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  • Ganó el mejor

    ESTA SEMANA pasada mi país terminó una de las elecciones más controvertidas, costosas y competitivas de la historia. Barack Obama y Mitt Romney pueden ser vistos como negro y blanco, literalmente la noche y el día. Dos Américas diferente que luchan, una progresista y otra conservadora. Pero el mundo necesita cambios, especialmente ahora, en tiempos de desempleo, recesión y crisis.  Estos problemas son más urgentes que nunca tanto como la necesidad de que un líder haga algo al respecto.

    Mi enfoque está en mis derechos, mi libertad y mis oportunidades. Estas tres cosas varían muchos con los dos candidatos. Obama es, según mi opinión, quien mejor vela por las tres, mis derechos y libertades son para mí opciones personales: yo decido qué hacer con mi cuerpo, y quiero tener oportunidades en el mercado de trabajo. Romney tiene una perspectiva limitada. Desde asuntos como los derechos de las mujeres a políticas globales Romney mantuvo una mentalidad común a su nivel social. Esto está claro en su intolerancia hacia los inmigrantes, mujeres y minorías. Obama no solo se ha identificado con estos grupos si no que ya ha trabajando para mejorar su situación. El pasado verano Obama aprobó una nueva ley que permite a los inmigrantes de larga duración permanecer en el país y obtener la ciudadanía, en vez de ser deportados.

    Razones como estas son por las que creo que el candidato mejor ganó las elecciones en los Estados Unidos, una de las más divididas de la historia. Estados Unidos está muy orgulloso de ser uno de los países más progresistas del mundo y yo pienso que es muy importante que tengamos un presidente que comparta esta visión.

    Nuestras políticas son diferentes, pero nuestras necesidades son similares. Los EEUU necesitan avanzar y buscar una ruta de escape a esta recesión. Necesitamos trabajar y que exista un plan para nuestra economía, como ocurre aquí en España. He visto muchas similitudes entre los dos países ahora como tiendas cerradas, casas en venta y jóvenes ocioso.
    Espero que en estos próximo cuatros años ambos países consigan las mejoras que merecen. Para utilizar los lemas de la campaña de Barack Obama, brindemos por “cambiar” y “avanzar” todos nosotros.

     

  • El efecto boomerang

    El boomerang, es un arma primitiva, la cual era utilizada por los aborígenes australianos. Este objeto, en forma de uve abierta, es conocida por su efecto al lanzarlo; ya que, si no impacta en algún cuerpo, vuelve al que lo ha lanzado. Podría decirse que es un arma de doble filo, con lo cual, hay que saber utilizarla.

    En los Estados Unidos, la relación que existe entre las elecciones presidenciales y las legislativas tiene un efecto similar a los movimientos que hace el boomerang, en el que tener un mayor o menor grado de carisma es algo mucho más que influyente. Un candidato con niveles de carisma exacerbados tiene un efecto boomerang mucho más notables, que otro candidato con un grado carismático menos abrumador. Por lo que se debe de tener en cuenta, y aún más en sistemas presidencialistas, la notoriedad del candidato tanto en las elecciones presidenciales como legislativas.

    El martes 2 de noviembre de 2010, el Partido Demócrata no perdía las elecciones porque el Partido Republicano las ganara, sino por el éxito de Barack Obama en las presidenciales de 2008, es decir, lo que arrasó en tales elecciones era una marca, la cual, tenía una fecha de caducidad de dos años. Lo que viene a significar que en las elecciones legislativas la imagen de los líderes se tiene en cuenta muy poco, por no decir nada. Es algo ilusorio que la población que participó en las elecciones de noviembre de 2008, asistiera y votara lo mismo en las de noviembre de 2010, ya que en las de este año la marca y el representante de tal cosa no estaban, ya se había acabado. El ciudadano se siente confuso al ver que la “marca” Obama y su representante no son los candidatos; por lo que el elector se pensará más de dos veces si ir a votar y qué votar. Por consiguiente, lo que existe es una descompensación de confianza. Porque el electorado que votó a Obama no lo va a hacer por el Partido Demócrata.

    Al fin y al cabo, la persona se va a sentir más identificada con el líder de carne y hueso que con el partido, una maquinaria burocrática inmensa alejada del ciudadano.