Categoría: El evangelio del domingo

  • Conversión

    Conversión

    (Mc 1, 12-15) CUARESMA es tiempo de conversión, de replantearnos nuestra vida para concedernos un espacio para la libertad. Adocenados en la rutina diaria, nos acostumbramos a lo que no nos llena, ni nos hace bien. Necesitamos parar, acoger la riqueza de nuestros sentimientos y nuestra alma, respirar al ritmo de Dios y decir: Aquí estoy, Señor. Eso basta.

    Concédete un espacio y un tiempo de libertad: un rato de oración personal en la iglesia o un paseo en soledad, y pregúntate si tienes que seguir haciendo las cosas y sintiendo la vida como hasta ahora lo estás haciendo; pregúntate si lo que haces responde a lo que quieres, o a las concesiones que has hecho a tu propio pecado o al pecado de los demás; mira qué te está quitando la paz, qué te está llevando al rencor, cuándo de cobardía disimulada hay en tu vida.

    Ceniza y desierto son los dos símbolos con los que se inicia la Cuaresma. Una ceniza que se nos impone en la frente y un desierto al que acompañamos a Jesús en el primer domingo. Ceniza y desierto son realidades marcadas por la ausencia de vida, por la negación; nada crece en ellos, nada en ellos puede subsistir. Y cuando afrontamos la nada en lo que somos, cuando dejamos que nuestras “negaciones” muestren el poder cotidiano que tienen en nosotros, y gritamos a quien puede salvarnos, Jesús se nos manifiesta como el agua que da vida al desierto calcinado por nuestro egoísmo.

  • Glorificar

    Glorificar

    (Mc 1, 40-45) DE TODAS las maneras que las personas podemos reaccionar ante el bien que recibimos, “glorificar” es la más elevada. Podemos “corresponder” a un favor recibido; también podemos “agradecerlo”; “encomiar” a la persona que nos ha ayudado; o también “bendecirlo”, “alabarlo”, incluso “aclamarlo” en público… todas éstas son actitudes ante el bien recibido. Pero cuando la persona prorrumpe en bendiciones y alabanza, y glorifica íntimamente a quien le ha hecho tanto bien, su alma se extasía, sale de sí misma para vivir en la gloria de la bondad del otro. La glorificación brota desde el fondo del alma y llega a lo más alto.

    En el evangelio del próximo domingo un pobre, un enfermo, un marginado de la sociedad se atreve a acercarse un poco a Jesús y a suplicar su bondad, reconociendo su poder. Jesús se acerca, salta las vallas de los rechazos religiosos y sociales, de los miedos y los prejuicios, y lo acaricia, curándolo. El leproso, viéndose curado, “empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones”.

    Hoy siguen siendo los pobres y los enfermos de distintas dolencias, que se han puesto en las manos bondadosas de Jesucristo, de los que con mayor fuerza brota un agradecimiento que da paso a dar gloria desde lo íntimo de su corazón. La autosuficiencia no es agradecida, ni feliz. La conciencia de la propia pequeñez ante Cristo nos hace subir a las profundidades de un amor que nos colma.

  • Evangelizar

    Evangelizar

    (Mc 1, 29-39) LA FE CRISTIANA es misionera, expansiva, apostólica, evangelizadora por naturaleza.

    Otras religiones se agotan en la relación de la persona con lo divino: se le pide bendiciones, se le exhorta a que ayude, se le da gracias por los bienes recibidos, se obedece sus normas, se le pide perdón… Para los cristianos la fe no es solo creer en Dios, para los cristianos la fe es un encuentro con Jesús que nos llama a seguirlo, a estar con él, a continuar su misión. El encuentro con Jesús da a cada cristiano un motivo personal para continuar su misión. Él mismo nos envía: “Como el Padre me envió así os envío yo”.

    Todos los cristianos vivimos esa tensión misionera, evangelizadora de anunciar con nuestra vida y con nuestras palabras que Jesús es el Señor. La fe en Jesucristo es esencialmente apostólica, vivimos como una necesidad ser testigos del Señor.

    Nuestra fe no es para vivirla ni individualmente, ni solo en la familia, ni siquiera reducida al ámbito de nuestro pueblo. Cada persona, sea de la nación que sea, y sea cual sea su vida es un hermano al que ofrecer y con el que compartir el encuentro con Jesús.

    “Ay de mí si no evangelizare”, dice san Pablo. “Vamos a otros lugares a evangelizar, que para eso he venido”, dice Jesús. Para nosotros el afán real de anunciar a Cristo, con nuestras palabras y nuestra vida, es el alma de nuestra fe. No convirtamos nuestra fe en una religión más.

  • Abrazo de Dios

    Abrazo de Dios

    (Jn 1,1-18) LA NAVIDAD CELEBRA el abrazo interminable que Dios ha querido darnos a cada uno de nosotros; en nuestras miserias y limitaciones, en nuestras capacidades; en nuestros días grises y en los luminosos; Dios nos ha abrazado y nos abraza en su Hijo Jesucristo. El Padre eterno, al enviar a su Hijo a que naciera hecho hombre, quiso adoptarnos como hijos suyos en su Hijo. Porque hace 2000 años fue Navidad, nadie tiene por qué sentirse solo y abatido. Dios nos abraza y nos acoge.

    No nació en un palacio, ni en una casa rica y lujosa; sino en un pesebre, en un pequeño establo. Desde el primer día, a pesar de ser él la fuente de la pureza, vino rodeado de las inmundicias de los animales, llenándolo todo con la luz del amor que despertaba en todos. Se hizo hombre sabiendo de nuestras contradicciones y nuestros pecados. Se hizo hombre asumiendo la pobreza y la marginación de los últimos, para, desde ahí, abrazarnos a todos.

    Nadie podría haber imaginado que el Dios, a quien los cielos no podían contener, quisiera hacerse hombre. Nadie pudo imaginar que hubiese querido nacer en la más radical pobreza. Pero una vez que así lo hizo, no podemos ya imaginarlo de otra manera. ¿Qué Dios sería Dios si no se hubiera hecho cercano a los más pobres? ¿Qué Dios sería Dios si no hubiera compartido su suerte con los marginados y se hubiese quedado dando lecciones desde una vida cómoda y sin dificultades? San Pablo lo explicó: la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres.

  • Pequeñas y grandes esperanzas

    Pequeñas y grandes esperanzas

    (Jn 1,67-79) JOSÉ, EN EL CAMINO de Ani Karen hasta Nazaret he venido pensando muchas cosas. Isabel y Zacarías han visto cumplido su anhelo profundo de ser padres. Además, el Altísimo les ha anunciado que su hijo será alguien importante en la historia de nuestro pueblo, un profeta como el profeta Elías. Yo también veré cumplido el deseo de toda mujer de tener un hijo; y además los dos sabemos que este niño es hijo del Todopoderoso. Pero tú, José… el deseo de todo hombre es tener un hijo que continúe su familia y su sangre. No sé cómo te sientes.

    • Es difícil de explicar, María. Antes de que te quedaras encinta yo te amaba muchísimo; eras el sol de mi vida; contigo todo encontraba su verdadero sentido. Cuando me dijiste que estabas embarazada el mundo se me desplomó encima. Después que me visitara el ángel del Señor todo cambió. Antes pensaba que no te merecía, ahora pienso que no te merezco en nada en absoluto; antes me preocupaba por cómo sacar adelante nuestra familia en medio de tanta violencia y pobreza, ahora me tiemblan las piernas de pensar que tengo bajo mi responsabilidad cuidar al hijo del Altísimo; antes soñaba con tener un hijo contigo, ahora sueño cómo será el hijo que criemos para que sea el Mesías de Dios. Todo se ha hecho más hermoso y difícil a la vez.
    • Y, ¿no vas a echar nada de menos?
    • No lo sé. Pero mirando tu rostro María, y mirando al hijo de tus entrañas el mundo se paraliza. No sé más; y, a decir verdad, no quiero saber nada más.
  • El deseo mayor

    El deseo mayor

    Mc 1,1-8

    • EL DESEO MAYOR de un padre es que sus hijos crezcan y maduren en el amor. Más de lo que él mismo ha podido vivir. Así lo hemos intentado hacer nosotros con tu mujer, con María; y así, José, lo tenéis que hacer vosotros con lo que nazca.
    • Joaquín, tenga por seguro que así lo intentaremos. Pero en este mundo de hoy hay tantos caminos por los que desviarse. Antes que los niños aprendan a hablar y a comprender las cosas ya las pantallas les dicen las cosas que han de tener, las experiencias que han de vivir. Cuando nosotros nos criábamos, me parece que todo era más fácil.
    • Los caminos rectos nunca son fáciles de acoger, en unos tiempos y en otros. Tendrás que alejar a tu hijo del odio y de la violencia; y, sobre todo, de la tentación de usar al otro para sus caprichos y beneficios. Esas sendas son anchas, pero muchos se pierden por ellas. Tendrás que enseñarles los caminos del Señor.
    • Joaquín, lo que más me gusta de tu hija, de María, es que habla siempre del Espíritu del Señor. Y ella me explica que es el Espíritu el que dentro de nosotros nos va impulsando hacia el bien, que con el Espíritu amar y ayudar es fuente de alegría…
      -Sí, sí. María es muy, muy buena, pero también muy idealista, siempre cantando, siempre alegre. Los viejos tenemos otra mentalidad, más del orden y de la ley. Tú tendrás que custodiar esa gracia y ese don que ella tiene. Es un tesoro del que algunos pueden abusar. Tú has de ser custodio del niño y de su madre.
  • Un grito hondo

    Un grito hondo

    (Mt 25,31-46) El sufrimiento del pobre, del inocente maltratado, del que sufre provoca en nosotros un grito hondo que nuestro corazón no puede dejar de escuchar. Ese grito, silente y ensordecedor, nos hace personas.

    La revelación bíblica ha mostrado siempre que el clamor del pobre llega a los oídos de Dios. Y Dios llama a hombres y mujeres para que sean sus manos de misericordia y sus labios de consuelo. Así hizo con Moisés cuando desde la zarza ardiente lo envió a liberar a su pueblo que sufría esclavitud en Egipto. Así lo hizo con los profetas cuando clamaban contra la injusticia y la impiedad de los poderosos de Israel. La plenitud de la revelación, el Verbo hecho carne, Jesucristo lleva hasta lo inaudito esta verdad: “Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; estuve enfermo o en la cárcel y vinisteis a verme”. Jesucristo nos revela su presencia real en la persona sufriente, la presencia real de Dios en quien necesita de nuestra ayuda y consuelo.

    ¿Qué manera de ser tiene Dios para identificarse real y personalmente con el que sufre? ¡Qué distinto el Dios verdadero de aquellos ídolos, que quieren suplantarlo, y en nombre de los cuales se maltrata o se asesina!

    Manos y ojos misericordiosos por toda la eternidad, ese es el Dios verdadero, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo. Permítenos, Señor, acercarnos a ti, al pobre humildemente.

  • Creatividad o miedo

    Creatividad o miedo

    (Mt 25,14-30) Quien te da confianza te impulsa a vivir con creatividad y esfuerzo, recreándote en lo que haces.

    La fe tiene una fuerza grande para movilizar las energías que tenemos ociosas por miedo o por pereza, y nos hace vivir en el sentido humano de la palabra. Quien se siente amado y acogido incondicionalmente, quien sabe respetado por lo que es y por lo que hace, quien se siente enviado a la tarea de recrear el mundo, tiene el corazón tranquilo, y los pies, las manos y la cabeza siempre en movimiento. Por el contrario, cuando vivimos con miedo, nuestro corazón sufre de arritmia improductiva: “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.”

    Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? Si es el propio Espíritu del Señor quien pone en tu corazón el afán por hacer cosas nuevas, por ayudar a las personas, por llevar adelante tus proyectos… ¿a qué esa parálisis de viejo prematuro? Sigue de cerca a Jesucristo y descansa en Él.

    La vida crece y se rejuvenece con las ilusiones que nos mueven. No temas afrontar los retos de tu vida; actúa con prudencia y sé concienzudo en lo importante; no te importe echar tiempo en aquello a lo que te sientes llamado. Al final de tu vida podrás presentarte ante Él con las manos curtidas y con el corazón lleno de nombres.

  • Lucidez cristiana

    Lucidez cristiana

    (Mt 25,1-13) EN EL EVANGELIO del próximo domingo, Jesús nos propone una parábola en la que 5 muchachas precavidas y 5 descuidadas esperaban para un banquete de bodas. Como el novio tardaba mucho, todas se quedaron dormidas.

    Cuando vino el novio, las precavidas tenían aceite para que sus lámparas dieran luz; las descuidadas, por tener que ir a comprarlo, se quedaron fuera de la fiesta nupcial.

    Todos los que seguís estas pequeñas reflexiones al evangelio del domingo estáis entre las muchachas precavidas; os preocupa estar atentos a lo que la fe nos dice para acogerlo en nuestra vida. Pero no está de más recordarnos que no es el mucho saber sobre la Biblia y la fe lo que nos da la vida, sino descubrir a Jesús que viene en los acontecimientos concretos y cotidianos, descubrir a Jesús que nos va aleccionando y alentando en cada persona con la que nos cruzamos.

    Jesús está presente en los momentos sencillos de tu familia; en lo que compartes con tus amigos; en lo que ocurre en tu barrio y en el mundo. Hasta en los acontecimientos de la política (y mira que nos tienen hartos). Busca en todo ello el camino de la ternura y la sinceridad, el de la justicia y la fraternidad, el de la honradez y el bien común. Estate atento a quien siembra odio y violencia, a quien cambia la verdad según sus intereses, a quien solo se sirve a sí mismo. La fe no solo es piedad al rezar, es también lucidez cristiana al conducir nuestra vida.

  • Ministro viene de “minus”

    Ministro viene de “minus”

    LA RAÍZ etimológica de ministerio, que ya en latín significa “servicio”, tiene una connotación todavía más radical. Ministerio viene de “minus”, menor. Y, sin embargo, a veces parece que quien ejerce un ministerio se llena de dignidad y poder, y se considera por encima del resto de las personas. Y esto, tanto en el ámbito de lo civil, como en el de lo eclesiástico. Fijaos en cómo el papa Francisco denuncia, en una intervención de preparación para el Sínodo, las actitudes despóticas que podemos tener los clérigos, los ministros de la Iglesia:

    “Los miembros de la Jerarquía venimos de ese pueblo y hemos recibido la fe de ese pueblo. Cuando los ministros se exceden en su servicio y maltratan al pueblo de Dios, desfiguran el rostro de la Iglesia con actitudes machistas y dictatoriales. Es doloroso encontrar en algunos despachos parroquiales la “lista de precios” de los servicios sacramentales al modo de supermercado. El clericalismo es un látigo, es un azote, es una forma de mundanidad. Y el pueblo de Dios, el santo pueblo fiel de Dios sigue adelante con paciencia y humildad soportando los desprecios, maltratos, marginaciones de parte del clericalismo institucionalizado».

    El Señor nos libre de caer en esta tentación. Siempre hemos de pedir perdón por ceder ante ella. Ojalá los sacerdotes ejerciéramos nuestro ministerio como quien sirve a los hijos del mismo Dios Padre.