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  • “Ming chang qiu hao”

    (Marcos 13, 33-37) EN EL periodo de los Reinos Combatientes, el rey Qing Xuan se encontró con un grupo de personas que rodeaban a un buey y al matarife que lo iba a matar. Curioso y expectante encaró al animal desde cierta distancia, y se quedó impresionado por unas lágrimas que de los ojos del buey brotaban. El dolor del rey pasaba de boca en boca ponderando, todos, la humanidad del monarca; también pasaba de boca en boca su capacidad y perspicacia para descubrir algo tan pequeño y a tan gran distancia.

    Meng Zi, el más afamado discípulo de Confucio, habiendo oído este hecho afrontó al monarca, y le dijo: Señor, has adquirido fama de bondadoso, tanto que podrías acoger el sobrenombre de “Justo y misericordioso”. Pero dicen, también, que puedes ver el estambre de una flor a kilómetros y no ver un carro cargado de leña. Y en esto último tienen razón: ¿has visto a distancia la lágrima del ojo del buey y no ves los inmensos sufrimientos de tu propio pueblo que sufre la guerra…? Y esto sí que puedes evitarlo.

    En la primera semana de adviento se nos invitará a estar atento a la presencia de Dios que nos rodea, a sus llamadas que nos invitan a la transformación personal. Pero ten cuidado, no te pase como al rey Qing Xuan, que veas y te entretengas en minucias, y no prestes atención a las más evidentes e importantes. Las personas caemos a veces en ese error y no siempre hay un Meng Zi que nos haga caer en la cuenta.

    ¿Qué carros de leña pasan a tu lado sin que los veas por estar atento, haciéndote el bueno,  a lo que no tiene peso?.

  • 1911. El rey gratifica a un carretero al espantarse sus mulas

    SS.MM. los Reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia vienen con frecuencia en estos días hasta nuestro pueblo. En la tarde de ayer, pasearon en automóvil hasta llegar a Dos Hermanas, cuyo vecindario está muy agradecido por haberle concedido Su Majestad el título de Excelencia a nuestro Ayuntamiento.

    Los nazarenos aclamaron al monarca. Al regreso, se espantaron del automóvil regio las mulas de un carro. El propio rey, para compensarle las molestias sufridas, gratificó al carretero con unas monedas.