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  • Más difícil todavía

    (Lucas 5,1-11) Después de una noche infructuosa de pesca, llegan los discípulos a la orilla. Jesús estaba predicando y reta a los pescadores a volver a la mar, a ir a aguas más profundas y a comenzar el trabajo echando de nuevo las redes.
    “Nazareno, a ti te ha sentado mal el sol de levante. Mira, estamos ya lavando las redes; nadie sale de día a pescar porque las bancadas de peces huyen de las aguas bajas; y mientras más profundas son las aguas menos probabilidades hay de que la red tropiece con los bancos de pescados”.

    No se entiende bien el porqué pero aquellos pescadores hicieron caso a Jesús, y recogieron tantos peces que casi reventaban la red. Al llegar a tierra Jesús les lanza un reto todavía más difícil, muchísimo más difícil que el de pescar de día mar a dentro. Les propone ser pescadores de hombres: lanzarse al mar del mundo a pescar el bien en el corazón de las personas. Más difícil, mucho más difícil.

    Incomprensiblemente, también, aquellos pescadores, con Pedro a la cabeza, dejaron sus redes y lo siguieron. Y consiguieron cambiar la historia.

    Hoy nos toca a nosotros creer contra toda evidencia que en el corazón de las personas hay bancadas de bondad que han de ver la luz. Hoy nos toca a nosotros creer que la honradez, la valentía y la sinceridad de unos cuantos pueden ser testimonio de un mundo nuevo. Hoy nos toca estar atentos a los signos de los tiempos y descubrir dónde nos llama Jesucristo.

    Hoy te toca a ti responder a su llamada. El primer milagro, recuerda, fue que los pescadores se echaran de nuevo al mar.

     

  • El pescador pescado

    (Marcos 1,14-20) PESCADORES DE hombres es el oficio que Jesús le ofrece a sus discípulos. Todos recordamos sus palabras: “Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres.

    En el Evangelio se dan algunas paradojas curiosas. En el de esta semana tenemos un ejemplo, sólo el que es ‘pescado’ puede convertirse en pescador. No es la única; acordaros de la frase de Juan Bautista: “Ese es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Pues bien, el ‘cordero’ es Dios mismo hecho pastor para llevar al pueblo por caminos de justicia y compasión. Sólo el cordero degollado puede ser pastor.

    Si no te dejas pescar por Jesucristo, no podrás ser pescador de hombres, no serás cristiano como Cristo te pide.

    Dejarse pescar por Jesús es dejarse liberar por las cadenas que nos tienen presos y esclavizados. Quizás es el afán por el dinero, o por quedar bien ante los demás; o tu obsesión por la propia perfección, o el rencor o la envidia que te carcome por dentro, o considerarte siempre el centro de la gravedad del universo. No, no te confundas, no son tus debilidades y pecados los que te impiden ser cristiano, es el no reconocerlas y no dejarte ‘pescar’ y liberar por Él.

    Quién ha experimentado su propia debilidad, su propio y autodestructivo pecado, y la presencia interpelante y liberadora de Cristo, esa persona es la que está capacitada para acercarse con afecto, tender la mano -también encallecida-al hermano, animar constantemente a los otros para que nunca se conformen con lo que impide la felicidad.

    Ser pescador es duro, no te lo oculto; pero, ¿quién renuncia a estrechar la mano de Jesucristo cuanto te la tiende?