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  • Entrevista a Gladys Aifuwa

    Gladys Aifuwa

    Nigeriana afincada en la ciudad

    {xtypo_quote_left}“En la patera íbamos como sardinas en una lata” {/xtypo_quote_left}

    Se la ve con su escoba, tarareando una canción de Celine Dion, en las aulas del colegio Maestro José Varela. Aparentemente, sólo su color de piel la diferencia del resto de limpiadoras. Pero es sólo en apariencia. La historia de Gladys Aifuwa daría para escribir varios libros y hasta una película.

    Tiene sólo 30 años, pero ya sabe lo que es atravesar Africa a pie, cruzar el estrecho en patera o ser vendida por su novio a una red de prostitución. Muchos de los que emprenden esa odisea no viven para contarlo. Gladys ha tenido suerte y hoy vive en Dos Hermanas, en la barriada del Rocío, como una vecina más. Su hija de 6 años estudia en el colegio Carlos I de España y su hijo, de 12, en el Instituto Cantely.

    ¿Con qué edad huye de Nigeria?
    Con 15. Vivía con mis padres y mis ocho hermanos en el campo, cerca de Lagos, la capital. Yo me dedicaba a la peluquería y la costura, nunca fui al colegio. No le dije a nadie que me iba de casa.
    Como tantos africanos, partió en busca del sueño europeo.¿Sabía que las personas que le habían ayudado a salir la iban a vender como prostituta?
    No. De eso me enteré en Malí. Me dijeron que iba a trabajar de asistenta en casa de una nigeriana que vive en Italia.
    ¿ Cómo fue el viaje para llegar a España?
    Salimos unas 120 personas, todas a pie, a modo de caravana. Fue un viaje lleno de calamidades. Se dormía donde se podía. Tuve un problema en el pie y atravesando el desierto me quedé atrás del grupo, pero los alcancé. A Marruecos, un año después de salir, sólo llegamos 110. Diez murieron por el camino.
    El día 19 de abril de 2001 atravesó el Estrecho de Gibraltar en una patera, sin saber nadar. ¿Pasó miedo?
    Mucho. La patera no sale de ningún puerto, sino que te espera en el mar, más allá de las olas, en plena madrugada. Cuando me adentré en el mar, el agua me cubrió y alguien me sacó la cabeza del agua y me metió dentro de la barca.
    ¿Cómo fue el viaje?
    Íbamos como sardinas en una lata. Más de 100 personas allí apretadas. Por fortuna, llegamos a Tarifa en 45 minutos y las autoridades españolas nos trataron muy bien.
    ¿Cuánto dinero le costó pasar el estrecho?
    1.200 dólares. Los pagó una mujer en Italia, a la que mi “novio” me vendió para ejercer la prostitución. Pero nunca llegué a ejercerla, ya que me rebelé contra lo que él había planeado. Me fui a Sevilla con los parientes de mi novio.
    ¿Cómo llega a Dos Hermanas?
    Encontré trabajo en el Polígono de La Isla. He trabajado en Saimaza, en Eurobanana… también limpiando casas en Dos Hermanas y haciendo extensiones de pelo. Al final nos vinimos aquí porque era más económico que Sevilla..
    Primero en Ciudad Blanca y ahora en la barriada del Rocío. Al final se divorció en 2011 y ahora vive aquí con sus hijos. ¿Eres feliz en Dos Hermanas?
    Sí, soy una mujer fuerte y alegre. Vivo integrada, la gente me respeta y me quiere.

    Gladys no ha dejado de barrer el aula durante toda la entrevista. Me despide con una sonrisa, la sonrisa que sólo ha encontrado, como muchos otros llegados de lejos, en Dos Hermanas. Aunque para ello haya tenido que jugarse la vida.

  • Mil gracias

    Queremos gradecer de todo corazón, a la Hermandad del Lunes Santo, por dejarnos ese incensario que perfumó la Cruz del Señor el pasado sábado, a la Hermandad del Cautivo por permitir que nuestro paso saliera de su Casa Hermandad, al apoyo de la Banda de la Estrella y en especial este año a la Hermandad de la Oración en el Huerto por el buen trato recibido desde el primer momento en el que llegamos pidiendo su Casa para hacer la entrada, mil gracias… a todas esas personas que han hecho posibles que muchos niños cumplan su sueño: Hacer creer al que nunca tuvo fé y pasear la Cruz del Señor por las calles de nuestro pueblo.

     

  • Marruecos (II)

    2301Subida al pico Toubkal (4167 m)

    Sábado 4-4-09:
    Marraquech-Imlil-Refugio

    ••• Toca de nuevo negociar. Tras el pertinente regateo la cosa quedó así:
    – Mulero con una mula, nos llevaría las mochilas hasta pisar nieve (en este caso, 2.850 m), 130 dh ida y 130 vuelta. Todos.
    – Porteadores, ellos mismo llevarán las mochilas, desde donde dejemos las mulas hasta el refugio (3.207 m), 110 dh ida y 110 vuelta. Todos.

    Así se habló y así pactamos.
    Con un gran gentío de autóctonos, con guiris venidos de todas parte del mundo, las calles polvorientas, y un subir y bajar de mulas. Omar y Mustafá (¡Que nombres más raros para ser marroquíes!), nuestros muleros, acoplan las mochilas en las alforjas de la mula.

    Empezamos a subir por la única calle del pueblo, con dirección hacia las grandes montañas nevadas. Son las 11:30 horas, el sendero perfectamente marcado por las huellas de las mulas empieza a subir fuertemente en un zigzagueo permanente. A los treinta minutos llegamos al pueblo de Around, que engalanada a una elevada colina, pinta una bonita estampa. A nuestros pies una planicie pedregosa por la que fluye un río furioso con sus aguas bravas venidas de las altas cumbres nevadas.

    Atravesamos el río, y entramos en el Parque nacional del Toubkal. El sendero poco a poco va subiendo, dejando el río a nuestra derecha.

    Tras dos horas de subida llegamos a Sidi Chamarouch, popularmente conocida como la “Roca Blanca” (2.300 m), lugar de peregrinación para los creyentes en el Islam, y vedado para los no musulmanes.

    El lugar está compuesto por un grupo de casas, algunas de ellas habilitadas como chiringuitos. Aquí la parada es obligatoria. El lugar es espectacular: altas cumbres nevadas, cascadas de agua, y un pintoresco enclave, donde los personajes del lugar dan aún más colorido. Además, el zumo de naranja (10 dh) refresca en esta terraza improvisada.  
    Hemos atravesado el río y por lo tanto ahora lo dejaremos a nuestra izquierda.
    A partir de aquí las vistas son excepcionales, la nieve cada vez más cerca, las montañas más altas, el paisaje es dantesco. Cuando alcanzamos los 2.850 m de altitud, la nieve ya invade el suelo, y las mulas no pueden pasar. Es el momento de coger las mochilas y los porteadores las llevarán. Es increíble ver como cada porteador acarrea con dos mochilas bien cargadas, y empiezan casi a correr por la nieve, nosotros detrás, solo con lo puesto casi que no los podemos alcanzar.
    Ya en un gran valle, bajo altas montañas vemos el refugio, en treinta minutos habremos llegado.

    Son las 16;30 horas, y tras cinco horas de recorrido, y casi 1.500 metros de desnivel llegamos al refugio de Netler (3.207 m).

    Aquí, montañeros venidos de todas partes, pero sobre todo españoles, muchos españoles. Italianos, franceses… todos preparados para subir a la cima más alta del norte de África, de la Cordillera del Atlas, el pico Toubkal (4167 m).
    Hablamos con Alí, el que regenta el refugio, nos da la habitación nº 2, allí compartiremos estancia con otros montañeros.

    Es la hora de la cena, Harida calentita de primero, tallín de cordero de segundo, y como no, naranja de postre. Y para digerir esto, una taza de té.
    Buenas noches, mañana hay que madrugar. •••

  • Marruecos

    2301Subida al pico Toubkal (4167 m) (I)

    Viernes 3/4/2009
    Sevilla-Tarifa-Tánger

    En esta ocasión, cuatro compañeros del club: Paco Terrero, Jesús Prior, Rosa y yo,  hemos quedado a las 14:00 horas para salir con dirección hacia Tarifa, y desde aquí cogeremos el ferri a Tánger. Aunque teníamos reserva para las 19:00 horas, llegamos pronto, por lo que cogeremos el de las 17:00 horas (dos horas menos en España). Tras una hora de travesía y pasar los controles fronterizos, desembarcamos en el puerto de Tánger sobre las 18:00 horas.

    Después de negociar el precio con el taxista, y tras un pequeño regateo, nos llevó a la estación de trenes por 50 dírham (está a unos tres kilómetros).

    Sacamos el billete para el tren nocturno que se dirige a Marrakech (sale a las 21:05 horas y llega a las 8:00 horas), al no haber literas, tuvimos que ir en 1ª clase (290 dírham por persona), cambiamos dinero en la máquina expendedora  que se encuentra en el exterior de la estación (1 euro = 11 dh).

    Como teníamos tiempo durante la tarde, de nuevo negociamos el precio para un “Petit Taxi” (30 dh) e ir a visitar la ciudad de Tánger.

    Según llegamos, nos sale nuestro improvisado guía. Con un castellano fluido nos intenta convencer para enseñarnos la ciudad (aquí cada uno hace lo que puede para ganarse unos dírhams). La única solución es el respeto, la educación e ignorarlo mucho hasta que se canse, y darle las gracias por intentarlo.

    Cerca del puerto cogemos una calle que hacia arriba se adentra en el interior de la Medina. Tras pasar una entrada arqueada de la muralla, el gentío es permanente en las callejuelas, las mujeres cubren su cabello con el preceptivo “Hiyab”, el aroma del pan haciéndose en el horno, el olor a especias, el canto del muecín. Las tiendas atiborradas de objetos para vender, para regatear.

    Tánger es una ciudad que te atrapa, mezcla de mucha gente, frontera que baña dos aguas: el Mediterráneo y el Atlántico.

    De vuelta hacia la estación degustamos unas exquisitas cabrillas, que en un quiosco ambulante las  vendían. ¡Ah!, y con lavabo incluido.

    Sábado 4-4-09:
    Marraquech-Imlil-Refugio

    Tras una larga noche (11 horas y 650 km) casi sin dormir por fin llegamos a Marrakech, sacamos el billete de vuelta, ahora sí en literas (350 dh). Muy cerca de la estación desayunamos (20 dh por persona: zumo de  naranja, café y té, tortitas con mantequilla, queso y mermelada. No está mal).

    Ahora tocaba lo peor. Volver a regatear-negociar  un taxi hasta Imlil (unos 70 km y hora y media). Teníamos una buena referencia, máximo 300 dh. Así que al ataque: 500, 400, 350, por fin nos lleva por 300.

    Por la avenida de Mohamed V nos dirigimos hacia Imlil. De frente, al fondo, a lo lejos, una impresionante mole de cordillera nevada nos espera. Es el Atlas, y uno de sus picos el codiciado Toubkal (4167 m).

    Tras una hora y media de carretera y un paisaje espectacular, donde las cumbres nevadas contrastan con una tierra árida, y un frondoso valle salpicado por el torrente de agua que baja a gran velocidad.

    A las 11:00 horas llegamos a Imlil (1740 m). Un recóndito y alejado lugar, lejos de todo, pero no del Toubkal. Este sitio me recordó a aquellos documentales que veía sobre expediciones al Himalaya Nepalí.

    De hecho este es el lugar donde uno se aprovisiona de víveres para la ascensión al Toubkal.

    Aquí, habíamos quedado con Lahcem, un marroquí con el que contactamos para todo lo necesario: mulas, muleros, porteadores, refugio y alojamiento. •••