El pasado domingo, día 14, el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, hizo entrega de la medalla Pro Ecclesia Hispalense a María Oliva e Ignacio Gómez, feligreses de la Parroquia Nuestra Señora de la Oliva y San José Obrero, de Dos Hermanas.
Oliva ha desempañado por más de 30 años el servicio de sacristana. “Deseosa de ser útil y con una determinación y energía que aún conserva a pesar de sus 80 años cumplidos, María ha estado presente en la toma de posesión de los párrocos asignados, poniéndose siempre a su servicio». Pero no solo ayuda en las celebraciones de la Eucaristía diaria, sino cuidando de ornamentos y atuendos de los sacerdotes.
Por su parte, Gómez, nacido en 1942 y criado en un ambiente de fe, “nunca se ha separado de la Iglesia desde que de niño asistiera como monaguillo en aquellas misas que aún recuerda se celebraban en latín”. El homenajeado se enorgullece de tener el número 2 en el libro de hermanos de la Hermandad de Oración en el Huerto de Dos Hermanas. Desde hace más de dos décadas, Ignacio Gómez se encarga de las catequesis prebautismales y de confirmación. “Su entrega, honestidad, cercanía y prudencia son incuestionables”.
Sobre ambos feligreses, el párroco de Nuestra Señora de la Oliva, Diego Román, ha expresado que “desde la creación de la parroquia en los años 60, han sido ellos quienes han estado siempre al pie del cañón, colaborando mucho en todo lo que se les pide. Por tanto, la entrega de esta Medalla Pro Ecclesia Hispalense por parte de la Archidiócesis de Sevilla supone un estímulo de lo que implica el servicio altruista a la Iglesia y el amor al Señor”.
Román ha agradecido también a monseñor Saiz Meneses la deferencia de entregar la medalla directamente a ambos parroquianos.
El Ayuntamiento de Dos Hermanas procedido a la cesión de una parcela de 3.000 metros cuadrados a la Archidiócesis de Sevilla para la construcción de un complejo parroquial en la zona de expansión de Entrenúcleos.
El pasado jueves, día 29 de junio, monseñor José Ángel Saiz, arzobispo de Sevilla, y Francisco Rodríguez, alcalde de Dos Hermanas, firmaron el acuerdo municipal de cesión de la parcela inicial del proyecto de reparcelación.
Esta parcela se ubica en el entorno del Bulevar Manuel Clavero Arévalo, colindando al sur con la calle Íñigo Afán de Rivera y al este con la calle Braulio Fernández Tejerina. La cesión tiene como condición que el uso previsto deberá cumplirse en el plazo máximo de diez años desde la formalización de esta escritura y deberá mantenerse su destino durante los treinta años siguientes.
Esta nueva parroquia aún no se ha erigido canónicamente y no se ha llevado a cabo la consecuente modificación de los límites parroquiales del arciprestazgo.
Según informó el alcalde en sus perfiles en redes sociales, «Dos Hermanas sigue creciendo fruto de la estrecha colaboración entre instituciones». La zona de expansión de la ciudad, Entrenúcleos, «contará con una iglesia que dé servicio a sus vecinas y vecinos gracias al acuerdo entre el Ayuntamiento y la Archidiócesis de Sevilla». Y es que, «el trabajo conjunto, basado en el entendimiento, es lo que nos permite avanzar en el interés común, desde nuestros respectivos ámbitos, de crecimiento y desarrollo de nuestra ciudad».
La Parroquia de Ntra. Sra. de los Ángeles de Montequinto ha puesto en marcha un proyecto para mejorar la climatización del templo. Era una idea que estaba ahí rondando desde hace tiempo, se informa desde la parroquia, “sobre todo por las altas temperaturas que sufrimos en verano”.
Este proyecto irá intrínsecamente unido al de la colocación de placas fotovoltáicas, de las que se han instalado 30 que están generando energía, que ayudará “a sufragar parte del incremento del coste de la luz por la climatización, además de ayudar en la bajada la factura del resto de necesidades eléctricas de la parroquia”.
El coste total del proyecto, que en esta semana comienza con la colocación de los equipos de climatización, es de 66.000 euros, que se quiere afrontar, por una parte, con los 10.000 euros de ahorro en las cuentas de la parroquia y, por otra, con un préstamo de 45.000 euros, con el aval del Arzobispado. Además de solicitar la subvención por la instalación de placas solares, con los fondos destinados a tal fin.
La parroquia también recurrirá a la ayuda generosa de los fieles, mediante una serie de acciones y campañas. Además de las colectas extraordinarias durante las misas, se ha puesto en marcha la iniciativa Mi Huequito Fresquito. Una “idea simpática que nos hará saber que lo fresquito que podamos estar en el templo será posible por mi aportación simbólica”. Esta se ha fijado en un donativo de 10 euros y los donantes recibirán un detalle simbólico por colaborar con este proyecto para mejorar la climatización.
Además, se ha organizado una rifa de un fin de semana para dos personas en un hotel con pensión completa y una camiseta del Betis o Sevilla, firmada por sus jugadores.
También se pueden hacer donaciones directas mediante transferencia bancaria en La Caixa (ES71 2100 1892 1802 0016 7010) o Banco Santander ( ES84 0075 3215 6306 0027 1468), con el concepto ‘Donativo climatización parroquia’. Otras opción es un BIZUM a 00418, mediante la opción de hacer donativo a ONG.
Hasta bien entrado el siglo XIX, en el interior de las iglesias sólo los miembros del concejo y destacadas familias podían disponer de una silla o espaciosos y cómodos bancos para sentarse durante las misas y ceremonias religiosas. El pueblo llano solía seguir la liturgia de pie, sentados en esterillas en el suelo o en alguno de los pocos bancos, estrechos y pequeños, que a partir del XVII había en el templo. En nuestra ciudad, sólo el concejo de la villa y el señor (luego marqués) de Dos-Hermanas podían tener un banco (también llamado escaño) y silla con cojín propios en la parroquia de Santa María Magdalena.
Con respecto al concejo, la primera noticia que poseemos sobre el banco que poseía en la parroquia se remonta a 1594, cuando se encarga la realización de un escaño o banco de madera al carpintero Francisco de Poza. Dicho escaño se ubicaría en el presbiterio, en el lado de la Epístola. Cada capitular tenía asignado un lugar en el banco (ninguno se sentaba en el lugar que quisiese, ni mucho menos). Así, en 1638, se acordó el lugar que debían ocupar cada uno de los cargos del concejo. De izquierda a derecha: 1º el corregidor de la villa; 2º el alcalde ordinario por el estado noble; 3º el alcalde ordinario por el estado llano; 4º el alguacil mayor o, en su defecto, el alguacil menor; 5º el escribano del concejo; 6º el alférez mayor, o si no está, el menor; 7º los regidores por el estado noble; 8º los regidores perpetuos; 9º los regidores por el estado llano.
En cuanto a la silla con cojín del marqués de Dos-Hermanas, colocada también en el presbiterio, en el lado del Evangelio, su origen se remonta a 1639, cuando el capitán Pedro de Pedrosa adquiere la villa y llega aquí a tomar posesión de la misma. El 27 de marzo de ese año Pedrosa, acompañado por el contador Antonio Sánchez Taybo (representante de la Corona), se personó en «la yglecia perroquial (sic) de Santa María Magdalena de la dicha villa en compañía de los oficiales del dicho Concejo, a los quales el dicho Capitán Pedro de Pedrosa mandó sentar en un banco de respaldo que estaba a // el lado de la Epístola, que dixeron ser el señalado para el dicho Concejo, y el dicho Señor Antonio Sánchez de Taibo tomó por la mano a el dicho Capitán Pedro de Pedrosa e lo subió al Altar Mayor de la dicha iglesia y le sentó en vna silla que estaba al lado del Evangelio, puesta vna almohada de terciopelo a los pies, y el dicho Señor Contador se sentó en otra a el lado de la Epístola y en esta forma estuvieron en todo el tiempo que duró el celebrarse la misa mayor y el sermón que se predicó hasta estar acauado todo». Ese momento marcó, por tanto, el principio del privilegio que permitió a la familia Pedrosa tener en la parroquia nazarena una silla y cojín para oír los oficios.
Curiosamente, en 1686, tras realizar una visita pastoral, el arzobispo don Jaime Palafox ordenó al párroco (en ese momento, el bachiller don Lucas Palacios y Arriola), bajo pena de excomunión, que no permitiera que en la parroquia los fieles colocaran sillas con almohadas, sino que utilizaran los bancos allí existentes. El bachiller procedió sin dilaciones a poner en práctica el mandato del arzobispo y retiró todas las sillas, incluida la de los Pedrosa. Aquella acción del párroco provocó la airada protesta de don Alonso José de Pedrosa y Casaus, I marqués de esta villa, que se había visto privado de su privilegio. Lo que resulta bastante llamativo es el tiempo que tardó el marqués en reaccionar, porque la súplica que envió al arzobispo Palafox haciendo valer su privilegio data de 1689, tres años después de que ocurrieran los hechos. En cualquier caso, la súplica decía que «estando en la posesión de tener silla y almohada en la yglesia de dicha villa de Dos Hermanas, así en el tiempo que sólo era Señor de ella como después de ser título de Castilla; y estando esta posesión fundada legítimamente con los títulos referidos es así que el cura de dicha villa, con el pretexto de una orden general de Vuestra Ylustrísima, no quiere permitir que se ponga la dicha silla y almohada en la dicha yglesia». Por tanto, suplicaba al prelado «se sirba de mandar al dicho cura que no ynpida se me ponga la dicha silla y almohada en la dicha yglesia, según y como asta ora se a puesto». El arzobispo mandó al poco tiempo al cura una misiva en la que le ordenaba «se le permita silla y almohada al Señor Marqués de Dos-Hermanas en la parroquia de dicha villa, inmediata a los bancos del cavildo secular». Tal privilegio del Marqués de Dos-Hermanas concluyó en 1755, siendo titular del marquesado don Vicente José de Pedrosa, tras un pleito que inició el beneficiado de Santa María Magdalena don Gaspar de Pereda Ruiz y Salazar.
También la poderosa familia hidalga de los Rivas tuvo a partir de la década de 1730 un banco propio en la parroquia. Un hermoso y artístico banco que se perdió en la quema de la parroquia de 1936, y del que ya hemos hablado en esta misma publicación en mayo de 2018, y al cual nos remitimos
Desde los primeros años del siglo XVIII (al menos, que tengamos referencias documentales) era costumbre en nuestra villa que durante las grandes solemnidades o con motivo de acontecimientos importantes se iluminase y engalanase la torre de la parroquia de Santa María Magdalena, emulando de esta forma (en la medida de lo posible) y salvando lógicamente las distancias, a la Giralda de Sevilla.
De esta forma, sabemos que en agosto de 1707 se colocaron luminarias en la torre-campanario con motivo del nacimiento del primer hijo del rey Felipe V, el que llegaría a ser Luis I de Borbón (1707-1724), de efímero reinado y más efímera memoria.
Casi un siglo más tarde, entre los gastos menores reseñados en las cuentas de la visita pastoral de 1801, están los que se hicieron para la adquisición de «unas cazolillas que se compraron para las luminarias en la elección de Nuestro Santísimo Padre» el año anterior. Se refiere, claro está, al Papa Pío VII (1800-1823), elegido pontífice en marzo de 1800, y cuyo pontificado estuvo marcado por la alargada sombra de Napoleón Bonaparte. También el 11 de mayo de 1814, con motivo de la celebración de la restitución de Fernando VII como monarca absoluto, tras los continuos repiques de campanas, se colocaron por la noche luminarias en la torre de la iglesia, que fueron vistas desde cualquier punto de la villa.
Ya a finales de esa centuria, en la sesión extraordinaria de 22 de junio de 1886 celebrada por la hermandad de Valme, se acordó engalanar la torre de la parroquia «con las banderas que al efecto se hallaban preparadas y que para más lucimiento y engrandecimiento y pompa para la función se iluminase también la referida torre por la noche, designándose para esta dificultosa faena al hermano don Antonio Ponce, abonándosele por su trabajo lo que fuere de razón por ello». Y once años más tarde, con motivo del nombramiento de la Virgen de Valme como Protectora Celestial de Dos-Hermanas, el 22 de junio de 1897 la torre de la parroquia volvería a lucir «multitud de banderas, apareciendo por la noche profusamente iluminada», según refirió José Alonso Morgado.
Asimismo, se solía engalanar la torre campanario con motivo de las fiestas de Santiago y Santa Ana. Así, en julio de 1910 desde el consistorio se envió una carta al párroco en estos términos: «Habiendo dado comienzo el exorno de la plaza para la celebración de las fiestas que anualmente hay en esta población, le ruego autorice como en años anteriores se ha hecho a que se coloquen banderas en la torre de laparroquia, encareciéndole conteste dando su asentimiento para que por los trabajadores de este municipio se proceda a su colocación».
Pocos días más tarde, en la sesión de 17 de agosto de 1910, el concejal Francisco Hidalgo Oliva manifestó que «habiéndose dado otras veces una gratificación a los trabajadores que colocan las banderas en la torre de la iglesia por la exposición que tienen y no viniendo en las cuentas que se presentan, se extraña de ello, a lo que el Señor Alcalde le contesta que los mismos trabajadores que estaban efectuando el exhorno de la velada se habían prestado a colocarlas por el jornal, por eso no se había hecho gratificación alguna, pero que no se oponía a que se hiciese». Los capitulares acordaron dar facultad al alcalde para que del capítulo de imprevistos se diera la gratificación que viera oportuna.
Sin embargo, esa costumbre de engalanar e iluminar la torre pareció perderse, hasta que en la década de 1920 se decidió retomarla. De esta forma, en julio de 1927 se llegó a iluminar con luz eléctrica la torre con motivo de las fiestas patronales, existiendo testimonio gráfico de ello en la fototeca de la Universidad de Sevilla. Salvo esa excepción, a partir de la década de 1930, apenas se recurrió a esa vieja costumbre de engalanar la torre. Pero en octubre de 1982, con motivo de la visita del Papa San Juan Pablo II a Sevilla, volvieron a colocarse colgaduras en el cuerpo de campanas y banderas (nacional y de Andalucía) en el remate. Aquellas colgaduras llevaban los colores de la Santa Sede (blanco y amarillo) y de la Virgen de Valme (rojo y azul).
Finalmente, en los últimos años se ha engalanado la torre de la parroquia en numerosas ocasiones: 2015, 2018, 2020-2022, instalándose colgaduras (que llevaban los colores tradicionales de la Virgen de Valme) en el cuerpo de campanas de la torre, para celebrar los cultos y romería de la Protectora de la ciudad.
Foto del mes Traemos a esta sección la presente fotografía fechada en la década de 1920, que perteneció a Josefa Peraza Rivas y que muestra a un carretero nazareno junto a su carreta tirada por una pareja de mulos. En este caso transportaba ladrillos. El oficio de carretero, aunque no lo parezca, jugó un papel destacadísimo en la economía nazarena de los siglos XVI al XIX. Muchas de las grandes fortunas de la localidad en esas centurias estaban en manos de carreteros, siendo los Carballido y los López de Mérida las dos principales familias de carreteros que han existido en Dos-Hermanas.
Continuamos con la nómina de los párrocos de Santa María Magdalena, centrándonos en esta ocasión en los últimos curas del siglo XVII.
19 Bachiller Lucas de Palacios y Arriola. Uno de los párrocos de la iglesia de Santa María Magdalena (1678-1691; 1701-1705) y beneficiado de El Copero (1693).
Nació en 1654, siendo hijo de Juan de Palacios (†1693). Por fortuna, conocemos el «cursus honorum» de este presbítero antes de recalar en Dos-Hermanas. Ingresó en el colegio de Santo Tomás de Sevilla, donde estudió Teología, siendo ordenado de corona el 3 de junio de 1667 por el presbítero don Andrés Bravo, de Epístola el 21 de marzo de 1676, de Evangelio el 19 de septiembre de ese mismo año y de grados el día 22 de ese mes por el obispo de Viserta, don Melchor de Escuda.
Asimismo, fue el propio Escuda quien le ordenó de misa el sábado antes de la Dominica de la Pasión, el 3 de abril de 1677. En ese último año llegó a Dos-Hermanas para hacerse cargo de la iglesia parroquial de Santa María Magdalena. Nuestra entonces villa fue, por tanto, su primer destino. En la parroquia estuvo en dos períodos. El primero va desde 1677 hasta 1691, cuando le sucedió el presbítero don Juan Antonio Durán, y el segundo abarcaría los años comprendidos entre 1701 y 1705.
En el informe de la visita pastoral de 1682, se reseñó: «El cura parece buen mozo, se llama don Lucas Palacios, exhibió su título de cura, licencias de confesar y predicar, es teólogo de profesión». En una ocasión se hizo cargo de la escribanía pública nazarena. Fue en junio de 1687, cuando se encontraba ausente de la población el escribano público Francisco José de Arquellada Berrio.
Por otra parte, don Lucas de Palacios ocupó también el cargo de capellán de la capellanía que en el convento sevillano de Nuestra Señora de la Merced fundó María de Avendaño Vilella y, en agosto de 1688, dio poder cumplido a Manuel Bécquer, vecino de Sevilla y caballero de Alcántara, para que en su nombre cobrase un juro de 496 reales anuales perteneciente a la mencionada capellanía e impuesto sobre las alcabalas de Sevilla.
Finalmente, falleció en Dos-Hermanas en julio de 1705, siendo enterrado en el interior de la parroquia nazarena, como era uso y costumbre en aquellas fechas, el 29 de julio. Poco antes había otorgado testamento ante Francisco José de Arquellada Berrio, nombrando albacea testamentario a Tomé de Rivas.
20 Doctor Juan Antonio Durán. Uno de los párrocos de la iglesia de Santa María Magdalena (1691-1696).
Hijo de Juan Durán, había nacido en 1666. Obtuvo el título de bachiller en Moral y tiempo después alcanzaría el grado de doctor. A principios de junio de 1691, vino a Dos-Hermanas para hacerse cargo de la parroquia nazarena en sustitución de don Lucas de Palacios. Y al poco de llegar recibió la visita pastoral del arzobispo don Jaime Palafox, que tuvo lugar en septiembre de 1691. Su mandato fue breve, de apenas cinco años, pues el 4 de enero de 1696 falleció en nuestra villa.
21 Bachiller Francisco de Velasco. Cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1696).
Se hizo cargo de la parroquia de Santa María Magdalena de manera interina (tras la inesperada muerte del doctor Juan Antonio Durán) entre mayo y septiembre de 1696.
22 Francisco de Fuentes Cabrera. Uno de los párrocos de la iglesia de Santa María Magdalena (1696-1701).
El que sería el último párroco del siglo XVII llegó a Dos-Hermanas para hacerse cargo de su parroquia en septiembre de 1696. A él le tocó vivir el cambio dinástico que se dio a la muerte del rey Carlos II «el Hechizado». Marchó de nuestra villa en marzo de 1701.
Foto del mes Fotografía publicada en la Revista de Feria de 1926 y que muestra el llamado «Kiosco de los Pelícanos» (2), estructura efímera rematada en sus cuatro esquinas por curiosas representaciones de pelícanos y construida sobre el tablao de la música de 1916 (1) para las fiestas patronales de 1925. El kiosco sorprendió a propios y extraños al ser la primera vez que algo así se realizaba en Dos-Hermanas.
La Parroquia de Santa María Magdalena reabre al público en su nueva estancia su archivo. Al frente del mismo el templo ha colocado al historiador nazareno Jesús Barbero Rodríguez.
Jesús, doctorando en Historia por la Universidad Pablo de Olavide, se encargará de este archivo, que pone a disposición de investigadores y público en general sus fondos documentales. Por lo que, teniendo en cuenta que hasta bien entrado el siglo XX fue la única parroquia de la ciudad, en ellos queda recogida buena parte de la historia de Dos Hermanas.
El archivo parroquial se encuentra junto a la secretaría de Santa María Magdalena y estará abierto al público los lunes y miércoles, de 18:30 a 20:00 horas. En este momento, debido a la actual situación sanitaria, se atenderá por cita previa.
El cierre del archivo será los días de festivos nacionales, 24 y 31 de diciembre, así como los festivos regionales, las fiestas locales y los meses de julio y agosto. Desde la parroquia se anima a la ciudadanía a que conozca este importante repositorio de la ciudad.
En este archivo, explica Jesús Barbero, se puede encontrar «una documentación muy extensa, desde registros sacramentales (bautizos, matrimonios y entierros), hasta libros de visitas pastorales y de colecturía». Una documentación importante, añade el historiador, «para conocer la historia demográfica y social de la ciudad, y para estudiar la evolución histórica de la parroquia y de las devociones del pueblo». Además de ser especialmente importante como fuente para estudios genealogicos.
Pero, aclara Jesús, «solo se puede consultar la documentación anterior a 1921, con archivos de más de 100 años, datando los documentos más antiguos de 1628.
La Parroquia de Ntra. Sra. de los Ángeles de Montequinto quiere seguir rindiendo homenaje a todas aquellas personas que están en primera línea de fuego en esta pandemia del Coronavirus. Por ello, cada tarde ha acordado la difusión de testimonios de personal sanitario, fuerzas de seguridad, farmacéuticos, responsables de tiendas de alimentación o del servicio de limpieza.
Lo hará cada día, entre las 7:58 y las 20:10 horas, a través de su megafonía, tras el rezo del Padrenuestro. Además de la difusión de testimonios, se seguirá animando a los vecinos y vecinas de la barriada de Montequinto con música. Cada tarde, según explica su párroco, Francisco Javier Nadal Villacreces, «ponemos la canción Resistiré, del Dúo Dinámico, los himnos de España y Andalucía, así como otra canción más».
Todas estas personas que siguen trabajando a pesar del Estado de Alarma decretado por el Gobierno de la Nación y que quieran colaborar con la difusión de testimonios, pueden dejar su mensaje en el teléfono 689422691. «Animando de esta forma a la población a que se sigan quedando en casa», apunta el párroco.
Además, a las 12:00 horas, también se reza el Ángelus por megafonía por algún miembro de la comunidad parroquial, se da lectura a la oración del Papa Francisco para pedir por el fin de la Pandemia y se emite el himno de la Virgen de los Ángeles.
La Parroquia de Montequinto, debido a la queja de algunos vecinos o vecinas, ha solicitado los permisos pertinentes en el Ayuntamiento para poder seguir desarrollando esta actividad. Una iniciativa, explicaba su párroco, que sólo pretende, «pedir, animar y homenajear a aquellos que se están batiendo con tanta generosidad para vencer al COVID-19». Además de generar «un punto de unión entre toda la vecindad, que estos días tiene que hacer un esfuerzo enorme quedándose en su casa, y así animarnos mutuamente».
Aclarando que «no queremos generar ni conflicto, ni enfado en nadie, por lo que entre todos hemos de procurar pacificar los ánimos y que nuestros mensajes sean positivos, optimistas y que de ninguna de las maneras nos faltemos al respeto».
La Parroquia San Juan Pablo II ya está inmersa en la construcción de la última fase de su nuevo complejo parroquial. Ésta contempla la edificación del templo, la capilla del sagrario, donde se celebrará la eucaristía diariamente, un columbario y una zona de almacén. Según ha explicado Adrián J, Ríos, su párroco, la idea es que esta segunda fase se bendiga el día 17 de mayo de 2020.
En total son 1.200 metros construidos, con 1,2 millones de presupuesto, que se suman a los 1.500 ya edificados en la primera fase, con una inversión de 968.000 euros. En esta anterior intervención se levantó la zona administrativa y pastoral, con salón de actos, zona para catequesis, Cáritas y los despachos parroquiales.
Parroquia de 500 metros
Al templo se accederá a través de un patio, que da paso a una galería cubierta. La asamblea de fieles, la zona más amplia del complejo, tendrá aproximadamente 500 metros, con cabida para 450 feligreses. El espacio ha sido diseñado con una altura de ocho metros y del techo estará suspendido un artesonado recubierto de madera, compuesto de vigas longitudinales y transversales en forma de cuadrícula.
La zona del presbiterio, donde se ubica la sede, la pila bautismal y el coro, tendrá iluminación suficiente gracias a la superficie acristalada ubicada en la parte superior, más dos vidrieras laterales de grandes dimensiones que aportarán luz natural al interior del templo.
Cristo de la Vera-Cruz El Cristo de la Vera-Cruz se situará en el centro del presbiterio, fijada la cruz sobre un pedestal sujeto a una pared de mármol blanco.
La capilla del sagrario tendrá una entrada directa desde la galería de acceso que da al patio principal y dispondrá de más de 130 metros para las celebraciones litúrgicas, con una capacidad de 100 personas aproximadamente.
El techo será una bóveda de cañón rebajada y, en la zona del altar, la cubierta tendrá forma de cúpula. La iluminación accederá a través de unas ventanas en forma de arco ubicadas en la fachada oeste y unas vidrieras cuadradas en el lateral norte.
La pared sur que comunica con el templo será un frente compuesto de columnas de madera y cristal alternados, que decorarán e iluminarán la capilla, y será visible desde la asamblea de fieles.
Columbario y almacén
La parroquia San Juan Pablo II ha previsto un columbario para atender la demanda de los fieles, con una superficie próxima a los 60 metros, que dispone de un pequeño altar para la oración. También se construirá un almacén de 50 metros para guardar los enseres propios de las celebraciones litúrgicas y festivas.
Entre la fachada sur del templo y la zona de aparcamientos, se ha dispuesto un patio, de tres metros de anchura y 35 metros de largo, donde se van a ubicar las estatuas de los santos relacionados con la vida parroquial, y también elementos de jardinería.
En los últimos años del siglo XVIII, se hizo más que patente el estado de deterioro del viejo templo gótico-mudéjar de Santa María Magdalena. El inexorable paso del tiempo, pero, sobre todo, las consecuencias del terremoto de Lisboa de 1755, habían hecho mella en los viejos muros de la parroquia nazarena. A esto hay que sumar el hecho de que la parroquia quedaba ya pequeña ante el evidente crecimiento poblacional de la villa (de los poco más de 1.820 habitantes en 1735 se había pasado a los 3.100 habitantes en 1791).
Ya en la visita pastoral de 1728 se puso de manifiesto la estrechez de las naves del templo cuando se expresó que “por cuanto la nave de en medio de esta iglesia es muy estrecha, y poniéndose bancos en ella queda incapaz de poder acomodarse la gente que concurre a oír el Santo Sacrificio de la misa y funciones de iglesia por obrar este inconveniente”. Por si eso no era poco, la iglesia ya no estaba en consonancia con los nuevos gustos estéticos de finales del XVIII, cada vez más alejados del Barroco sevillano. El nuevo estilo neoclásico, mucho más austero y sobrio, iba ganando terreno hasta que terminó por imponerse en los templos que se iban construyendo en esas fechas.
Por todas estas razones, el clero nazareno (formado en aquel momento por el párroco don Alonso Joaquín de Rivas y los presbíteros beneficiados Juan Domingo de Castro, Diego Delgado Rivas, Martín Ruiz Durán) decidió llevar a cabo el proyecto de demolición de la primitiva iglesia y construcción de un nuevo templo más acorde con “los nuevos tiempos”. Punto esencial, imprescindible, era el de la financiación. La de la Magdalena seguía siendo a esas alturas una iglesia pobre, con muy escasos recursos. Si se recurría, de nuevo, a las donaciones de los fieles (como en épocas pasadas) las obras podrían eternizarse, por lo que para sufragar la construcción del nuevo templo el clero nazareno se valió de la única renta eclesiástica importante de la que se podía disponer en nuestra localidad, el diezmo del pan, destinándose la cuarta parte del mismo para aquel fin.
El proyecto de construcción de la nueva iglesia comenzó en septiembre de 1796, cuando Santiago de la Yosa y Francisco del Valle, maestros alarife y carpintero, respectivamente, procedieron al reconocimiento de las obras. A principios de 1797 el clero nazareno elevó a las autoridades eclesiásticas una solicitud en la que se pedía la pertinente autorización para proceder al derribo de la vieja iglesia y la construcción de una nueva, solicitud que fue aprobada el 28 de abril de 1797. Y puesto que se iba a proceder al derribo de la antigua parroquia, para no suspender el culto en la que era la única iglesia de la villa se decidió trasladar de manera provisional (sólo mientras durasen las obras) la parroquialidad a la aneja ermita de Santa Ana, el otro templo que existía en el centro de la población. Dicho traslado fue autorizado por el prior de las ermitas del Arzobispado el 6 de mayo de 1797.
Por otra parte, las obras empezaron en los últimos días del mismo mes de mayo de 1797. Y lo hicieron siguiendo la tradicional costumbre de comenzarlas por la zona de la cabecera o presbiterio, para que pronto pudiera consagrarse esa parte y poder decir misa en ella. Curiosamente, pocos meses después de iniciarse las obras, el 3 de julio de 1797, el párroco y el cura Diego Delgado dieron poder a unos procuradores para que en sus nombres solicitasen al Arzobispado permiso para que “se agrande la iglesia de la dicha Santa María Magdalena de esta villa (para) que quepan todos los fieles que hay en dicha villa”. No deja de ser llamativo el hecho de que se pida licencia una vez que ya habían comenzado las obras.
Las obras se toparon con diversos problemas. Así, en mayo de 1798, hubo que suspender las obras de la parroquia por falta de dinero. Pero, por fortuna, esta forzosa suspensión apenas duró un mes, pues en junio se retomaron con cierta fuerza. Y para comienzos de 1799 las obras marchaban a buen ritmo, encontrándose la zona del presbiterio y la nave del crucero prácticamente concluidas. Por un testimonio de enero de 1800 sabemos que fueron varios labradores y pelantrines de la villa quienes costearon la nave del crucero de la parroquia. Por desgracia, en el testimonio se omiten los nombres de los benefactores, aunque, con toda seguridad, debieron ser, entre otros, José Rubio Barbero, Agustín Varela ‘el Menor’ y los hermanos Manuel y Eustaquio de Quesada. Las obras siguieron en 1802 y parecían eternizarse. Y un año más tarde, se quiso dar el último empuje a las obras. Había que terminarlas como fuese.
Pero para ello hacía falta algo esencial que escaseaba: dinero. Se pensó en organizar unas corridas de novillos con el fin de recaudar la cantidad necesaria, y, afortunadamente, se consiguió la licencia del Rey, indispensable para llevar a cabo festejos de ese tipo. Sin embargo, aquellas corridas no reportaron el dinero necesario, por lo que el consistorio decidió volver a pedir permiso para celebrar otras más, que fue concedido. Para finales de 1803, se había recogido la cantidad necesaria y se pudo concluir la parroquia, que fue inaugurada de manera oficial el 9-10 de enero de 1804 con dos medias funciones costeadas una por la Hermandad Sacramental y otra por la Hermandad de Señora Santa Ana. Pero no será hasta 1808, cuando se certificó la conclusión del grueso de las obras. Dos-Hermanas tenía, al fin, una nueva parroquia acorde con los nuevos tiempos.
Foto del mes Esta interesante fotografía, perteneciente a la colección de las hermanas Pepi y María Jesús Rivero, muestra a unos trabajadores (principalmente, toneleros) en el patio principal de la hacienda de los Molinos de Maestre en los primeros años del siglo XX.
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