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  • Lo mataron a patadas

    Lo mataron a patadas.
    Se ensañaron de bajeza
    anegando de tristeza
    al devenir de su suerte;
    al ocaso de sus días
    tiñendo la romería
    con el color de su muerte.

    Lo mataron a patadas.
    Triste canto a la maldad
    envuelta en brutalidad
    tan despreciable y humana,
    que seca al entendimiento
    qué impregnaba el pensamiento
    del que segó su mañana.

    Lo mataron a patadas.
    Un ser joven ya es historia.
    Un proyecto es hoy memoria
    de su pasado y camino,
    anclándose en su familia
    la añoranza en su vigilia
    hoy estéril de destino.

    Y si a patadas mataron
    será que así malnacieron;
    será que así comprendieron
    la justicia y la moral:
    por eso en este fangal
    de vidas desperdiciadas
    hoy me temo ver en nada
    tanto elogio a la miseria,
    tanto buenismo indecente
    que a tanto muerto inocente
    da la razón…bajo tierra.

     

  • Homenaje a Blas Infante en Dos Hermanas, en el 74 aniversario de su asesinato

    Quiero agradecer a los organizadores de este acto, el que me hayan invitado a participar. Yo, hace mucho tiempo que quería hacerlo fundamentalmente por dos motivos:

    El primero, porque los asesinos de Blas Infante con su muerte, quisieron hacer desaparecer la justicia social y la libertad, el espíritu andalucista que él creo y la reforma agraria que impulso. Tres conceptos políticos que después de 74 años siguen estando vigentes y son absolutamente imprescindibles para el futuro de Andalucía.

    El segundo, es homenajear a la vez, a los cerca de 200 personas asesinadas en Dos Hermanas por las fuerzas franquistas, entre ellos, a mi abuelo José Manuel Cesto González, secuestrado en su propia casa y asesinado el día 1 de Agosto de 1936, por un grupo de sicarios falangistas. Para ello, he escrito especialmente el siguiente poema:

    Aquel mes de agosto
    nunca te mataron.
    Asesinaron tu cuerpo ¡sí!
    callaron tu clara voz ¡sí!
    pero no pudieron silenciarte.
    Aquellos sicarios del terror
    canalla y analfabetos
    desconocían que no se puede matar
    un pensamiento, un ideal, una bandera.
    Aquella madrugada de agosto
    junto a la carretera de Carmona
    cuando impunemente te fusilaron,
    acabaron contigo ¡sí!
    pero no pudieron con tu legado.
    Porque no se aniquila un sentimiento,
    una forma de entender el mundo.
    Porque no se puede matar a un pueblo