De parte de toda tu familia, Felicidades Salva, en tu 18 cumpleaños.
Eres grande! Te lo mereces.

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| Por haber sacado esas magníficas notas en vuestros respectivos cursos, os queremos. De vuestros padres, Diego y Chari, y de María |
Destacada participación de la delegación sevillana en el Campenato de España de Dardos celebrado en El Toyo, Almería, compuesta prácticamente por integrantes del Club de Dardos Dos Hermanas.
Dentro del medallero final, destacó la primera plaza obtenida por la selección sevillana femenina, el oro de Salva-Koala en parejas masculinas y el primer puesto para el Rincón Mama-Koala en equipos de División de Honor masculino.
La selección masculina fue cuarta y Rocío Solís-Mely, segundas en parejas.
El CD Amigó se ha fusionado con el CB Híspalis
El CD Amigó comienza esta temporada su andadura en la Liga Nacional-Segunda División. La empresa Aplean (www.aplean.es) se ha convertido en el principal patrocinador del club, de manera que el equipo de Liga Nacional pasará a portar su nombre en dicha competición.
Para poder ofrecer un producto deportivo maduro para la competición en la que se estrena se ha confeccionado una plantilla muy compensada fruto de la fusión con el CB Híspalis (uno de los conjuntos más prolíficos en títulos de la región) donde destacan algunos jugadores de la talla de Alejandro Ramírez (por medallas conseguidas, la ‘estrella’ del club nazareno la pasada campaña), Triana Sánchez, Ainara Olivera o el veterano Juan Jesús Serrano, procedente del CB Rota.
Completan la plantilla : Salva Sánchez, Samuel Álvarez, Sandra Solano, Curro Béjar, Christian Morcillo, Lien Winderickx y Ana Belén Carrasco. El equipo tiene previsto realizar su debut el día 1 de octubre en San José de la Rinconada.
DICEN ALGUNOS especialistas en la Biblia que los evangelios de la pasión se redactaron teniendo presentes textos del Antiguo Testamento, el cuarto cántico del Siervo (Isaías 52-53) y el Salmo 22. Las coincidencias son tales que no hay porqué dudarlo. Es más, los primeros sorprendidos por la similitud de la pasión de Jesucristo y estos antiguos textos serían los propios discípulos.
El Salmo 22 es un poema de fuerza desgarradora y de expresividad sin parangón. “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? Te queda lejos mi clamor, el rugido de mis palabras”. Es un requerimiento intenso, urgente, de quien se sabe radicalmente necesitado de su Dios. No es una protesta, brota de la necesidad de explicarse un hecho incomprensible: “Me persiguen a muerte, precisamente, por buscar tu justicia, Señor”. Una oración tan personal indica una intimidad radical con Dios, en medio de la angustia y de un dolor inhumano.
Los que lo persiguen son dibujados con rasgos de fieras salvajes. Son como un “tropel de novillos”, como “toros que me cercan”, como “león que descuartiza y ruge”, “como mastines que amenazan desgarrar mis brazos y mis piernas”. El que así reza no los condena, no los juzga; sólo describe la amenaza que siente cernirse sobre él.
Dios no está lejos del clamor del justo perseguido, y salva su vida de la espada, de las fauces del león. Por eso, el que reza no sólo le da las gracias, sino que “cuenta su fama ante sus hermanos, ante la gran asamblea”; y “hasta los confines de la tierra, todas las familias de los pueblos” sabrán que Dios salva y consuela, da fortaleza y llena de ánimo a los que por buscar la justicia se ven envueltos en cualquier tipo de problemas.
DICEN ALGUNOS especialistas en la Biblia que los evangelios de la pasión se redactaron teniendo presentes textos del Antiguo Testamento, el cuarto cántico del Siervo (Isaías 52-53) y el Salmo 22. Las coincidencias son tales que no hay porqué dudarlo. Es más, los primeros sorprendidos por la similitud de la pasión de Jesucristo y estos antiguos textos serían los propios discípulos.
El Salmo 22 es un poema de fuerza desgarradora y de expresividad sin parangón. “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? Te queda lejos mi clamor, el rugido de mis palabras”. Es un requerimiento intenso, urgente, de quien se sabe radicalmente necesitado de su Dios. No es una protesta, brota de la necesidad de explicarse un hecho incomprensible: “Me persiguen a muerte, precisamente, por buscar tu justicia, Señor”. Una oración tan personal indica una intimidad radical con Dios, en medio de la angustia y de un dolor inhumano.
Los que lo persiguen son dibujados con rasgos de fieras salvajes. Son como un “tropel de novillos”, como “toros que me cercan”, como “león que descuartiza y ruge”, “como mastines que amenazan desgarrar mis brazos y mis piernas”. El que así reza no los condena, no los juzga; sólo describe la amenaza que siente cernirse sobre él.
Dios no está lejos del clamor del justo perseguido, y salva su vida de la espada, de las fauces del león. Por eso, el que reza no sólo le da las gracias, sino que “cuenta su fama ante sus hermanos, ante la gran asamblea”; y “hasta los confines de la tierra, todas las familias de los pueblos” sabrán que Dios salva y consuela, da fortaleza y llena de ánimo a los que por buscar la justicia se ven envueltos en cualquier tipo de problemas.
Entre Gürtels y Faisanes,
desmanes y navajazos,
tristezas por los mangazos,
torpezas resucitadas,
pestes, pitos, algaradas
y broncas estrafalarias,
políticos y simplones
—entre sones de elecciones—
ya engrasan su maquinaria.
Más si quiere un evidente
síntoma pre-electoral,
—que utiliza cada cual,
cual política berrea—,
es que no existe alcaldable
que no venda al respetable
inaugurar lo que sea.
¡Inaugurar! Qué, no importa:
aeropuerto o estación,
hospital o convención,
ceremonial o avenida,
que el político se adueña
de una foto pedigüeña
en que sembrar su mordida.
Y no se salva ni uno.
Pertrechados de tijeras;
de sonrisas entre ojeras;
de paciencia y fotogenia,
van colmando actualidades
en tiempos electorales
a los que piden la venia.
Señores, si ése es el caso;
si éste es tiempo inaugural,
inaugúrense al hablar
buenas formas, buen talante,
buen lenguaje por sextante
y programas con sentido,
y no este vaivén simplista,
cainita, ruin y ombliguista
que ya nos tiene aburridos…
(Juan 8,1-11) Aquellos judíos querían forzar a Jesús a que condenara a muerte a la mujer sorprendida en flagrante adulterio y reconociera, por fin, que la ley está por encima del hombre, cuando éste es un pecador. Aquella sociedad legalista y rigorista condenaba a muerte por apredreamiento a las adúlteras; hoy lo siguen haciendo algunos países islámicos donde se persigue y se amenaza a los cristianos. Jesús no responde a sus expectativas. En absoluto justifica la actitud de aquella mujer y relativiza el mal del pecado. No es esa la lectura que hemos de hacer en nuestra sociedad donde se relativiza toda norma, justificando toda transgresión moral. Pero no puede justificar tampoco que nadie se arrogue el poder de asesinar en nombre de Dios.
Pero este evangelio de san Juan es un poco más profundo. Trata de entender quién es Jesús. Veamos: ¿Cuál de los personajes de esta escena puede compararse contigo? ¿La adúltera? ¿Has traicionado una y otra vez la vida de amor y de verdad que Dios te ha entregado y has preferido engañarte con cualquier estupidez antes de ser fiel al evangelio? ¿Los acusadores? ¿Te has ensañado con quien ha cometido algún fallo –que tú has cometido de una u otra manera muchas veces—, y has levantado el brazo como garante de valores que no pueden olvidarse?
No me digas que tú quieres ser Jesús; el justo que con una escueta frase llena de elocuencia, salva la vida de la mujer. No lo digas antes de saber que todo el odio hacia la mujer adúltera recayó sobre él. Y todos los que estaban sedientos de la sangre de aquella pecadora gritaron ante Pilatos: ¡Crucifícalo!, ¡crucifícalo! No me digas que quieres asumir el papel de Jesús si no estás dispuesto a sufrir por los demás para salvarlos de sus sufrimientos, porque eso es lo que hizo Jesús, en esta ocasión y durante toda su vida: ir poniéndose en el lugar del que sufría, asumir las consecuencias del pecado y salvarnos a todos.
Ahora sí, ¿qué personaje puede compararse contigo? Quizás no tengas que llegar a situaciones extremas o irreversibles, pero hay momentos en los que tenemos el privilegio de descubrir la inconsistencia de nuestra vida. Son momentos privilegiados porque nos ofrecen la libertad de volver con autenticidad al amor que sabemos que nos llena de vida, a la humildad que sabemos que nos encamina hacia el bien, a la confianza en Jesús, que sabemos que nos salva.
No esperes. Tú también tienes un Padre bueno. A ti también te esperan para celebrar tu vuelta, tu reconciliación.