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  • El retorno del monstruo radiactivo

    Imagen de la película Godzilla

    GODZILLA

    De entrada, hay una sensación contradictoria con esta película. Cuando se pudo ver el trailer hace unos meses el primer pensamiento fue “¿era necesario hacer una nueva versión, una nueva historia del mítico monstruo japonés creado por la radiación nuclear?”.

    {xtypo_code}Estados Unidos-Japón, 2014 (123′)
    Dirección:  Gareth Edwards.
    Producción: Bob Ducsay, Jon Jashni, Mary Parent, Brian Rogers, Thomas Tull.
    Guión:  Max Borenstein.  
    Fotografía: Seamus McGarvey.
    Música: Alexandre Desplat.
    Montaje: Bob Ducsay.
    Intérpretes: Aaron Taylor-Johnson (Ford Brody), Ken Watanabe (Dr. Ishiro Serizawa), Bryan Cranston (Joe Brody), Elizabeth Olsen (Elle Brody), Sally Hawkins (Vivienne Graham), Juliette Binoche (Sandra Brody), David Strathairn (Almirante William Stenz), CJ Adams (Joven Ford). {/xtypo_code}

    Pues posiblemente no, después de las veintiocho cintas de la productora Toho en la que peleaba con todo tipo de bichos. Pero claro, la anterior ocasión en la que Hollywood intentó adaptar la historia el resultado fue tan nefasto que peor no podía ir. Además, el reparto resultaba más que interesante, harto sorprendente, e inimaginable. ¿Quién se esperaba ver a Sally Hawkins, Juliette Binoche, Bryan Craston o Elisabeth Olsen en un blockbuster kaiju? Y para rematar, detrás de la cámara estaba Gareth Edwards, el británico que hace cuatro años sorprendió con la fantástica Monsters, con la que esta Godzilla tiene más en común de lo que pudiera parecer en un principio.

    La película comienza con un prólogo en el que una central nuclear y la ciudad que la circunda son destruidas por unas fuerzas desconocidas que hacen temblar la tierra de modo demasiado violento. Quince años después unos seres terroríficos nacidos por culpa de la radiación nuclear creada por el hombre, llamados Muto, despiertan de un letargo de años y emprenden un camino de destrucción. Los ejércitos se ven incapacitados para acabar con ellos, sobre todo porque emiten unos impulsos eléctricos que inhabilitan todo equipamiento eléctrico-electrónico-mecánico en un amplio radio a su alrededor. Para colmo, del fondo del mar emerge Godzilla. Pero, ¿y si fuera ésta precisamente la solución?

    Hay elementos interesantes en la historia, que chocan con lo que hasta ahora sabíamos y habíamos visto del monstruo (que, por cierto, a cada película que pasa se hace más grande), como que Godzilla ahora se convierta en salvador, garante de la pervivencia de la Tierra, en vez de ser el aniquilador de vida que era antes. La nueva (interesante) idea es que la bestia no es sino la herramienta de la Naturaleza para lograr mantener el equilibrio del planeta cuando, por la acción del hombre, o por causas externas, todo parezca irse al garete.

    También posee imágenes poderosas salteadas a lo largo del metraje, escenas de gran belleza plástica, o de portentosa y sobrecogedora fuerza (la escena de los créditos iniciales, por ejemplo, que ‘desvela’ que la bomba atómica de Hiroshima no provocó el nacimiento del monstruo, sino que se lanzó precisamente para acabar con él; o la maravillosa secuencia del salto en paracaídas de los soldados, incluyendo la visión subjetiva aérea del enfrentamiento con los Muto). Además se permite el lujo de ‘matar’ a algunos de los protagonistas de la historia antes siquiera de entrar en faena (Juliette Binoche no llega a los diez minutos, por ejemplo), con lo que desarma al espectador, que no espera tal súbito suceso.

    Edwards consigue mantener la atención y la tensión durante todo momento. Cierto que hay algunas lagunas, escenas que parecen dejarnos a medias (el tsunami, por ejemplo), pero en general no son significativas. Ya con su anterior cinta, donde también había monstruos que amenazaban con destruir el planeta, enamoró a muchos. Y es que, en el fondo, Edwards es un romántico. ¿De qué otro modo si no se explica que tanto en aquella como en esta los monstruos malvados tengan su momento de amor, su escena de encuentro y coqueteo amoroso?.

     

  • Un interesante acercamiento entre política y juventud en campaña

    0604Representantes locales de los partidos se presentan al alumnado del Torre de los Herberos

    El instituto Torre de los Herberos se ha adentrado en la campaña electoral de las Elecciones Generales del 20-N con una interesante oferta para acercar la política a la gente joven que se forma en sus aulas. Concretamente a los de segundo de Bachillerato y de los ciclos de grado medio.

    El salón de actos del centro acogió una charla-coloquio en la que participaron representantes locales de los partidos políticos y movimientos ciudadanos.
    Agustín Morón estuvo en representación del PSOE; Manolo Lay por IU; por el PP Luis Paniagua López; en representación del PA, Juan Antonio Ruiz; Francisco Andrés Piña Cabezas por UPyD;  Valle López Tello por la agrupación Equo; y Ana Santos, como representante del movimiento 15-M.

    Tras una breve introducción en la que todos los participantes expusieron al público asistente su visión política desde la perspectiva de cada partido, se abrió un turno de palabra en la que se fueron sucediendo una serie de cuestiones de interés para los jóvenes que sus representantes políticos fueron respondiendo.

     

  • Un SEFF más corto pero más intenso

    1101FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA (I)

    Comenzó el viernes pasado la octava edición del SEFF, algo más corta (un día menos), pero con más películas en la Sección Oficial a concurso. Algo que a priori podría resultar problemático en cuanto a horarios, y que así resultó. Con bastante menos presupuesto, el certamen lucha por mantenerse, ya que pese al éxito de público, no tiene la continuidad asegurada. Crisis, maldita crisis.

    La primera cinta en participar a concurso fue la española Los muertos no se tocan, nene. Una película esperada por muchos. Homenaje al gran Rafael Azcona (basada en su obra homónima), la cinta pretendía que continuase con la ‘saga’ iniciada por El pisito y El cochecito, y se nota bastante que pretende acercarse al universo de Ferreri, incluso de Berlanga, pero no lo logra. Es una cinta con demasiados personajes, algunos intérpretes no llegan al nivel mínimo exigible. Y cuando tiene que recurrir al chiste escatológico para hacer reír, mal vamos.

    El molino del tiempo, del polaco Lech Majewski utiliza la monumental obra de Pieter Brueghel ‘El Viejo’ El camino del Calvario para narrar el proceso de su creación y la historia de los muchos personajes que aparecen en el cuadro. Visualmente es fantástica, de hecho se basa en su poderío visual, y hasta pasada la media hora de metraje no se pronuncian las primeras palabras. Es un prodigio técnico y una maravilla el modo en que se construye la historia; preciosista, una película que se gusta a sí misma y se regodea en ella, pero que puede abrumar, puede agotar y cansar al espectador medio.

    La hija del director Costa Gavras, Julie, dirige a William Hurt y a Isabella Rosellini en una comedia agridulce, Tres veces 20 años. Los intérpretes son una pareja que se ve obligada a enfrentarse al inevitable paso del tiempo y al peso que ello conlleva. La cinta tiene humor, ciertas dosis de amargura y diálogos inteligentes (a ratos). Se ve con facilidad, y se agradece, pero quizás sea demasiado comercial para la sección oficial de un festival.

    Las olas es la segunda cinta española del concurso. Película que podía haber sido interesante, por su temática, pero que en manos de Alberto Marais se convierte en una cinta difícil de digerir, repleta de tiempos muertos, con un tempo lentísimo (a veces inexistente) y con numerosos huecos que agotan al espectador. Carlos Álvarez está fantástico y es el que mantiene el tirón de la cinta, pero él sólo no se basta para lograr que la película se mantenga a flote antes de hundirse del todo.

    Del mismo modo, Heart´s boomerang, la primera de las cintas rusas del concurso, en un año en el que la homenajeada es la cinematografía de ese país, es una película extremadamente morosa, con continuos planos estáticos alargados hasta el extremo en los que ni pasa nada ni ayudan a explicar el desarrollo de una trama de por sí bastante exigua.

    Si no nosotros, ¿quién? es una interesante cinta alemana sobre el germen de la fracción del Ejército Rojo, el origen de sus fundadores, y un paseo político y social por la Alemania, la Europa y el resto del planeta de aquellos años sesenta. Basada en hechos reales, en ocasiones puede resultar un terreno arduo, bastante denso por todo lo que se trata, todos los personajes reales a los que se alude y lo extenso de su metraje, pero es ciertamente interesante.

    De Code blue esperábamos bastante, en especial por quién está detrás de ella, Urszula Antoniak, la directora de Nothing personal, la que fue la mejor película del concurso hace dos años. Y la película es sorprendente. Es mucho más oscura en su temática, puede repeler a más de uno y a más de una, en especial por su secuencia final, aunque las atmósferas y los personajes recuerdan a la mencionada, aquí se va más allá, bastante más.

     

  • La ‘otra’ historia de España

    El pasado día 5 de noviembre Antonio Manuel Rodríguez presentó su libro La huella morisca, organizado por el Ateneo Andaluz y con la colaboración del Colectivo de Teatro Vistazul, el colectivo poético L´Almazara y la Peña Flamenca Juan Talega.

    En la presentación tomaron protagonismo las tres culturas: la cristiana, la sefardí y la morisca. La música andalusí Paramythia, la danza del vientre de Ilham Maamar y la interesante visión sobre el mundo judío de la mano de Sebastián de la Obra director de la Casa Sefarad en Córdoba, completaron una velada muy especial.
    Gracias a todos los que colaboraron en este acto. Estos eventos son de agradecer, para abrirnos los ojos a la “otra” historia de España.

    Gracias a todos y que se repitan actos así. Dos Hermanas lo necesita.

  • Patinazo de Eastwood

    1101INVICTUS

    Decir que Clint Eastwood es un magnífico director no es nada nuevo. Antes al contrario, son varias las películas que demuestran este hecho. Pero también es cierto que todos los maestros se equivocan. Tres ejemplos claros: Francis Ford Coppola, que tras varias muestras de su enorme talento, metió la pata con Jack, o la reciente e insufrible Tetro; Steven Spielberg, por su lado, perpetró las dolorosas La guerra de los mundos y Amistad; y Tim Burton, maestro en tantos y tantos filmes, machacó su historial con aquel petardo que fue el remake de El planeta de los simios. Ahora le ha llegado el turno a Eastwood.

     

    {xtypo_code}Estado Unidos, 2009. (134’)
    Título original: Invictus.
    Director: Clint Eastwood.
    Producción: Clint Eastwood, Robert Lorenz, Lori McCreary, Mace Neufeld.
    Guión: Anthony Peckham, basado en la novela de John Carlin.
    Fotografía:  Tom Stern.
    Música: Kyle Eastwood, Michael Stevens.
    Montaje:  Joel Cox, Gary Roach.
    Intérpretes: Morgan Freeman (Nelson Mandela), Matt Damon (François Pienaar), Tony Kgoroge (Jasón Tshabalala), Patrick Mokofeng (Linga Moonsamy), Matt Stern (Hendrick Booyens), Julian Lewis Jones (Etienne Feyder), Adjoa Andoh (Brenda Mazibuko), Marguerite Wheatley (Nerine).{/xtypo_code}

    Y es que el bueno de Clint se dejó convencer por Morgan Freeman para llevar a la pantalla la novela de John Carlin sobre el final del apartheid en Sudáfrica y la transición a un país democrático de la mano de Nelson Mandela. A priori, una historia interesante, con un buen director, un buen guionista, un buen equipo técnico y un gran reparto. Pero sólo a priori.

    El argumento se centra en un acontecimiento en concreto, el mundial de rugby celebrado en el país en 1995, para ejemplificar el proceso político en el que Mandela metió al país. De este modo, salvando las distancias, Invictus se convierte en una más (con mayor calidad, eso sí, que algo debe tener el ser Clint Eastwood) de esas cintas que abundan, la mayoría de una ínfima calidad, en la que un mal equipo de una deporte cualquiera, que no le gana a nadie, acaba siendo el campeón del torneo de turno (teniendo en cuenta que la película está basada en un libro basado, a su vez, en hechos reales, tampoco puede decirse que haya destripado demasiado).

    Lo último de Eastwood es de lo más flojo que se le recuerda, rodada de modo correcto (no podemos olvidar quién está detrás de la cámara), pero que es una cinta previsible, con bastante menos intensidad de la que se le presuponía, basada además en un deporte que no tiene tanto interés en nuestro país, con varios momentos carentes de toda credibilidad (la secuencia en la que el equipo, hasta entonces, bastante partidario del régimen anterior, acude a regañadientes a un gueto a jugar con los niños negros es el ejemplo más claro).

    El trabajo de Morgan Freeman es el de un gran actor, pero el resultado final no es el que se esperaba. Invictus es una cinta floja, previsible, demasiado larga y con una historia que pierde lo más interesante de la historia (todo lo que tiene que ver con el mandato de Nelson Mandela) a favor de una historia más baladí, centrada en el triunfo deportivo de un equipo segundón.