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  • Vida compartida

    (Juan 20, 1-9) Desde hace décadas se ha empeñado la cultura progre-capitalista en convencernos que nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestro tiempo, nuestras capacidades son nuestras en propiedad privada, y que a nadie hemos de dar cuenta de lo que hacemos con nuestra vida, nuestro tiempo, nuestras capacidades o nuestro cuerpo. Se empeña en que confundamos libertad con independencia, desvinculación e individualismo. Y cuando convence a alguien lo hace profundamente infeliz.

    Defendiendo su “intimidad” y “emancipación” va cortando la vinculación con vecinos y familiares, mantiene encuentros controlados y tasados que no tocan sus sentimientos ni colman su necesidad de afecto y donación.

    La resurrección de Cristo es una experiencia vivida desde la profunda comunión de los discípulos: los que descubren a Cristo resucitado se saben enviados a compartir con los otros discípulos la gran noticia; compartiendo el pan se saben comunitariamente fundados en la vida del Maestro; reciben una paz y una alegría que los hacen vivir profundamente reconciliados; quien no comparte la oración comunitaria no puede descubrir la fuente de vida nueva que trae el Resucitado.

    La plenitud íntima y la paz profunda que se nos ofrece en las experiencias sencillas de sentirnos familia, de vivir en comunión, de sabernos pueblo, son un anticipo de la experiencia radical de sabernos mutuamente fundados en  la resurrección de Cristo. Jesús de Nazaret, al resucitar, ya es para nosotros Jesucristo; la vida verdadera es vida compartida, vida en comunión, vida que no pertenece, que te regalan para que la ofrezcas.

    En tu mano está acoger la vida en comunión sencilla de fe.

     

  • En el FS Nazareno sólo saben una cosa: vencer

    El conjunto de Dos Hermanas se impuso por 8-1 al Incosur

    En el Fútbol Sala Nazareno sólo saben hacer una cosa: vencer. El conjunto de Dos Hermanas se impuso este pasado fin de semana al Incosur Coineña, cuarto clasificado de la 2ª División B por un resultado de 8-1.

    Abrió pronto el marcador para los locales el jugador Álex del Amor, al que le siguió, en el minuto 8, su compañero Migo.

    La única llegada, con premio, a meta contraria para los visitantes la protagonizó Isidro. Un soplo de esperanza que pronto Aarón hundió por los suelos tras encadenar un soberbio hat-trick con el que el partido se iba al descanso.

    Tras reanudarse el juego fue el brasileño Cleber el encargado de retomar el testigo de sus compañeros y ampliar la distancia en el marcador para los suyos. Su 6-1 pronto cambiaría de dígito al marcar Miguel el séptimo para los anfitriones.

    El increíble Aarón volvió a remover las mallas de la portería del Incosur para, con su 8-1, dar por sentenciada la contienda.

    El FS Nazareno encara el nuevo año como tercer clasificado de su grupo.

     

  • Libertad condicional

    La expresión libertad condicional no se refiere, en este caso, a la situación de excepción de algunos detenidos, sino a la nuestra, a la de todos los mortales, pues la libertad que disfrutamos viene lastrada, condicionada por el pasado. Y es que el pasado, por paradójico que parezca, está pasado, pero está. Sigue influyendo, ralentizado, dificultando o facilitando el ejercicio de la libertad. Son muchos los que ni saben ni quieren perdonar, sino que parecen disfrutar archivando el pasado de los otros, para echárselo en cara en la primera oportunidad, o para arrojarlo a las fieras en la pequeña pantalla con el fin de aumentar la audiencia y los beneficios.

    Los «antecedentes penales», de funesta memoria, siguen vigentes en la memoria de quienes dicen perdonar pero no olvidar. Y algo así parece haber inventado la dirección general de tráfico, en su deseo de sustituir el permiso de conducir por una memoria archivo de infracciones y errores del conductor. ¿Y si se extendiese la medida a todos los campos para tratar de disminuir los errores de los médicos, jueces, profesores, alcaldes, gobernantes, deportistas, políticos, y hasta simples ciudadanos?.

    Muchos saben por experiencia lo difícil, que resulta superar el pasado, cuando se trata, por ejemplo, de dejar de fumar, salir de la droga, liberarse del alcoholismo, controlar el exceso de peso, de colesterol, de azúcar. Cambiar nuestros hábitos alimenticios resulta tanto más fácil cuanto más tiempo ha pasado. Y no digamos nada lo que cuesta cambiar de costumbres, de conducta, de mentalidad, de postura.

    Todos conocen la importancia de la experiencia, del aprendizaje, del entretenimiento, del adiestramiento, de las prácticas, de la constancia y esfuerzo en adquirir experiencia y facilidad. Decía un famoso pianista: si deja de hacer ejercicio un solo día, lo noto yo; pero si dejo dos, lo nota el público. Y es que el uso de la libertad se consolida y afianza o se erosiona y debilita, de modo que uno puede acabar siendo, más que un ser libre, una veleta.

    El pasado, convenientemente seleccionado, ordenado y detallado, constituye nuestro currículum y es nuestra carta de presentación en sociedad y nuestro aval para solicitar un trabajo o mejorar el que tenemos. Y es que el pasado, no está pasado, viene con nosotros.  Y nos ayuda o nos impide volar en alas de la libertad.

     

  • Personas luminosas

    Hay personas que con su sola presencia llenan mucho espacio y animan la vida de cuantos les rodean. Y no tiene que ser por su especial inteligencia o elocuencia, o por su efectividad para hacer esto o lo otro, ni siquiera por su especial santidad –entendida ésta de manera superficial.

     

    Hay personas tan sinceras y transparentes que aún cuando se equivocan proyectan luz. Hay personas que sienten con tanta sencillez que no dejan nunca que el respeto y el protocolo marquen distancias artificiosas. Hay personas que aunque se entreguen trabajando y haciendo y realizando siempre dejan sitio para que todos trabajen, y hagan, y crezcan. Hay personas que escuchan, y hablan para ser escuchadas. Hay personas que, llenándose de la verdadera santidad, proyectan luz.
    ¿Cuál es su secreto?, ¿qué las convierte en signos de vida verdadera?

    Ellas, seguramente, no sabrían decirlo, pero lo que les ocurre es que se han convertido en acequia, en cauce, en río. Se sienten amadas, y entregan amor; se sienten elegidas, y entregan dignidad; se sienten aceptadas y acogidas, y saben aceptar y acoger a todos por igual. No dejan que sus pecados y debilidades los llenen de tristeza; al contrario, los convierten en motivos para acogerse más fuertemente al Amor que las fundamenta. No dejan que sus incapacidades y limitaciones las paralicen; al contrario muestran su entrega y su tesón, su humildad y su esfuerzo al luchar por superarse, al perseverar en trabajar por el bien y para los demás. No dejan que las dificultades de su tarea las desanimen; al contrario saben que donde está el mal, ahí hay que trabajar por sembrar el bien.