Etiqueta: marte

  • Álex de la Huerta se lleva el premio a la mejor colección

    0603

    “Contento y orgulloso” se ha mostrado el joven nazareno Alejandro Jiménez tras recibir el premio a la mejor colección de los diseñadores nobeles en el marco del Salón Internacional de la Moda Flamenca celebrado el pasado fin de semana en Fibes.

    Con la firma Álex de la Huerta, Alejandro fue uno de las 10 promesas de la moda andaluza que había sido seleccionado para participar en la edición 2014 del SIMOF, y convenció al jurado del certamen con su colección Un jardín en Marte. Un jurado, integrado, entre otros, por conocidas figuras como Norma Duval o Marina Danko.

    Alejandro se ha mostrado muy satisfecho, además de por el premio de 5.000 euros del Instituto Andaluz de la Juventud de la mano del programa ‘Desencaja’, por el hecho de que ha sido un premio otorgado de manera unánime.

     

  • Álex de la Huerta debuta con los noveles en SIMOF

    Álex de la Huerta estará en Simof

    Forma parte de los 10 jóvenes andaluces elegidos para el Certamen de Diseñadores Noveles

    La edición 2014 del Salón Internacional de la Moda Flamenca, que se celebra en FIBES, tendrá este año más acento nazareno que otros años, sobre todo de jóvenes diseñadores que vienen pisando fuerte.

    Este es el caso de Alejandro Jiménez que, con su firma Álex de la Huerta, ha sido seleccionado para participar en el Certamen de Diseñadores Noveles. Alejandro formará parte de los 10 jóvenes diseñadores que han sido elegidos por el certamen para presentar sus propuestas y optar al premio de la mejor colección, valorado en 5.000 euros.

    Álex de la Huerta presentará sus 10 trajes mañana jueves, día 30, a las 11:30 horas. Para ello, este joven diseñador nazareno visiona un jardín en Marte para inspirarse, basando su colección en aplicaciones florales con pinceladas futuristas y japonesas.

    En sus trajes se mezclan varios tejidos, como el satén, creps, crespón y crep de China, con colores ácidos y volantes indescriptibles por sus formas y volúmenes.

    {xtypo_code}Estreno de Pilar Rubio
    SIMOF seguirá contando con la presencia ya tradicional de firmas como Hermanas Serrano, que presenta su colección Sueños el domingo, día 2 de febrero a las 17:30 horas, o de  la diseñadora quinteña, Patricia Bazarot, que estará por segundo año, el jueves, día 30, a las 19:30, con su colección Sentío.
    La que sí debuta en esta plataforma de la moda flamenca es la diseñadora Pilar Rubio. Lo hará el día 30, a las 21:30 horas, con la colección Va por ti. 30 trajes, entre los que figuran una colección campera y una bata de cola, que muestran la evolución de la moda flamenca con el toque moderno de Rubio.
    Para su debut, Pilar ha apostado por otro tipo de materiales, como las pieles de ángeles, mucho colorido y diferentes tipos de volantes para diseños muy variados.{/xtypo_code}

     

  • Marte panspérmita

    La posibilidad de que haya vida en Marte volvió a ser noticia recientemente por las investigaciones de un equipo de University of Central Florida. Pero no era vida marciana de lo que hablaban, sino vida de la nuestra; vida terrestre. Su trabajo publicado en Applied and Environmental Microbiology contempla la posibilidad de que nuestras sondas y rovers exploradores hayan portado bacterias capaces de adaptarse a las condiciones del planeta rojo.

    La panspermia es la hipótesis de que la vida llegó a la Tierra probablemente portada en meteoritos que cayeron sobre su superficie, tal vez ya en forma de primitivas bacterias, tal vez con los componentes esenciales para desarrollarse aquí. Se trata de una teoría que estimula nuestra imaginación sobre el origen de la vida, aunque tiene una contra: traslada las preguntas fundamentales sobre nuestros orígenes a un lugar del que no sabemos nada, y nos deja con más preguntas de las que resuelve.

    Así pues, dadas las misiones espaciales de los últimos 30 años, Marte podría ser hoy panspérmita por obra y gracia de la NASA y la ESA. A pesar de que las naves son cuidadosamente desinfectadas antes de los lanzamientos, hay un tiempo en el que están inevitablemente expuestas al ambiente, y donde pueden adherirse polizontes microbianos altamente resistentes. No tienen que ser nada exótico; tenemos bacilos, escherichia, estafilococos y estreptococos de lo más comunes que bien podrían aguantar el viaje y establecerse allí. Una vez en Marte, (suponiendo que son la única vida que hay allí, y hallándose en los lugares adecuados) con poca competición la selección natural sería muy tenue, limitándose sólo a las condiciones físicas que el propio planeta impone. Esto les daría la posibilidad de evolucionar rápidamente en número y en diversidad.

    Por tanto, es posible que cuando nosotros mismos vayamos dentro de unas décadas, nos encontremos vida extrañamente familiar… y a la vez no tanto. La deriva evolutiva de estos microorganismos sería irremediablemente diferente a la de sus primos de la Tierra. Esto nos lleva al segundo problema. Al volver de nuestros primeros viajes marcianos, nos podríamos encontrar con “back contamination” (¿contaminación de vuelta?). Es decir, que algunos de ellos hicieran el viaje otra vez a la Tierra, donde pudieran ser perjudiciales para la vida aquí. Esto no es nada nuevo: los astronautas de las misiones lunares hasta la Apolo 14 eran puestos en cuarentena por la posibilidad de que portaran algún tipo de… algo incubado en la Luna.

    Cada caso tiene sus propios inconvenientes. Si traemos microorganismos con antepasados terrestres, corremos el riesgo de infectar ecosistemas que después de todo hablan el mismo lenguaje genético que los nuevos visitantes. Si en cambio trajéramos otro tipo de vida (no de origen terrestre), sería muy raro que pudieran infectarnos (no se entenderían con nuestro ADN). Entre las cosas que sí podrían hacer está el hacerse huéspedes no deseados en organismos vivos, metabolizar productos tóxicos dentro o fuera de ellos, e incluso si me apuran, metabolizar algún tipo de recurso de la Tierra, alterando el ciclo atmosférico, o el ciclo del agua. Todo pura especulación, pero es el tipo de tema que le dispara la imaginación a cualquiera.

  • Marte panspérmita

    La posibilidad de que haya vida en Marte volvió a ser noticia recientemente por las investigaciones de un equipo de University of Central Florida. Pero no era vida marciana de lo que hablaban, sino vida de la nuestra; vida terrestre. Su trabajo publicado en Applied and Environmental Microbiology contempla la posibilidad de que nuestras sondas y rovers exploradores hayan portado bacterias capaces de adaptarse a las condiciones del planeta rojo.

    La panspermia es la hipótesis de que la vida llegó a la Tierra probablemente portada en meteoritos que cayeron sobre su superficie, tal vez ya en forma de primitivas bacterias, tal vez con los componentes esenciales para desarrollarse aquí. Se trata de una teoría que estimula nuestra imaginación sobre el origen de la vida, aunque tiene una contra: traslada las preguntas fundamentales sobre nuestros orígenes a un lugar del que no sabemos nada, y nos deja con más preguntas de las que resuelve.

    Así pues, dadas las misiones espaciales de los últimos 30 años, Marte podría ser hoy panspérmita por obra y gracia de la NASA y la ESA. A pesar de que las naves son cuidadosamente desinfectadas antes de los lanzamientos, hay un tiempo en el que están inevitablemente expuestas al ambiente, y donde pueden adherirse polizontes microbianos altamente resistentes. No tienen que ser nada exótico; tenemos bacilos, escherichia, estafilococos y estreptococos de lo más comunes que bien podrían aguantar el viaje y establecerse allí. Una vez en Marte, (suponiendo que son la única vida que hay allí, y hallándose en los lugares adecuados) con poca competición la selección natural sería muy tenue, limitándose sólo a las condiciones físicas que el propio planeta impone. Esto les daría la posibilidad de evolucionar rápidamente en número y en diversidad.

    Por tanto, es posible que cuando nosotros mismos vayamos dentro de unas décadas, nos encontremos vida extrañamente familiar… y a la vez no tanto. La deriva evolutiva de estos microorganismos sería irremediablemente diferente a la de sus primos de la Tierra. Esto nos lleva al segundo problema. Al volver de nuestros primeros viajes marcianos, nos podríamos encontrar con “back contamination” (¿contaminación de vuelta?). Es decir, que algunos de ellos hicieran el viaje otra vez a la Tierra, donde pudieran ser perjudiciales para la vida aquí. Esto no es nada nuevo: los astronautas de las misiones lunares hasta la Apolo 14 eran puestos en cuarentena por la posibilidad de que portaran algún tipo de… algo incubado en la Luna.

    Cada caso tiene sus propios inconvenientes. Si traemos microorganismos con antepasados terrestres, corremos el riesgo de infectar ecosistemas que después de todo hablan el mismo lenguaje genético que los nuevos visitantes. Si en cambio trajéramos otro tipo de vida (no de origen terrestre), sería muy raro que pudieran infectarnos (no se entenderían con nuestro ADN). Entre las cosas que sí podrían hacer está el hacerse huéspedes no deseados en organismos vivos, metabolizar productos tóxicos dentro o fuera de ellos, e incluso si me apuran, metabolizar algún tipo de recurso de la Tierra, alterando el ciclo atmosférico, o el ciclo del agua. Todo pura especulación, pero es el tipo de tema que le dispara la imaginación a cualquiera.

  • Marte panspérmita

    La posibilidad de que haya vida en Marte volvió a ser noticia recientemente por las investigaciones de un equipo de University of Central Florida. Pero no era vida marciana de lo que hablaban, sino vida de la nuestra; vida terrestre. Su trabajo publicado en Applied and Environmental Microbiology contempla la posibilidad de que nuestras sondas y rovers exploradores hayan portado bacterias capaces de adaptarse a las condiciones del planeta rojo.

    La panspermia es la hipótesis de que la vida llegó a la Tierra probablemente portada en meteoritos que cayeron sobre su superficie, tal vez ya en forma de primitivas bacterias, tal vez con los componentes esenciales para desarrollarse aquí. Se trata de una teoría que estimula nuestra imaginación sobre el origen de la vida, aunque tiene una contra: traslada las preguntas fundamentales sobre nuestros orígenes a un lugar del que no sabemos nada, y nos deja con más preguntas de las que resuelve.

    Así pues, dadas las misiones espaciales de los últimos 30 años, Marte podría ser hoy panspérmita por obra y gracia de la NASA y la ESA. A pesar de que las naves son cuidadosamente desinfectadas antes de los lanzamientos, hay un tiempo en el que están inevitablemente expuestas al ambiente, y donde pueden adherirse polizontes microbianos altamente resistentes. No tienen que ser nada exótico; tenemos bacilos, escherichia, estafilococos y estreptococos de lo más comunes que bien podrían aguantar el viaje y establecerse allí. Una vez en Marte, (suponiendo que son la única vida que hay allí, y hallándose en los lugares adecuados) con poca competición la selección natural sería muy tenue, limitándose sólo a las condiciones físicas que el propio planeta impone. Esto les daría la posibilidad de evolucionar rápidamente en número y en diversidad.

    Por tanto, es posible que cuando nosotros mismos vayamos dentro de unas décadas, nos encontremos vida extrañamente familiar… y a la vez no tanto. La deriva evolutiva de estos microorganismos sería irremediablemente diferente a la de sus primos de la Tierra. Esto nos lleva al segundo problema. Al volver de nuestros primeros viajes marcianos, nos podríamos encontrar con “back contamination” (¿contaminación de vuelta?). Es decir, que algunos de ellos hicieran el viaje otra vez a la Tierra, donde pudieran ser perjudiciales para la vida aquí. Esto no es nada nuevo: los astronautas de las misiones lunares hasta la Apolo 14 eran puestos en cuarentena por la posibilidad de que portaran algún tipo de… algo incubado en la Luna.

    Cada caso tiene sus propios inconvenientes. Si traemos microorganismos con antepasados terrestres, corremos el riesgo de infectar ecosistemas que después de todo hablan el mismo lenguaje genético que los nuevos visitantes. Si en cambio trajéramos otro tipo de vida (no de origen terrestre), sería muy raro que pudieran infectarnos (no se entenderían con nuestro ADN). Entre las cosas que sí podrían hacer está el hacerse huéspedes no deseados en organismos vivos, metabolizar productos tóxicos dentro o fuera de ellos, e incluso si me apuran, metabolizar algún tipo de recurso de la Tierra, alterando el ciclo atmosférico, o el ciclo del agua. Todo pura especulación, pero es el tipo de tema que le dispara la imaginación a cualquiera.

  • Escatología solar

    2301Probablemente vivimos en el momento más aburrido de la historia de nuestro Sistema Solar. Los planetas están anclados en órbitas con frecuencias idóneas para que el Sistema no se desmonte fácilmente. En la Tierra, tenemos una Luna que evita que la Tierra se ponga a girar de modo irregular, cosa que complicaría mucho las condiciones para la vida. Tenemos a Júpiter, que es un muro de contención que se traga o desvía miles de objetos que de otra manera llegarían hasta nosotros. El Sol está en el punto ideal para que la Tierra tenga temperaturas idóneas para la vida… Es lo que llaman en ciencias un sistema “Ricitos de oro”: ni demasiado frío, ni demasiado caliente.

    Pero esto no puede durar para siempre. La pregunta es cuál de los muchos posibles desastres nos golpeará primero.

    La Luna se aleja de nosotros a razón de 3.8 metros por siglo, y acabará por dejarnos con el peligro de que en su camino colisione con Venus o Marte. Esto sin hablar de los efectos climáticos que sufriremos en su ausencia.

    El Sol por su parte morirá dentro de 6.000 millones de años. Alguien dirá que nos da tiempo a tomar el café, pero lo cierto es que las cosas se pueden poner muy feas mucho antes de eso. El Sol está en brillo ascendente, y se espera que basten 2.000 millones de años para que chamusque la Tierra, todo lo que hay sobre ella.

    Durante este tiempo, Marte tiene un 2% de probabilidades de desviarse por la influencia de Júpiter, e iniciar una catástrofe. Si no se desvía, para cuando la Tierra esté bien calentita, Marte tendría unas temperaturas ideales para ser habitada. Pero una vez más, el sueño marciano tiene caducidad: durante este periodo el Sol agotará sus reservas de hidrógeno, y se hinchará para convertirse en una gigante roja aumentando en más de un millón de veces su tamaño. Se tragará a Mercurio y a Venus, y según algunas estimaciones también se tragará a la Tierra. Para entonces Marte estaría bien churruscadita.

    Las lunas heladas de Júpiter y Saturno serían en ese punto capaces de albergar vida. Entre todas ellas Titán es la más idónea para un proceso evolutivo, ya que derretiría materiales adecuados para el famoso caldo de cultivo. En medio de la evolución Titaniana, los cielos de Titán darán las noches más bonitas que jamás haya visto nuestro Sistema Solar. La galaxia Andrómeda estará colisionando con la vía láctea, formando un conjunto de dos galaxias que hemos dado en llamar “Lechómedra” o “Lactómedra”. Las vistas de la aproximación y posterior colisión de Andrómeda serán espectaculares.

    De nuevo, la vida en Titán sería solo un breve episodio, 5.000 millones de años en el futuro. El Sol colapsará y se convertirá en una enana blanca. Y este podría ser el menor de los males. Material procedente de Andrómeda podría literalmente machacar todo el Sistema Solar. Aunque es remota, existe también la posibilidad de que un nudo gravitatorio producido por la colisión entre galaxias mande al Sistema Solar intacto, lejos de ambas galaxias. Ya en espacio intergaláctico, el Sol se iría apagando y los planetas irían uno a uno colapsando sobre él en espiral descendente, hasta que el Sistema Solar se perdiera en la oscuridad.