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  • Los Merinales acoge un homenaje a los presos políticos

    Los Merinales acoge un homenaje a los presos políticos

    El monumento de Los Merinales ha acogido este jueves, día 6, un acto homenaje a los presos del campo de concentración organizado por la Asociación Cultural Centenario de Bellavista, dentro de los actos programados por los 100 años de esta barriada. Un acto con un fuerte marcado nazareno, ya que ha contado con la presencia del alcalde de Dos Hermanas, Paco Rodríguez. También ha estado presente Zoraida Hinojosa Valdizán, directora general de Atención a las Víctimas y Promoción de la Memoria Democrática del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, entre otras autoridades, asociaciones memoralistas y familiares de los presos.

    Reconocimiento democrático

    El alcalde aseguró que «es un orgullo y placer compartir este acto organizado en el año del centenario de un barrio tan simbólico para Sevilla y Dos Hermanas». Un evento «en reconocimiento y memoria de las miles de persona que pasaron por este campo de concentración, que se encuentra en término municipal nazareno, el último que existió en España, entre 1940 y 1962″. Este campo tiene que servir de homenaje para sus familires y las personas que vivieron cerca, y para las generaciones futuras, «ya que en él se vivió el terror de lo que significó las consecuencias de una dictadura que nunca debió darse, pero sucedió y, por ello, tenemos que recordar y tenerlo en la memoria para que jamás vuelva a darse».

    Aquí, prosiguió, «vinieron hombres de toda España para trabajar como esclavos en la construcción del Canal de los Presos, que «más que una obra de ingeniería fue una obra de terror por las vidas que aquí se dejaron en su ejecución». Dos Hermanas y Bellavista juegan un papel importante, «ya que parte de su gente no puede desligarse de lo que es el campo de concentración, puesto que muchos familiares se asentaron en estos dos enclaves para estar cerca de los presos».

    Paco Rodríguiez no quiso pasar por alto y recordar, «como parte de la memoria«, que Bellavista formó parte de Dos Hermanas de 1925 a 1937, antes del decreto franquista por el que se segregó parte del territorio nazareno en beneficio Sevilla. El alcalde adelantó que gracias a la Ley de Memoria Democrática de 2022, «vamos a pedir no que los vecinos de Bellavista o los Bermejales vuelvan a ser de Dos Hermanas, sino que el Estado Español haga un reconocimiento de que por un acto ilegítimo de guerra se nos quitó un trozo de tierra». En este sentido, «vamos a iniciar ese procedimiento para que se reconozca en un periodo democrático lo que se nos quitó de manera ilegítima«.

    Una ley por la que, en Dos Hermanas «estamos con los trabajos de exhumación en la fosa común del cementerio, donde se calcula que pueda haber enterrados unas 200 personas. Es la hora de la justicia, de la verdad y la reparación», concluyó.

    Testimonio de familiares

    Dos familiares directos de presos del campo de concentración de Los Merinales tomaron la palabra en el acto. Una de ellos fue Victoria Tirsa Hervás Torres, actual delegada de Deportes del Ayuntamiento de Dos Hermanas y nieta de preso político. Tirsa explicó que «a los 17 años ya venía de Jaén, donde estuvo en varias cárceles, y aquí tuvo la suerte, dentro de las miserias que vivió, que por su ofico de barbero, cayó en gracia y se dedicaba a cortar el pelo a los presos«.

    La concejala afirmó que «él no murió en el campo de concentración, pudo salir de aquí, falleció de cáncer antes de cumplir los 70 años con un cuerpo que no tuvo la fortaleza de hacer frente a la enfermedad por todo lo que había vivido». Tirsa lo recuerda que «la imagen que tengo es la de un abuelito con su pelo blanco, poquita cosa, por todo lo que padeció«.

    Su madre le contaba que «pasaron hambre e, incluso, cuando moría un compañero, se callaban para poder recibir la dosis de comida que le correspondía al fallecido hasta que se daban cuenta».

    Por todo ello, aseguró durante su intervención, «ojala nunca se vuelvan a vivir estas circunstancias, ya que yo, afortunadamente, las he escuchado, pero no las he vivido, puesto que nací en una democracia en la que gobiernos igualitarios han defendido derechos y deberes, que debemos seguir defendiendo porque se ven cosas últimamente que dan miedo».

    Ofrenda floral y suelta de palomas

    Este homenaje a los presos políticos de Los Merinales ha contado con la presencia del alumnado del IES Bellavista y del IES Federico Mayor Zaragoza, con una lectura y actuación musical a cargo de los chicos y chicas del primer centro. También se llevó a cabo entre los asistentes una ofrenda de claveles rojos en el monumento y se procedió a una suelta de palomas. Para finalizar, las personas que así quisieron pudieron realizar una visita al campo de concentración guiada por Laura Muñoz Encinar, del Instituto de Ciencias del Patrimonio, CSIC, al frente del equipo que se estaba encargando de los trabajos de recuperación.

    El presidente de la asociación, Joaquín Nieto, quiso poner el foco en que, «a pesar del trato brutal e inhumano al que fueron sometidos estos hombres, hay algo que conservaron y no perdieron: la dignidad y la conciencia«. Y de ello, prosiguió, «estamos orgullosos, sobre todos sus familiares, porque a partir de estos dos valores educaron a sus hijos y a nuestro barrio con principios y valores que son «lealtad, solidaridad, empuje, valentía o lucha por los derechos».

    A la juventud de los instutitutos participantes, Joaquín les dijo que «el respeto es lo que único que tenemos para poder disfrutar de una sociedad plural y justa, en la que cabemos todo». Y en una época en la que las redes sociales son «tan opresivas y tiránicas», tienen que tener tener en cuenta, «como reflejo de lo que aquí vivieron estos hombres, que no pueden perder ni su dignidad ni su conciencia por mucho que le acosen otros».

  • Intervención arqueológica en el campo de concentración de Los Merinales

    Intervención arqueológica en el campo de concentración de Los Merinales

    Un grupo de investigadores del Instituto de Ciencias del Patrimonio (INCIPIT) del CSIC y la Universidad de Barcelona (UB) han traído a Dos Hermanas el proyecto Estudio arqueológico del complejo de campos de concentración franquistas del canal del Bajo Guadalquivir (Sevilla), financiado por el Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, en el que se está llevando a cabo una intervención arqueológica en el campo de concentración de Los Merinales. Se desarrolla, además, dentro del marco del proyecto del Plan Estatal de Investigacion Científica y Técnica del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades DES- ALAMBRAR: Mas allá de las alambradas. Una arqueología comparada de los campos de concentración franquistas.

    Financiado por el Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, con este proyecto se intenta «a través de la arqueología y la antropología social y cultural hacer un estudio del pasado, de la represión, de la violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura a partir de los restos materiales y la arqueología».

    Mucha investigación previa

    Este proyecto llega a Dos Hermanas a petición de Cecilio Gordillo, del grupo de trabajo Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía, creado por el sindicato CGT. Los trabajos comenzaron el pasado día 11 y se llevarán a cabo, en una primera campaña, hasta el próximo viernes, día 26. Aunque se trata de un proyecto a largo plazo y que se desarrollará, en un principio, según lo aprobado hasta la fecha, hasta el próximo año 2025.

    Para dar a conocer el proyecto, el pasado sábado, día, 20, se llevó a cabo una jornada de puertas abiertas en el lugar en el que se ubicó el campo de concentración de Los Merinales, al que acudieron familiares de los presos y ciudadanía en general, así como representación institucional, en la persona del concejal de Hacienda y Participación Ciudadana del Ayuntamiento, Juan Antonio Vilches.

    El grupo de investigación, según explicó su responsable, Laura Muñoz Encinar, llega «con el terreno arado», ya que «hay un buen bagage documental, gracias a fuentes de investigación y orales». A todo este trabajo de más de 20 años, este proyecto pretende «aportar muchos matices con el conocimiento de la materialidad, ya que los arqueólogo estudiamos lo que sucedió en el pasado a través de los restos materiales, ya sean arquitectónicos o de la vida cotidiana». Sin dejar de lado la antropología, ya que, como explicó Laura, «nos interesa mucho entender cómo se configura la sociedad del entorno, ya que las familias se instalan en los barrios próximos al campo de concentración, como Fuente del Rey o Bellavista».

    intervención arqueológica

    Ocho campos de concentración de Sevilla

    En la intervención arqueológica, pura y dura, el proyecto se va a interesar por los ocho campos de concentración que se establecen para la construcción del Canal del Bajo Ǵuadalquivir, «con la geolocalización, mediante técnica punta, para saber dónde se ubicaron y qué queda de ellos», añadió la responsable del proyecto. Empezando por el de Los Merinales por «ser el que más duró en el tiempo, hasta los años 60, realojándose posteriormente familias por las inundaciones hasta los años 70, y el que está mejor conservado, al quedar el espacio abandonado y no construirse encima».

    Al no conservarse un plano de cómo era el campo de concentración, los trabajos se han apoyado en una fotografía aérea que existe de la segunda serie del llamado Vuelo Americano realizado en los años 50 y en un croqui que se hizo del mismo en un Consejo de Guerra por un intento de fuga de algunos de los presos.

    Partiendo de este material, lo que se está haciendo es una inspección superfical del terreno, lo que se conoce como una prospeccióna arqueológica, para ver lo que queda conservado en superficie. Mediante una «inspección visual«, comenta Laura, «se va documentando todo lo que queda en superficie, como un muro o un suelo de hormigón, pero también objetos, como una lata, una herramienta, un alambre, un botón o una placa de una máquina». Con todo esto, el grupo de investigación podrá determinar en esta primera campaña «de lo que había, qué es lo que queda conservado y qué uso tenía cada uno de los espacios».

    Primeras hipótesis de la intervención arqueológica

    Hasta la fecha, lo que se ha visto que queda conservado en esta intervención arqueológica se organiza en tres zonas de actuación. Un espacio de talleres, forja, carpintería; otra de control y administración; y una tercera dedicada a la vida cotidiana de los presos, con los barracones, cocinas o duchas. Uno de los edifcios mejor conservados a la entrada del campo, según ese croqui del Consejo de Guerra, sería donde estaría el economato y una zona de intendencia.

    Había otros edificios no preservados por la ampliación de la carretera, que se ha comido parte del campo, pero quedan restos de lo que podría ser un almacén de cemento. También queda una estructura conservada en planta, con dos accesos con escaleras de una zona de oficina, así como otras dos grandes estructuras que van hacia al canal, que es donde estarían los talleres, «donde se han encontrado muchas escorias de hierro y fundición de herramientas, placas o chapas». También hay una superficie de cemento de unos 50 metros que correspondería a una gran nave de almacenamiento.

    Además de otra zona, en la que se ha generado una escombrera, donde estaría el barracón donde dormían los presos, con zona de cocina y duchas, pero que no se ve, aunque se ha documentado una cimentación y una zapata. Así como otra estructura más al fondo, donde estaba la zona de enfermería y botiquín.

    Al otro lado del camino, hay una serie de estructuras de la zona de administración del campo y zona de oficina y edificio general de control, así como de un espacio de almacenamiento relacionado con policía armada y vigilancia.

    Las excavaciones de este proyecto han comenzado por unas letrinas, ya que «están muy bien conservadas y porque, normalmente, son zonas de basureros, de elementos de abandono, ya que la basura es lo que más habla de nosotros y de cómo es nuestra sociedad». También se quiere hacer uso de drones para «un estudio visual del terreno desde la superficie, ya que muchas veces lo que no ves desde abajo lo haces desde arriba».

    Una vez que se lleven a cabo las excavaciones, el primer nivel que se encontrará en el terreno será el de la última ocupación, el de las familias realojadas en la zona y, debajo, el último nivel del uso del campo de concentración«. Todo ello «nos va a aportar muchos matices de cómo era la vida cotidiana dentro del campo y qué uso se daba a los espacios, además de las conexiones con fuera para ver cómo sufrían esa violencia las familias que venían a traerles comida y ropa a sus familiares, para mostrar la globalidad y magnitud de la represión«.

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