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  • Domingo de Besapié al Cristo Yacente

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    Ayer domingo la Imagen del Cristo Yacente, titular de la Hermandad de Santo Entierro, estuvo expuesto en Besapié en la parroquia de Santa María Magdalena. A su término, se celebró el Ejercicio de las Cinco Llagas.

  • Llagado

    (Juan 20, 19-21) Sin ocultar sus heridas, sino mostrándolas como prueba de su amor sin límites a todos, llega Jesús resucitado a sus discípulos. Llagado de pies, manos y costado se presenta en medio de ellos deseándoles paz. Con Jesús todo es paradoja, quien más violencia ha sufrido es quien más derecho y poder tiene para entregar la paz.

    Tanta fuerza tienen las llagas de Cristo para quien las contempla en la intimidad de su oración y en la densidad de la historia que un santo Padre no dudaba en decir que el lugar de la Iglesia, de la comunidad cristiana, es el de las llagas de Cristo. Un Cristo sin llagas nos transmite una vida falsa, una fe debilitada, un cristianismo sin compromiso. Nadie que se acerque sinceramente a las llagas de Cristo puede salir indemne.

    Puedes acercarte desde tu oración contemplando cómo en las llagas de aquel hombre se transmutan tu arrepentimiento en perdón, tu desazón en paz, y tu cobardía en nuevas fuerzas para levantarte y seguir intentándolo –cada uno de vosotros sabe a qué pecado, a qué angustia y a qué cobardía me refiero.

    Pero la experiencia definitiva de las llagas de Cristo se da en la historia. Donde hay un hombre, una mujer, un niño llagado, ahí está la iglesia verdadera compartiendo su dolor, consolando con su compañía y liberando con su lucha por la justicia a favor de los más débiles. Por eso, los cristianos que no se acercan a las llagas de Jesús en el ahora de nuestra historia, no son dignos de ese nombre. Ni quien maltrata al inocente, ni quien calla ante la injusticia, ni quién se niega a ser voz de los sin voz, de los ignorados.

    Haz, Señor, que experimente, al poner mi vida en tus llagas, que vivo cerca, cerca, de tu propio corazón.

  • La Pasión del Señor

    EL DOMINGO de Ramos escucharemos en la misa la lectura pausada y emocionante de la pasión del Señor. Un relato cien veces escuchado que siempre nos afecta y nos conmueve. Escucharemos cómo se cometió aquella injusticia; cómo unos colaboraron y otros huyeron. Escucharemos hasta dónde llegó el odio y la maldad en el corazón de los hombres y cómo se hizo pasar por legal una injusticia. Veremos, contemplando, al Señor angustiarse, sufrir, soportar humillaciones, cargar con la cruz, y morir perdonando y entregándose a su Padre.

    Escucharemos y contemplaremos su pasión y muerte, y su Vida volverá a darnos vida. A ti que estás sufriendo el paro  tantos meses ya, y que no sabes por dónde vas a tirar ahora, te dará fuerzas para seguir cargando con la cruz que otros han cargado, injustamente, sobre ti y tu familia. Mira al Señor caminando con su cruz. A ti que vives cuidando a un enfermo y que haces muchas renuncias cotidianas para que esté bien atendido y se sienta cuidado y acompañado, te dará el consuelo de saber que tu tarea es muy importante, mucho. Él está contigo cada “comida en la boca”, en cada baño, en cada cambio de pañales: en las llagas de quien curas están Sus llagas que te curan por dentro. A ti que luchas por mantener los puestos de trabajo de tu empresa, seguramente pequeña, y que has sufrido, y sigues sufriendo, por los compañeros para los que ahora no hay trabajo; no dejes de estar cerca de ellos.

    Busca la forma, como José de Arimatea, de bajarlos de la cruz. A ti que la incomprensión de quien más necesitabas apoyo te ha dejado solo y desalentado, mira a quien nunca deja de estar a tu lado para que continúes luchando por el bien.

    ¿Qué persona que sufre no podrá encontrar en la pasión de Jesucristo consuelo y fuerza para seguir luchando? ¿Quién no descubrirá, este domingo, una frase, un silencio, una palabra, una actitud, una mirada que lo impulse a seguir entregándose a la vida?

    No lo olvides, este domingo se lee en la misa la Pasión del Señor.