Etiqueta: somos

  • ¿Pecado?, ¿tentación?

    (Lucas 4-1-13)No está de moda hablar del pecado. Aunque sí, según parece, hablar de la tentación.

    En nuestra cultura se ha perdido la dimensión de engaño y falsedad que tiene la tentación. Uno lee los periódicos y ve los programas de televisión, y la tentación es algo exquisito que responde a nuestros gustos e inclinaciones, pero que no siempre está a nuestro alcance. Eso sería lo único malo de la tentación.

     

    Jesús y el Evangelio son más realistas, y saben que hay comportamientos que, aunque en un principio, son fuente de placer y de gozo, se convierten, a la larga, en causas de grandes problemas, de infelicidad y de daño profundo para quien los vivió y para los que los rodean.

    Pecado es el comportamiento, o la actitud, que, a la corta o a la larga, llenan nuestra vida de amargura o de sinsentido. Muchas veces se habla de pecado como si éste sólo tuviera relación con la sexualidad, sobre todo personas con poca formación religiosa –y poca sensatez humana– aunque sean periodistas o artistas afamados. Para el cristiano no es así, en absoluto.

    Porque somos personas, tenemos que ir aprendiendo de nuestros aciertos y nuestros errores; por eso es muy necesario que descubramos cuándo nos dejamos llevar por el miedo a mostrar quiénes somos, por el egoísmo que desprecia a los demás, por la superficialidad en nuestros comportamientos cotidianos. Siempre es mejor pasar por el desierto de reconocer qué tenemos que cambiar en nuestra vida, que seguir recorriendo un  camino que nos lleva a vivir en un desierto.

  • Temblor negro

    Haití, la negra Haití, se ennegreció.
    El aire entre cristales se hizo añicos
    y el tiempo, al son terrible de los gritos,
    cesó su aliento al suelo, que se abrió…

    Apenas unos días y, al asombro
    de ver roto un país —antes ya roto—
    sabemos que aún cercano el terremoto
    media isla se muere en sus escombros.

    Se cumple una máxima cruenta:
    sufrimos las heridas de su suerte
    sirviéndonos imágenes de muerte;
    a medida que el morbo se alimenta.

    Es así como somos: la razón,
    la baza del haitiano en estos días
    si quiere conseguir nuestra empatía,
    es dar y acaparar televisión.

    Sirva aquí este poema entre mis manos
    para ser altavoz del tercer mundo
    que sin televisión, y aún moribundo,    
    sufre al son del dolor de los haitianos.

     

  • Otro mensaje más de fin de año

    Cumpliendo fielmente con lo acostumbrado en estas fechas, los medios de comunicación nos informan de todos aquellos eventos más significativos ocurridos durante el período, en una búsqueda de lo más relevante y hasta sintetizar en una sola frase o idea una tendencia característica definitoria y singular de una etapa que concluye (aunque muestro mi escepticismo ante particiones que no signifiquen una continuación), aquello por lo que será posteriormente recordado el año o la década. Para ello, distintos personajes son consultados acerca de lo que a su juicio y en el ámbito de su especialización debe ser destacado.

     

    El auge y acceso universal a la información, la reiteración de determinadas noticias y la formación de una conciencia y preocupación generales, muy probablemente acabarán por relegar a un plano cada vez más irrelevante la particular idiosincrasia de espacios o territorios menores.

    La repercusión y alcance de esta centralización, la exclusión y posible pérdida de identidades, acaso sea el precio que tengamos que pagar en el camino que hemos emprendido hacia la universalización de todos los ámbitos de la vida pública.
    Sin negar el beneficio de una sensibilización popular en la demanda y solución a los problemas de la humanidad como la pobreza, los derechos humanos o la conservación del planeta, – de primer orden y que deben ser asumidos no sólo por quienes ejercen la representatividad y poder de decisión, sino también del individuo organizándose e influyendo en las políticas a seguir – no debemos descuidar el legado de una cultura rica en matices.

    En este momento, en el que somos invitados a reflexionar acerca de lo qué es o ha sido el año que termina, en el que somos víctimas de la síntesis (incesantemente bombardeados por listas sobre los mejores libros del año, las mejores películas o los mejores discos) y hacemos una valoración sobre nuestro pasado reciente, nuestros anhelos o deseos cumplidos y, también, el momento de encontrar una disculpa a aquello que nos propusimos y no llegó a término y, con ello, la identificación de las metas del año próximo, debemos demandar, junto con las soluciones más acuciantes y los retos que deben asumirse necesariamente, un lugar de realización y búsqueda de lo propio. Todo debe tener cabida

  • ¡Felices fiestas!

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    ¡Felices fiestas! Hola, somos Raúl y Javier. ¡Felices Fiestas!
  • Dejad que nazca el niño

    ¡Dejad que nazca el niño en el mundo y en nosotros! Navidad es la fiesta de los niños y la fiesta en la que los adultos se hacen también niños. El Hijo de Dios se ha hecho niño. Creció sin dejar de ser niño, porque siempre vivió como Hijo, abandonado en las manos de su Padre, y vivió como hermano. Por eso, fue amigo de los niños, de los sencillos, y nos dijo que, si no nos hiciéramos como niños, no entraríamos en el Reino de los cielos. ¡Que nazca el niño! Lo necesita todo un mundo construido sobre los adultos; lo necesita también la Iglesia excesivamente adulta, donde a penas tienen lugar los pobres, los pequeños, los sencillos.

     

    Necesitamos del niño, porque los adultos somos demasiado retorcidos, intolerantes, rígidos, amantes del poder y del orden, autosuficientes y calculadores, pero sordos y ciegos a la vida, al calor humano,  a la sorpresa. Necesitamos del niño, porque necesitamos de la sencillez, de la simplicidad, de lo espontáneo, de la admiración, de la transparencia, del juego, de la fiesta, de gastar tiempo para no hacer nada.

    ¡Que nazca el niño!, porque necesitamos vivir como hijos en manos del Padre y vivir como hermanos. Los niños serán juguetones, traviesos, inquietos; disgustarán, a veces, a sus padres y tendrán alguna que otra pelea entre hermanos, pero jamás matarán al padre ni al hermano, porque los aman y sienten la necesidad tanto de los padres como de los hermanos. Somos los adultos los que somos capaces de matar al padre como al hermano, pues nos consideramos autosuficientes, atados a las cosas, y vemos como enemigos de nuestra autosuficiencia y de nuestra codicia y ambición tanto al padre como a los hermanos.

    Dejemos que nazca el niño, que es lo mismo que dejar que nazca el futuro, la vitalidad, el nuevo orden para todos. La comunidad de creyente ha de esforzarse y comprometerse, para que no se impida que nazca el niño, es decir, que nazca el despertar de la aurora que disipe la oscuridad de la noche; un nuevo horizonte que dirija el camino hacia una nueva convivencia; un nuevo orden social, económico, político, cultural, religioso y eclesial. No es nada fácil que los adultos, los viejos, los nuevos herodes dejen que nazca el niño, lo nuevo; tienen miedo que les hagan bajar de su pedestal de privilegio.

    Dejemos que también nazca el niño en nosotros. Él nos hará libres y ágiles caminantes al despojarnos de tantas cosas pesadas, que nos tenían atados y parados.

    Celebrar la Navidad es dejar que nazca el niño y que los adultos aprendamos a convivir con el niño que hay en cada uno de nosotros y, a su vez, el niño aprenda a convivir con el adulto. También el niño necesita de la presencia y de la aportación del adulto.

    ¡Felices Navidades a todos en el amor!

  • ¿Desde recién nacido?

    (Juan 1, 1-18) Hubo en la historia de la Iglesia –que como sabéis da para todo– personas que pensaron que Jesucristo fue un hombre tal y como nosotros lo somos, pero que por su virtud y su capacidad de cumplir los mandatos divinos fue “adoptado” por Dios como hijo suyo. Es decir, que el niño nacido en el pesebre, todavía no sería Dios. Jesús llegó a ser, que no es poco, un hombre acogido por la divinidad.

    Sin embargo, no es esa nuestra fe. No lo es y no debe de serlo. Porque de ser así, Dios sólo querría de nosotros nuestra bondad, nuestra capacidad para hacer el bien, nuestra fuerza moral para asumir su mensaje. Dios no nos querría en nuestra debilidad, no nos querría en nuestras dificultades, no nos querría en el gozo sencillo que la vida nos depara –no acogió a Jesús en el ámbito de lo divino por nada de eso–.

    Pero, entonces Dios no sería Padre. Un Padre quiere a su hijo especialmente cuando es débil; lo quiere especialmente cuando se encuentra perdido en el camino; lo quiere especialmente cuando no sabe y no puede. Nuestra fe cristiana es así de hermosa. Dios Padre quiso a su Hijo, niño recién nacido, débil, sin más poder que el de despertar ternura infinita.  Nos envió a su Hijo para querernos a todos como a sus hijos; especialmente cuando somos débiles, especialmente cuando nos perdemos, cuando no sabemos y no podemos. Es el reto más grande de la fe a la razón, es cierto; pero no hay más camino, me parece, para creer razonablemente en Dios.

  • ¿Desde recién nacido?

    (Juan 1, 1-18) Hubo en la historia de la Iglesia –que como sabéis da para todo– personas que pensaron que Jesucristo fue un hombre tal y como nosotros lo somos, pero que por su virtud y su capacidad de cumplir los mandatos divinos fue “adoptado” por Dios como hijo suyo. Es decir, que el niño nacido en el pesebre, todavía no sería Dios. Jesús llegó a ser, que no es poco, un hombre acogido por la divinidad.

    Sin embargo, no es esa nuestra fe. No lo es y no debe de serlo. Porque de ser así, Dios sólo querría de nosotros nuestra bondad, nuestra capacidad para hacer el bien, nuestra fuerza moral para asumir su mensaje. Dios no nos querría en nuestra debilidad, no nos querría en nuestras dificultades, no nos querría en el gozo sencillo que la vida nos depara –no acogió a Jesús en el ámbito de lo divino por nada de eso–.

    Pero, entonces Dios no sería Padre. Un Padre quiere a su hijo especialmente cuando es débil; lo quiere especialmente cuando se encuentra perdido en el camino; lo quiere especialmente cuando no sabe y no puede. Nuestra fe cristiana es así de hermosa. Dios Padre quiso a su Hijo, niño recién nacido, débil, sin más poder que el de despertar ternura infinita.  Nos envió a su Hijo para querernos a todos como a sus hijos; especialmente cuando somos débiles, especialmente cuando nos perdemos, cuando no sabemos y no podemos. Es el reto más grande de la fe a la razón, es cierto; pero no hay más camino, me parece, para creer razonablemente en Dios.

  • Dos Hermanas en ‘Juega con nosotros’

    1002El delegado de Obras, Paco Rodríguez, participó el pasado sábado en el estadio Sánchez Pizjuan en la campaña del Sevilla FC, Juega con nosotros. Somos de todos. Una iniciativa para dar a conocer todos los pueblos de España en su página de Facebook.

  • Dos Hermanas en ‘Juega con nosotros’

    1002El delegado de Obras, Paco Rodríguez, participó el pasado sábado en el estadio Sánchez Pizjuan en la campaña del Sevilla FC, Juega con nosotros. Somos de todos. Una iniciativa para dar a conocer todos los pueblos de España en su página de Facebook.

  • Dos Hermanas en ‘Juega con nosotros’

    1002El delegado de Obras, Paco Rodríguez, participó el pasado sábado en el estadio Sánchez Pizjuan en la campaña del Sevilla FC, Juega con nosotros. Somos de todos. Una iniciativa para dar a conocer todos los pueblos de España en su página de Facebook.