Etiqueta: instante

  • Una de demonios

    (Marcos 1,29-39) UNAS VECES nos sentimos tan responsables de todo, que en cuanto algo sale mal nos echamos encima una culpabilidad que nos aplasta. Otras veces es algo del pasado lo que nos angustia y paraliza, una experiencia o un pecado, que se hace tan presente hoy como hace treinta años.

    Otras veces es el odio y el rencor que nos impiden ser felices e, incluso, vivir mínimamente en paz. Vivimos complejos de inferioridad que nos amargan cada instante de nuestra existencia porque cada instante necesitamos compararnos con los demás y salir ganando, cuando siempre hay alguien mejor que nosotros. Vivimos con los ojos vendados, obcecados en lo negativo, sin valorar todo lo bueno que han puesto en nuestra vida. Vivimos estresados en una actividad frenética, cansados de no poder descansar, nerviosos cuando podemos hacerlo. Nos enfrenta y nos hace despreciar a muchos la propia ideología, política o religiosa, que ponemos por encima de las personas.

    Nos come la propia identidad, la lascivia, siempre mezclada con impotencia, de querer usar al otro para satisfacer unas ansias que son como barril sin fondo. Nos come el afán desmedido por tener más y más, sabiendo que nada nos llevaremos a la tumba. Nos arruina la vida el competir con los demás en lo que somos y valemos; si nos vencen, nos amargamos; si vencemos, nos quedamos solos en la cumbre de una montaña pelada. Otras veces es el demonio del rencor resabiado que nos impide perdonar de verdad a quien queremos y descansar por fin.

    ¿Quieren ustedes que les señale más demonios que nos arruinan la vida? Más hay.

    Quien se encuentra con Jesús y se ve libre de sus demonios sabe con certeza que es presencia del Dios de la Bondad y de la Vida.

  • 1957. Los almonteños acercaron el paso de la Virgen a los rocieros de Dos Hermanas

    1957. Los almonteños acercaron el paso de la Virgen a los rocieros de Dos Hermanas

    La hermandad del Rocío de Dos Hermanas, próxima a cumplir sus bodas de plata (fue fundada en octubre de 1933), va adquiriendo prestigio en la aldea almonteña. Su hermano mayor, José Manuel Muñiz Orellana, en su empeño por conseguir las mayores cotas de prestigio para la hermandad nazarena, ha conseguido que, en la procesión del lunes de Pentecostés, los almonteños acerquen el paso de la Virgen del Rocío casi hasta la misma puerta de la capilla de la casa hermandad de Dos Hermanas (ahora en construcción).

    Se trata de un momento indescriptible, en el que enronquecen las gargantas dando vivas a la Blanca Paloma y rezando salves. En la fotografía, que recoge este instante de la peregrinación de 1957, se observa, entre otros rocieros de Dos Hermanas, a Manuel Rivero Monterior, José Moreno, Juan Luis Sánchez López, Peñas Luna y “El Chache”. Las carretas y el simpecado regresarán el miércoles.

     

  • Adiós, Mila

    Eras tan pequeñita al nacer que en la palma de mi mano todo tu cuerpo se cobijaba…

    Y en aquel momento que un solo suave hilo de vida tenías para estar a mi lado, yo te rogé que no te marcharas, que no abandonaras , y te quedaras conmigo…

    Pensar en lo peor no quería, pero imaginé que si seguías adelante sería un milagro, por ello no dudé en ponerte el nombre que te acompañaría todos estos años…

    Y pasó el tiempo…y el tiempo no perdona y nos hace daño…

    Con mi mano palpaba impaciente tu pecho, esperando alguna respuesta de tu cansado corazón, que muy lentamente se iba apagando…

    Tu mirada fija y sin luz, dejaba atrás, con mucho dolor, todos nuestros entrañables recuerdos…

    En esta batalla entre la vida y la muerte, luchaste con valentía y corage, hasta el último instante…

    Cuantos años Mila, cuanto amor y vida te llevas, cuanto hemos vivido juntas…
    Gracias, por haberme regalado tu tiempo, por no haberme abandonado en aquel momento…

    Gracias, por regalarme tu vida, por todas esas horas hasta tu triste despedida…
    Sueña pequeña y vuela alto hasta llegar a las estrellas, seguro que allí alguién te espera y perdona que en este tu último viaje, no te pueda acompañar…

    Te quiero Mila, y tu sabes porqué te quiero…hasta siempre, buena amiga.

  • Adiós, Mila

    Eras tan pequeñita al nacer que en la palma de mi mano todo tu cuerpo se cobijaba…

    Y en aquel momento que un solo suave hilo de vida tenías para estar a mi lado, yo te rogé que no te marcharas, que no abandonaras , y te quedaras conmigo…

    Pensar en lo peor no quería, pero imaginé que si seguías adelante sería un milagro, por ello no dudé en ponerte el nombre que te acompañaría todos estos años…

    Y pasó el tiempo…y el tiempo no perdona y nos hace daño…

    Con mi mano palpaba impaciente tu pecho, esperando alguna respuesta de tu cansado corazón, que muy lentamente se iba apagando…

    Tu mirada fija y sin luz, dejaba atrás, con mucho dolor, todos nuestros entrañables recuerdos…

    En esta batalla entre la vida y la muerte, luchaste con valentía y corage, hasta el último instante…

    Cuantos años Mila, cuanto amor y vida te llevas, cuanto hemos vivido juntas…
    Gracias, por haberme regalado tu tiempo, por no haberme abandonado en aquel momento…

    Gracias, por regalarme tu vida, por todas esas horas hasta tu triste despedida…
    Sueña pequeña y vuela alto hasta llegar a las estrellas, seguro que allí alguién te espera y perdona que en este tu último viaje, no te pueda acompañar…

    Te quiero Mila, y tu sabes porqué te quiero…hasta siempre, buena amiga.

  • La china del Arenal o Historia de un instante

    Hierática, silenciosa,
    presa tras un mostrador
    donde apenas daba el sol,
    mimetizaba el semblante
    de entre los llenos estantes
    que tenía alrededor.

    Una vez compré el regalo
    fui a la caja —hasta su altura—
    descubriendo la frescura
    de sus manos, su mirada
    y su pose delicada
    que rezumaba tersura.

    La china envolvió el regalo
    con perfección y destreza;
    con tal tacto y sutileza
    que, al rematarlo en un lazo,
    fue a anudarlo en su regazo
    colmándolo de belleza.

    El instante —destilando
    sensibilidad y estilo—
    quiso fraguar un suspiro
    que me brotó inesperado:
    ella puso un gesto raro,
    recatado y sorprendido.

    Al socaire de sus ojos;
    su sensualidad pausada;
    en sus rasgos, su mirada;
    tras un perfume oriental,
    olvidé la Navidad,
    mis regalos y mis prisas,
    el reloj con sus pesquisas
    y el tren en El Arenal…

  • La china del Arenal o Historia de un instante

    Hierática, silenciosa,
    presa tras un mostrador
    donde apenas daba el sol,
    mimetizaba el semblante
    de entre los llenos estantes
    que tenía alrededor.

    Una vez compré el regalo
    fui a la caja —hasta su altura—
    descubriendo la frescura
    de sus manos, su mirada
    y su pose delicada
    que rezumaba tersura.

    La china envolvió el regalo
    con perfección y destreza;
    con tal tacto y sutileza
    que, al rematarlo en un lazo,
    fue a anudarlo en su regazo
    colmándolo de belleza.

    El instante —destilando
    sensibilidad y estilo—
    quiso fraguar un suspiro
    que me brotó inesperado:
    ella puso un gesto raro,
    recatado y sorprendido.

    Al socaire de sus ojos;
    su sensualidad pausada;
    en sus rasgos, su mirada;
    tras un perfume oriental,
    olvidé la Navidad,
    mis regalos y mis prisas,
    el reloj con sus pesquisas
    y el tren en El Arenal…