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  • 1957. Los almonteños acercaron el paso de la Virgen a los rocieros de Dos Hermanas

    1957. Los almonteños acercaron el paso de la Virgen a los rocieros de Dos Hermanas

    La hermandad del Rocío de Dos Hermanas, próxima a cumplir sus bodas de plata (fue fundada en octubre de 1933), va adquiriendo prestigio en la aldea almonteña. Su hermano mayor, José Manuel Muñiz Orellana, en su empeño por conseguir las mayores cotas de prestigio para la hermandad nazarena, ha conseguido que, en la procesión del lunes de Pentecostés, los almonteños acerquen el paso de la Virgen del Rocío casi hasta la misma puerta de la capilla de la casa hermandad de Dos Hermanas (ahora en construcción).

    Se trata de un momento indescriptible, en el que enronquecen las gargantas dando vivas a la Blanca Paloma y rezando salves. En la fotografía, que recoge este instante de la peregrinación de 1957, se observa, entre otros rocieros de Dos Hermanas, a Manuel Rivero Monterior, José Moreno, Juan Luis Sánchez López, Peñas Luna y “El Chache”. Las carretas y el simpecado regresarán el miércoles.

     

  • Romper barreras

    (Juan 15, 9-17) UNO DE los signos más claros de que Cristo ha resucitado se realiza en la comunidad cristiana cuando los cristianos somos capaces de romper las barreras que en el mundo rompen la fraternidad y la comunión.

    Es difícil en estos tiempos tan polarizados por la política, a veces hasta con apelaciones guerracivilistas, pero cristianos con militancia en distintos partidos son capaces de compartir una misma fe y una misma lucha contra la pobreza y la exclusión.

    Fue complicado y nadie lo esperaba, pero personas de etnia gitana se convirtieron en catequistas apreciados, y niños de culturas distintas compartían juegos y oraciones en las catequesis, y tiendas de campañas y tareas comunitarias en los campamentos.

    Los jóvenes dejaron de decir: “las viejas esas…”, y descubrieron que eran personas llenas de sabiduría y fortaleza. Los mayores dejaron de juzgar a las jovencillas por el largo de su falda. Acabaron por saber los nombres unos de otros; unos valoraron el trabajo con los niños; los otros el acompañamiento a ancianos y enfermos. Se reconocieron como miembros de una misma comunidad, que en medio de su debilidad vivía la fe.

    De todos fue visto en el pasado agosto. Cientos de miles de jóvenes conviviendo, cantando, rezando, alegrándose unos de ver a los otros, formando entre todos un arco iris de banderas de todos los rincones del mundo, que sorprendía por la armonía y la comunión que se palpaba…

    Cuando la fe rompe fronteras tejiendo comprensión, alentando solidaridad e invitando a la  esperanza, en todos se enciende la llama de una sonrisa que expresa la gracia; y que a nadie deja indiferente porque es signo del amor cristiano.