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  • Los párrocos de Sta. María Magdalena en el siglo XX (y III)

    Los párrocos de Sta. María Magdalena en el siglo XX (y III)

    Seguimos con la nómina de los párrocos de la iglesia de Santa María Magdalena de nuestra ciudad, en esta ocasión con dos sacerdotes que jugaron un papel destacado en los años centrales de la pasada centuria.

    41 JOSÉ RUIZ MANTERO. Cura párroco de la iglesia de Santa María Magdalena [1951-1957].

    Nació en Zalamea la Real (Huelva) el 17 de junio de 1912. Ingresó en el Seminario de San Telmo de la capital hispalense en 1925 y fue ordenado sacerdote el 12 de marzo de 1939. Curiosamente, cuando estalla la Guerra Civil, fue movilizado con el grado de alférez. Del frente se incorporó a la unidad de abastecimiento de víveres y en febrero de 1938 se le concedió un permiso indefinido para predisponer su consagración sacerdotal. A partir de ahí, fue administrativo en la Inspección Eclesiástica Castrense del Ejército del Sur (1938-1939), y después como párroco en la parroquia de San Joaquín de El Puerto de Santa María (desde 1939), en Sanlúcar de Guadiana, El Granado, Alcoutín (Portugal), Trigueros (1942-1950) y Cartaya (1950-1951). Nombrado párroco de la iglesia de Santa María Magdalena de Dos-Hermanas por el cardenal don Pedro Segura Sáenz, tomó posesión de su cargo el 14 de julio de 1951, como uno de los párrocos de su historia.

    Durante su fructífero mandato continuó la reorganización de la «Acción Católica», construyó Escuelas Parroquiales, creó una emisora de radio parroquial, la Escolanía «Virgen de Valme», el Semanario Adelante y fundó dos hermandades, que aún siguen, la de la Amargura (1952) y la de la Borriquita (1953). Dejó una profunda huella en el pueblo por su carácter afable y su ayuda a los pobres y necesitados. En julio de 1957 ganó por oposición la plaza de párroco en propiedad en la parroquia del Sagrario de Sevilla donde estuvo hasta 1988, en que pasa a ser párroco emérito. En sus años como párroco de esa iglesia sevillana tuvo que afrontar numerosos asuntos relevantes, como por ejemplo la propia restauración del templo, que se reabrió al culto en octubre de 1968. Mandó restaurar el órgano neoclásico de esa iglesia e impulsó la tradición del Nacimiento navideño en Sevilla. Fue también capellán de la Residencia «Tartessos», regida por las Religiosas Angélicas en la plaza de Molviedro. Asimismo, durante su estancia en la capital hispalense fomentó innumerables asociaciones como la asociación de vecinos «Torre del Oro» del barrio del Arenal. En 1997 fue nombrado Canónigo Honorario de la Catedral sevillana. Falleció en la antes referida residencia de Sevilla el 11 de julio de 2001.

    42 JOSÉ MARÍA BALLESTEROS BORNES. Cura párroco de la iglesia de Santa María Magdalena [1957-1973].

    Nació el 12 de enero de 1929 en Las Cabezas de San Juan (Sevilla), siendo ordenado sacerdote el 31 de mayo de 1952 durante el Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona. Cuatro años más tarde era prefecto del Seminario Conciliar. Tomó posesión como cura propio de la parroquia nazarena el 14 de julio de 1957, después de ganar la plaza mediante oposiciones, sumándose a la nómina de los párrocos en el siglo XX.

    Había cursado dos años de estudios superiores de Filosofía y tres de Teología. Durante su ministerio tuvo lugar la erección de las primeras parroquias nazarenas (Nuestra Señora del Rocío, Nuestra Señora de la Oliva, San Sebastián y Nuestra Señora del Amparo), segregadas de la iglesia de Santa María Magdalena. Cursó estudios de licenciatura de Teología en la ciudad de Roma. Obtuvo para el sacristán Francisco López García Frasquito, la medalla «Pro Ecclesia et Pontifice». Estuvo presente en la ceremonia de Coronación Canónica de la imagen de Nuestra Señora de Valme el 23 de junio de 1973. En ese mismo año fue trasladado a la parroquia de San Román y Santa Catalina de Sevilla. Asimismo, fue nombrado vicario episcopal de la zona Sevilla 1 (centro) y abad de la Universidad de Señores Curas Párrocos de Sevilla. En aquel destino permaneció hasta 1985 en que fue nombrado párroco de Nuestra Señora de los Remedios. Fue rector de la iglesia de los Terceros y canónigo de la catedral de Sevilla. Falleció en la capital hispalense el 22 de abril de 2015.

    Foto del Mes
    Esta histórica fotografía fue tomada hacia 1925 y muestra el aspecto que presentaba por entonces el desaparecido retablo mayor de la capilla de San Sebastián. Retablo que fue retocado tras las obras de reforma de aquel templo de 1911-1912, no descartándose que fuera anterior a esas fechas. En la hornacina central se encontraba la imagen del Santo Cristo de la Vera-Cruz, magnífica obra de mediados del siglo XVI, que todavía hoy preside el retablo mayor de dicha capilla. En el lado del Evangelio, la talla de María Santísima del Mayor Dolor, adquirida por la Hermandad de la Vera-Cruz en 1921. Y en la hornacina del lado de la Epístola, vemos a la imagen de San Juan Evangelista, donada a la referida hermandad por el sacerdote Francisco Lara Araujo. En el ático del retablo se distingue la imagen de San Sebastián, titular del templo.

  • Los párrocos de Sta. María Magdalena en el siglo XX (II)

    Los párrocos de Sta. María Magdalena en el siglo XX (II)

    Retomamos la nómina de párrocos de la iglesia de Santa María Magdalena de nuestra ciudad, ahora centrándonos en los años centrales de la pasada centuria.

    39 DOCTOR MANUEL GARCÍA MARTÍN. Cura párroco de la iglesia de Santa María Magdalena [1926-1950].

    Nació en la localidad sevillana de Montellano en 1855. Doctor en Teología, por Real Orden de 9 de junio de 1926 (a propuesta del cardenal Eustaquio Ilundáin) fue nombrado uno de los párrocos propios de la iglesia de Santa María Magdalena. Pronto puso interés por remediar los problemas que afectaban a la villa.

    Así, en 1930, formó parte de una comisión presidida por el alcalde Fernando Rivas, que tenía como objetivo gestionar la reapertura de la fábrica de tejidos de yute, cerrada desde el grave incendio de 1927. Como párroco le tocó vivir los difíciles años de la República y la quema de la parroquia en julio de 1936, impulsando el proyecto de reconstrucción del templo.

    Por esas fechas, su salud estaba algo resentida, por lo que el 6 de septiembre de 1937 pidió licencia para ausentarse de la parroquia durante cincuenta días, «para descansar, por prescripción facultativa».

    Aquellos días los pasó en la localidad abulense de Arenas de San Pedro, junto a unos familiares, haciéndose cargo de la parroquia el coadjutor don Emilio Álvarez.

    Asimismo, su figura estuvo envuelta en alguna que otra polémica, sobre todo relacionada con el conocido «Almacén del Cura», almacén de aceitunas que, según parece, él mismo adquirió, ubicado en la calle Luis de Ybarra (actual avenida de Andalucía).

    Vivió en la casa rectoral y en el número 26 de la calle Antonia Díaz. Falleció el 12 de septiembre de 1950, siendo enterrado en el cementerio de San Pedro de esta villa. Justo siete años más tarde, la hermandad de Valme, a propuesta de un hermano cuya identidad se ocultó bajo el nombre de «Gonzalo Nazareno», acordó gestionar el traslado de los restos del antiguo párroco desde el camposanto nazareno hasta la capilla de San José de la iglesia de Santa María Magdalena.

    Sin embargo, dicho traslado no se verificó hasta el 18 de marzo de 1981, siendo párroco don Valeriano Carrero.

    40 JOSÉ TOSCANO GARCÍA. Cura párroco de la iglesia de Santa María Magdalena [1950-1951]

    Nacido en Dos-Hermanas el 7 de enero de 1874, era el primero de los diez hijos habidos en el matrimonio formado por los nazarenos Agustín López Rivas (1846-1898), que llegó a ser concejal en el consistorio nazareno, y de Dolores Doval Cózar (1847-¿?).

    Tuvo cinco hermanos que terminaron viviendo en nuestra ciudad: Amalia (1843-1915), José María (1854-1915), el presbítero don Sebastián (1861-¿?), Francisco (1865-¿?) y Mateo Romero Montes (1869-¿?). Llegó a Dos-Hermanas a principios de 1886, para ocupar el cargo de cura ecónomo de la parroquia. Andado el tiempo, residiría en la casa rectoral, que entonces ocupaba el número 3 de la calle Conde de Ibarra (Real de Utrera).

    Su padre pertenecía a una destacada familia de la villa, los Varela, que ocupó la alcaldía de la villa en varias ocasiones en el siglo XIX. El 7 de octubre de 1900 cantó su primera misa en la iglesia de Santa María Magdalena, interviniendo en esa celebración el presbítero nazareno don Rafael Rodríguez García. Antes de recalar en nuestra villa fue teniente de cura y coadjutor de la parroquia de San Nicolás de Sevilla (1900-1911). Durante su estancia en la capital, residió en el número 21 de la calle Puerta de la Carne, con sus hermanos María, Adela y José López Doval. Después fue coadjutor de la iglesia de la Magdalena de Dos-Hermanas (1911-1920) y, a la muerte de don Antonio Romero Montes, se hizo cargo de la parroquia nazarena (1920-1926). Tras su paso por Dos-Hermanas, fue párroco de Villanueva del Ariscal (1926-1936) y párroco de Santiago el Mayor de Utrera (1936-1953), además de arcipreste de esa última ciudad. Allí celebraría sus bodas de oro sacerdotales con una misa el 7 de octubre de 1950, participando en la misma el doctor Francisco Javier Alert Solá, canónigo magistral de la Catedral de Sevilla. Finalmente, falleció en Utrera el 12 de abril de 1953.

    Foto del Mes
    Curiosa fotografía tomada en los años finales de la década de 1950 y que muestra el aspecto que presentaba la entonces llamada «Cruz de los Caídos» (hoy «Cruz de la Fraternidad»).
    Realizada en 1938, dentro del proyecto de reforma y reorganización de la principal plaza de la población, en pleno de 26 de diciembre de 1979 se acordó, entre otras cosas, eliminar la simbología franquista y las lápidas con los nombres de los caídos en la guerra del bando nacional. Al mismo tiempo, se añadieron otras lápidas elaboradas en el taller del marmolista Espada, con poemas de Miguel Hernández, Antonio Machado y Vicente Aleixandre. Tras esta remodelación, el monumento volvió a ser inaugurado en octubre de 1983. En el lugar del edificio que se ve al fondo, estuvo a mediados del siglo XIX la taberna de Juan Miguel Rubio-Barbero, una de las tabernas más importantes del pueblo en aquella centuria.

  • El siglo XX y los párrocos de Sta. María Magdalena

    El siglo XX y los párrocos de Sta. María Magdalena

    Regresamos con la nómina de párrocos de la iglesia de Santa María Magdalena, centrándonos en esta ocasión en los del primer tercio del siglo XX.

    37 DOCTOR ANTONIO ROMERO MONTES. Cura párroco de la iglesia de Santa María Magdalena [1890-1920].

    Natural de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), donde nació en 1856, era hijo del labrador Sebastián Romero Rodríguez (1828-¿?), de oficio arrumbador, y de María de las Mercedes Montes Ibáñez (†1887), enterrada esta última en la capilla de San Sebastián, a los pies del retablo mayor. Fue prelado doméstico de Su Santidad, misionero apostólico y doctor en Sagrada Teología.

    Tuvo cinco hermanos que terminaron viviendo en nuestra ciudad: Amalia (1843-1915), José María (1854-1915), el presbítero don Sebastián (1861-¿?), Francisco (1865-¿?) y Mateo Romero Montes (1869-¿?). Llegó a Dos-Hermanas a principios de 1886, para ocupar el cargo de cura ecónomo de la parroquia. Andado el tiempo, residiría en la casa rectoral, que entonces ocupaba el número 3 de la calle Conde de Ibarra (Real de Utrera).

    De ideas tradicionalistas, formó parte del Partido Integrista de Dos-Hermanas a fines del siglo XIX y fomentó la reorganización de las viejas hermandades nazarenas y la creación de nuevas. En febrero de 1890, es nombrado cura párroco de Santa María Magdalena y, a partir de entonces, emprendió una serie de actuaciones con idea de mejorar el edificio. A mediados de 1897, consiguió el doctorado en la abadía del Sacromonte de Granada. Asimismo, protagonizó varias polémicas, alguna de las cuales apareció en la prensa de la época. Así, en el periódico EL MOTÍN, publicado el 15 de septiembre de 1910 se reseñó lo siguiente: «En Dos-Hermanas, el padre cura D. Antonio Romero Montes, ha saldado una cuenta disparando al deudor un tiro en la cabeza. El cura es un viejo usurero. Prestó a réditos usurarios una cantidad a su convecino, un pobre hombre. Este fue a decirle que no podía abonarle un plazo. Se enfadó el padre de almas, gritó, insultó, y, sacando un revólver, disparó. El herido está grave. La Guardia civil ha tenido que proteger al criminal de las justas iras del pueblo. – M. ¿Qué tal ese despreciador de los bienes terrenales? Que le vayan con lo de «perdónanos nuestras deudas». Si sólo por pedirle un plazo para pagarle la que con él tenía, ha andado a tiros con ese infeliz, ¿qué no hubiera hecho si llega a decirle que no se la paga? Lo asesina tres o cuatro veces. ¿En qué escuela sin Dios habrá aprendido que el único Dios en la Tierra es el dinero, y que debe exterminarse al prójimo, yasea para adquirirlo, ya para recuperarlo? Es un tipo presidiable / el que vive de la usura; / pero si además es cura, / ¡fusilable, fusilable! …». De todas formas, hay que tener cierto cuidado con dar veracidad a este hecho que se relata en la noticia, dada la ideología republicana y abiertamente anticlerical del rotativo.

    Polémicas aparte, en los primeros años del siglo XX inició la construcción del actual cementerio de San Pedro, aunque al poco cedió tal iniciativa al Ayuntamiento nazareno, y en 1892 creó el Centro Obrero Católico de Dos-Hermanas, siguiendo las enseñanzas del Papa León XIII (en especial la famosa encíclica Rerum Novarum). Sin embargo, esta asociación tuvo muy poco calado entre la clase obrera nazarena, mucho más predispuesta a las tesis anarcosindicalistas. Por otra parte, el 27 de febrero de 1894 se constituyó una Junta Parroquial, presidida por el párroco don Antonio Romero, para organizar una peregrinación a Roma (sufragada con limosnas), para agradecer al referido pontífice la publicación de la antes citada encíclica, «valiente defensa de los derechos de los trabajadores», en palabras de la época. Finalmente, falleció en nuestra villa el 27 de noviembre de 1920 a consecuencia de una arteriosclerosis, según certificado médico expedido por el médico Manuel Calvo Leal.

    38 LICENCIADO MANUEL LÓPEZ DOVAL. Cura ecónomo de la iglesia de Santa María Magdalena [1920-1926]

    Nacido en Dos-Hermanas el 7 de enero de 1874, era el primero de los diez hijos habidos en el matrimonio formado por los nazarenos Agustín López Rivas (1846-1898), que llegó a ser concejal en el consistorio nazareno, y de Dolores Doval Cózar (1847-¿?).

    Tuvo cinco hermanos que terminaron viviendo en nuestra ciudad: Amalia (1843-1915), José María (1854-1915), el presbítero don Sebastián (1861-¿?), Francisco (1865-¿?) y Mateo Romero Montes (1869-¿?). Llegó a Dos-Hermanas a principios de 1886, para ocupar el cargo de cura ecónomo de la parroquia. Andado el tiempo, residiría en la casa rectoral, que entonces ocupaba el número 3 de la calle Conde de Ibarra (Real de Utrera).

    Su padre pertenecía a una destacada familia de la villa, los Varela, que ocupó la alcaldía de la villa en varias ocasiones en el siglo XIX. El 7 de octubre de 1900 cantó su primera misa en la iglesia de Santa María Magdalena, interviniendo en esa celebración el presbítero nazareno don Rafael Rodríguez García. Antes de recalar en nuestra villa fue teniente de cura y coadjutor de la parroquia de San Nicolás de Sevilla (1900-1911). Durante su estancia en la capital, residió en el n.º 21 de la calle Puerta de la Carne, con sus hermanos María, Adela y José López Doval. Después fue coadjutor de la iglesia de la Magdalena de Dos-Hermanas (1911-1920) y, a la muerte de don Antonio Romero Montes, se hizo cargo de la parroquia nazarena (1920-1926). Tras su paso por Dos-Hermanas, fue párroco de Villanueva del Ariscal (1926-1936) y párroco de Santiago el Mayor de Utrera (1936-1953), además de arcipreste de esa última ciudad. Allí celebraría sus bodas de oro sacerdotales con una misa el 7 de octubre de 1950, participando en la misma el doctor Francisco Javier Alert Solá, canónigo magistral de la Catedral de Sevilla. Finalmente, falleció en Utrera el 12 de abril de 1953.

    Foto del mes
    Esta fotografía pertenece a la Fototeca de la Biblioteca Municipal y data de mediados de la década de 1980. En ella vemos la fachada principal de la capilla de Señora Santa Ana, la única que es visible desde el exterior. A la izquierda vemos el testero de la parroquia de Santa María Magdalena, y, a la derecha, el convento de las Dominicas del Santísimo Sacramento.
    Podemos apreciar ahí una puerta que hoy ya no existe, pues fue tapada y sustituida por otra que se abrió donde vemos la ventana del fondo. Tampoco se conserva en ese lugar el azulejo que representa a Santo Domingo y que se encontraba sobre la referida puerta. También es llamativa la ausencia de la cruz que remataba la espadaña de la capilla.

  • La segunda mitad del siglo XIX y los párrocos de Sta. María Magdalena

    La segunda mitad del siglo XIX y los párrocos de Sta. María Magdalena

    Volvemos con la amplia nómina de párrocos de la iglesia de Santa María Magdalena, esta vez con los sacerdotes de la segunda mitad del XIX.

    30 ANTONIO RUIZ QUIRÓS. Cura beneficiado ecónomo de la iglesia de Santa María Magdalena [1854-1855].

    Nació en la villa de Utrera en 1825, siendo hijo de Antonio Ruiz y de Isabel Quirós. Este sacerdote estaba presente en la parroquia nazarena ya en 1852, siendo entonces cura beneficiado. Cuando fallece don José María Asencio, Ruiz Quirós se hizo cargo de la iglesia de la Magdalena de manera interina. Tras su paso por Dos-Hermanas, fue párroco de San Julián en Sevilla (1873-1877), ciudad donde fallecería en febrero de 1892.

    31 JUAN RAMÓN RAMÍREZ DE ARELLANO. Cura de la iglesia de Santa María Magdalena [1855-1856].

    Antes de su llegada a Dos-Hermanas, fue religioso del monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce. Pero tras la desamortización de Mendizábal (1836-1837) fue exclaustrado, pasando a ser párroco, primero, de la iglesia de Santa María la Blanca de Los Palacios y Villafranca (1844-1850) y, después, de la parroquia de Nuestra Señora de la Granada de Guillena (1851 y 1854). Llegó a la parroquia nazarena el 25 de febrero de 1855. En Dos-Hermanas permaneció poco tiempo, pues en 1856 marchó, sin que sepamos cuál fue su nuevo destino.

    32 BACHILLER ANTONIO DE JESÚS CARMONA GUZMÁN. Cura propio de la iglesia de Santa María Magdalena [1856-1862].

    Llegó a Dos-Hermanas en octubre de 1856 para hacerse cargo de la parroquia nazarena. Durante su mandato tuvieron lugar varios hechos destacados. Por una parte, la visita de los infantes-duques de Montpensier el 1º de mayo de 1857, siendo él el encargado de recibirlos a las puertas de la parroquia de Santa María Magdalena. Y, por otra, la restauración del templo parroquial y la edificación de la capilla de Ánimas, gracias a la colaboración de los hermanos Goyeneta. Marchó de Dos-Hermanas en julio de 1862, y en 1877-1878 lo vemos como párroco de la villa de Lucena del Puerto (Huelva). Asimismo, fue autor de una colección de libritos titulada «La Perla Cristiana».

    33 DOCTOR JOSÉ MARÍA OJEDA Y CRESPO. Cura ecónomo de la iglesia de Santa María Magdalena [1862-1864]

    Doctor en Teología y examinador sinodial de las diócesis de Sevilla, Granada, Córdoba, Málaga y Orihuela, fue también cura propio por oposición de Cañete la Real (Málaga). Llegó a Dos-Hermanas para regir los destinos de su parroquia en agosto de 1862, y estuvo al frente de la misma tan sólo dos años.

    34 JOSÉ LARA. Cura y beneficiado de la iglesia de Santa María Magdalena [1865-1866].

    Estuvo muy poco tiempo rigiendo los destinos de la parroquia de Santa María Magdalena, no reseñándose ningún hecho destacable durante su curato. Falleció en Dos-Hermanas en 1866.

    35 FRANCISCO ÁLVAREZ GARCÍA. Cura y beneficiado propio de la iglesia de Santa María Magdalena [1866-1870].

    Natural de Constantina (Sevilla), llegó a Dos-Hermanas en torno a 1860, siendo promovido para esta parroquia en noviembre de 1865. Consiguió ser nombrado párroco el 3 de febrero del año siguiente, tocándole vivir los acontecimientos de la revolución de septiembre de 1868. Durante su mandato tuvo lugar la llegada definitiva de la imagen de la Virgen de Valme a Dos-Hermanas en enero de 1869. Tiempo después, a principios de 1870 marchó de Dos-Hermanas, sin que sepamos a ciencia cierta las razones de su partida.

    36 ANTONIO RETAMAR RUIZ. Cura de la iglesia de Santa María Magdalena [1872-1885].

    Nació en Mairena del Alcor hacia 1838, perteneciendo al estado secular. El 30 de enero de 1872 fue nombrado cura ecónomo de la parroquia, llegando a Dos-Hermanas en febrero de ese mismo año. En la visita pastoral de 1878 se hace constar el celo pastoral que honraba a este párroco, dedicado a pronunciar pláticas doctrinales, visitar las escuelas públicas, reunirse diariamente con niños y enseñarles la doctrina cristiana con paciencia y sencillez.

    Sin embargo, parece ser que fue un tanto polémico, debido principalmente a sus ideas ultraconservadoras, próximas al carlismo. Estuvo presente en la breve visita que el rey Alfonso XII hizo a Dos-Hermanas en 1877, protagonizando un leve altercado que, por fortuna, no llegó a mayores. El alcalde José Carballido Cotán lo cuenta de esta manera en una carta enviada ese mismo 26 de marzo al Gobernador Civil: «Al pasar por esta [se refiere a la estación] en el día de hoy el tren que conducía a Su Majestad el Rey para esa Capital, el alférez de la Guardia Civil que mandaba la fuerza que le hacía los honores, al ir el párroco de esta villa a unirse a las demás autoridades que se hallaban constituidas en la estación para ofrecerle sus respetos, lo mandó retirarse hacia la espalda, no dejando que pudiese verificarlo».

    Foto del mes
    Traemos a esta sección mensual esta fotografía publicada en el libro de Alberto Millán González Herce «La Alquería. Parque romántico de Dos Hermanas» y que muestra el aspecto que presentaba la Cruz de los Caballeros, del siglo XVII, a principios de la pasada centuria. Como ya tuvimos ocasión de ver (el 23 de enero de 2019), este monumento se encontraba al norte del término municipal nazareno, cerca del antiguo cauce del Guadaíra, y marcaba el lugar donde se produjo un lance entre dos caballeros sevillanos. Incluso, daría nombre a aquel pago. Pero a fines del XIX, fue desmontado y trasladado a la Alquería del Pilar por expresa orden de su propietario, José Lamarque de Novoa. Y allí permaneció hasta la década de 1980 en que nuevamente fue desmantelado y trasladado a una finca particular.

  • El siglo XVIII y los párrocos de Sta. María Magdalena

    El siglo XVIII y los párrocos de Sta. María Magdalena

    Retomamos la nómina de párrocos de la iglesia de Santa María Magdalena con los curas del siglo XVIII, centuria fundamental en el devenir histórico de la parroquia nazarena.

    23 Pedro Fontiveros de Oropesa. Cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1705-1710).

    Ordenado sacerdote en 1701 en Llerena, por don Antonio Álvarez de Acebedo, con dimisorias del arzobispo de Sevilla, sucedió en el curato nazareno al bachiller Palacios. Según testimonios de la época, cumplía muy bien con sus cargos, disfrutaba de mucha paz y tranquilidad, aunque era de capacidad muy limitada y algo porfiado. En 1719, sabemos que se encontraba en la parroquia de San Juan de la villa de Las Cabezas.

    24 Mateo Román. Cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1710-1721).

    Nacido en 1680, realizó estudios de Filosofía y Teología Moral en la ciudad de Sevilla. Fue nombrado párroco de Santa María Magdalena de Dos-Hermanas el 30 de junio de 1710, llegando a nuestra villa unos días más tarde. Según quedó reseñado en algún que otro informe, en sus tareas pastorales se dedicaba hondamente a la explicación de la Doctrina Cristiana, así como a la asistencia al confesionario y al coro.

    25 Alonso José Ruiz. Cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1721-1743).

    Sucedió a don Mateo Román en el curato de la parroquia nazarena en 1721, en el siglo XVIII. Pocos hechos reseñables tuvieron lugar durante su mandato, que, al parecer, transcurrió en la más completa tranquilidad. Fue enterrado en la iglesia de Santa María Magdalena el 20 de agosto de 1743. Previamente había otorgado testamento ante el escribano público de la villa don Alonso Pérez de Arquellada, nombrando albaceas a los presbíteros Francisco José de Rivas y don Gaspar de Pereda, y a su hermana María Ruiz, que también residía en Dos-Hermanas.

    26 Juan Eusebio de Castro. Cura propio de la iglesia de Santa María Magdalena (1743-1769).

    También fue tranquilo el mandato del sucesor de don Alonso José Ruiz. Un solo acontecimiento ensombreció esa tranquilidad: el famoso terremoto de Lisboa que se produjo el día de Todos los Santos de 1755. El 31 de julio de 1769 fue enterrado «con encomienda en la Parroquial de Santa María Magdalena de esta Villa de Dos hermanas, el cuerpo defunto de don Juan Eusebio de Castro, presbítero y cura de esta dicha iglesia». Según se apunta en este registro, no otorgó testamento alguno por carecer de bienes.

    27 Juan Vázquez Soriano y Coronado. Cura propio de la iglesia de Santa María Magdalena (1769-1789).

    Nació en la villa onubense de Cortegana en la primera mitad del siglo XVIII, siendo hijo de Juan Vázquez Soriano y de Juana Romero Miguel, ambos también naturales de esa villa. A nuestra villa llegó en 1769 para hacerse cargo de su parroquia, a la muerte del párroco don Juan Eusebio de Castro. Fue una persona introvertida, muy dado a la lectura e interesado en la Historia, sobre todo de su pueblo natal, pero también de nuestra villa. En una carta que don Juan Vázquez Soriano envió en enero de 1788 a don Nicolás Romero de Guzmán, cura de Cortegana, nos reseña sus aficiones: «[…] Vuestra Merced dirá que quién me ha metido a analista y respondo que no juego a los naipes, ni cazo, ni visito, ni salgo al campo sino rara vez, causa porque he descubierto la locura de leer historias y con esto estoy contento de presente». Dos años antes había padecido unas fiebres tercianas que a punto estuvieron de costarle la vida. Si bien la salvó, aquello minó su salud y en mayo de 1788 volvió a ser delicada. Tanto que el día 10 de ese mes dio poder para testar. Fallecería en 1789.

    Foto del mes
    Traemos una más que curiosa fotografía que fue publicada en la Revista de Feria de 1926 y que muestra la carroza anunciadora de las fiestas patronales del mes de julio. Carroza decorada con flores de papel y tirada por cuatro caballos (aunque aquí solo se intuyen dos). Ellos vestidos a la usanza del XVIII (pelucas incluidas), y ellas con vistosos mantones de Manila. La instantánea está tomada al final de la calle Nuestra Señora de Valme. Vemos al fondo el arco floral colocado a la entrada de la plaza del Arenal, y a la izquierda la casa que hace esquina también con la calle del Canónigo y que aún se conserva.

  • El siglo XVII y los párrocos de Sta. María Magdalena (II)

    El siglo XVII y los párrocos de Sta. María Magdalena (II)

    Continuamos con la nómina de párrocos, centrándonos en esta ocasión en la segunda mitad del siglo XVII.

    14 Licenciado Juan Serrano

    Cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1657-1658). Sucedió en el curato al bachiller don Juan de Poza. Su paso por la parroquia, a donde llegó en marzo de 1657, fue breve y sin apenas qué destacar.

    15 Licenciado Alonso de Guevara

    Cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1658-1672; 1676; 1678). Fue cura párroco de la iglesia de Santa María Magdalena entre 1658 y 1672 y de manera intermitente en 1676 y 1678. Asimismo, durante unos meses de 1662 fue también párroco de la iglesia de Santa María la Blanca de Los Palacios. Falleció en Dos-Hermanas el último día de diciembre de 1679, siendo enterrado en este templo nazareno el primero de enero de 1680. Antes había otorgado testamento ante el escribano público Luis de Rueda Márquez, nombrando albacea testamentario al citado escribano.

    16 Fray Diego de Molina

    Pertenecía a la orden tercera de San Francisco y se hizo cargo de manera interina de la parroquia de Santa María Magdalena hasta la llegada del licenciado Calvo de Illescas.

    17 Licenciado Juan Jiménez Calvo de Illescas

    Cura y beneficiado de la iglesia de Santa María Magdalena (1673-1676). Natural de la villa de Almadén (Ciudad Real), estuvo al frente de la parroquia nazarena apenas tres años, sin darse ningún hecho destacado en su tiempo de curato. En octubre de 1676, los oficiales de la cofradía de la Soledad le nombraron fiscal y contador de las cuentas que se iban a tomar a los mayordomos de aquella hermandad.

    Tras su paso por Dos-Hermanas recaló en la localidad jiennense de Andújar, donde fue presbítero beneficiado, siendo entre 1677 y 1694 procesado por el Santo Oficio de la Inquisición acusado de ser solicitante (clérigo confesor que, amparado en sus vestiduras sacerdotales, solicitaba favores sexuales), alumbrado (hereje de tendencia mística que buscaba contactos con Dios sin la intermediación eclesiástica, por lo que no reconocía la autoridad de los clérigos, ni la del Santo Padre) y partidario de las doctrinas del heresiarca aragonés Miguel de Molinos (1628-1696).

    18 Doctor Francisco José de la Estrella

    Cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1676-1677). Se hizo cargo de la parroquia de manera interina tras la marcha del licenciado Calvo de Illescas, sin que tengamos más datos acerca de su vida y carrera eclesiástica en esta segunda mitad del siglo XVII.

  • El siglo XVII y los párrocos de Santa María Magdalena

    El siglo XVII y los párrocos de Santa María Magdalena

    En la primera mitad del siglo XVII solo hemos documentado la existencia de dos párrocos que pasamos a detallar.

    12 Gabriel de la Cruz

    Cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1620-1625) en el siglo XVII. Desconocemos si fue este presbítero el que sucedió a Rizio en el curato de la villa, aunque es muy probable que así fuera. De todas formas, lo único que sabemos de Gabriel de la Cruz es que llevó a cabo ciertas reformas en la parroquia nazarena. La más destacable, la construcción de la nueva sacristía en un pequeño callejón sin uso que existía entre la parroquia y la capilla de Santa Ana. Asimismo, tuvo serios problemas con la Inquisición, siendo preso el 15 de septiembre de 1623.

    13 Bachiller Juan de Poza Hermosilla

    Cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1625-1657). El que sería el párroco nazareno más importante y destacado del siglo XVII nació en Dos-Hermanas en el último tercio del Quinientos, siendo hijo de Alonso de Poza, procurador de la Real Audiencia de Sevilla, y sobrino de Pedro de Poza (†1590), rico hacendado de Dos-Hermanas. En 1625 sucedió a don Gabriel de la Cruz como párroco de la iglesia de Santa María Magdalena, permaneciendo al frente de la misma hasta su muerte, acaecida como veremos en 1657.

    El Padre Leandro José de Flores, en el apartado que dedicó a Dos-Hermanas en sus «Memorias Históricas de Alcalá de Guadaíra» (1834), dejó recogido lo siguiente sobre este presbítero: «cura de la parroquia, a cuya obra grande concurrió hasta que se concluyó en 1631; y faltándole medios para ello, los buscaba entre los vecinos y hacendados, por lo que le pusieron una lápida con tosca lectura en el primero y segundo arco a la derecha entrando por la iglesia. En el año del contagio de 1649 hallándose solo y abrumado de años, llevaba el Santísimo Viático en el pecho y la cruz pendiente del cuello; se subía en un pollino pequeño, el farol a un lado y al otro el acetre; iba por las calles y al toque de la campanilla se entraba por las casas de los apestados, absolviéndolos y administrando el Viático a los que estaban en disposición: murió en 1657 y fue sepultado en dicha sepultura (se refiere a la perteneciente a la familia Pozas)».

    Fue dueño de un modesto patrimonio, compuesto por unas viñas en la zona de Los Lobillos y una huerta llamada ‘Huerta Nueva’, que lindaba con olivares de Juana Melgarejo y con el camino que conducía a Utrera.

    Dicha huerta fue arrendada por el bachiller Poza a Hernando Martín, cortador de carnes en 1623, y tiempo después, en 1639, a Domingo Álvarez, vecino de esta villa. Aumentó su patrimonio cuando heredó de Francisca Pacheco dos paños de tafetán y un cofrecito de carey y plata, y recibió de los albaceas testamentarios de la citada dama 200 reales que aquella le debía.
    El párroco residía en torno a 1631 en la calle Real, concretamente en la casa hacienda de Diego de Alburquerque, junto a una criada llamada María Lozana y un hijo pequeño de ésta. Asimismo, lo vemos haciéndose cargo de la escribanía pública nazarena en mayo de 1630 y, de nuevo, en 1637, cuando estuvo ausente el escribano titular Sebastián González y no existía en la villa ningún oficial de escribano. En 1628 entró a formar parte de la hermandad de Nuestra Señora de Valme, que es posible que se fundase en ese mismo año.

    A lo largo de su vida sufrió varias enfermedades, algunas de cierta consideración. Así, a mediados de 1638 tal fue la gravedad de una de ellas que otorgó testamento, pero en poco tiempo logró recuperarse. Cuando en 1649 se desató la famosa epidemia de peste, en previsión, otorgó en el mes de mayo un codicilo en el que ordenaba ser enterrado en una sepultura de fábrica y no en la de su familia. Sin embargo, consiguió salir adelante y no sucumbió a la epidemia. Continuó con buena salud hasta 1657.

    En la tarde del 28 de enero de ese año, el bachiller Poza ofició el bautizo de la pequeña Brígida, hija de Juan Luis y de María Ramos, «y por çierto adçidente que le sobrevino a dicho cura, del qual murió, lo firmé yo (se refiere a la partida de bautismo), el licenciado Francisco Rodríguez del Poço, beneficiado». Ese accidente al que alude el beneficiado en la partida de bautismo de Brígida y del que no tenemos más información fue el que acabó con la vida de este importante clérigo nazareno. El primer día de febrero de 1657 se celebró otro bautizo, siendo oficiado por el presbítero Juan de Ocaña, aunque con licencia de Poza, quien fallecería unos días más tarde, siendo enterrado, finalmente, en la sepultura de la familia Poza y no en una de fábrica como él había manifestado en su momento.

  • El reverendo Domingo Real y Juan Riccio, últimos párrocos del Quinientos

    El reverendo Domingo Real y Juan Riccio, últimos párrocos del Quinientos

    El reverendo Domingo Real fue cura de la iglesia de Santa María Magdalena de 1566 a 1590. Al bachiller Zalamea le sustituyó en el curato nazareno este clérigo nacido en la villa pacense de Cabeza la Vaca hacia 1520. Antes de su llegada a Dos-Hermanas, consiguió licencia en 1548 para pasar a las Indias, concretamente a la Nueva España, desconociéndose si finalmente cruzó el Atlántico.

    En los años que estuvo en nuestra villa, también se ganó rápidamente el respeto de los nazarenos. Juana de Amor, por ejemplo, le dio poder cumplido y bastante el 10 de mayo de 1568 para que en su nombre pudiera pedir y tomar los bienes de la legítima que le pertenecían de la herencia de sus padres y que estaban en manos de Juan Camacho, vecino de este lugar y administrador de los referidos bienes. Por su parte, Inés López mandó en su testamento que se entregasen al reverendo Domingo Real siete reales «para que los dé a çiertas personas que soy en cargo y le tengo dichas quien son». Y al no saber escribir pidió a este clérigo (y éste así lo hizo) que firmase en su nombre el testamento. Por otra parte, también vemos a este sacerdote como testigo en numerosas escrituras públicas de 1567.

    En el período de 1576-1578, este reverendo residió en la ciudad de Sevilla, concretamente, en la collación de San Lorenzo, sin que se sepan, por el momento, las razones de su estancia allí. Finalmente, en 1590 abandonó de manera definitiva la villa de Dos-Hermanas, estableciéndose en la capital hispalense. Un año más tarde, el 15 de julio de 1591, el nazareno Francisco Román reconoció a favor de este clérigo un tributo situado sobre una heredad de viñas que compró al labrador Luis Rodríguez. sería la última vez que se le mencionaba en la documentación notarial nazarena.

    Licenciado Juan Riccio (o Rizio)

    El licenciado Juan Riccio fue cura de la iglesia de Santa María Magdalena de 1590 a 1601. Es muy probable que perteneciera a una familia italiana afincada en Sevilla a principios del XVI, los Riccio, a la cual pertenecían los ricos comerciantes Jacome y Esteban Riccio. Tenemos constancia de que ya en 1573 estaba presente en Dos-Hermanas (aparece citado como testigo en el testamento de Juana Pérez, viuda de Pedro Martín, otorgado en octubre de ese año).

    Sin embargo, se hizo cargo de la parroquia nazarena en 1590, tras la definitiva marcha de Domingo Real. Son muy escasas las noticias que poseemos acerca de su vida, y tan sólo hemos podido averiguar que el 22 de mayo de 1596, Juan Rizio, «clérigo presbítero y cura de la yglesia desta villa de Dos hermanas y vezino della», vendió a Benito Toaxos, vecino de esta villa, y a su esposa Catalina de Paz una heredad de viñas y tierra calma de tres aranzadas poco más o menos en el pago de Torremochuela. El precio convenido fue de setenta ducados.

    El último dato que tenemos de este clérigo lo encontramos en marzo 1601, cuando Beatriz de Saavedra, viuda del caballero veinticuatro de Sevilla Cristóbal de Moscoso, lo nombró como su albacea testamentario. A partir de ese momento, no existe en los protocolos notariales nazarenos ninguna noticia más sobre él.

  • Los párrocos de Sta. María Magdalena en el siglo XVI (y II)

    Los párrocos de Sta. María Magdalena en el siglo XVI (y II)

    Continuamos con los párrocos de Dos-Hermanas en el Quinientos.

    6 Bachiller Juan de Herrera

    Uno de estos párrocos fue Bachiller Juan de Herrera, cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1544-1554). Todo apunta a que este sexto párroco del que tenemos constancia nació en la localidad pacense de Herrera del Duque, en el vizcondado de la Puebla de Alcocer, en los primeros años del siglo XVI. La primera vez que lo vemos en la documentación notarial de Dos-Hermanas es en una escritura de venta de una casa y viña otorgada por Juan Sánchez Prieto “el Viejo” el 16 de noviembre de 1544. En ella aparece como uno de los testigos.

    En cualquier caso, debió ganarse pronto el respeto y amistad de los vecinos del lugar, pues, por ejemplo, en 1546 y en abril de 1556, Pedro Martín Arguijuela y María López, respectivamente, lo nombraron como uno de sus albaceas testamentarios. En enero de 1555 el bachiller Herrera dio poder cumplido al bachiller Juan Valderas, “clérigo estante que sois en la dicha ciudad [de Sevilla] que estáis ausente”, para que en su nombre pudiese recibir y cobrar del Colegio de Santa Cruz de Valladolid el dinero que le perteneciera “del salario que se me debe del año pasado de mill e quinientos e cincuenta e quatro años [por razón del servicio] del benefiçio que he de haber en la yglesia deste dicho lugar”. Un año antes (1554) había dejado el curato de la iglesia de Santa María Magdalena en manos del licenciado Diego Guillén. Por otra parte, entre los bienes que adquirió este sacerdote en el término municipal nazareno se encontraban unas tierras de tres aranzadas de extensión ubicadas en el pago de la Venta Bermeja y un pedazo de viña en el pago de las Matas de Adentro. La última noticia que poseemos del bachiller Herrera la encontramos en 1558.

    El 30 de octubre de ese año dio poder cumplido y bastante a su sobrino Pedro de Herrera para todos los pleitos que tuviese en la ciudad de Sevilla. A partir de ese momento dejamos de tener noticias de este sacerdote, si bien es cierto que por una escritura de traspaso otorgada por Cristóbal Gordón en 1568 sabemos que para fecha ya había fallecido.

    7 Licenciado Diego Guillén

    En este listado de párrocos se encuentra el Licenciado Diego Guillén, cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1554-1559). Llegó en 1554 a Dos-Hermanas para hacerse cargo del curato de la villa. Nacido en Jerez de la Frontera a principios del siglo XVI, ocupó también el cargo de fiel de los diezmos del pan de Cuartos y Dos-Hermanas en 1557. Poco después de su llegada al entonces lugar de Dos-Hermanas comenzó a adquirir diversos bienes. Así, fue dueño de unas casas en una calle llamada del Rey.

    También tenía otras viviendas en la calle Real “que va hazia Vtrera”. Del mismo modo, junto con Alonso Díaz tuvo en arrendamiento el cortijo del Turuñuelo. Por su carácter y buenas costumbres, pronto se ganaría el respeto de los vecinos del lugar. Tanto es así que en 1554 medió en el pleito que siguieron los cofrades de la hermandad de la Santa Vera+Cruz con el hacendado sevillano Hernando de Ayala por el lugar donde debía construirse la futura ermita de San Sebastián, siendo el propio don Diego Guillén el que señaló el sitio en el que había de levantarse la citada ermita y que no es otro que el actual.

    Por otra parte, el caballero sevillano Pedro de Monsalve, lo nombró como uno de sus albaceas testamentarios en febrero de 1559 y, además, le dejó en su testamento 10.000 maravedíes. Sin embargo, Guillén no llegaría a recibir tal donación. Acusado de ser hereje luterano, fue apresado el 29 de septiembre de 1559 y conducido a la cárcel de la Inquisición de Sevilla, en el castillo de San Jorge. Allí compartió celda con el también jerezano Hernán Ruiz Cabeza de Vaca, caballero veinticuatro de Sevilla y pariente del célebre explorador Alvar Núñez Cabeza de Vaca, sobre el que pesaba la misma acusación. En un momento dado entablaron conversación sobre temas relacionados con el luteranismo y pronto desembocó en una fuerte discusión, “y el dicho Diego Guillén le había respondido que mentía y se había levantado de la cama donde estaba sentado y se había venido hacia él [se refiere a Hernán Ruiz] y dando una puñada en la cara, echándole la mano de las barbas, y que el dicho Hernán Ruiz se había abrazado con él y rempuxado sobre el canto de la cama y como el dicho Diego Guillén tenía grillos, había caydo debaxo y porque no se levantase y le matase como era moço y reçio y él [vuelve a referirse a Hernán Ruiz] viejo, había hallado allí un casco de tinajón y le había dado con él tres golpes en la caveça para que le soltase y no con ánimo de quererle matar, sino para defenderse dél”.

    Diego Guillén falleció al poco a consecuencia de esos golpes, y, según manifestaron algunos testigos, confesó antes de morir que había sido luterano. Hernán Ruiz, por su parte, intentó en el proceso que se abrió para esclarecer los hechos convencer a los inquisidores de que la muerte de Guillén había sido “consecuencia de la necesidad de restaurar el honor perdido a causa de la acusación de luteranismo que le había dirigido su compañero de calabozo”. En cualquier caso, la muerte del presbítero don Diego Guillén no puso punto final a su proceso abierto con la Inquisición sevillana. El veredicto fue el de reconciliación y confiscación de todos sus bienes.

    8 Licenciado Salvador Ximénez

    Otro de los párrocos fue Licenciado Salvador Ximénez, cura de la parroquia (1518). Son pocas las noticias que tenemos acerca de este clérigo. Por un lado, el 7 de julio de 1518 sabemos que vendió a Juan Caballero un horno de cal por nueve ducados de oro. También fue dueño de una heredad de viña con bodegas en el término municipal, propiedad que pasó, por donación que hizo este clérigo, a María de Olías, esposa de Toribio Ximénez.

    9 Bachiller Juan de Zalamea

    Cerramos este nuevo repaso de los párrocos con Bachiller Juan de Zalamea, cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1563-1566). Se hizo cargo de la parroquia de la Magdalena tras la marcha del licenciado Ximénez de Dos-Hermanas. Aparece por vez primera en un documento notarial en octubre de 1563, y lo hace actuando como testigo en una escritura de venta de unas casas, otorgada en aquella fecha por Pedro Gil, trabajador y vecino de Sevilla en Triana. Volverá a ser testigo en varias escrituras públicas entre 1563 y 1564. En ese último año vivía en la calle Real.

  • Los párrocos de Sta. María Magdalena en los Siglos XV y XVI

    Los párrocos de Sta. María Magdalena en los Siglos XV y XVI

    Comenzamos una serie de artículos en los que mostraremos de manera cronológica la nómina de los párrocos que han regido la histórica parroquia de Santa María Magdalena a lo largo de sus más de cinco siglos de existencia. Recordemos que es la más antigua de nuestra ciudad y la única hasta bien entrado el siglo XX.

    En esa nómina de párrocos recogemos de manera breve sus datos biográficos más destacados. De esta forma, vamos a continuar la magistral labor que en su momento emprendió el profesor Antonio José López Gutiérrez con los párrocos de este templo.

    1 Vasco Pérez
    Cura de Dos-Hermanas (1493). Se trataría del primer párroco del que tenemos constancia documental, apareciendo como testigo y firmante en una notificación de ese mismo año conservado en el Archivo Histórico de la Nobleza.

    2 Antonio de Alvarado
    Cura de Dos-Hermanas (1498-1499). Lo único que sabemos de este clérigo es que el 11 de abril de 1499 dio a tributo perpetuo a Juan Sánchez de la Santa, vecino de este lugar, «vnas casas que el Señor (Juan de) Monsalue dio a Santa María (Magdalena)».

    3 Pedro Sánchez de Ávila
    Cura de la parroquia (1518). Son pocas las noticias que tenemos acerca de este clérigo. Por un lado, el 7 de julio de 1518 sabemos que vendió a Juan Caballero un horno de cal por nueve ducados de oro. También fue dueño de una heredad de viña con bodegas en el término municipal, propiedad que pasó, por donación que hizo este clérigo, a María de Olías, esposa de Toribio Ximénez.

    4 Juan Rodríguez de León
    Cura de la parroquia (1531-1542). Si bien desconocemos su lugar de nacimiento, sabemos que al poco de establecerse en el entonces lugar de Dos-Hermanas comenzó a adquirir propiedades (ciertas casas y varias tierras en el término nazareno). La primera vez que aparece citado en un documento notarial es como testigo en el testamento de Cristóbal Fernández de la Torre, otorgado el 23 de septiembre de 1531.
    Entre las propiedades que llegó a tener destacan una heredad con casa cubierta de bayuncos en el pago de los Ladrillejos, adquirida a Lucía García ‘La Morena’ por veinte ducados de oro en febrero de 1535, una casa comprada a Leonor Rodríguez ‘La Prieta’, vecina del lugar y viuda de Juan Sánchez Prieto. Un tributo perpetuo de nueve gallinas que existía sobre una casa situada en la calle del Rey, propiedad de Juan Martín del Hierro y Catalina de Mora, y un pinar situado en el pago de Valdesantana, en el término de Dos-Hermanas.
    Del mismo modo, en enero de 1541 Pedro Díaz le dio poder cumplido y bastante para que en su nombre fuera a la villa de Pozuelo y «a todas las çibdades e villas e lugares de todos los Reynos e Señoríos de Sus Magestades» para cobrar lo que se le adeudaba. Tenía un sobrino llamado Pedro Rodríguez de León, que fue clérigo y sacristán de la parroquia nazarena. Tuvo buena fama en el pueblo, y a él acudían en muchas ocasiones los vecinos del lugar en busca de consejo o ayuda. Marchó de Dos-Hermanas en los primeros días de 1542, al ser nombrado cura de la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves de la localidad sevillana de La Rinconada.

    5 Bachiller Melchor de Valdés
    Cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1542-1543). Su paso por la parroquia de Santa María Magdalena fue efímero. Lo único que hemos podido saber de este clérigo es que en julio de ese último año entregó a tributo o censo a Lorenzo Mateos, vecino de El Coronil, dos aranzadas de olivar en el pago denominado El Arenal, término de aquella localidad sevillana.