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  • Carta de una madre a su hija muy especial en su 23 cumpleaños

    Carta de una madre a su hija muy especial en su 23 cumpleaños

    El viernes día 28 de noviembre hace 23 años que vi por primera vez tus ojitos rajados, me dije Dios mío a mi no!! pero por desconocimiento, no conocia ni el síndrome de Down ni el cromosoma par 21.

    A partir de ese momento me he hecho tres preguntas en la vida.

    La primera a los pocos días de nacer ¿Por qué a mi?

    La segunda a los meses de estar contigo. ¿Por qué no a mi?

    Y la tercera me la hago todos los días ¿Qué sería mi vida sin ti?

    Cambie mi vida, mi tiempo y mi forma de pensar por ti. Hoy doy mi vida, mi alma y mis energías por sacarte adelante y enseñarte a vivir. Le pido a la vida que me permita acompañarte muchos años en lo dulce y en lo amargo. No puedo vivir tu vida pero sí espero que la compartas conmigo. Darte alas para que vueles más alto que yo. Espero que seas mucho más y mejor que yo. Eres lo mejor que tengo en la vida.

    Muchas felicidades de tu madre, familia, amigos y amigas que te quieren con locura.

  • Hace un año que no lloro

    Me parece que fue ayer
    y ya ha pasado todo un año,
    desde que escribí aquel poema
    de aquellas memorias de antaño.
    Me parece que fue ayer
    cuando escuche las campanas,
    repicando al amanecer
    en mi pueblo, Dos Hermanas.
    Ha pasado mucho tiempo
    y quedaron cosas lejanas.
    Cuando me recogía el pelo,
    aún siendo niñas, mi hermana.

    Me parece que fue ayer
    y ha pasado un año entero,
    que vi las yuntas de bueyes
    que llevan los carreteros.
    Ellos preparaban  enganches,
    yo pensaba y sentía miedo;
    imaginaba  si al año siguiente
    estaría junto a los que quiero.

    Y otro año volvió a pasar
    y otra vez vuelvo a contarlo,
    que la carreta comienza a andar
    para recoger un trono tallado;
    donde reposa la virgen,
    y la escoltan frescos nardos.

    Que en esta jornada matinal
    cruzará por  su pueblo amado,
    para llegar hasta el Arenal
    que un puente  está esperando;
    donde la verán pasar
    los que la acompañan andando,
    en este nuevo camino
    que llevan un año anhelando.

    Esta niña sigue creyendo
    que de Valme a  Valme
    se mide mejor el tiempo.
    Para que esta espera me ayude
    a pasar los tristes momentos;
    y estar donde siempre estuve
    en la fecha que yo quiero,
    tercer domingo de octubre,
    que me parece un viaje al cielo.

    Es que aquella niña
    en mí sigue existiendo.
    Al igual que a los reyes magos
    aún les sigo escribiendo;
    le pido a la virgen de Valme,
    siempre me está concediendo
    los secretos que yo le pido
    con mi mirada y en silencio.
    Me mira ella con gesto amigo
    y otra vez me está sonriendo.

    Y vuelvo a entrar en la ermita
    a retratar con mi mente,
    a esta cara tan bonita
    de nuestra imagen ferviente.
    Le dedico una oración,
    silenciosa y calladamente
    el que reza es mi corazón,
    así no me escucha la gente.

    En esa vuelta vespertina
    se apodera de mí la tristeza;
    que este camino termina,
    otra despedida se acerca.
    Vuelvo a recordar reflejada
    la imagen de aquella niña,
    en un espejo y despeinada
    con la flor del pelo marchita.

    Tras la romería finalizada,
    con la vista ya caída
    y la voz un poco quebrada;
    lloraba con desconsuelo
    porque otro año aguardaba,
    para hacer un camino nuevo
    por mi Señora Valme amparada.

    Pero hoy quiero reconocerte
    que en todo este año pasado
    la vida me ha sido clemente.

    Aunque Valmes pasados añoro
    aún me queda agradecerte,
    que hace un año que no lloro
    y que este Valme vuelvo a verte.

  • Hace un año que no lloro

    Me parece que fue ayer
    y ya ha pasado todo un año,
    desde que escribí aquel poema
    de aquellas memorias de antaño.
    Me parece que fue ayer
    cuando escuche las campanas,
    repicando al amanecer
    en mi pueblo, Dos Hermanas.
    Ha pasado mucho tiempo
    y quedaron cosas lejanas.
    Cuando me recogía el pelo,
    aún siendo niñas, mi hermana.

    Me parece que fue ayer
    y ha pasado un año entero,
    que vi las yuntas de bueyes
    que llevan los carreteros.
    Ellos preparaban  enganches,
    yo pensaba y sentía miedo;
    imaginaba  si al año siguiente
    estaría junto a los que quiero.

    Y otro año volvió a pasar
    y otra vez vuelvo a contarlo,
    que la carreta comienza a andar
    para recoger un trono tallado;
    donde reposa la virgen,
    y la escoltan frescos nardos.

    Que en esta jornada matinal
    cruzará por  su pueblo amado,
    para llegar hasta el Arenal
    que un puente  está esperando;
    donde la verán pasar
    los que la acompañan andando,
    en este nuevo camino
    que llevan un año anhelando.

    Esta niña sigue creyendo
    que de Valme a  Valme
    se mide mejor el tiempo.
    Para que esta espera me ayude
    a pasar los tristes momentos;
    y estar donde siempre estuve
    en la fecha que yo quiero,
    tercer domingo de octubre,
    que me parece un viaje al cielo.

    Es que aquella niña
    en mí sigue existiendo.
    Al igual que a los reyes magos
    aún les sigo escribiendo;
    le pido a la virgen de Valme,
    siempre me está concediendo
    los secretos que yo le pido
    con mi mirada y en silencio.
    Me mira ella con gesto amigo
    y otra vez me está sonriendo.

    Y vuelvo a entrar en la ermita
    a retratar con mi mente,
    a esta cara tan bonita
    de nuestra imagen ferviente.
    Le dedico una oración,
    silenciosa y calladamente
    el que reza es mi corazón,
    así no me escucha la gente.

    En esa vuelta vespertina
    se apodera de mí la tristeza;
    que este camino termina,
    otra despedida se acerca.
    Vuelvo a recordar reflejada
    la imagen de aquella niña,
    en un espejo y despeinada
    con la flor del pelo marchita.

    Tras la romería finalizada,
    con la vista ya caída
    y la voz un poco quebrada;
    lloraba con desconsuelo
    porque otro año aguardaba,
    para hacer un camino nuevo
    por mi Señora Valme amparada.

    Pero hoy quiero reconocerte
    que en todo este año pasado
    la vida me ha sido clemente.

    Aunque Valmes pasados añoro
    aún me queda agradecerte,
    que hace un año que no lloro
    y que este Valme vuelvo a verte.

  • Hace un año que no lloro

    Me parece que fue ayer
    y ya ha pasado todo un año,
    desde que escribí aquel poema
    de aquellas memorias de antaño.
    Me parece que fue ayer
    cuando escuche las campanas,
    repicando al amanecer
    en mi pueblo, Dos Hermanas.
    Ha pasado mucho tiempo
    y quedaron cosas lejanas.
    Cuando me recogía el pelo,
    aún siendo niñas, mi hermana.

    Me parece que fue ayer
    y ha pasado un año entero,
    que vi las yuntas de bueyes
    que llevan los carreteros.
    Ellos preparaban  enganches,
    yo pensaba y sentía miedo;
    imaginaba  si al año siguiente
    estaría junto a los que quiero.

    Y otro año volvió a pasar
    y otra vez vuelvo a contarlo,
    que la carreta comienza a andar
    para recoger un trono tallado;
    donde reposa la virgen,
    y la escoltan frescos nardos.

    Que en esta jornada matinal
    cruzará por  su pueblo amado,
    para llegar hasta el Arenal
    que un puente  está esperando;
    donde la verán pasar
    los que la acompañan andando,
    en este nuevo camino
    que llevan un año anhelando.

    Esta niña sigue creyendo
    que de Valme a  Valme
    se mide mejor el tiempo.
    Para que esta espera me ayude
    a pasar los tristes momentos;
    y estar donde siempre estuve
    en la fecha que yo quiero,
    tercer domingo de octubre,
    que me parece un viaje al cielo.

    Es que aquella niña
    en mí sigue existiendo.
    Al igual que a los reyes magos
    aún les sigo escribiendo;
    le pido a la virgen de Valme,
    siempre me está concediendo
    los secretos que yo le pido
    con mi mirada y en silencio.
    Me mira ella con gesto amigo
    y otra vez me está sonriendo.

    Y vuelvo a entrar en la ermita
    a retratar con mi mente,
    a esta cara tan bonita
    de nuestra imagen ferviente.
    Le dedico una oración,
    silenciosa y calladamente
    el que reza es mi corazón,
    así no me escucha la gente.

    En esa vuelta vespertina
    se apodera de mí la tristeza;
    que este camino termina,
    otra despedida se acerca.
    Vuelvo a recordar reflejada
    la imagen de aquella niña,
    en un espejo y despeinada
    con la flor del pelo marchita.

    Tras la romería finalizada,
    con la vista ya caída
    y la voz un poco quebrada;
    lloraba con desconsuelo
    porque otro año aguardaba,
    para hacer un camino nuevo
    por mi Señora Valme amparada.

    Pero hoy quiero reconocerte
    que en todo este año pasado
    la vida me ha sido clemente.

    Aunque Valmes pasados añoro
    aún me queda agradecerte,
    que hace un año que no lloro
    y que este Valme vuelvo a verte.

  • 1987. “Orgulloso de estar aquí en bronce y en espíritu”

    1703Don Juan Carlos descubre, en esta instantánea, la lápida del monumento, en la que pudo leer lo siguiente: “El Excmo. Ayuntamiento  de Dos Hermanas a Su Majestad Don Juan Carlos I en el X aniversario de su proclamación como Rey de España”. Un momento antes, el Rey se dirigió a los nazarenos desde el balcón del Ayuntamiento. “Es como si me fijarais en bronce y espíritu entre vosotros”, dijo. “Os pido que, de vez en cuando, quizá en un momento de vuestras labores (…) penséis que estoy aquí a vuestro lado para acompañaros”.