Etiqueta: llamada

  • Consistencia

    UNA PERSONA consistente: sólida, sensata, tenaz, prudente, que sabe resistir en las dificultades, que vive en coherencia entre lo que piensa, lo que siente y lo que dice, fiel a su palabra, que vive sin condenar porque sabe de la debilidad en carne propia.

    Para entregar la vida hace falta ser una persona consistente; una persona se puede donar porque es dueña de sí.
    Jesús de Nazaret, entre otras cosas que se pueden decir de él, fue una persona consistente. Por eso hasta en medio de la debilidad más extrema se convirtió en fuente de fortaleza para quien lo contemplaba; por eso hasta en medio de las tinieblas más densas se convirtió en luz.

    Toda la vida en tensión de Reino, fue tomando decisiones importantes en el momento que consideró oportuno: años silenciosos en Nazaret, comienzo de la evangelización en Galilea, la elección de los doce, la decisión de ir a Jerusalén, la convicción profunda de que su vida iba a ser cauce de salvación para muchos… Decisiones tomadas en libertad, sin apresurarse, sin temores paralizantes, sin otro interés que cumplir la voluntad del Padre. Supo desde el principio que no iba a arreglarlo todo, ni siquiera intentó –en un empeño activista- “hacer todo lo que estaba en su mano”, sólo quiso vivir la llamada que Dios Padre lo constituía en su Hijo, el Primogénito de todos los hermanos.

    Jesús de Nazaret fue una persona consistente, recia y dulce a la vez, lúcida y utópica, en entrega radical a la llamada del Padre. Al contemplarlo nuestra vida se ilumina con esa consistencia que nos falta; de la coherencia que se nos pide; de la serenidad que nos hace vivir en esperanza, incluso en el de sierto.

  • Representantes

    (Mateo 5, 13-16) TODOS LOS CRISTIANOS estamos llamados por Jesucristo a ir anunciando con nuestras palabras y nuestras obras la Buena Noticia de que Dios es Padre de todos. Pero hay unos “representantes cualificados” de esa tarea, que es la tarea de la Iglesia. Esos representantes somos los sacerdotes.

    Muchas veces no estamos a la altura de la llamada que se nos hizo. Representar a Cristo ante la comunidad cristiana es tarea harto difícil, que excede las fuerzas de cualquier persona. A veces estamos muy por debajo de esa llamada. ¿Qué podéis hacer los cristianos “de a pie” para ayudarnos a vivir esa vocación especial?

    Lo primero es no creer que estáis en la verdad plena, y que el sacerdote de turno está completamente equivocado y es sólo él el que tiene que cambiar. La prepotencia no es exclusiva de los clérigos. Y siempre cercena caminos de crecimiento y comunión. Lo segundo es tener paciencia con nosotros. Somos personas, unos pecan de jóvenes; otros de viejos; otros de estar cansados; otros de no tener las capacidades que serían necesarias… Pero ni ser viejo, ni ser joven, ni estar cansado, ni ser un poco “torpe” es “pecado” que no se cure con el tiempo.

    Después de estos dos requisitos previos, usad de la sinceridad aderezada con la prudencia, del testimonio constante y sencillo de vuestra bondad, de los ánimos en todo lo bueno que veáis en nosotros, y de la exigencia perseverante en todo lo que sea auténticamente evangélico (la búsqueda de la oveja perdida, la atención a los que más sufren, el anuncio del evangelio de Jesucristo…).

    Aunque quizás todo esto sirviera también al revés. ¿Verdad?

  • Llamados

    (Mateo 4, 12-23) LA PERSONA está hecha para creer en lo que la trasciende, en lo que es mayor que ella misma, mayor que sus propias ideas, mayor que sus propios logros, mayor que su propia vida. Las experiencias fundamentales que nos hacen vivir en realidad: el amar y ser amados, el decidir nuestro futuro, el crear algo nuestro con nuestras manos, el ver nacer y morir a nuestros seres queridos, el contemplar la belleza… todas estas experiencias nos hablan de lo que es mayor que nosotros mismos.

    Unas religiones ponen ese horizonte de trascendencia en la paz interior, en la búsqueda de una felicidad trascendente y suprema. Otras en la seguridad de cumplir unas normas procedentes de la voluntad de Dios, que limitan y ordenan toda la vida. La fe cristiana nace de una llamada, de la interpelación de un Dios Padre a cada uno de sus hijos. Una llamada que corta en seco la rutina y nos hace preguntar: “Señor, ¿qué quieres que haga?”.

    La vida, a creyentes y no creyentes, se nos vuelve a veces complicada. Los cristianos tenemos siempre el hombro amigo en el que llorar, la mano bondadosa que nos protege, la palabra que da sentido a nuestros sufrimientos; también, a Quien mira complacido nuestros logros; a Quien sonríe satisfecho con nuestras alegrías. La fe cristiana nace de un encuentro inesperado y, por así decirlo, “a traición”. Te llaman por tu nombre y sin  poder hacer otra cosa te detienes, y comienzas a tener tu vida en tus manos y a poder entregarla.

    “Ven conmigo” –nos dice-. No dice: “Estaré contigo”, sino “Ven a mi lado, para que vengas conmigo a estar con tu familia, a cansarnos en el trabajo, a buscar un mundo más justo, a sufrir en la cruz, a acoger la vida plena”.

     

  • Efecto ‘llamada’

    (Juan 2, 35-42) El evangelio de San Juan es el más elevado y espiritual, por una parte, y el que más nos acerca a la realidad concreta de Jesucristo y sus discípulos. En el cuarto Evangelio encontramos detalles y gestos de Jesús tan cotidianos y concretos que, a veces, sorprenden. Es el Evangelio que con más claridad afirma la divinidad de Jesús y con más nitidez subraya su humanidad.

    En los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) se recuerda la llamada explícita a los discípulos. Jesús va al lago de Galilea y los va llamando con aquellas palabas que todos recordamos: “Veníos conmigo y yo os haré pescadores de hombres”. Juan nos muestra el primer encuentro de la forma más cotidiana. Jesús no llama explícitamente a los discípulos; unos discípulos tiran de otros ante la atracción de su persona. Comienzan a seguirlo, sin que él los haya llamado. Y cuando se da cuenta de que lo están siguiendo les pregunta: ¿Qué buscáis? Aturdidos por semejante pregunta, ellos le responden con otra: “Maestro, ¿dónde vives?”, porque ciertamente no sabían bien lo que buscaban.

    Todo el que busca es un poco emigrante. Deja lo seguro y busca la vida más allá de lo que hasta ahora ha vivido. Todo emigrante necesita que alguien le ofrezca su amistad y su compañía, que le abra las puertas de su casa, que lo trate como hermano –no como inmigrante forastero-. Todos los que buscan vida nueva necesitan que la Iglesia sea casa acogedora; necesitan que la comunidad cristiana les diga, como Jesús a aquellos primeros discípulos: “Venga, venid a mi casa, así la veis”.

    Aquellos discípulos-emigrantes nunca olvidaron cómo les abrieron las puertas de la casa. No olvidaron, ni el día, ni la hora.

     

  • Erika Contreras, en la Selección Andaluza

    Erika Contreras, en la Selección Andaluza

    Erika Contreras se ha convertido en un referente del Club Vistazul. Y es que esta nazarena criada en los escalafones inferiores del club nazareno, ha sido convocada por la Selección Andaluza de fútbol. Jugadora de segunda provincial alevín, este año fue llamada en primer lugar por la selección sevillana sub 12, y dada su buena actuación, fue convocada por la Selección Andaluza de fútbol. Asimismo, varios equipos de fútbol se han interesado por su buen nivel.

     

  • Buena acogida de la guía didáctica

    Guía didáctica de Cautivo por su 75 aniversario

    La Unidad Didáctica para infantil y los tres ciclos de Primaria realizada en el seno de la Hermandad de Cautivo  con motivo del 75 Aniversario Fundacional y del 50 como Hermandad de Penitencia Sacramental, ha sido muy bien acogida en la gran mayoría de los colegios de Dos Hermanas. Su objetivo principal ha sido el de dar a conocer la historia y señas de identidad de la hermandad a través de una serie de actividades.

    Paralelamente se ha desarrollado el concurso de artes plásticas Cautivados de Esperanza, en el que se han recibido más de 150 obras en diferentes categorías. El primer premiado de cada  modalidad tendrá el honor de hacer una llamada al paso del Señor el Domingo de Ramos en un punto de su recorrido. Este es el caso de Lucía Jiménez Varela,Inés de Paula Román Lucena, Carlos Domínez Santo y Manuel Juan Díaz Lora.

     

  • 1996. Un aviso de bomba obligó a desalojar el auditorio en carnavales

    La Policía se vio obligada, ayer domingo, a desalojar al público del Auditorio Municipal, donde se estaba llevando a cabo  el pregón de Carnaval (por parte de Pedro Reyes) y la actuación de las chirigotas y cuartetos participantes en el concurso. Un aviso de bomba, realizado por una llamada anónima, avisaba de la colocación de un artefacto explosivo. Tras la inspección popular, la fiesta volvió a reanudarse.

  • Lo que no dijo

    (Mateo 4,12-23) CUANDO JESÚS llama a sus discípulos no dijo: “Veníos conmigo que no quiero que vayáis al infierno”. Naturalmente que Jesús no quería que la vida de sus discípulos se perdiera entre la superficialidad y el pecado, considerando que ellos se lo merecían todo y los demás tenían que estar a su servicio. Pero su llamada no era, en primer término, una llamada para la vida después de la muerte. Su llamada era para una misión en esta vida.

    Tampoco dijo: “Veníos conmigo que voy a dar un sentido nuevo a vuestra vida”. Naturalmente que su vida iba a tener un sentido nuevo, pero no los llamaba con una finalidad individualista en la que el problema de su propia vida fuera lo más importante. Su llamada era para realizar una misión en medio de su pueblo, entre la gente de su pueblo.
    Alguno hubiera querido que Jesús hubiera dicho: “Veníos conmigo que tengo que fundar la religión verdadera, con unos ritos, unos dogmas y una institución sacerdotal que perduren por los siglos de los siglos”. Pero no lo dijo.

    Lo que dijo fue: “Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres”. Porque en su pueblo había muchos ahogándose en el mar de la marginación y del desprecio; había muchos que se sentían lejos del amor de Dios por la ambigüedad de su vida; había muchos que estaban arruinando su vida y la de sus hermanos por no experimentar el verdadero amor de Dios.

    Y Jesús llama a sus discípulos para iniciar un movimiento de auténtica liberación de su pueblo. Un movimiento que lo liberara de la injusticia y la opresión, de la mentira y la violencia, de la falsedad y el engaño. Un movimiento que rescatara todo lo bueno, que es mucho, que el Padre siembra en el corazón de los sencillos. Los llamó a vivir en comunión con Él, sirviendo a los más débiles, a los más pobres.

  • Agradecimiento

    Sirva este escrito para agradecerle la publicación de la llamada a la solidaridad que Cáritas de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Oliva ha hecho, a través de Vds., a los ciudadanos de Dos Hermanas para la aportación de alimentos. La respuesta de nuestro pueblo a la llamada ha sido muy solidaria y, desde nuestra Cáritas, queremos agradecer a todos su colaboracion. Y, aunque el objetivo de este mes aún no se ha cumplido (1000 kg. de garbanzos), aún confiamos alcanzarlo..

  • Fe apostólica

    (Marcos 1, 29-39)LA PALABRA “apostólica” tiene en la teología cristiana honda resonancia. Nuestra fe es apostólica porque procede del testimonio de los apóstoles de que Jesucristo es el Señor, y de su resurrección de entre los muertos.

     

    También, nuestra fe es apostólica porque no brota de una idea o sentimiento, sino de la experiencia de vida de quien nos la entregó. La fe no se entrega de “cabeza a cabeza”, sino de “vida  a “vida, a través del testimonio personal. Pero esta expresión tiene otro sentido igual de importante. Una experiencia de fe es apostólica cuando no se vive pietista e individualmente, sino que se comunica a los otros, para que también ellos puedan acoger la gracia de que somos hijos de Dios, y compartir el reto de vivir como hermanos. Una fe expresada en oración y reflexión, por muy importantes que estas sean, pero sin compromiso cristiano con la evangelización y con la transformación del mundo, no es apostólica. 

    No tuvimos la oportunidad de creer porque los apóstoles organizaran bellas oraciones en Jerusalén o Galilea, ni porque cada día tuvieran un rato de oración personal. Creemos porque sintieron la llamada, del propio Jesucristo, a comunicar a toda persona que en la debilidad del crucificado estaba presente la fuerza y la sabiduría de Dios; porque sintieron la llamada a acercarse a todo el que sufriera, en su cuerpo o en su espíritu, y ofrecerle un signo de la ternura del Dios de la Vida.

    Hoy, y siempre, faltan apóstoles que vivan con fuerza la llamada de Jesucristo a extender la bienaventuranza del Reino, a proclamar con su vida y con su palabra que no somos esclavos sino hijos; que no tenemos que ganarnos el cariño, sino que nos quieren por lo que somos; que en nuestra debilidad y sufrimiento somos testigos de lo que, ahora, no podemos ni imaginar.