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  • Cansado de ser malo

    1501¡ROMPE RALPH!

    Hace ya muchos años que Disney perdió la hegemonía que ostentó durante bastante tiempo en lo que a cine de animación se refiere. Casi desde que apareció Pixar, con la fantástica Toy Story, para ser más exactos. Tiempo que la mítica productora ha estado peleando por volver a ser lo que fue. Y tras buenos intentos, parece que ya ha encontrado el camino. Personalmente, hacía mucho que no me lo pasaba tan bien y que no disfrutaba tanto con una película de la factoría como con esta gran, gran, ¡Rompe Ralph!

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012 (108’)
    Título original:  Wreck-it Ralph.
    Dirección: Rich Moore.
    Producción: Clark Spencer.  
    Guión:  Phil Johnston, Jennifer Lee, Rich Moore, Jim Reardon.
    Música:  Henry Jackman.{/xtypo_code}

    La nueva cinta de Disney tiene mucho de Toy Story, es verdad (la idea de partida es la de que los protagonistas de los videojuegos de un salón de recreativos tienen vida propia una vez que los niños se van y el local se cierra). Pero sería un error pensar que no es más que un émulo de la primera gran obra de Pixar. Sería un grave error. ¡Rompe Ralph! es un derroche de imaginación, un prodigio de puesta en escena, y una magnífica y anárquica mezcla de estilos y decorados. Los ocho bits del Comecocos más clásico conviven estupendamente con las mucho más actuales y cuasi-realistas batallas épicas de Final Fantasy, o las carreras de coches de un mundo rosa de dulces y golosinas.

    Ralph es un enorme destructor, un buen tipo que tiene por trabajo destruir las casas en un juego en el que el héroe es Repara-Félix. Por lo tanto él es el malo de la función. Y después de treinta años así, ya está cansado. Por una vez quiere ser el bueno, quiere llevarse la admiración de todos y ganar una medalla. Así que decide escaparse de su juego y buscar su recompensa. Pero su aventura está a punto de llevar el caos y la destrucción a todos los juegos del salón en el que vive.

    La película está recorrida por un humor (sutil, muchas veces, aunque no siempre) y rematada por logros visuales maravillosos. Como es habitual en las cintas de la Disney, siempre hay guiños a los mayores que acompañan al público objetivo de la película. Y en este caso, aún más. La nostalgia de los videojuegos que llenaron las tardes de muchos es visible. Hay momentos mágicos, y hallazgos deslumbrantes. Visualmente es intachable, y argumentalmente nada desdeñable. A pesar de que el happy ending es más que previsible (tampoco olvidemos qué tipo de película es). Pero poco importa. ¡Rompe Ralph! es puro deleite, puro gozo y puro disfrute. La mejor película de animación del año, sin duda. Pero es que, por si fuera poco, viene precedida de un corto que es pura delicia, una obra maestra llamada Paperman, que es aún mejor si cabe que la película que viene después.

     

  • Soledad creadora

    (Lc 3, 1-6) ¿Por qué me has traído, Señor, a este desierto, donde ni los lagartos encuentran un sitio donde vivir? ¿Por qué me pides que me aleje del ruido, y de la rutina, y de mis quehaceres cotidianos, si en este silencio sólo escucho mis propios pensamientos, como siempre circulares, obsesivos, inmaduros, sin norte ni principio, sin nada nuevo que ofrecerle a mi vida?

    No soy mejor que mis padres. Muy al contrario, más egoísta y menos sufrido que ellos. No soy mejor que los que viven sin mucho pensar, entregados a lo que la vida les depara. ¿Para qué quieres que este silencio ponga a la luz mi propia mediocridad y las lóbregas cavernas que horadan mi corazón?

    En silencio crece la hierba, sin que nadie pueda escuchar cómo brota la frescura de su verdor. En silencio se abren las flores, sin que nadie pueda atender al milagro de su hermosura. En silencio blanquea la escarcha los campos en el invierno; en silencio rompe el polluelo su cascarón. En silencio nace el amor en el corazón adolescente, sin que ni él mismo entienda porqué le llena la sola presencia de quien ama. En silencio Dios te habla y te recrea. En silencio he hecho de ti, desde tu pobreza y tu debilidad, mi mensajero, mi enviado. Ya no es hora del esfuerzo; es tiempo de dejarte llevar por quien te habita. Habla con fuerza, anuncia que ya está aquí el Salvador.

  • Soledad creadora

    (Lc 3, 1-6) ¿Por qué me has traído, Señor, a este desierto, donde ni los lagartos encuentran un sitio donde vivir? ¿Por qué me pides que me aleje del ruido, y de la rutina, y de mis quehaceres cotidianos, si en este silencio sólo escucho mis propios pensamientos, como siempre circulares, obsesivos, inmaduros, sin norte ni principio, sin nada nuevo que ofrecerle a mi vida?

    No soy mejor que mis padres. Muy al contrario, más egoísta y menos sufrido que ellos. No soy mejor que los que viven sin mucho pensar, entregados a lo que la vida les depara. ¿Para qué quieres que este silencio ponga a la luz mi propia mediocridad y las lóbregas cavernas que horadan mi corazón?

    En silencio crece la hierba, sin que nadie pueda escuchar cómo brota la frescura de su verdor. En silencio se abren las flores, sin que nadie pueda atender al milagro de su hermosura. En silencio blanquea la escarcha los campos en el invierno; en silencio rompe el polluelo su cascarón. En silencio nace el amor en el corazón adolescente, sin que ni él mismo entienda porqué le llena la sola presencia de quien ama. En silencio Dios te habla y te recrea. En silencio he hecho de ti, desde tu pobreza y tu debilidad, mi mensajero, mi enviado. Ya no es hora del esfuerzo; es tiempo de dejarte llevar por quien te habita. Habla con fuerza, anuncia que ya está aquí el Salvador.

  • Soledad creadora

    (Lc 3, 1-6) ¿Por qué me has traído, Señor, a este desierto, donde ni los lagartos encuentran un sitio donde vivir? ¿Por qué me pides que me aleje del ruido, y de la rutina, y de mis quehaceres cotidianos, si en este silencio sólo escucho mis propios pensamientos, como siempre circulares, obsesivos, inmaduros, sin norte ni principio, sin nada nuevo que ofrecerle a mi vida?

    No soy mejor que mis padres. Muy al contrario, más egoísta y menos sufrido que ellos. No soy mejor que los que viven sin mucho pensar, entregados a lo que la vida les depara. ¿Para qué quieres que este silencio ponga a la luz mi propia mediocridad y las lóbregas cavernas que horadan mi corazón?

    En silencio crece la hierba, sin que nadie pueda escuchar cómo brota la frescura de su verdor. En silencio se abren las flores, sin que nadie pueda atender al milagro de su hermosura. En silencio blanquea la escarcha los campos en el invierno; en silencio rompe el polluelo su cascarón. En silencio nace el amor en el corazón adolescente, sin que ni él mismo entienda porqué le llena la sola presencia de quien ama. En silencio Dios te habla y te recrea. En silencio he hecho de ti, desde tu pobreza y tu debilidad, mi mensajero, mi enviado. Ya no es hora del esfuerzo; es tiempo de dejarte llevar por quien te habita. Habla con fuerza, anuncia que ya está aquí el Salvador.