Etiqueta: paloma
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500 mujeres peregrinaron a Almonte
El pasado fin de semana se desarrolló XXVII Peregrinación andante de mujeres al Rocío. Las 500 mujeres participantes partieron de la aldea en dirección a Almonte, donde se encuentra la Blanca Paloma. -
Salón del Cristina
A mi amigo y compañero Miguel García-Posada recientemente fallecido.
Hay pocos solitarios urbanos en el salón. Muchos estresados circulan alrededor ignorantes de que la paz existe. Las hojas, alborotadas y dispersas, alargan el otoño y tapizan el suelo con una alfombra ocre naturaleza. Desde aquí se avista sobre el hotel Cristina una elevación con vocación de pérgola, una simulación de alero en la terraza, lugar de veladas y de charlas interminables.
Ya en tierra, a modo de ruinas de colonos griegos, nueve columnas dóricas sostienen flores inexistentes. Al otro lado, el metropolitano se ha instalado con fuerza y exactitud por donde en otro tiempo no hubiera sino un arroyo que alegre discurría hacia el Guadalquivir, tal vez sustituido hoy por la rampa con fuente y deslizarse de aguas.
Un par de ciudadanos, de esos de caminar y pensamientos lentos. Una paloma de vetas beige vestida, con sus andares oscilantes ha venido a visitarme. No hay flores sino setos y árboles esperando pacientes el esplendoroso arco iris y la riqueza densa, maciza de juventud y primavera. Un murmullo de motores me separan del río.
Sin salir de los jardines, próximo a la Puerta imaginaria del camino de Jerez, un merendero ofrece a paseantes techo y aposento y el buen divertimento del ir y venir de las gentes. Los faroles son luces de gas que un oficial artesano del gremio de faroleros, ahora invisible, enciende cada noche. Las farolas, más coquetas, lucen una trinidad de ostentosas luminarias.Desde el Palacio de Oriente ha llegado un cortejo principal al hotel Alfonso XIII. Engreído, envanecido, colonial, con música de charlestón, lánguidas poses de clientes y primitiva edición minifaldera de los veinte, entre el ajetreo de personal uniformado casi en militar estilo, abotonados y cubiertos.
Los sargentos cabezones, que en el parque adornan la glorieta de Luisa Fernanda, tienen aquí sus parientes vecinos, jarrones blancos sobre ladrillo limpio como columnas. La paloma, más andariega que voladora, continúa con su deambular cercano, en esta tarde de sol y otoño perezoso, de brisas del río, de peatones periféricos.
Intemporal pervive la vitrina del Coliseo. Sabor a café. El sol inicia su despedida. Desfilan los árboles y por los huecos del ramaje se adivina el palacio con el oficio de políticos al uso. Tiene San Telmo todas las ventanas cerradas, con un aspecto límpido y abandonado.
Colegio de mercaderes, escuela de mareantes, universidad literaria. Acrobáticos célibes de rojo y negro, en un sueño, están saliendo por la puerta de Palos de Moguer en hilera larguísima, trentina y renacentista. Cuatro torres, la verja con flor de lys y el tejado abuhardillado y balconcillos franceses.
Un platanero lanza sus ramas desnudas al cielo en protesta permanente por una Sevilla cuidada y respetada. Simulan las manos altas de indignados que reivindican pacientes el honor y la justeza, la buena gobernanza sin ambages. Otros inclinan sus bellas testas, según sus posiciones.
¿Quién puso hojas muertas sobre el albero para que el caminar fuera musical? ¿Quién el pequeño estanque, gorriones y palomas, serenando las miradas y hablándonos del misterio? ¿Quién las yedras jugando con las palmeras enanas y las malvas?
Por un momento todos los coches han parado, silenciado su ajetreo y desde la capilla del Buen Aire ha sonado el ángelus de la tarde. El Sol se acuesta, la noche nace.
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Salón del Cristina
A mi amigo y compañero Miguel García-Posada recientemente fallecido.
Hay pocos solitarios urbanos en el salón. Muchos estresados circulan alrededor ignorantes de que la paz existe. Las hojas, alborotadas y dispersas, alargan el otoño y tapizan el suelo con una alfombra ocre naturaleza. Desde aquí se avista sobre el hotel Cristina una elevación con vocación de pérgola, una simulación de alero en la terraza, lugar de veladas y de charlas interminables.
Ya en tierra, a modo de ruinas de colonos griegos, nueve columnas dóricas sostienen flores inexistentes. Al otro lado, el metropolitano se ha instalado con fuerza y exactitud por donde en otro tiempo no hubiera sino un arroyo que alegre discurría hacia el Guadalquivir, tal vez sustituido hoy por la rampa con fuente y deslizarse de aguas.
Un par de ciudadanos, de esos de caminar y pensamientos lentos. Una paloma de vetas beige vestida, con sus andares oscilantes ha venido a visitarme. No hay flores sino setos y árboles esperando pacientes el esplendoroso arco iris y la riqueza densa, maciza de juventud y primavera. Un murmullo de motores me separan del río.
Sin salir de los jardines, próximo a la Puerta imaginaria del camino de Jerez, un merendero ofrece a paseantes techo y aposento y el buen divertimento del ir y venir de las gentes. Los faroles son luces de gas que un oficial artesano del gremio de faroleros, ahora invisible, enciende cada noche. Las farolas, más coquetas, lucen una trinidad de ostentosas luminarias.Desde el Palacio de Oriente ha llegado un cortejo principal al hotel Alfonso XIII. Engreído, envanecido, colonial, con música de charlestón, lánguidas poses de clientes y primitiva edición minifaldera de los veinte, entre el ajetreo de personal uniformado casi en militar estilo, abotonados y cubiertos.
Los sargentos cabezones, que en el parque adornan la glorieta de Luisa Fernanda, tienen aquí sus parientes vecinos, jarrones blancos sobre ladrillo limpio como columnas. La paloma, más andariega que voladora, continúa con su deambular cercano, en esta tarde de sol y otoño perezoso, de brisas del río, de peatones periféricos.
Intemporal pervive la vitrina del Coliseo. Sabor a café. El sol inicia su despedida. Desfilan los árboles y por los huecos del ramaje se adivina el palacio con el oficio de políticos al uso. Tiene San Telmo todas las ventanas cerradas, con un aspecto límpido y abandonado.
Colegio de mercaderes, escuela de mareantes, universidad literaria. Acrobáticos célibes de rojo y negro, en un sueño, están saliendo por la puerta de Palos de Moguer en hilera larguísima, trentina y renacentista. Cuatro torres, la verja con flor de lys y el tejado abuhardillado y balconcillos franceses.
Un platanero lanza sus ramas desnudas al cielo en protesta permanente por una Sevilla cuidada y respetada. Simulan las manos altas de indignados que reivindican pacientes el honor y la justeza, la buena gobernanza sin ambages. Otros inclinan sus bellas testas, según sus posiciones.
¿Quién puso hojas muertas sobre el albero para que el caminar fuera musical? ¿Quién el pequeño estanque, gorriones y palomas, serenando las miradas y hablándonos del misterio? ¿Quién las yedras jugando con las palmeras enanas y las malvas?
Por un momento todos los coches han parado, silenciado su ajetreo y desde la capilla del Buen Aire ha sonado el ángelus de la tarde. El Sol se acuesta, la noche nace.
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Salón del Cristina
A mi amigo y compañero Miguel García-Posada recientemente fallecido.
Hay pocos solitarios urbanos en el salón. Muchos estresados circulan alrededor ignorantes de que la paz existe. Las hojas, alborotadas y dispersas, alargan el otoño y tapizan el suelo con una alfombra ocre naturaleza. Desde aquí se avista sobre el hotel Cristina una elevación con vocación de pérgola, una simulación de alero en la terraza, lugar de veladas y de charlas interminables.
Ya en tierra, a modo de ruinas de colonos griegos, nueve columnas dóricas sostienen flores inexistentes. Al otro lado, el metropolitano se ha instalado con fuerza y exactitud por donde en otro tiempo no hubiera sino un arroyo que alegre discurría hacia el Guadalquivir, tal vez sustituido hoy por la rampa con fuente y deslizarse de aguas.
Un par de ciudadanos, de esos de caminar y pensamientos lentos. Una paloma de vetas beige vestida, con sus andares oscilantes ha venido a visitarme. No hay flores sino setos y árboles esperando pacientes el esplendoroso arco iris y la riqueza densa, maciza de juventud y primavera. Un murmullo de motores me separan del río.
Sin salir de los jardines, próximo a la Puerta imaginaria del camino de Jerez, un merendero ofrece a paseantes techo y aposento y el buen divertimento del ir y venir de las gentes. Los faroles son luces de gas que un oficial artesano del gremio de faroleros, ahora invisible, enciende cada noche. Las farolas, más coquetas, lucen una trinidad de ostentosas luminarias.Desde el Palacio de Oriente ha llegado un cortejo principal al hotel Alfonso XIII. Engreído, envanecido, colonial, con música de charlestón, lánguidas poses de clientes y primitiva edición minifaldera de los veinte, entre el ajetreo de personal uniformado casi en militar estilo, abotonados y cubiertos.
Los sargentos cabezones, que en el parque adornan la glorieta de Luisa Fernanda, tienen aquí sus parientes vecinos, jarrones blancos sobre ladrillo limpio como columnas. La paloma, más andariega que voladora, continúa con su deambular cercano, en esta tarde de sol y otoño perezoso, de brisas del río, de peatones periféricos.
Intemporal pervive la vitrina del Coliseo. Sabor a café. El sol inicia su despedida. Desfilan los árboles y por los huecos del ramaje se adivina el palacio con el oficio de políticos al uso. Tiene San Telmo todas las ventanas cerradas, con un aspecto límpido y abandonado.
Colegio de mercaderes, escuela de mareantes, universidad literaria. Acrobáticos célibes de rojo y negro, en un sueño, están saliendo por la puerta de Palos de Moguer en hilera larguísima, trentina y renacentista. Cuatro torres, la verja con flor de lys y el tejado abuhardillado y balconcillos franceses.
Un platanero lanza sus ramas desnudas al cielo en protesta permanente por una Sevilla cuidada y respetada. Simulan las manos altas de indignados que reivindican pacientes el honor y la justeza, la buena gobernanza sin ambages. Otros inclinan sus bellas testas, según sus posiciones.
¿Quién puso hojas muertas sobre el albero para que el caminar fuera musical? ¿Quién el pequeño estanque, gorriones y palomas, serenando las miradas y hablándonos del misterio? ¿Quién las yedras jugando con las palmeras enanas y las malvas?
Por un momento todos los coches han parado, silenciado su ajetreo y desde la capilla del Buen Aire ha sonado el ángelus de la tarde. El Sol se acuesta, la noche nace.
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Pako´s Gym bien vale su peso en dos oros (y en 20 medallas más)
El club nazareno brilla en el Campeonato Nacional de Técnica y FormaEl club Pako´s Gym de Dos Hermanas ha regresado con más peso de la cuenta del Campeonato de España de Técnica y Formas, organizado en las Cabezas de San Juan por la Federación Española de Artes Marciales Coreanas. La culpa de ello lo tiene el total de 22 medallas que los nazarenos han conseguido en la cita deportiva.
Así, los mejores trofeos se conseguieron en las modalidades individuales con especial relavancia a los dos oros, conseguidos por parte del alevín Daniel López y María Ponce, ésta última en la categoría adulto hasta 26 años.
La cuenta de platas (un total de cuatro individuales) viajaron hasta Dos Hermanas de manos de Marina Calderón y David Criado (ambos en Infantil), Paloma Béjar (hasta 26 años) y Eugenio López (hasta 34 años). Asimismo, también se consiguieron platas en las pruebas grupales de tríos y mixtos.
Por su parte, seis bronces se llevaron Marta Costilla, Iván Criado, José A. García, Joaquín Moreno, Francisco Sánchez, David Sánchez, así como la pareja formada por Paloma Béjar y Jesús Piris.
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La juventud ante la Blanca Paloma
La futura Pastoral Juvenil de Dos Hermanas visitó recientemente el santuario de la Virgen del Rocío para presentarle sus inquietudes después de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Una nueva agrupación con perfil ya en Facebook y Tuenti. -
450 romeros peregrinan al Rocío
El pasado fin de semana se celebró la XXXII Peregrinación Andante al Rocío que organiza anualmente la Hermandad de Gran Poder. Unos 450 romeros partieron el pasado viernes, bien temprano, hacia la aldea almonteña en unas jornadas de peregrinación marcadas por las altas temperaturas. Tras dos días de camino y sin incidencias destacadas, los romeros de Gran Poder se postraron ante las plantas de la Blanca Paloma en la mañana del pasado domingo.
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Fe rociera
A lo largo de tantos años de historia del Rocío podemos ver cómo se junta en la aldea cada vez más y más gente, la verdad es que resulta impresionante tantísima masa de gente que se concentra a los pies de la Blanca Paloma y la fe tan grandiosa que va dejando detrás.
Yo, personalmente, me considero creyente y también me gusta el ambiente rociero y esa fe hacia la Virgen almonteña, aunque no he podido nunca hacer el camino al Rocío, cosa que me gustaría mucho.
Escucho por las gentes que van que la Romería es algo maravilloso, me lo imagino y sí señor, tiene que ser maravilloso convivir en hermanadad unos cuantos días. Pero cuando veo la madrugada del lunes que procesiona la Virgen y observo esa barbaridad de gente que llena la ermita, preparados para el salto de la reja, esperando el Simpecado de Almonte no me gusta. Toda esa gente pegándose empujones, apretándose unos contra otros que parece que se van a matar entre ellos, incluso hay veces que se producen peleas por querer coger a la Virgen gente que no son almonteños.
Yo me regunto: ¿es El Rocío una locura masiva de la gente? Si fuera una locura ¿porqué se permite que la gente se exponga hasta el punto de que parece que van a perder la vida? ¿Estará contenta la Virgen del Rocío con la manera de expresarle el cariño toda esa gente que vive la Romería?
Ahí van una serie de cuestiones que en resumidas cuentas nos sirven para reflexionar si el salto de la reja es una demostración de fe hacia la Blanca Paloma o la locura de mucha gente.
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Música en directo en la caseta de Juventud
La caseta de Juventud ofrecerá al público joven todas las tardes y noches de la feria las actuaciones de los grupos con grupos Kafé pa 3, Yerbabuena, Soniquete, Marujito y Paloma.
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Día de la Paz
La paloma de la paz,
y su ramita de olivo:
la imagen que da sentido
al relleno de otro día,
que riega las guarderías
de colgantes, algodones,
frasecitas-colofones,
regalitos compartidos,
el adorno pertinaz,
la paloma de la paz,
y su ramita de olivo.Pero el símbolo es papel.
Y el papel se difumina
cuando el mundo se encamina
a seguir ensangrentado;
sin aprender del pasado;
sin sacar sus consecuencias;
reduciendo la experiencia
—en su afán comprometido—
al discursito locuaz,
la paloma de la paz,
y su ramita de olivo.Y la paz no encuentra el día.
Revolotea en la noche;
en el aire del reproche
a nuestra vil condición:
matarnos en aluvión,
darle pompa a la miseria,
hacer caja —cosa seria—
y adornarlo de un motivo,
alguna mentira audaz,
la paloma de la paz,
y su ramita de olivo.