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  • Solo faltó la gran película

    Película Turist Festival de Cine Europeo de Sevilla

    XI FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA

    Terminó un festival en el que ha habido muchas buenas peliculas, pero no la gran película por la que será recordado. Y concluimos el repaso a la sección oficial de la XI edición del SEFF con esta segunda entrega.

    Parece que a Larry Clark le han cerrado el grifo en su país natal, y ha cruzado el charco para venir a Europa. El problema es que debe pensar que aquí no hemos visto su obra anterior, y ha hecho The smell of us, la misma película que ya ha hecho antes pero en francés. Jovenzuelos y jovenzuelas, tirados en la calle, sexo, droga, imágenes explícitas y un guión inexistente y de nulo interés. Poco más.

    La cuota española la cubre El camino más largo para volver a casa, donde una anécdota breve sirve para hilvanar una historia más profunda y con más interés de lo que en un principio se podía pensar. A pesar de ello, hay situaciones que no terminan de encajar y que llegan a resultar incomprensibles.

    La británica Mr Turner era una de las cintas más esperadas. Director muy conocido, y actor de gran talento. La película es preciosista, con una gran fotografía y un Timothy Spall gruñón, pero magnífico. El problema es que se hace muy larga.

    En Heaven knows what se cuenta la historia de Arielle Holmes, una drogadicta que vive en la calle y que se interpreta a ella misma, con un guión basado en sus propios diarios. Ella es hipnótica, pero la historia está mil veces vista y no aporta nada nuevo en ningún aspecto.

    Bird people aportó un soplo de aire fresco. Dos historias, dos personajes que se cruzan en esos sitios que son no-lugares, lugares de paso, hoteles, aeropuertos… La primera más convencional, la segunda ofrece un giro que nos regala uno de los momentos más mágicos y hermosos que se han vivido en el festival en años.

    Aunque hay quien vio en La sapienza una gran película, la mayor parte de opiniones se decantan por el lado contrario. Personajes por cuyas venas corre horchata en vez de sangre, la cinta es casi un documental sobre arquitectura que puede aburrir a las mismas piedras que muestra. En algunos momentos llega a ser soporífera.

    La obra póstuma de Alain Resnais, Aimer, boire et chanter, no es de sus mejores obras, pero es divertida, enrevesada y con un final digno de concluir la filmografía de cualquier gran director. Seis grandes intérpretes, tres decorados y actitud teatral. Entretenida a ratos.

    Con Le meraviglie, Alice Rohrwacher crea una bella historia familiar, con una protagonista infantil que muestra un talento inmenso. Muy bien llevada, con retazos aparentemente mágicos (que en realidad no son más que elipsis), emociona, a pesar (eso sí) de que es quizás una historia demasiado convencional y poco arriesgada.

    Por último, Roy Andersson, que venía de ganar en Venecia con esta A pidgeon sat on a branch reflecting on existence, con la que cierra su trilogía. Sigue con su estilo sobrio de largos planos fijos y altas dosis de humor, pero no llega a los niveles que alcanzaba la magnífica Du levande, que también estuvo en la sección oficial del SEFF.

    {xtypo_code}Palmarés
    GIRALDILLO DE ORO: Turist.
    GIRALDILLO DE PLATA:  The kindergarten teacher.
    PREMIO ESPECIAL DEL JURADO:  Le meraviglie.
    MEJOR DIRECTOR:  Mike Leigh (Mr Turner).
    MEJOR GUIÓN:  Turist.
    MEJOR ACTRIZ:  ex-aequo, Arielle Holmes (Heaven knows what) y M. Alexandra Lungu (Le meraviglie).
    MEJOR ACTOR:  Timothy Spall (Mr Turner).
    MEJOR FOTOGRAFÍA:  Leviathan. {/xtypo_code}

     

  • Lo que no se dice

    1501LA MITAD DE OSCAR

    A pesar de que ya se ha demostrado en multitud de ocasiones que no es correcto ni acertado, todavía hay quien generaliza, quien piensa (y está convencido de que tiene razón) que todo el cine español es igual, y que no importa quién dirija, quién interprete, quién produzca, todas las películas tendrán un mismo estilo, independientemente del género al que pertenezcan.

    {xtypo_code}España, 2010. (89′)
    Dirección: Manuel Martín Cuenca.
    Producción: Manuel Martín Cuenca, Camilo Vives, Joan Borrell.
    Guión: Manuel Martín Cuenca, Alejandro Hernández.
    Fotografía:  Rafael de la Uz.
    Montaje: Ángel Hernández Zoido.
    Intérpretes: Rodrigo Saenz de Heredia (Óscar), Verónica Echegui (María), Denis Eyrey (Jean), Antonio de la Torre (Taxista), Manuel Martínez Roca (Miguel), Salvador Gavilán Ramos (Abuelo), Elena Saganovska (Elena), Eva Almaya (Directora residencia), Alejandro Vera (Recepcionista).{/xtypo_code}

    Afortunadamente, sabemos que no es verdad, y que cintas como la que se estrenó la semana pasada arrasando en taquilla (y cuyo nombre no diremos para no darle una publicidad que no necesita) y esta que tratamos hoy representan modos muy diferentes de hacer y entender el cine.

    La mitad de Óscar es una película hecha a base de silencios. Lo que no se dice, lo que se calla, es tan importante o incluso más que lo que sí se cuenta. La cinta no tiene una banda sonora instrumental, ni una sola nota musical (ni siquiera incidental, la música que suena en una televisión, o en la radio de un coche que pasa) se oye en todo el metraje. Sólo las voces de los protagonistas, lo que dicen y lo que callan, el viento, el silencio. Su director, Manuel Martín Cuenca (que debutó en 2003 con la muy interesante La flaqueza del bolchevique, debut también de María Valverde) nos muestran a un director competente, de talento, arriesgado y ambicioso, que ha creado una historia que sólo es simple en apariencia, construida con tres episodios y a base de elipsis.

    Óscar trabaja de vigilante en una salina semi-abandonada. Su vida se basa en la rutina. A la hora del almuerzo, Miguel un antiguo compañero ya jubilado, acude a verle y a llevarle la comida. Después del trabajo va a visitar a su único familiar cercano, su abuelo enfermo de alzheimer, que está en una residencia. De noche, vuelve a casa, mira el buzón y el contestador. Nunca hay cartas ni llamadas. Y al día siguiente lo mismo. Y al siguiente. Y al otro. Un día, en la residencia, le dicen que su abuelo ha empeorado y le han llevado al hospital. Y que han avisado a María, su hermana. Óscar lleva dos años sin noticias de ella, ni siquiera sabía que tenían su número en la residencia. María llega poco después, acompañada de su novio Jean, un francés del que Óscar jamás había oído hablar. Entre los hermanos la relación es tensa, algo parece que ocurrió en el pasado. Y es evidente que ella quiere pasar página, aunque él no esté demasiado de acuerdo.

    La cinta tiene muy buenos momentos y una secuencia final casi sublime. Es una historia contada con sencillez, e interpretada con talento por su pareja protagonista, un desconocido Rodrigo Sáenz de Heredia, y una magnífica Verónica Echegui, cada vez más alejada del papel que le dio la fama en Yo soy la Juani. Es la demostración de que en el cine español no todo es igual, y de que con un poco de valor, y de saber hacer, se pueden lograr grandes películas como esta.

     

  • Una chica aventurera

    1501ADÈLE Y EL MISTERIO DE LA MOMIA

    El director, guionista, productor y hombre-orquesta en general del cine francés, Luc Besson, comentó en sus comienzos que su pretensión era dirigir diez películas de muy alta calidad y después retirarse. Y lo cierto es que, salvo contadísimas excepciones, el resultado obtenido  ha sido más que satisfactorio.

    {xtypo_code}Francia, 2010 (105′).
    Título original:  Les aventures extraordinaires d’Adèle Blanc-Sec.
    Dirección: Luc Besson.
    Producción: Luc Besson, basado en los comics de Jacques Tardi.
    Fotografía: Thierry Arbogast.
    Música: Eric Serra.
    Montaje: Julien Rey.
    Intérpretes: Louise Bourgoin (Adèle Blanc-Sec), Mathieu Amalric (Dieuleveult), Gilles Lellouche (Inspector Caponi), Jean Paul Rouve (Justin de Saint-Huber), Jacky Nercessian (Marie-Joseph), Philippe Nahon (Profesor Ménard), Nicolas Giraud (Andrej Zborowski), Laure de Clermont (Agathe Blanc-Sec).{/xtypo_code}

    Sea como sea, hay un hecho indudable, y es que Besson sabe lo que hace, tiene talento y una visión acertada con sus proyectos, que lleva a buen puerto, sin importar que se trate de un drama sobre un sicario (León. El profesional), la vida de una guerrera mística (Juana de Arco) o una cinta infantil con seres diminutos que viven en los jardines (Arthur y los Minimoys). Aunque, la otra verdad, es que ésta es su película (no incluimos los dos documentales que ha rodado, ni la tercera parte de las aventuras de Arthur, aún en postproducción) número trece.

    En ésta, su última obra. Besson logra llevar a la gran pantalla un proyecto tras el que llevaba casi una década: la adaptación de los cómics (nueve álbumes hasta el momento) de Jacques Tardi, publicados desde 1976, y protagonizados por una intrépida y aventurera periodista del París de principios de siglo XX. Y lo hace con el acierto al que nos tiene (normalmente) acostumbrados.

    Adèle y el misterio de la momia utiliza dos de los primeros libros de Tardi sobre el personaje, para presentarnos (a pocos se les escapa que ésta no será la única película que Besson rodará sobre ella) a una periodista aventurera, valiente, que viaja al viejo Egipto en busca de una momia con ciertos poderes. Mientras, en París, de algún modo desconocido, un pterodáctilo ha nacido de un huevo de más de 135 millones de años, y está sembrando el pánico mientras sobrevuela la ciudad en busca de alimento.

    Aunque la cinta tiene un arranque que recuerda demasiado a la Amelie de Jeunet, poco tarda en desviarse, en abandonar la sensación de copia, y crear una cinta original y divertida, con un personaje femenino de carácter, osada, atrevida, y con un sentido del humor rayano al sarcasmo. Por el contrario, los personajes masculinos son una caterva de timoratos y torpes de escasos recursos y limitadas capacidades, y que aparecen incluso afeados, sobre todo frente a la belleza de la protagonista total y absoluta de la cinta.

    Louise Bourgoin, que antes de dar el salto al cine se hizo popular como la chica del tiempo de Canal+ Francia, se presenta mucho más sexual y atrevida (si cabe) que la Adèle de las viñetas, pero conserva el mismo sentido del humor del original.
    Besson ha creado una película que tiene ritmo, humor (tiene al menos un par de secuencias de gran nivel), dos historias (que a veces encajan con dificultad), pero que finalizan del mejor modo posible visto los intereses de la protagonista e instigadora de toda la historia, y nos descubre a una actriz de talento a la que a partir de ahora vamos a ver mucho más. Una película que ofrece bastante más de lo que en un primer visionado se aprecia.