Etiqueta: plena

  • Mayoría Democrática ya tiene candidato

    Se trata de José María Núñez, su coordinador

    José María Núñez, coordinador de la agrupación local, será el candidato de Mayoría Democrática a la alcaldía de Dos Hermanas en los próximos comicios municipales del mes de mayo. José María Núñez Rincón es la cabeza visible de esta agrupación en la que se encuentra implicado desde su fundación en septiembre de 2010.

    El partido se encuentra definiendo la lista electoral, plena “de gente joven y con ganas, de todos los ámbitos laborales y de todas la zonas de la ciudad, para que se vean representadas en las propuestas”.

    Los nombres que completan la lista se darán a conocer en el mes de febrero.

  • Pasó la feria

    Farolillo y pasado se han fundido
    en la nube de albero del Real;
    dormida en el ocaso del final
    de otra feria habitante en el olvido.

    Pasó en el huracán con que un silbido
    se aloja en la memoria; en el retal
    deshilachado al borde del ferial;
    acantonado, entre cante adormecido.

    Pero es así: se fue, sin más historia
    que ser un hueco más en la memoria;
    plena en arte, grandezas y miserias.

    Curioso es este poso de alegrías
    que en reflejos gozosos de ambrosías
    difuminan esencias de las ferias…

  • 4 de Diciembre

    Tengo la absoluta convicción de que el 4 de diciembre de 1977 fue la fecha crucial para la consecución de nuestra Autonomía y el verdadero Día de Andalucía. Tras la celebración de las primeras Elecciones Generales, en España se empieza a dibujar el Estado de las Autonomías con dos modelos bien definidos: Las Autonomías Plenas o Históricas del Art. 151 y las Autonomías de un segundo nivel en el techo competencial, del Art. 143.

    El Gobierno de la UCD había decidido que al grupo de las Históricas sólo accedieran Cataluña, País Vasco y Galicia, y que Andalucía no, a pesar de que su Estatuto de Autonomía no había entrado en la tramitación parlamentaria en tiempos de la Segunda República por el estallido de la Guerra Civil de 1936.

    Los partidos políticos andaluces reunidos en la II Asamblea de Torremolinos en octubre de 1977 acordaron instaurar el 4 de diciembre como Día de Andalucía y se convocaron en las “nueve” provincias andaluzas, incluida Cataluña como novena, debido al gran número de emigrantes que allí habían, manifestaciones para exigir la Autonomía Plena. Llegó el 4 de diciembre y las calles se llenaron de banderas blanca y verde y de gritos reivindicativos. Más de un millón y medio de andaluces reclamamos justicia y exigimos que Andalucía fuera considerada Autonomía Histórica.

    Estábamos decididos a que la España que había escuchado el “Ja soc aquí” de Tarradellas sobre la balconada de la Plaza de San Jaime de Barcelona, supiera también que no se permitiría una nueva marginación y que los andaluces firmaban un inquebrantable pacto con Andalucía mediante el cual sería Autonomía de Primera. Y no faltó nada en aquel primer domingo de diciembre considerado por todos como la Fiesta de la Autonomía y de la Identidad Histórica. Y desgraciadamente no faltó ni el dolor: en Málaga asesinaron a José Manuel García Caparrós, un joven de 19 años, militante de CCOO. Cayó herido de muerte por una de las doce balas que, según se cuenta y postulan algunos historiadores, disparó la Policía. Murió, como decía un pasodoble, “portando la bandera de su Andalucía”. Mataron a un hombre, pero le dieron vida a un compromiso. Como consecuencia de ese 4 de diciembre de 1977 y por él, se superaron las dificultades.

    Llegaron muchas trabas, la fundamental, aquella del Referéndum del 28 de Febrero de 1980 donde se obligaba, para conseguir la Autonomía Plena, a que en cada provincia andaluza más del 50% del censo, con fallecidos y abstencionistas incluidos, votara afirmativamente, y se logró en siete, quedando Almería rezagada, y tumbada la aspiración Andaluza. Tras duras negociaciones se consiguió que el Gobierno admitiera el “interés general” que recogía el Art. 144 de la Constitución para que Andalucía accediera directamente a la Autonomía Plena. Sin duda para mí y para otros muchos, existió el 28 de Febrero, actual Día de Andalucía, porque hubo un 4 de diciembre en el que conquistamos el futuro autonómico de Andalucía. Jamás se debió de cambiar de fecha el Día de Andalucía.

  • 4 de Diciembre

    Tengo la absoluta convicción de que el 4 de diciembre de 1977 fue la fecha crucial para la consecución de nuestra Autonomía y el verdadero Día de Andalucía. Tras la celebración de las primeras Elecciones Generales, en España se empieza a dibujar el Estado de las Autonomías con dos modelos bien definidos: Las Autonomías Plenas o Históricas del Art. 151 y las Autonomías de un segundo nivel en el techo competencial, del Art. 143.

    El Gobierno de la UCD había decidido que al grupo de las Históricas sólo accedieran Cataluña, País Vasco y Galicia, y que Andalucía no, a pesar de que su Estatuto de Autonomía no había entrado en la tramitación parlamentaria en tiempos de la Segunda República por el estallido de la Guerra Civil de 1936.

    Los partidos políticos andaluces reunidos en la II Asamblea de Torremolinos en octubre de 1977 acordaron instaurar el 4 de diciembre como Día de Andalucía y se convocaron en las “nueve” provincias andaluzas, incluida Cataluña como novena, debido al gran número de emigrantes que allí habían, manifestaciones para exigir la Autonomía Plena. Llegó el 4 de diciembre y las calles se llenaron de banderas blanca y verde y de gritos reivindicativos. Más de un millón y medio de andaluces reclamamos justicia y exigimos que Andalucía fuera considerada Autonomía Histórica.

    Estábamos decididos a que la España que había escuchado el “Ja soc aquí” de Tarradellas sobre la balconada de la Plaza de San Jaime de Barcelona, supiera también que no se permitiría una nueva marginación y que los andaluces firmaban un inquebrantable pacto con Andalucía mediante el cual sería Autonomía de Primera. Y no faltó nada en aquel primer domingo de diciembre considerado por todos como la Fiesta de la Autonomía y de la Identidad Histórica. Y desgraciadamente no faltó ni el dolor: en Málaga asesinaron a José Manuel García Caparrós, un joven de 19 años, militante de CCOO. Cayó herido de muerte por una de las doce balas que, según se cuenta y postulan algunos historiadores, disparó la Policía. Murió, como decía un pasodoble, “portando la bandera de su Andalucía”. Mataron a un hombre, pero le dieron vida a un compromiso. Como consecuencia de ese 4 de diciembre de 1977 y por él, se superaron las dificultades.

    Llegaron muchas trabas, la fundamental, aquella del Referéndum del 28 de Febrero de 1980 donde se obligaba, para conseguir la Autonomía Plena, a que en cada provincia andaluza más del 50% del censo, con fallecidos y abstencionistas incluidos, votara afirmativamente, y se logró en siete, quedando Almería rezagada, y tumbada la aspiración Andaluza. Tras duras negociaciones se consiguió que el Gobierno admitiera el “interés general” que recogía el Art. 144 de la Constitución para que Andalucía accediera directamente a la Autonomía Plena. Sin duda para mí y para otros muchos, existió el 28 de Febrero, actual Día de Andalucía, porque hubo un 4 de diciembre en el que conquistamos el futuro autonómico de Andalucía. Jamás se debió de cambiar de fecha el Día de Andalucía.

  • Reflexiones sobre el andalucismo

    Siempre he defendido desde la profunda convicción que el Andalucismo es un proyecto plenamente vigente y necesario para Andalucía, porque nuestra tierra necesita de la existencia de una formación con sentido progresista, solidario, integrador y plenamente reivindicativo y que tenga como prioritario objetivo lo andaluz. Y es en esa prioridad de objetivo donde radica la necesidad y existencia de nuestro proyecto político.

    Es indiscutible que la Autonomía Andaluza, la conquista de la Autonomía plena, no hubiera sido posible sin la voluntad de millones de andaluces, sin la complicidad obligada o voluntaria de otras formaciones políticas, sin el empuje de los movimientos sociales y sin la existencia del Andalucismo. Esto último fue sin duda crucial y determinante.

    Pero el Andalucismo va más allá de un proyecto político, que lo es, es una forma de concebir, de sentir y de querer a Andalucía.  Desde luego que en sus principios no existe un sentido patrimonialista de nuestra Tierra, ni tampoco excluye a los demás en la defensa de sus intereses, pero sí mantiene que nuestra posición y los principios por los que defendemos los intereses andaluces son distintos, pues nada tiene que ver el ideario de los partidos centralista, PSOE y PP, por ejemplo, con uno nacionalista, en este caso, el Partido Andalucista.  Nosotros tenemos la convicción de pertenecer a un gran País que ha sido a lo largo de la historia vanguardia y recepción de civilizaciones y que dentro de él, Andalucía es parte significativa y diferenciada al resto. Amamos nuestra propia cultura y forma de ser, y la concebimos distinta a la de los demás, y ese es otro de nuestros hechos diferenciales.  Los Andalucistas defendemos la posesión de una historia rica en matices y amplificada por el conjunto de pueblos que a lo largo de los tiempos han convivido con nosotros fundiéndose en nuestras peculiaridades.

    Asumimos a nuestro Pueblo con panderetas y con quejíos, con alegrías y con tristezas, con luces y sombras; un Pueblo cansado de deambular por el mundo en busca de ocupar sus manos; un Pueblo que lejos de enriquecerse se ha empobrecido a base de hacer más rico a otros; un Pueblo obligado a mirar el presente, instigados a olvidar el pasado y con el futuro de la decisión de voluntades ajenas. Las gentes Andalucistas no somos especiales, ni mejores ni peores, pero sí distintos.

    A nuestro pragmatismo político, que lo hay, se le une un sentimiento profundo de cariño, de respeto hacia Andalucía que es lo que hace que pase a los múltiples avatares que se han producido a lo largo del Andalucismo, aún perdure, con fuerza y plena vigencia, en el amplio espectro político andaluz.  Nosotros solemos decir que no hay quien pueda  con el Partido Andalucista y prueba de ello, ahí está nuestra historia.  Hemos resistido la fiereza con la que nos han tratado las demás formaciones; el desprecio, a veces, de nuestro propio pueblo; el cainismo feroz con el que nos hemos comportado y superamos de continuo incluso nuestros muchos errores. Y es que el Andalucismo, ya lo decía antes y vuelvo a reiterar ahora, además de ser política, es un sentimiento, una forma de ser y de sentir Andalucía. Siempre habrá alguien que piense y sienta así, y ese, aunque no lo sepa, mantendrá viva la llama del Andalucismo.

  • Reflexiones sobre el andalucismo

    Siempre he defendido desde la profunda convicción que el Andalucismo es un proyecto plenamente vigente y necesario para Andalucía, porque nuestra tierra necesita de la existencia de una formación con sentido progresista, solidario, integrador y plenamente reivindicativo y que tenga como prioritario objetivo lo andaluz. Y es en esa prioridad de objetivo donde radica la necesidad y existencia de nuestro proyecto político.

    Es indiscutible que la Autonomía Andaluza, la conquista de la Autonomía plena, no hubiera sido posible sin la voluntad de millones de andaluces, sin la complicidad obligada o voluntaria de otras formaciones políticas, sin el empuje de los movimientos sociales y sin la existencia del Andalucismo. Esto último fue sin duda crucial y determinante.

    Pero el Andalucismo va más allá de un proyecto político, que lo es, es una forma de concebir, de sentir y de querer a Andalucía.  Desde luego que en sus principios no existe un sentido patrimonialista de nuestra Tierra, ni tampoco excluye a los demás en la defensa de sus intereses, pero sí mantiene que nuestra posición y los principios por los que defendemos los intereses andaluces son distintos, pues nada tiene que ver el ideario de los partidos centralista, PSOE y PP, por ejemplo, con uno nacionalista, en este caso, el Partido Andalucista.  Nosotros tenemos la convicción de pertenecer a un gran País que ha sido a lo largo de la historia vanguardia y recepción de civilizaciones y que dentro de él, Andalucía es parte significativa y diferenciada al resto. Amamos nuestra propia cultura y forma de ser, y la concebimos distinta a la de los demás, y ese es otro de nuestros hechos diferenciales.  Los Andalucistas defendemos la posesión de una historia rica en matices y amplificada por el conjunto de pueblos que a lo largo de los tiempos han convivido con nosotros fundiéndose en nuestras peculiaridades.

    Asumimos a nuestro Pueblo con panderetas y con quejíos, con alegrías y con tristezas, con luces y sombras; un Pueblo cansado de deambular por el mundo en busca de ocupar sus manos; un Pueblo que lejos de enriquecerse se ha empobrecido a base de hacer más rico a otros; un Pueblo obligado a mirar el presente, instigados a olvidar el pasado y con el futuro de la decisión de voluntades ajenas. Las gentes Andalucistas no somos especiales, ni mejores ni peores, pero sí distintos.

    A nuestro pragmatismo político, que lo hay, se le une un sentimiento profundo de cariño, de respeto hacia Andalucía que es lo que hace que pase a los múltiples avatares que se han producido a lo largo del Andalucismo, aún perdure, con fuerza y plena vigencia, en el amplio espectro político andaluz.  Nosotros solemos decir que no hay quien pueda  con el Partido Andalucista y prueba de ello, ahí está nuestra historia.  Hemos resistido la fiereza con la que nos han tratado las demás formaciones; el desprecio, a veces, de nuestro propio pueblo; el cainismo feroz con el que nos hemos comportado y superamos de continuo incluso nuestros muchos errores. Y es que el Andalucismo, ya lo decía antes y vuelvo a reiterar ahora, además de ser política, es un sentimiento, una forma de ser y de sentir Andalucía. Siempre habrá alguien que piense y sienta así, y ese, aunque no lo sepa, mantendrá viva la llama del Andalucismo.

  • Reflexiones sobre el andalucismo

    Siempre he defendido desde la profunda convicción que el Andalucismo es un proyecto plenamente vigente y necesario para Andalucía, porque nuestra tierra necesita de la existencia de una formación con sentido progresista, solidario, integrador y plenamente reivindicativo y que tenga como prioritario objetivo lo andaluz. Y es en esa prioridad de objetivo donde radica la necesidad y existencia de nuestro proyecto político.

    Es indiscutible que la Autonomía Andaluza, la conquista de la Autonomía plena, no hubiera sido posible sin la voluntad de millones de andaluces, sin la complicidad obligada o voluntaria de otras formaciones políticas, sin el empuje de los movimientos sociales y sin la existencia del Andalucismo. Esto último fue sin duda crucial y determinante.

    Pero el Andalucismo va más allá de un proyecto político, que lo es, es una forma de concebir, de sentir y de querer a Andalucía.  Desde luego que en sus principios no existe un sentido patrimonialista de nuestra Tierra, ni tampoco excluye a los demás en la defensa de sus intereses, pero sí mantiene que nuestra posición y los principios por los que defendemos los intereses andaluces son distintos, pues nada tiene que ver el ideario de los partidos centralista, PSOE y PP, por ejemplo, con uno nacionalista, en este caso, el Partido Andalucista.  Nosotros tenemos la convicción de pertenecer a un gran País que ha sido a lo largo de la historia vanguardia y recepción de civilizaciones y que dentro de él, Andalucía es parte significativa y diferenciada al resto. Amamos nuestra propia cultura y forma de ser, y la concebimos distinta a la de los demás, y ese es otro de nuestros hechos diferenciales.  Los Andalucistas defendemos la posesión de una historia rica en matices y amplificada por el conjunto de pueblos que a lo largo de los tiempos han convivido con nosotros fundiéndose en nuestras peculiaridades.

    Asumimos a nuestro Pueblo con panderetas y con quejíos, con alegrías y con tristezas, con luces y sombras; un Pueblo cansado de deambular por el mundo en busca de ocupar sus manos; un Pueblo que lejos de enriquecerse se ha empobrecido a base de hacer más rico a otros; un Pueblo obligado a mirar el presente, instigados a olvidar el pasado y con el futuro de la decisión de voluntades ajenas. Las gentes Andalucistas no somos especiales, ni mejores ni peores, pero sí distintos.

    A nuestro pragmatismo político, que lo hay, se le une un sentimiento profundo de cariño, de respeto hacia Andalucía que es lo que hace que pase a los múltiples avatares que se han producido a lo largo del Andalucismo, aún perdure, con fuerza y plena vigencia, en el amplio espectro político andaluz.  Nosotros solemos decir que no hay quien pueda  con el Partido Andalucista y prueba de ello, ahí está nuestra historia.  Hemos resistido la fiereza con la que nos han tratado las demás formaciones; el desprecio, a veces, de nuestro propio pueblo; el cainismo feroz con el que nos hemos comportado y superamos de continuo incluso nuestros muchos errores. Y es que el Andalucismo, ya lo decía antes y vuelvo a reiterar ahora, además de ser política, es un sentimiento, una forma de ser y de sentir Andalucía. Siempre habrá alguien que piense y sienta así, y ese, aunque no lo sepa, mantendrá viva la llama del Andalucismo.