Etiqueta: huella

  • Y el héroe se hizo carne… animada

    1302LAS AVENTURAS DE TINTIN: EL SECRETO DEL UNICORNIO

    Steven Spielberg siempre ha sido un genio del cine, un director que ha sabido contentar al público con sus películas, darle al espectador lo que éste quiere, y ello le ha servido para ser uno de los más taquilleros de la historia. Y por ello, desde hace un tiempo hace lo que le da la gana, como le da la gana y cuando le da la gana, sin tener en cuenta modas, ni considerar lo que el público solicita en ese momento. Su última película es esta Las aventuras de Tintín, producida por otro director que también rompe las taquillas en los últimos años, Peter Jackson; la idea es que en un par de años nos llegue la segunda entrega, donde los papeles de Spielberg y Jackson se intercambien.

    {xtypo_code}Estados Unidos-Nueva Zelanda, 2011. (107′)
    Título original: The adventures of Tintin
    Dirección: Steven Spielberg.
    Producción: Peter Jackson, Kathleen Kennedy, Steven Spielberg.
    Guión:  Steven Moffat, Edgar Wright, Joe Cornish, basado en los comics de Herg.  
    Fotografía: Janusz Kaminski.
    Música: John Williams.
    Montaje: Michael Kahn.
    Intérpretes: Jamie Bell (Tintin), Daniel Craig (Ivanovich Sakharine), Andy Serkis (Capitán Haddock), Simon Pegg (Hernández), Nick Frost (Fernández), Toby Jones (Silk), Sebastian Roché (Pedro), Mackenzie Crook (Ernie), Tony Curran (Teniente Delcourt), Daniel Mays (Allan), Gad Elmaleh (Ben Salaad), Kim Stengel (Bianca Castafiore), Sonje Fortag (Sra. Finch), Joe Starr (Barnaby).{/xtypo_code}

    La película utiliza y adapta tres de los cómics de Hergé, de los primeros de la serie que creó el autor belga con las aventuras del joven reportero, en las que conoce al que sería posteriormente su compañero de andanzas, el capitán Haddock. A partir de ahí, los responsables han utilizado las más avanzadas tecnicas de captura de movimiento de los actores para transformarlos después en seres animados. El resultado visual es, como era de prever, magnífico, impactante, y el espectador disfruta durante la proyección. Era lo esperado, y, como ya decía, Spielberg y Jackson saben hacer el trabajo a la perfección. El problema es que después no deja huella.

    Tintín es un joven y curioso periodista de investigación. En un mercadillo queda prendado de una maqueta del barco Unicornio, del que descubre que hay mucha gente interesada en conseguir. Entre ellos Ivan Ivanovitch Sakharine, un villano que está convencido de que Tintín ha robado un tesoro vinculado a Francis Hadoque y al pirata Rackam el Rojo. Junto a su perro Milú iniciará una búsqueda por medio mundo siguiendo las pistas para encontrar dónde reposan los restos del Unicornio original, y su valioso tesoro.

    La película se inicia con una secuencia de créditos que recuerda horrores a la de Atrápame si puedes, también de Spielberg, y las aventuras del reportero nos hacen pensar en muchos momentos en las de Indiana Jones (algo que le dijeron más de una vez al director cuando estrenó las cintas del famoso arqueólogo), y no son los únicos guiños a su cine (el tupé de Tintín sobre el agua, cual aleta de Tiburón, por ejemplo). Tiene un par de secuencias impactantes, fantásticas, que demuestran el talento del director detrás de la cámara (la primera en el mercadillo y la memorable persecución en sidecar por las empinadas calles de Baggharg), pero en su conjunto es una película que no deja una huella profunda.

    Se disfruta mientras se está viendo, a pesar de una insistente banda sonora que apenas guarda silencio durante todo el metraje, llegando a momentos en los que verdaderamente molesta, pero no deja huella.

     

  • La Compasión deja huella en Torremolinos

    1804
    El conjunto Alevín del Colegio de Nuestra Señora de la Compasión de Dos Hermanas ha participado este fin de semana junto a 52 equipos en el torneo escolar EMDE, celebrado en Torremolinos.

  • 1972. Adiós al maestro Díaz Ferreras

    2401Con honda pesadumbre ha sido recibida en Dos Hermanas la noticia de la muerte, a los 61 años de edad, de Enrique Díaz Ferreras, recordado maestro que desarrolló su labor docente en el Colegio Calvo Sotelo. Nacido en Montilla, conoció a la que después sería su esposa, Aurora Fernández, estudiando magisterio.

    Destinado en un principio en Taleña (Asturias), en 1945 empezó a dar clases en Dos Hermanas, junto a su esposa, aunque también ejerció de practicante en el ambulatorio de La Plazoleta. Destacó por su profunda humanidad y la honda huella que dejó en sus alumnos. Hace poco, sus ex alumnos le realizaron un homenaje con motivo de su jubilación, de la que  lamentablemente no ha podido disfrutar. Una infección vírica se lo ha llevado. Descanse en paz.

  • Astas de silencio…

    El cuerno le salía por la boca.
    Le atravesó la voz con un mazazo
    fiera, como una hoz, de un navajazo
    directo a la garganta, dirigido,
    segando a los sentidos con la herida
    desangrada de espanto, contenida
    de arena hecha quebranto en los tendidos.

    Después todo fue rápido —o fue lento:
    que los tiempos que nutren los instantes
    dependen del valor, que no se achante,
    de saber encajar a las miradas,
    del peso del pasado en la experiencia,
    si existe la quietud en tu conciencia
    o si eres tú quien lleva la cornada…—.

    Ya pasó: otra muesca en el mosaico;
    otra huella de cuerno en otra piel;
    otra mella de toro; otro dintel
    que le lleva a otra tarde, otros alberos…
    ¿Qué les hace enfrentarse con la gloria?
    ¿Por qué encastan su lecho en la memoria?
    ¿De qué pasta están hechos los toreros…?

  • Astas de silencio…

    El cuerno le salía por la boca.
    Le atravesó la voz con un mazazo
    fiera, como una hoz, de un navajazo
    directo a la garganta, dirigido,
    segando a los sentidos con la herida
    desangrada de espanto, contenida
    de arena hecha quebranto en los tendidos.

    Después todo fue rápido —o fue lento:
    que los tiempos que nutren los instantes
    dependen del valor, que no se achante,
    de saber encajar a las miradas,
    del peso del pasado en la experiencia,
    si existe la quietud en tu conciencia
    o si eres tú quien lleva la cornada…—.

    Ya pasó: otra muesca en el mosaico;
    otra huella de cuerno en otra piel;
    otra mella de toro; otro dintel
    que le lleva a otra tarde, otros alberos…
    ¿Qué les hace enfrentarse con la gloria?
    ¿Por qué encastan su lecho en la memoria?
    ¿De qué pasta están hechos los toreros…?

  • Astas de silencio…

    El cuerno le salía por la boca.
    Le atravesó la voz con un mazazo
    fiera, como una hoz, de un navajazo
    directo a la garganta, dirigido,
    segando a los sentidos con la herida
    desangrada de espanto, contenida
    de arena hecha quebranto en los tendidos.

    Después todo fue rápido —o fue lento:
    que los tiempos que nutren los instantes
    dependen del valor, que no se achante,
    de saber encajar a las miradas,
    del peso del pasado en la experiencia,
    si existe la quietud en tu conciencia
    o si eres tú quien lleva la cornada…—.

    Ya pasó: otra muesca en el mosaico;
    otra huella de cuerno en otra piel;
    otra mella de toro; otro dintel
    que le lleva a otra tarde, otros alberos…
    ¿Qué les hace enfrentarse con la gloria?
    ¿Por qué encastan su lecho en la memoria?
    ¿De qué pasta están hechos los toreros…?

  • Astas de silencio…

    El cuerno le salía por la boca.
    Le atravesó la voz con un mazazo
    fiera, como una hoz, de un navajazo
    directo a la garganta, dirigido,
    segando a los sentidos con la herida
    desangrada de espanto, contenida
    de arena hecha quebranto en los tendidos.

    Después todo fue rápido —o fue lento:
    que los tiempos que nutren los instantes
    dependen del valor, que no se achante,
    de saber encajar a las miradas,
    del peso del pasado en la experiencia,
    si existe la quietud en tu conciencia
    o si eres tú quien lleva la cornada…—.

    Ya pasó: otra muesca en el mosaico;
    otra huella de cuerno en otra piel;
    otra mella de toro; otro dintel
    que le lleva a otra tarde, otros alberos…
    ¿Qué les hace enfrentarse con la gloria?
    ¿Por qué encastan su lecho en la memoria?
    ¿De qué pasta están hechos los toreros…?

  • Astas de silencio…

    El cuerno le salía por la boca.
    Le atravesó la voz con un mazazo
    fiera, como una hoz, de un navajazo
    directo a la garganta, dirigido,
    segando a los sentidos con la herida
    desangrada de espanto, contenida
    de arena hecha quebranto en los tendidos.

    Después todo fue rápido —o fue lento:
    que los tiempos que nutren los instantes
    dependen del valor, que no se achante,
    de saber encajar a las miradas,
    del peso del pasado en la experiencia,
    si existe la quietud en tu conciencia
    o si eres tú quien lleva la cornada…—.

    Ya pasó: otra muesca en el mosaico;
    otra huella de cuerno en otra piel;
    otra mella de toro; otro dintel
    que le lleva a otra tarde, otros alberos…
    ¿Qué les hace enfrentarse con la gloria?
    ¿Por qué encastan su lecho en la memoria?
    ¿De qué pasta están hechos los toreros…?

  • Recuerdos de feria en un andén

    Envueltos en su nube de estridencia,
    de asfalto apresurado, escaparate,
    de vasto y orquestado disparate,
    la ciudad nos unió con su cadencia.

    Hoy mis pasos —teñidos de querencia—
    me han llevado al lugar donde aún late
    aquel sabor a feria y chocolate;
    aquel beso, tu adiós y mi inocencia…

    El tiempo, si ha pasado, ha sido en vano;
    su aliento no dejó huella en mi mano;
    te sueño en la estación, junto aquel tren.

    Y aunque tú serás brisa de otro viento,
    a un tiempo que suspiro mi lamento,
    yo sigo aquí, esperando, en el andén…

    A todos los amores de feria que están a punto de perfumar las vidas de enamorados nazarenos.