Etiqueta: crítica de cine

  • Madre: Vencer el duelo

    Madre: Vencer el duelo

    Con la muy notable excepción de Tierra firme (Carlos Marqués-Marcet, 2017), las veces que el cine español ha sido el elegido para inaugurar el Sevilla European Film Festival la cosa no ha salido especialmente bien (casos como Fin, Tres bodas de más, o peor aún, La ignorancia de la sangre aún se recuerdan). Pero, claro, en esta ocasión hablamos de un peso pesado como Rodrigo Sorogoyen, con Madre. Un director que tiene en su haber obras tan magníficas como Stockholm, Que Dios nos perdone o El reino, que el pasado enero se llevó siete premios Goya.

    España-Francia, 2019 (128′)
    Dirección: Rodrigo Sorogoyen.
    Producción: Ibón Comerzana, Ignasi Estapé, Rodrigo Sorogoyen.
    Guión: Isabel Peña, Rodrigo Sorogoyen.
    Fotografía: Alejandro de Pablo.
    Música: Olivier Arson.
    Montaje: Alberto del Campo.
    Intérpretes: Marta Nieto (Elena), Jules Porier (Jean), Álex Brendemühl (Joseba), Anne Consigny (Lea), Frédéric Pierrot (Gregory),Guillaume Arnault (Benoit).

    Madre deriva de su cortometraje homónimo que estuvo nominado a los Oscar este año, una historia angustiosa rodada en plano secuencia (el corto) con una magnífica Marta Nieto como protagonista. De hecho, el arranque de este largometraje es ese mismo cortometraje, en el que Elena, que está en casa tranquilamente, recibe la llamada de su hijo de seis años que le dice que está perdido en una playa de Francia y que no encuentra a su padre. Diez años después, Elena vive (o sobrevive) en esa misma playa, y en cierto modo ha conseguido rehacer su vida. Hasta que un día conoce a Jean, un adolescente francés que le trae recuerdos del pasado y le remueve por dentro.

    La película, que viene de ganar el premio a la mejor actriz (excelsa Marta Nieto) en la Sección Horizontes del Festival de Venecia acierta al cambiar el registro. Cuando lo normal hubiese sido tomar el camino del thriller, embarcándose en una búsqueda desaforada del hijo perdido, investigar qué pudo ocurrir, dónde se puede encontrar, la película abandona ese tono y se decanta por la idea mucho más interesante de bucear en el personaje de Elena, una mujer extremadamente frágil, que parece que está a punto de romperse en cualquier momento, pero que, en cierto modo, resurge cuando Jean aparece en su vida.

    Madre plantea, quizás, un cierto dilema moral, y resulta incómoda a la par que sugerente. Elena ve en Jean al hijo que perdió; quizás piense que sea él, quizás no, y lo único que quiere es ejercer ese papel maternal que le fue arrebatado. Y luego está Jean, también un personaje ambiguo, que ve en Elena a una mujer misteriosa de la que se enamora, pero también a la madre que siempre quiso tener.

    Sorogoyen consigue sorprender una vez más, al cambiar las expectativas creadas en el cortometraje, dirigiendo la historia por otros derroteros, que resultan más efectivos. El tono es distinto, porque Elena también es distinta.

  • Excesos que matan la historia

    Excesos que matan la historia

    La todopoderosa Disney sigue empeñada en estirar el chicle, no solo con el hecho de rehacer sus clásicos animados en carne y hueso, sino en ampliar las historias con segundas (y hasta terceras, al tiempo) partes. Ahora le ha tocado el turno, otra vez, a Maléfica, Maestra del Mal. Cinco años después de la primera parte, que cambiaba la perspectiva del cuento clásico, dándole un nuevo enfoque al tratar a la famosa bruja de La bella durmiente no como una malvada, sino como una incomprendida, y cuyo éxito superó las expectativas, los jefazos decidieron que era conveniente ampliar la historia.

    Estados Unidos-Reino Unido, 2019 (118′)
    Título original: Maleficent: Mistress of Evil.
    Dirección: Joachim Rønning.
    Producción: Duncan Henderson, Angelina Jolie, Joe Roth.
    Guión: Micah Fitzerman-Blue, Noah Harpster, Linda Woolverton.
    Fotografía: Henry Braham.
    Música: Geoff Zanelli.
    Montaje: Laura Jennings, Craig Wood.
    Intérpretes: Angelina Jolie (Maléfica), Elle Fanning (Aurora), Harris Dickinson (Príncipe Philip), Michelle Pfeiffer (Reina Ingrith), Sam Riley (Diaval), Chiwetel Ejiofor (Conall), Ed Skrein (Borra), Robert Lindsay (Rey John), David Gyasil (Percival), Jenn Murray (Gerda), Juno Temple (Thistlewit), Lesley Manville (Flittle), Imelda Staunton (Knotgrass).

    Esta vez, el resultado de Maléfica Maestra del Mal se aleja mucho de la anterior, y queda como una explosión de efectos especiales, pero cuya historia tiene muy poco sentido.
    Ya desde el arranque la cosa pinta muy mal. La voz en off que comienza narrando el “Érase una vez…” dice, a los pocos segundos, que Maléfica “sin que nadie sepa muy bien por qué, se ha vuelto malvada de nuevo…” Así, sin anestesia, entramos en un mundo sobresaturado de CGI, tan abigarrado que echa para atrás, y con una primera parte (que se hace larguísima) en la que el almíbar te deja agotado. Y ya en esos momentos descubrimos que esa declaración de que “se ha vuelto malvada” es, cuanto menos, cuestionable.

    El príncipe Phillip le pide a Aurora (ahora Reina de la Ciénaga), y ella acepta, aunque Maléfica no termina de verlo claro del todo. En la cena de compromiso, Ingrith, reina de Ulstead y madre del novio, consigue que Maléfica sea señalada como culpable de la maldición que le ha caído al rey John, lo que pone en marcha una serie de sucesos que llevarán a una guerra, en la que Ingrith deja claras sus aviesas intenciones.

    Esta segunda parte, que en realidad poco tiene de continuación de la primera (los responsables se la han sacado de la manga tras el éxito inesperado de la anterior), tiene más contras que pros. La historia se pierde en elecciones incorrectas en favor de un exceso de efectos visuales, y un conglomerado de personajes y poderes sin mucho sentido y nula explicación. Incluso la mayoría de personajes principales falla: la química entre los amorosos casaderos es prácticamente inexistente, la misma Maléfica se pasa la mitad de la película como perdida, esperando que todo pase. Únicamente la presencia de Michelle Pfeiffer hace que la película avance (aunque tampoco es que su personaje ofrezca grandes sorpresas).

    La batalla que supone el clímax (más que obvio) presenta unas más que evidentes referencias a un clásico reciente de la televisión como es Juego de tronos, donde Ingrith sería Cersei Lannister y Maléfica sería Daenerys Targaryen atacando Desembarco del Rey desde el aire. Es una de las secuencias más esperadas de la película, pero está rodada de modo aturullado y resulta en muchos momentos incomprensible, sobre todo por el excesivo uso de los efectos especiales. Al final, todo se cierra con otro exceso, en este caso de almíbar. Una escena que se alarga de modo innecesario y que resulta empalagosa y cursi hasta decir basta.

    Todos estos excesos y las malas decisiones narrativas, ocultan el mensaje de los peligros de los pensamientos absolutistas y el manifiesto en defensa de la naturaleza y contra la explotación de sus recursos, que no llega, no funciona, y Maléfica Maestra del Mal termina por no ser válida ni para el público infantil ni para el adulto.

  • Día de lluvia en Nueva York: el mismo encantamiento de siempre

    Día de lluvia en Nueva York: el mismo encantamiento de siempre

    Hay cineastas que tienen un sello particular, un estilo, que hace que sus películas, aun en el (hipotético) caso de que su nombre no aparezca en los créditos, sean fácilmente identificables. Uno de ellos es, sin duda, Woody Allen, un director que llevaba décadas regalándonos una película al año, como Día de lluvia en Nueva York, y que, con la muy notable excepción de esa obra maestra que es Match point, pueden parecer cortadas por el mismo patrón, pero que siguen enamorando y entusiasmando a sus seguidores.

    Esta Día de lluvia en Nueva York se quedó en un cajón por la negativa de Amazon a distribuir la película ante las acusaciones por acoso (a pesar de que fueron desestimadas repetidas veces por los jueces) y el rechazo de algunos intérpretes a volver a trabajar con el director (algunos incluso están en esta película), a pesar de que el asunto ya era conocido desde hace más de dos décadas, antes de que estas colaboraciones se produjesen. Finalmente, por fortuna, triunfó la cordura y podemos disfrutar de este regalo que, sin ser una obra maestra, es una cinta más que digna, que va de menos a más, y que tiene una carga mucho más profunda de lo que en un principio pudiera parecer.

    Gatsby y Ashleigh son una pareja de enamorados universitarios que van a pasar un fin de semana en la ciudad de Nueva York. Él vuelve allí después de un tiempo intentando huir de su adinerada familia, y ella va a entrevistar al famoso cineasta Roland Pollard, que pasa por un momento de crisis creativa, y durante su aventura en la gran ciudad cruzará su camino con el guionista Ted Davidoff y el cautivador actor Francisco Vega. Por su lado, Gatsby se encontrará con Chan (la hermana pequeña de un antiguo amor), quien le ayudará a poner en orden sus sentimientos. Será un fin de semana plagado de encuentros, desencuentros y equívocos acompañado por la lluvia.

    Película número 50

    Con su película número cincuenta (cifra sin duda extraordinaria) Allen vuelve a rodar en la ciudad de su corazón, su adorada Nueva York a la que tantas muestras de amor le ha dedicado. Y lo hace para tratar sus temas de siempre (algunas de sus cintas, como Medianoche en París, son claramente reconocibles aquí), sin que ello sea óbice para que el encanto surta efecto y se salga de la sala con una media sonrisa, consciente de haber visto el trabajo de un artesano del cine, de un tipo que sabe lo que hace y cómo hacerlo.

    A pesar de todo, y de que Allen tiene ya 84 años, la película y sus diálogos tienen frescura, rebosa juventud. Son estos los que vertebran la película, lo que importa. Es cierto que las situaciones pueden resultar poco creíbles (que en una ciudad tan gigantesca se sucedan tantas casualidades y encuentros fortuitos en tan breve lapso…) pero lo que importa son las conversaciones, cómo los personajes desnudan sus almas, cómo muestran sus sentimientos. Vamos, lo que siempre ha hecho el director, que siempre sorprende, que es lo que buscamos sus fans.

    En la historia de Día de lluvia en Nueva York, que empieza quizás con modos y formas algo anquilosados, evoluciona poco a poco hasta enamorar. Sus protagonistas, enfrentados a un fin de semana que iba a ser inolvidable (y que lo es, pero por otros motivos a los esperados), están brillantes. No es para menos, ya que Chalamet y Fanning (que muestra su vis cómica) son grandes, cada vez más. Es una historia romántica donde la nostalgia y la melancolía se mezclan con situaciones divertidas (rayanas en el absurdo a veces) rodada con el talento y la sabiduría de un genio.

    También hay que destacar la fotografía de un clásico como Vittorio Storaro. En esta, su cuarta colaboración (que no va a ser la última) con el director, revela la belleza de la ciudad bajo la lluvia (cuando empieza a caer el agua es cuando la magia empieza a actuar en la historia). Una ciudad a la que dota de un encanto especial, como en un ensoñamiento. Y luego está el tema, también habitual en Allen, del cine dentro del cine. Y, por supuesto, el jazz. El otro gran amor del director junto a la ciudad en la que nació.

    Más críticas en www.happyphantomblog.wordpress.com.

    día de lluvia en nueva york
  • A dos metros de ti: Enfermedad almibarada

    A dos metros de ti: Enfermedad almibarada

    En A dos metros de ti, Stella Grant es una típica joven de 17 años, que adora a sus amigos, aunque, al contrario que la mayoría de chicas de su edad, pasa gran parte de su tiempo en un hospital por la fibrosis quística que padece, y de cuyo proceso y desarrollo habla en su canal de Youtube.

    Es una fanática del control, para la que todo debe estar medido y en su justo lugar. Un día conoce a otro joven paciente, un chico encantador y rebelde llamado Will Newman, también internado en el hospital, y que pone a prueba su mundo. Aunque, por la enfermedad que ambos tienen, deben mantener una separación constante de dos metros, para evitar la infección cruzada, y que las bacterias de uno ataquen al otro.

    Estados Unidos, 2019 (116′)
    Título original: Five feet apart.
    Dirección: Justin Baldoni.
    Producción: Justin Baldoni, Cathy Schulman.
    Guión: Mikki Daughtry, Tobias Iaconis.
    Fotografía: Frank G. DeMarco.
    Música: Brian Tyler, Breton Vivian.
    Montaje: Angela M. Catanzaro.
    Intérpretes: Haley Lu Richardson (Stella), Cole Sprouse (Will), Moises Arias (Poe), Kimberly Hebert Gregory (Barb), Parminder Nagra (Dra. Hamid), Claire Forlani (Meredith), Emily Baldoni (Julie), GAry Weeks (Tom), Cynthia Evans (Erin), Brett Austin Johnson (Jason), Ariana Guerra (Hope), Sophie Bernard (Abby), Cecilia Leal (Camila).

    A dos metros de ti está construida sistemáticamente para no dejar un solo ojo seco en la sala, objetivo que cumple utilizando las peores artimañas posibles, con situaciones mil veces vistas y personajes arquetípicos, y que van empeorando a medida que avanza la historia. Y es que si, en su primera parte se observa un nivel aceptable, sin caer demasiado en el sentimentalismo, en la segunda mitad el almíbar va en un in crescendo imparable, con un guion que cae muchas veces en sinsentidos, con situaciones imposibles, que ocurren porque sí, simplemente porque les viene bien a los personajes.

    A pesar de que salva el hecho de que prácticamente toda la película esté rodada en un único escenario (entre las cuatro paredes de un hospital), lo que acentúa el hecho de que los protagonistas (sobre todo él, mucho más pesimista en este aspecto) lo vean como una cárcel, que les mantiene atrapado, sin poder salir, y hablando constantemente de sus ansias de ser libres, de su deseo de viajar, de vivir las vidas que sus amigos están viviendo por ellos, el guion es previsible sin la más mínima sorpresa, y está repleto de diálogos torpes y clichés pasados de moda (como el del mejor amigo gay, cuyo final se ve venir desde la primera vez que lo conocemos).

    Solo el arranque y la solvencia interpretativa y el carisma de su joven protagonista, Haley Lu Richardson, capaz de soportar estoicamente que la cámara esté (casi) permanentemente encima de ella y salir airosa del envite, salva del fracaso total A dos metros de ti. Una cinta que en Europa pierde el sentido del título original (esos cinco pies de distancia frente a los seis reales que son necesarios, y que son una rebelión contra la enfermedad, un modo de arrancarle algo frente a lo mucho que esta les ha robado). Son las cosas que tiene el sistema métrico…

  • Fotografía: Atracón de naftalina

    Fotografía: Atracón de naftalina

    No es que nos llegue mucho cine desde la India, precisamente, a nuestras salas. La ingente producción del país es (debe ser) muy variada, aunque los elementos más conocidos son su colorido, la importante presencia de la música prácticamente en todas ellas. Cosas que aquí, en Fotografía, última película de Ritesh Batra (del que hace un par de años vimos la interesante El sentido de un final), brillan por su ausencia.

    Alemania-India-Estados Unidos, 2019 (110′)
    Título original: Photograph.
    Escrita y dirigida por: Ritesh Batra.
    Producción: Ritesh Batra, Viola Fügen, Neil Kopp, Michel Merkt, Vincent Savino, Anish Savjani, Michael Weber.
    Fotografía: Tim Gillis, Ben Kutchins.
    Música: Peter Raeburn.
    Montaje: John F. Lyons.
    Intérpretes: Nawazuddin Siddiqi (Rafi), Sanya Malhotra (Miloni), Sachin Khedekar (Kanti Bhai), Denzil Smith (Hasmukh Bhai), Brinda Trivedi (Saloni), Lubna Salim (Sheilaben), Rajesh Kumar Sharma (Fazlu Master), Shihaan Bakshi (Mohan), Akash Sinha (Banke), Seema Pravin Shende (Teller).

    Rafi se gana la vida haciendo fotografía a turistas. Su abuela le presiona para que se case. Él le miente diciendo que ya está prometido. Y cuando ella le anuncia su visita, él busca y logra convencer a Miloni, una joven y melancólica estudiante a la que había hecho una foto días atrás, para que se haga pasar por su novia ante la anciana. Entre los dos se irá forjando una inesperada relación.

    Fotografía, la cinta de Batra está cocinada a fuego lento. Muy, muy lento. Cae en tópicos que ya están más que manidos. Todo huele a naftalina, a antiguo, y en muchos momentos recibimos una invitación al bostezo. Tu fotografía es una película que quizás hubiera funcionado años atrás, pero que ahora no cuaja. Ni el ritmo, ni la historia. Ni lo que cuenta (esa cultura machista que echa para atrás a pesar de que la intenten disfrazar de romanticismo), ni el cómo se cuenta.

    Hay algunos momentos estéticamente bellos. Pero es una belleza casi vacía. O más bien críptica. Desconozco si alguna escena se ha quedado en la mesa de montaje, pero es difícil de comprender lo que ocurre en la historia en algunos momentos (ni siquiera vemos qué le dice Rafi a Miloni para convencerla). Como si todo estuviera rodeado de un halo de irrealidad (lo que, extrañamente, le daría algo de ‘lógica’ a lo que está pasando). Una historia de amor en la que los amantes apenas se tocan, en la que apenas se sonríen, en la que hablan en susurros (todo el tiempo) a pesar del bullicio de la ciudad…

    Hay multitud de hechos aleatorios, que no se explican, que no vemos y que tenemos que creer. Fotografía es una película inexpresiva, que da pistas vagas y argumentos débiles, como sus personajes, que parecen no preocuparse de estar engañando a una pobre anciana (la chica incluso acepta las joyas que esta le da), y que termina quedando incompleta. Dejando esa sensación de que te has perdido algo, de que no te han contado parte de la historia.

  • La Corresponsal: Palabras como balas

    La Corresponsal: Palabras como balas

    Habitualmente, aunque siempre hay excepciones, el género bélico suele apoyarse en un tono donde predomina la épica, el espectáculo, viviendo la guerra desde dentro, y sintiendo el silbido de las balas en nuestros oídos, las explosiones justo a nuestro lado. Incluso cuando la intención no es precisamente probelicista, como era el caso de la fantástica Salvar al soldado Ryan, el protagonismo recaía, precisamente en los soldados. En La Corresponsal no es así.

    Aquí, el documentalista Matthew Heineman, que debuta en el largometraje de ficción con La Corresponsal, este ‘biopic’ sobre una de las más importantes corresponsales de guerra de siempre. La norteamericana Marie Colvin, se posiciona en el lado opuesto, en el de los civiles que tratan de sobrevivir día tras día, superando las carencias, las pérdidas, las ausencias, entre tiroteos, explosiones y viviendas derruidas.

    Marie Colvin fue una periodista reconocida mundialmente por su cobertura de distintos conflictos bélicos por todo el planeta, testigo de batallas cruentas de las que trataba de contar lo que nadie más contaba, dando voz a las verdaderas víctimas de cada conflicto. Desde Sri Lanka (donde perdió un ojo tras la explosión de una granada junto a ella) a Kosovo, de Sierra Leona a Chechenia o la Primavera árabe. A pesar de que todos estos conflictos acaban haciendo mella en ella, llevándola a refugiarse en el alcohol y provocándole un trastorno de estrés post-traumático, Colvin sigue empeñada en mostrar el lado más duro de la guerra, y ello la lleva a Siria, a la ciudad sitiada de Homs, donde fue asesinada en uno de los bombardeos que el presidente del país lanzó contra diversos periodistas allí destacados.

    Reino Unido-Estados Unidos, 2018 (110′)
    Título original: A private war.
    Dirección: Matthew Heineman.
    Producción: Matthew George, Matthew Heineman, Basil Iwanyk, Marissa McMahon, Charlize Theron.
    Guión: Arash Amel, basado en el artículo de Marie Brenner.
    Fotografía: Robert Richardson.
    Música: H. Scott Salinas.
    Montaje: Nick Fenton.
    Intérpretes: Rosamund Pike (Marie Colvin), Jamie Dornan (Paul Conroy), Tom Hollander (Sean Ryan), Nikki Amuka-Bird (Rita Williams), Faye Marsay (Kate Richardson), Greg Wise (Profesor David Irens), Corey Johnson (Norm Coburn), Raad Rawi (Gaddafi), Jesuthasan Antonythasan (Thamilselvan), Stanley Tucci (Tony Shaw).

    Historia dura, estremecedora, permite el lucimiento de una Rosamund Pike que está sublime, en un papel complejo en el que sabe mostrar las múltiples heridas psíquicas de la protagonista, víctima de todos los horrores a los que se exponía, a la vez que su inquebrantable obsesión por destapar lo que nadie más contaba.

    Aunque Heineman no consigue escapar del todo (al menos, no en todo momento) de algún cliché, La corresponsal muestra su fuerza en la capacidad inmersiva que nos ofrece, sumergiéndonos en el horror sin necesidad de que (apenas) aparezca la batalla. Sufrimos con las víctimas, refugiadas, escondidas, mientras su mundo se desmorona a su alrededor. Así, comprendemos perfectamente que Colvin sucumba, y también su necesidad de contarlo todo. También compartimos, como le dice su director, que no todo el mundo es capaz de hacer lo que ella hace.

    La película La Corresponsal, que cuenta además con una sobria y muy realista fotografía, camina hacia el punto culminante de Homs, intercalando entre las numerosas coberturas de conflictos, con momentos privados de su vida personal, que sirven como contrapunto perfecto para mostrar la mentalidad herida de Colvin, trascendiendo del simple ‘biopic’, sirviendo así de mensaje claro, hablando de aquello que no se habla, de lo que no se ve, de lo que no se quiere ver.

  • La Viuda: Nunca hables con extraños

    La Viuda: Nunca hables con extraños

    Llevaba ya seis años sin dirigir cine el irlandés Neil Jordan hasta La Viuda. Es autor de interesantísimas cintas de éxito en las que ha tocado todos los géneros, como Michael Collins, El fin del romance, Entrevista con el vampiro, Juego de lágrimas, Contracorriente o Desayuno en Plutón, entre otras, y vuelve ahora con una cinta de terror psicológico, con un personaje femenino obsesivo y psicótico, clara heredera de películas de los noventa como Mujer blanca, soltera, busca…, o La mano que mece la cuna, cumpliendo uno tras otro todos los tópicos del género, sin ofrecer ninguna sorpresa.

    Frances es una joven dulce e ingenua que, tras la muerte de su madre, se muda a Manhattan junto a su amiga Erica. Un día encuentra un bolso en el metro, y decide llevárselo a su dueña. Así conoce a Greta, una pianista viuda que vive sola desde que su hija se fue a París a estudiar. Rápidamente se convierten en amigas, al ver la una en la otra los papeles de la mujer que falta en sus vidas. Pero entonces, Frances descubre en la casa de Greta una colección de bolsos idénticos al que encontró, con los datos de otras jóvenes. Al decidir romper el vínculo, la joven empezará a verse acosada y su vida se convertirá en una pesadilla.

    Irlanda-Estados Unidos, 2018 (98′)
    Título original: Greta.
    Dirección: Neil Jordan.
    Producción: Lawrence Bender, James Flynn, Sidney Kimmel, John Penotti.
    Guión: Ray Wright, Neil Jordan.
    Fotografía: Seamus McGarvey.
    Música: Javier Navarrete.
    Montaje: Nick Emerson.
    Intérpretes: Isabelle Huppert (Greta Hideg), Chloë Grace Moretz (Frances McCullen), Maika Monroe (Erica Penn), Colm Feore (Chris McMullen), Stephen Rea (Brian Cody), Jane Perry (Trabajadora del refugio de animales), Jeff Hiller (Maitre), Parker Sawyers (Manager Park Hill), Brandon Lee Sears (Repartidor de flores).

    En la época de la paranoia, la era post-atentados, que alguien deje un bolso abandonado en un asiento del metro (impoluto, por cierto, para ser Nueva York) y que nadie se asuste, que nadie se percate de ello y avise a los artificieros, ni de que una desconocida (que no es dueña de dicho bolso) lo agarre y salga del vagón tranquilamente, ya es para mosquearse. Pero, venga, aceptamos la premisa. Entramos al trapo. Sobre todo porque después la amiga de la protagonista, la única con dos dedos de frente, pone algo de coherencia al asunto.

    La película se sostiene y se mantiene por la presencia, siempre magnética, siempre perturbadora, de una Isabelle Huppert muy pasada de rosca. Tanto que hace que la situación sea divertida más que aterradora. Jordan sigue todos y cada uno de los pasos prestablecidos en el género pero no arriesga lo más mínimo, como sí pasaba en las cintas noventeras mencionadas antes. A La viuda le falta algo, una vuelta de tuerca que Jordan ha tenido en casi todas sus películas, pero que aquí, quizás por su propia falta de interés en el asunto (puede que haya tenido que recurrir a esta historia por falta de apoyo a la hora de realizar otros productos más interesantes), brilla por su ausencia.

    A Huppert la acompañan, en un reparto casi eminentemente femenino, una Chloë Grace Moretz muy sosa, y una Maika Monroe (a la que conocimos con It follows) cuyo papel es quizás el más interesante y el que más sustancia presenta, aunque tampoco sorprenda demasiado.

  • El fin de una época

    El fin de una época

    VENGADORES: ENDGAME

    Han sido necesarias veintiuna películas para que el Universo Marvel llegue hasta aquí, para alcanzar este punto culminante, este cenit con el que se cierran todas y cada una de las tramas iniciadas en todas las cintas anteriores. Vengadores: Endgame cierra de modo (casi) perfecto una historia impresionante que emocionará a los fans hasta límites insospechados. Un no profano en el tema también podrá disfrutar, por supuesto, pero habrá detalles que se le escapen, y el goce (evidentemente) no será el mismo.

    La anterior entrega de Vengadores (quizás más redonda que esta) había dejado el listón muy alto, y nos había dejado a todos absolutamente destrozados. Aquel chasquido de dedos del ‘malvado’ titán Thanos con el guantelete del infinito que (con sus motivaciones) había eliminado de un plumazo a la mitad de los seres vivos de la galaxia había causado devastación. Ahora, tiempo después, los Vengadores supervivientes tratarán de reunirse para encontrar un modo de restaurar el orden en el universo y revertir estos terribles hechos.

    Estados Unidos, 2019 (181′)
    Dirección: Anthony Russo, Joe Russo.
    Producción: Kevin Feige.
    Guión: Christopher Markus, Stephen McFeely, basado en los cómics de Stan Lee y Jack Kirby.
    Fotografía: Trent Opaloch.
    Música: Alan Silvestri.
    Montaje: Jeffrey Ford, Matthew Schmidt.
    Intérpretes: Robert Downey Jr (Iron Man), Chris Evans (Capitán América), Mark Ruffalo (Hulk), Chris Hemsworth (Thor), Scarlett Johansson (Viuda Negra), Jeremy Renner (Ojo de Halcón), Don Cheadle (Máquina de Guerra), Paul Rudd (Ant-Man), Benedict Cumberbatch (Doctor Strange), Chadwick Boseman (Black Panther), Brie Larson (Capitana Marvel), Tom Holland (Spider-Man), Karen Gillan (Nebula), Zoe Saldana (Gamora), Evangeline Lilly (Avispa), Tessa Thompson (Valkiria), Rene Russo (Frigga), Elizabeth Olsen (Scarlet Witch), Anthony Mackie (Falcon), Sebastian Stan (Soldado de Invierno), Tom Hiddleston (Loki), Danai Gurira (Okoye), Benedict Wong (Wong), Pom Klementief (Mantis), Dave Bautista (Drax), Letitia Wright (Shuri), Tilda Swinton (La Anciana), Haykey Atwell (Peggy Carter), Natalie Portman (Jane Foster).

    Es una tarea muy difícil comentar esta película, una cinta en la que pasan tantísimas cosas y a tantos niveles, sin desvelar nada de importancia que destripe detalles importantes a aquellos que aún no la han visto. Así que trataremos de contar lo fundamental contando generalidades.

    A pesar de los momentos difíciles y duros que viven los supervivientes de aquel acto de Thanos que sacrificó lo que más quería por una causa que veía como justa y necesaria, Endgame tiene también muchos momentos cómicos. Algunos más logrados que otros. La mayor parte de ellos, por supuesto, protagonizados por Rocket, pero también algunos por Thor. Hay muchos momentos de acción, muchas batallas (épica y gloriosa la principal de todas, el culmen al que todo se dirige). Y también hay muchos en los que llorar a mares.

    Una película brillante, pero no perfecta, en la que todas las tramas iniciadas en las veintiuna películas anteriores se cierran, en la que todos los protagonistas tienen su pequeño (o no tanto) momento de gloria. Ello provoca que la cinta se vaya más allá de las tres horas (que se podrían haber reducido un poco sin que se perdiera absolutamente nada). Sorprende en el lado positivo, que el mayor protagonismo recaiga en los vengadores originales, y (es consecuencia de lo mismo) la poca participación de quien se esperaba bastante más (dejémoslo ahí). Eso sí, todo desemboca en un final emotivo y tierno que resulta el remate perfecto a una historia que nos ha tenido enganchados durante años y a la que ahora vamos a echar de menos.

  • Entre el corazón y la patria

    Entre el corazón y la patria

    La espía roja

    Hace veintiún años, Judi Dench ganó su único Oscar (como actriz de reparto) por su papel en Shakespeare in love, a pesar de que sólo aparecía en pantalla ocho minutos y medio. Ahora, la británica es la principal baza comercial de La espía roja, película en la que aparece como estrella indiscutible, a pesar de que (de nuevo) apenas supera los diez minutos en pantalla. Y lo hace en La espía roja, película con la que Trevor Nunn vuelve al cine después de casi veinte años haciendo filmes para televisión (anteriormente había rodado una película cada diez años, por lo que, a pesar de llevar trabajando más de cuatro décadas, su filmografía es escasa).

    Esta experiencia en la pequeña pantalla es más que notable al ver esta cinta. De apariencia y factura de telefilme (rodada con medios, pero dicho esto en el peor de los sentidos posibles), La espía roja ofrece poco y sorprende aún menos. No es que sea previsible, es que básicamente descubre todas sus cartas en sus primeros minutos, y después solo alarga el metraje con explicaciones innecesarias.

    Reino Unido, 2018 (101′)
    Título original: Red Joan.
    Dirección: Trevor Nunn.
    Producción: David Parfitt.
    Guión: Lindsay Shapero.
    Fotografía: Zac Nicholson.
    Música: George Fenton.
    Montaje: Kristina Hetherington.
    Intérpretes: Judi Dench (Joan Stanley), Sophie Cookson (Joan, joven), Stephen Campbell Moore (Max), Tom Hughes (Leo), Laurence Spellman (Patrick Adams), Tereza Srbova (Sonya), Ben Miles (Nick), Robin Soans (Clement Attlee), Kevin Fuller (Detective Phillips).

    Joan Stanley es una encantadora abuelita que nunca ha levantado la más mínima sospecha, hasta que un día el MI5 británico se presenta en su casa para detenerla, acusada de proporcionar información a la Unión Soviética comunista. Durante el interrogatorio, Joan regresa a los años 30, cuando estudiaba en la Universidad de Cambridge y, después, trabajaba en unas instalaciones secretas del gobierno para la investigación nuclear. En los años de estudio conoció a Leo, un seductor joven comunista, que tiempo después volvió a aparecer en su vida y la puso en la encrucijada de traicionar a su país o salvar al mundo de una catástrofe nuclear.

    El problema de La espía roja (uno de ellos) reside en que se centra en el aspecto romántico de la historia, en las idas y venidas amorosas de la protagonista, más que en el tema del espionaje. El aspecto de thriller político queda desdibujado por completo, ya que no hay tensión ninguna al desvelar toda la sorpresa desde el primer momento.

    Sosísima, carente de ritmo y (casi) de interés, es una película que en pocos meses podríamos ver en la sobremesa de cualquier fin de semana, dormitando en el sofá, y a nadie le extrañaría nada.

    Más críticas en https: //happyphantomblog.wordpress.com.

  • Burton menos Burton, Dumbo menos Disney

    Burton menos Burton, Dumbo menos Disney

    DUMBO

    Como una muestra más de la ausencia de ideas para realizar nuevas películas, la superpotencia Disney se ha lanzado en la última década a recrear sus grandes éxitos de siempre en imagen real (desde 2010 hemos podido ver Alicia en el país de las Maravillas, Maléfica, Cenicienta, El libro de la selva, La Bella y la Bestia… y en breve veremos El Rey León, Mulán, Aladdin, La Sirenita, Pinocho…), y, por supuesto, esta Dumbo, en la que Tim Burton deja a un lado su oscuro imaginario casi por completo, y en el que dirige con piloto automático una película que, sin embargo, emociona más de lo esperado y que logra algunos momentos significativos.

    Holt Farrier regresa de la guerra al circo en el que vivía. Tras haber perdido un brazo en la batalla, se encuentra con que el circo está en horas muy bajas. El nacimiento de un elefante puede ser lo que atraiga de nuevo al público, pero las orejas excesivamente grandes de este hacen que se convierta más en objeto de burla que de expectación. Hasta que los hijos de Holt, encargados de cuidar al pequeño paquidermo, descubren que puede volar. Ello hará que el pequeño circo de los Hermanos Medici alcance el éxito del pasado, y que un gran inversor se interese en ellos.

    Estados Unidos, 2019 (112′)
    Dirección: Tim Burton.
    Producción: Katterli Frauenfelder, Derek Frey, Ehren Kruger, Justin Springer.
    Guión: Ehren Kruger, basado en la novela de Helen Aberson y Harold Pearl.
    Fotografía: Ben Davis.
    Música: Danny Elfman.
    Montaje: Chris Lebenzon.
    Intérpretes: Colin Farrell (Holt Farrier), Michael Keaton (V.A. Vandevere), Danny DeVito (Max Medici), Eva Green (Colette Marchant), Alan Arkin (J. Griffin Remington), Nico Parker (Milly Farrier), Finley Hobbins (Joe Farrier), Roshan Seth (Pramesh Singh), Lars Eidinger (Hans Brugelbecker), Deobia Oparei (Rongo).

    Esta nueva versión de Dumbo nos presenta a un animal verdaderamente adorable, en una cinta contradictoria en la que la mano de Burton se nota solo en algunos detalles visuales, pero no en el modo de contar la historia, mucho más blanca de lo que nos tiene acostumbrados, alejada de esa negrura que estaba presente en casi toda su filmografía. El director cuenta con un grupo de habituales, intérpretes con los que ha trabajado antes (Keaton, DeVito, Green…), el montaje de Chris Lebenzon o la música (inconfundible) de Danny Elfman.

    Burton no parece del todo Burton, y sin embargo recupera un nivel que hacía tiempo que no alcanzaba. La película es sobrecargada, excesiva en muchos momentos, pero sin embargo funciona casi siempre. Hay momentos de verdadera magia en la cinta (algunos vuelos de Dumbo, la secuencia de los elefantes rosas…), el mensaje animalista está más acentuado que en la original, y establece un paralelismo entre humanos y animales en cuanto a lo que significa ser madre o padre.

    También hay una crítica a las grandes corporaciones, encarnada en un monstruoso parque de atracciones, totalmente inesperada por venir de quien viene, una empresa que se está haciendo con el control de todo el audiovisual del planeta que parece (en este sentido) que se tira piedras sobre su propio tejado.

    Más críticas en: https://happyphantomblog.wordpress.com.