos que, a veces, sorprenden. Es el Evangelio que con más claridad afirma la divinidad de Jesús y con más nitidez subraya su humanidad.

    En los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) se recuerda la llamada explícita a los discípulos. Jesús va al lago de Galilea y los va llamando con aquellas palabas que todos recordamos: “Veníos conmigo y yo os haré pescadores de hombres”. Juan nos muestra el primer encuentro de la forma más cotidiana. Jesús no llama explícitamente a los discípulos; unos discípulos tiran de otros ante la atracción de su persona. Comienzan a seguirlo, sin que él los haya llamado. Y cuando se da cuenta de que lo están siguiendo les pregunta: ¿Qué buscáis? Aturdidos por semejante pregunta, ellos le responden con otra: “Maestro, ¿dónde vives?”, porque ciertamente no sabían bien lo que buscaban.

    Todo el que busca es un poco emigrante. Deja lo seguro y busca la vida más allá de lo que hasta ahora ha vivido. Todo emigrante necesita que alguien le ofrezca su amistad y su compañía, que le abra las puertas de su casa, que lo trate como hermano –no como inmigrante forastero-. Todos los que buscan vida nueva necesitan que la Iglesia sea casa acogedora; necesitan que la comunidad cristiana les diga, como Jesús a aquellos primeros discípulos: “Venga, venid a mi casa, así la veis”.

    Aquellos discípulos-emigrantes nunca olvidaron cómo les abrieron las puertas de la casa. No olvidaron, ni el día, ni la hora.

     

  • Una fe que merece la pena

    (Juan 2, 13-22) Llevamos demasiado tiempo viviendo un cristianismo vergonzante y acomplejado, como si tuviéramos que hacernos perdonar el hecho de tener fe, y de ser cristianos. Y así no vamos a ninguna parte.

    Mientras tengamos esa vivencia de la fe apocada y entristecida, aunque nos propongamos evangelizar, será  imposible. Nadie da lo que no tiene. Si no tenemos la alegría del evangelio, no la podemos dar. Una de las causas más importantes del éxito de la primera evangelización fue que, mientras los paganos habían perdido la confianza en su enjambre de dioses y su laberinto de mitos, el cristianismo aparecía a los ojos de todos como una fe que merece la pena vivir, porque es también una fe por la que merece la pena morir. Ese fue el testimonio de las comunidades cristianas y el testimonio apostólico que funda nuestra fe.

    Hemos de pedir que salga de nosotros ese «demonio mudo» y permitirnos recuperar aquel atrevimiento de los primeros testigos del resucitado que les permitía decir sin arrogancia, pero con la mayor naturalidad, de lo que habían visto y oído. Ni nuestros pecados ni los pecados de la iglesia debe frenarnos a la hora de anunciar con nuestra vida, con nuestros gestos y con nuestras palabras que vivir en comunión con Jesucristo es la vida verdadera.

    El mayor problema de la Iglesia es que muchos bautizados han convertido su fe en religión, y han sustituido la experiencia del encuentro con Cristo por unos ritos y costumbres que no son dañinos, pero que no son fuente de evangelio, ni de evangelización. Ni tú ni yo somos uno de ellos, ¿verdad?

     

  • Le dijo el abuelo al nieto…

    (Mateo 5, 17-36) – ABUELO, el Evangelio de esta semana no es como los demás; otros días me has contado cómo Jesús quiere nuestra felicidad, que seamos buenos, que nos queramos mucho, que confiemos mucho en Dios Padre y en Él… Otras veces hemos leído cómo Jesús curaba a muchos enfermos y quienes lo veían se sentían muy alegres. Pero esta semana dice cosas difíciles.
    – No, hijo, no. No es el Evangelio el que es difícil; es la vida la que en un momento u otro se nos pone difícil. Ahora tu vida es más o menos fácil, pero llegarán momentos en los que no sea así. Hay personas a las que la vida se les pone muy cuesta arriba. En plena juventud muchos matrimonios tienen que afrontar una enfermedad grave, dura, difícil. Y si no son capaces de pasar esa prueba se hundirán totalmente… Hay algunos padres que tienen niños que nacen con una discapacidad. Y mientras ellos son jóvenes no hay problema que no afronten; pero cuando llegan a viejos y su hijo sigue malito se les hace imprescindible confiar mucho en Dios, porque piensan qué va a ser de su hijo en un futuro. Hay personas que de jóvenes eran buenas y tenían buenos ideales, pero en un momento cedieron a la tentación de aprovecharse de las circunstancias, se corrompieron –aunque todo fuera muy legal…-, y ahora les da vergüenza de mirarse al espejo… No es el Evangelio el que es duro, no. Es la vida la que necesita, a veces, mucha fortaleza para vivirla con serenidad en el corazón y con bondad en las manos…

    – Abuelo, no te he entendido casi nada…

    – No te apures, hijo. Tú intenta ser bueno siempre, siempre; y ten en cuenta, siempre, que nosotros y el Señor te queremos mucho.

  • Conversión misionera

    (San Mateo 3,13-17) EL PAPA Francisco nos ha regalado muchos gestos evangélicos y muchas palabras iluminadoras que a todos nos han alegrado. En los meses que lleva en el ministerio de presidirnos en la fe y la caridad nos ha mostrado el rostro de la Iglesia atenta a los débiles, comprensiva con todos, ofreciendo el rostro paterno de Dios, que es el que Jesucristo nos ofreció.

    Hace pocas semanas dio a conocer, en una reflexión amplia, la experiencia de fe de la que brotan sus actuaciones y de su forma de ver el mundo. Está, como todo, en internet (también en las librerías). Se llama “Evangelii gaudium”, es decir, “La alegría del Evangelio”, y todos tendríamos que leerla. Está escrita para todos, con un lenguaje sencillo y con reflexiones personales que a todos pueden ayudarnos.

    Entre otras cosas nos dice que la Iglesia tiene una necesidad urgente de transformación y de reforma. El Papa Francisco es una persona alegre, y nos dice que todas las personas del mundo necesitan la alegría que aporta Jesucristo a nuestras vidas. La alegría de Jesucristo, su consuelo, su perdón, su fortaleza, su sensibilidad para con los más pobres y los que sufren… su Vida es imprescindible para la humanidad. Exhorta a toda la Iglesia a asumir una conversión para poder ofrecer a todos la alegría de Jesucristo.

    El próximo domingo escucharemos el evangelio del Bautismo de Jesús, que fue el momento en el que pasa de vivir en Nazaret una vida sencilla a asumir la misión de anunciar el Evangelio a todo el pueblo de Israel y a toda la humanidad.  Es una invitación a  pensar qué tenemos que cambiar en nuestra comunidad para que el Evangelio llegue a todos, a los más pobres, a los más alejados.

  • Emprender

    (Marcos 16, 15-20) LA PREDICACIÓN del evangelio siempre va acompañada de signos de liberación y de gestos de generosidad incomprensibles para los que no se han encontrado con Jesucristo.

    La experiencia de fe no se resume en un credo de verdades, ni en unas prácticas rituales, ni siquiera en un compromiso ético concreto. La experiencia de fe es un encuentro con Quien llena nuestra vida de felicidad y de sentido.

    No hay rincón del mundo en el que no haya cristianos anunciando el evangelio con sus palabras y con su testimonio. No hay situación de marginalidad y sufrimiento en Andalucía donde no haya presencia de cristianos llenos de esperanza y comprometidos con la justicia. Ni el ansia de dinero, ni el orgullo de la fama dan tantas alas como la fe en Jesucristo.

    Quien se deja marcar por el sello del encuentro con Cristo no puede descansar tranquilo sin preguntarse cada día: ¿qué he hecho hoy por mis hermanos?, ¿cómo vivir, yo mismo, y ofrecer, a todos, la inmensa riqueza de vivir en el amor más incondicional y gratuito?

    En cada momento de la historia los cristianos han buscado respuesta a las necesidades más urgentes de su sociedad. Hoy necesitamos cristianos que, lejos de dejarse seducir por la corrupción institucionalizada y por el derrotismo, ofrezcan caminos de esperanza y de trabajo, de amor y de puestos de trabajo, de fe y de creación de puestos de trabajo. Ese es el signo que hoy nos piden los tiempos para  hacer creíble la fe.

    Pero cuando venga el Señor, ¿encontrará esta fe en la tierra?

     

  • Miradas y caricias

    (Marcos 1,40-45) CADA VEZ que paso por un cruce de carreteras la veo. En verano tenía una sombrilla que la protegía débilmente del sol y del aire abrasador de agosto, ahora en invierno (más tapada con ropa ceñida) sigue en su puesto de trabajo o, por mejor decir, en el lugar donde una inmisericorde esclavitud la ha relegado. Unos la miran con deseo, de ellos sobrevive. Otros la miran con asco. Otros con lástima, o con indiferencia. Pero, todas nuestras miradas le hacen daño.

    Sentirnos observados y mirados, como bichos raros; sentirnos juzgados, condenados o amnistiados, a todos nos molesta. La mirada tiene una fuerza personal que salva o esclaviza. Con una mirada podemos avergonzar y hundir a alguien.

    Mirando a los ojos lo afrontamos en su realidad personal desde nuestra realidad personal, para contarle lo que nos ha ocurrido, para escuchar un retazo de su propia vida, para decirle lo que pensamos. En el evangelio de esta semana se nos narra cómo Jesús cura a un enfermo de lepra tocándolo, acariciándolo. Nuestra piel, nuestras enfermedades, nuestras virtudes, nuestras capacidades, todo lo que somos, o hacemos, es expresión de nuestra persona y nuestra vida. Cuando miramos a alguien sin tener presente su dignidad de persona, cuando lo tratamos como “delincuente”, “enfermo”, “discapacitado”, “drogadicto”, “corrupto”… él siente que lo estamos juzgando y condenando.

    En el evangelio de este domingo, Jesús nos enseña a mirar a todas las personas a los ojos, como lo que son, hijos de Dios. Y a ayudar humildemente a quien lo necesite, pidiéndole internamente perdón por habernos dado cuenta de su carencia y su necesidad.