Etiqueta: suspiro

  • Recuerdos de feria en un andén

    Envueltos en su nube de estridencia,
    de asfalto apresurado, escaparate,
    de vasto y orquestado disparate,
    la ciudad nos unió con su cadencia.

    Hoy mis pasos —teñidos de querencia—
    me han llevado al lugar donde aún late
    aquel sabor a feria y chocolate;
    aquel beso, tu adiós y mi inocencia…

    El tiempo, si ha pasado, ha sido en vano;
    su aliento no dejó huella en mi mano;
    te sueño en la estación, junto aquel tren.

    Y aunque tú serás brisa de otro viento,
    a un tiempo que suspiro mi lamento,
    yo sigo aquí, esperando, en el andén…

    A todos los amores de feria que están a punto de perfumar las vidas de enamorados nazarenos.

     

  • La china del Arenal o Historia de un instante

    Hierática, silenciosa,
    presa tras un mostrador
    donde apenas daba el sol,
    mimetizaba el semblante
    de entre los llenos estantes
    que tenía alrededor.

    Una vez compré el regalo
    fui a la caja —hasta su altura—
    descubriendo la frescura
    de sus manos, su mirada
    y su pose delicada
    que rezumaba tersura.

    La china envolvió el regalo
    con perfección y destreza;
    con tal tacto y sutileza
    que, al rematarlo en un lazo,
    fue a anudarlo en su regazo
    colmándolo de belleza.

    El instante —destilando
    sensibilidad y estilo—
    quiso fraguar un suspiro
    que me brotó inesperado:
    ella puso un gesto raro,
    recatado y sorprendido.

    Al socaire de sus ojos;
    su sensualidad pausada;
    en sus rasgos, su mirada;
    tras un perfume oriental,
    olvidé la Navidad,
    mis regalos y mis prisas,
    el reloj con sus pesquisas
    y el tren en El Arenal…

  • La china del Arenal o Historia de un instante

    Hierática, silenciosa,
    presa tras un mostrador
    donde apenas daba el sol,
    mimetizaba el semblante
    de entre los llenos estantes
    que tenía alrededor.

    Una vez compré el regalo
    fui a la caja —hasta su altura—
    descubriendo la frescura
    de sus manos, su mirada
    y su pose delicada
    que rezumaba tersura.

    La china envolvió el regalo
    con perfección y destreza;
    con tal tacto y sutileza
    que, al rematarlo en un lazo,
    fue a anudarlo en su regazo
    colmándolo de belleza.

    El instante —destilando
    sensibilidad y estilo—
    quiso fraguar un suspiro
    que me brotó inesperado:
    ella puso un gesto raro,
    recatado y sorprendido.

    Al socaire de sus ojos;
    su sensualidad pausada;
    en sus rasgos, su mirada;
    tras un perfume oriental,
    olvidé la Navidad,
    mis regalos y mis prisas,
    el reloj con sus pesquisas
    y el tren en El Arenal…