Etiqueta: palabras

  • En el corazón de un cristiano siempre será Navidad

    1101Emotiva, personal y comprometida exaltación navideña

    La exaltación de Eva María Ramírez se recordará por haber abierto la pregonera sus sentimientos y convicciones más profundas al público presente el pasado sábado en la parroquia de Santa María Magdalena. Eva María presentó un pregón bastante elaborado y rico en sentimientos navideños, en el que sus arraigadas convicciones religiosas marcaron el camino de sus palabras.

    Santa Ana, como la anunciadora de su cometido y la Virgen de la Estrella, tras su espalda en el altar por motivo de la celebración de su 50 aniversario, la arroparon en su labor de anunciar la llegada de la Navidad, utilizando para ello el “Belén de mi niño” para ir hilvanando sus ideas principales. La exaltadora habló de la importancia de la caridad en el cristiano, de la familia cristiana, “que no es cierto que esté en crisis”, de la búsqueda de Dios, de la ilusión y su apuesta por los Reyes Magos, de la defensa de la vida frente al aborto e, incluso algún guiño crítico a la tan anunciada retirada de los crucifijos en las escuelas.

    Pero Eva María tuvo palabras más especiales para el cardenal Carlos Amigo Vallejo, para el recién desaparecido Quito o para “la estrella de mi portal”, la Virgen de la Estrella en el año de su cincuenta aniversario.

  • Pasionaria en el recuerdo

    Se cumplen en estos días veinte años de la muerte de Dolores Ibárruri “Pasionaria”. Veinte años sin la presencia, sin el aliento de una mujer que hizo de su vida, de la lucha por la emancipación de la clase trabajadora, bandera a la que se aferraran miles de hombres y mujeres que vieron en ella, no el icono en que quisieron convertirla, sino la encarnación misma de la esperanza.

    “Quise ser religiosa y terminé renunciando a la fe. Quise ser maestra de niños y me convertí en propagandista política.

    Quise ser feliz y la vida me golpeó en lo más íntimo, en lo más entrañable…”.
    Son palabras de Dolores, palabras de una mujer a la que le fue arrebatado lo que más quería, lo único que realmente era suyo: cuatro de sus seis hijos, a los que tuvo que enterrar cuando apenas comenzaban a andar.

    Palabras duras y amargas que tiñeron su vida de negro luto. Sólo en sus adentros.
    Pasionaria fue ejemplo de entereza. Nunca entendió la vida, esa vida que tanto le golpeó, sino como sinónimo de lucha. Y nadie mejor que ella para saber que la lucha la mayoría de las veces, solo terminaba con la muerte.

    Pasionaria esposa. Pasionaria madre. Pasionaria dirigente política…, pero sobre todo, Pasionaria Mujer. Una mujer en un tiempo en el que por el simple hecho de serlo, a lo más que podía aspirar era a “parir, coser y limpiar”.

    Y Pasionaria parió, Pasionaria cosió, Pasionaria limpió. Pero no quiso, no pudo quedarse ahí. Dolores se rebela. Pasionaria lucha, no contra el hombre que pretende someterla por ser mujer, sino contra la sociedad que les embrutece, que les anula como personas, que les oculta el norte.

    Hombre y mujer son compañeros. Juntos han de cavar la trinchera que frene y termine con el verdadero enemigo: La lucha de clases.  Y lo consigue.
    La palabra de Pasionaria se transforma en clamor. Su voz, coreada por cientos de miles de hombres y mujeres que se ven reflejadas en ella, que sienten como ella que otro mundo es posible, se crece, avanza, se extiende…

    “Fui elegida diputada por el pueblo. Mi lugar es pues, junto al pueblo. Trabajando con el pueblo”. Son palabras de Dolores política. Palabras de Pasionaria para quien su acta de diputada pertenece a los hombres y mujeres que la votaron. La herramienta que tienen en sus manos para intentar paliar el hambre y la miseria que azota a la España de los años treinta.

    Dolores, Pasionaria, deja de pertenecerse a si misma. Su voz es la voz de quienes no tienen voz. Sus manos, las manos de quienes aun queriendo usarlas, no pueden hacerlo.

    Dolores, Pasionaria, esa flor del siglo XX, deja de ser mortal. Dolores, Pasionaria, se transforma en Bandera. Nuestra Bandera.

  • Pasionaria en el recuerdo

    Se cumplen en estos días veinte años de la muerte de Dolores Ibárruri “Pasionaria”. Veinte años sin la presencia, sin el aliento de una mujer que hizo de su vida, de la lucha por la emancipación de la clase trabajadora, bandera a la que se aferraran miles de hombres y mujeres que vieron en ella, no el icono en que quisieron convertirla, sino la encarnación misma de la esperanza.

    “Quise ser religiosa y terminé renunciando a la fe. Quise ser maestra de niños y me convertí en propagandista política.

    Quise ser feliz y la vida me golpeó en lo más íntimo, en lo más entrañable…”.
    Son palabras de Dolores, palabras de una mujer a la que le fue arrebatado lo que más quería, lo único que realmente era suyo: cuatro de sus seis hijos, a los que tuvo que enterrar cuando apenas comenzaban a andar.

    Palabras duras y amargas que tiñeron su vida de negro luto. Sólo en sus adentros.
    Pasionaria fue ejemplo de entereza. Nunca entendió la vida, esa vida que tanto le golpeó, sino como sinónimo de lucha. Y nadie mejor que ella para saber que la lucha la mayoría de las veces, solo terminaba con la muerte.

    Pasionaria esposa. Pasionaria madre. Pasionaria dirigente política…, pero sobre todo, Pasionaria Mujer. Una mujer en un tiempo en el que por el simple hecho de serlo, a lo más que podía aspirar era a “parir, coser y limpiar”.

    Y Pasionaria parió, Pasionaria cosió, Pasionaria limpió. Pero no quiso, no pudo quedarse ahí. Dolores se rebela. Pasionaria lucha, no contra el hombre que pretende someterla por ser mujer, sino contra la sociedad que les embrutece, que les anula como personas, que les oculta el norte.

    Hombre y mujer son compañeros. Juntos han de cavar la trinchera que frene y termine con el verdadero enemigo: La lucha de clases.  Y lo consigue.
    La palabra de Pasionaria se transforma en clamor. Su voz, coreada por cientos de miles de hombres y mujeres que se ven reflejadas en ella, que sienten como ella que otro mundo es posible, se crece, avanza, se extiende…

    “Fui elegida diputada por el pueblo. Mi lugar es pues, junto al pueblo. Trabajando con el pueblo”. Son palabras de Dolores política. Palabras de Pasionaria para quien su acta de diputada pertenece a los hombres y mujeres que la votaron. La herramienta que tienen en sus manos para intentar paliar el hambre y la miseria que azota a la España de los años treinta.

    Dolores, Pasionaria, deja de pertenecerse a si misma. Su voz es la voz de quienes no tienen voz. Sus manos, las manos de quienes aun queriendo usarlas, no pueden hacerlo.

    Dolores, Pasionaria, esa flor del siglo XX, deja de ser mortal. Dolores, Pasionaria, se transforma en Bandera. Nuestra Bandera.

  • Pasionaria en el recuerdo

    Se cumplen en estos días veinte años de la muerte de Dolores Ibárruri “Pasionaria”. Veinte años sin la presencia, sin el aliento de una mujer que hizo de su vida, de la lucha por la emancipación de la clase trabajadora, bandera a la que se aferraran miles de hombres y mujeres que vieron en ella, no el icono en que quisieron convertirla, sino la encarnación misma de la esperanza.

    “Quise ser religiosa y terminé renunciando a la fe. Quise ser maestra de niños y me convertí en propagandista política.

    Quise ser feliz y la vida me golpeó en lo más íntimo, en lo más entrañable…”.
    Son palabras de Dolores, palabras de una mujer a la que le fue arrebatado lo que más quería, lo único que realmente era suyo: cuatro de sus seis hijos, a los que tuvo que enterrar cuando apenas comenzaban a andar.

    Palabras duras y amargas que tiñeron su vida de negro luto. Sólo en sus adentros.
    Pasionaria fue ejemplo de entereza. Nunca entendió la vida, esa vida que tanto le golpeó, sino como sinónimo de lucha. Y nadie mejor que ella para saber que la lucha la mayoría de las veces, solo terminaba con la muerte.

    Pasionaria esposa. Pasionaria madre. Pasionaria dirigente política…, pero sobre todo, Pasionaria Mujer. Una mujer en un tiempo en el que por el simple hecho de serlo, a lo más que podía aspirar era a “parir, coser y limpiar”.

    Y Pasionaria parió, Pasionaria cosió, Pasionaria limpió. Pero no quiso, no pudo quedarse ahí. Dolores se rebela. Pasionaria lucha, no contra el hombre que pretende someterla por ser mujer, sino contra la sociedad que les embrutece, que les anula como personas, que les oculta el norte.

    Hombre y mujer son compañeros. Juntos han de cavar la trinchera que frene y termine con el verdadero enemigo: La lucha de clases.  Y lo consigue.
    La palabra de Pasionaria se transforma en clamor. Su voz, coreada por cientos de miles de hombres y mujeres que se ven reflejadas en ella, que sienten como ella que otro mundo es posible, se crece, avanza, se extiende…

    “Fui elegida diputada por el pueblo. Mi lugar es pues, junto al pueblo. Trabajando con el pueblo”. Son palabras de Dolores política. Palabras de Pasionaria para quien su acta de diputada pertenece a los hombres y mujeres que la votaron. La herramienta que tienen en sus manos para intentar paliar el hambre y la miseria que azota a la España de los años treinta.

    Dolores, Pasionaria, deja de pertenecerse a si misma. Su voz es la voz de quienes no tienen voz. Sus manos, las manos de quienes aun queriendo usarlas, no pueden hacerlo.

    Dolores, Pasionaria, esa flor del siglo XX, deja de ser mortal. Dolores, Pasionaria, se transforma en Bandera. Nuestra Bandera.

  • Mi palabra no pasará

    (Marcos 13, 24-32) Conforme la vida nos curte con años, vamos reconociendo lo limitados y débiles que somos. Por eso, si escucháramos a alguien decir: “Mi palabra no pasará”, pensaríamos que es un adolescente en fase de afirmación personal absoluta o que está loco.

    No sabemos a ciencia cierta si Jesús dijo estas mismas palabras, para qué engañarnos; pero todavía es más increíble que sus discípulos, lejos de la euforia de un encuentro impactante, sin la disculpa de la inmadurez de los pocos años, en una dinámica de reflexión comunitaria lenta y progresiva, la pusieran en sus labios. ¿Cómo experimentaron la presencia de Cristo en sus vidas para que se dijeran: “Pasará el imperio de Roma como pasó el de Alejandro Magno. Pero sus palabras no pasarán”?

    Y es que hay palabras que no deben y no pueden pasar; hay palabras que estamos seguros, desde la fe en un Dios Padre, que no van a pasar.

    Cuando estás abrumado por la vida y sus problemas y escuchas dentro, muy dentro: “Ven bendito de tu Padre a descansar en mi regazo de tantas circunstancias difíciles…” Esas palabras ni han pasado ni pasarán. Cuando ves de cerca el rostro de la injusticia y el sufrimiento del inocente y escuchas casi a flor de piel:

    “Bienaventurados los pobres porque para ellos va a reinar Dios en el mundo”. Esas palabras ni han pasado ni pasarán. Escoge tú, ahora, dos palabras de Cristo que ni han pasado ni van a pasar en tu vida, porque gracias a ellas puedes seguir viviendo en la humildad y en la verdad de saberte débil, pero de saberte también hijo.
    Rvdo. José Joaquín Castellón.

  • Mi palabra no pasará

    (Marcos 13, 24-32) Conforme la vida nos curte con años, vamos reconociendo lo limitados y débiles que somos. Por eso, si escucháramos a alguien decir: “Mi palabra no pasará”, pensaríamos que es un adolescente en fase de afirmación personal absoluta o que está loco.

    No sabemos a ciencia cierta si Jesús dijo estas mismas palabras, para qué engañarnos; pero todavía es más increíble que sus discípulos, lejos de la euforia de un encuentro impactante, sin la disculpa de la inmadurez de los pocos años, en una dinámica de reflexión comunitaria lenta y progresiva, la pusieran en sus labios. ¿Cómo experimentaron la presencia de Cristo en sus vidas para que se dijeran: “Pasará el imperio de Roma como pasó el de Alejandro Magno. Pero sus palabras no pasarán”?

    Y es que hay palabras que no deben y no pueden pasar; hay palabras que estamos seguros, desde la fe en un Dios Padre, que no van a pasar.

    Cuando estás abrumado por la vida y sus problemas y escuchas dentro, muy dentro: “Ven bendito de tu Padre a descansar en mi regazo de tantas circunstancias difíciles…” Esas palabras ni han pasado ni pasarán. Cuando ves de cerca el rostro de la injusticia y el sufrimiento del inocente y escuchas casi a flor de piel:

    “Bienaventurados los pobres porque para ellos va a reinar Dios en el mundo”. Esas palabras ni han pasado ni pasarán. Escoge tú, ahora, dos palabras de Cristo que ni han pasado ni van a pasar en tu vida, porque gracias a ellas puedes seguir viviendo en la humildad y en la verdad de saberte débil, pero de saberte también hijo.
    Rvdo. José Joaquín Castellón.

  • Mi palabra no pasará

    (Marcos 13, 24-32) Conforme la vida nos curte con años, vamos reconociendo lo limitados y débiles que somos. Por eso, si escucháramos a alguien decir: “Mi palabra no pasará”, pensaríamos que es un adolescente en fase de afirmación personal absoluta o que está loco.

    No sabemos a ciencia cierta si Jesús dijo estas mismas palabras, para qué engañarnos; pero todavía es más increíble que sus discípulos, lejos de la euforia de un encuentro impactante, sin la disculpa de la inmadurez de los pocos años, en una dinámica de reflexión comunitaria lenta y progresiva, la pusieran en sus labios. ¿Cómo experimentaron la presencia de Cristo en sus vidas para que se dijeran: “Pasará el imperio de Roma como pasó el de Alejandro Magno. Pero sus palabras no pasarán”?

    Y es que hay palabras que no deben y no pueden pasar; hay palabras que estamos seguros, desde la fe en un Dios Padre, que no van a pasar.

    Cuando estás abrumado por la vida y sus problemas y escuchas dentro, muy dentro: “Ven bendito de tu Padre a descansar en mi regazo de tantas circunstancias difíciles…” Esas palabras ni han pasado ni pasarán. Cuando ves de cerca el rostro de la injusticia y el sufrimiento del inocente y escuchas casi a flor de piel:

    “Bienaventurados los pobres porque para ellos va a reinar Dios en el mundo”. Esas palabras ni han pasado ni pasarán. Escoge tú, ahora, dos palabras de Cristo que ni han pasado ni van a pasar en tu vida, porque gracias a ellas puedes seguir viviendo en la humildad y en la verdad de saberte débil, pero de saberte también hijo.
    Rvdo. José Joaquín Castellón.