Se celebró con gran solemnidad la procesión del Corpus Christi, que congregó en las calles nazarenas a miles de fieles. En la fotografía, la procesión a su paso por la calle Real Sevilla. Se aprecian en la imagen, entre otros, a D. Manuel Calvo Leal y al cura Luis Peña. El niño de monaguillo, en el centro, es Juan José Tinoco, hijo del sacristán.
Etiqueta: hijo
-
1927. Gran procesión del Corpus Christi
-
La torre de la confusión
(Pentecostés) Érase una vez que se era, según nos cuenta la Biblia, unos hombres que, al principio de los tiempos, quisieron hacer una torre muy grande, muy alta. Conscientes del poder de su sabiduría y su técnica querían ponerse a salvo de todos los peligros que pudieran venirles. Y se pusieron manos a la obra.
Comenzaron poniendo andamios de cañas y madera, comenzaron a construir un piso, y otro, y otro. Algunos trabajadores se caían, y como estaban tan altos morían del golpe que se daban. Pero los que se habían hecho cargo de la gran torre con un látigo (de hambre, de miedo y de inconsciencia) los azotaban. Mientras más alta era la torre, más trabajadores morían; más mujeres se quedaban viudas y más niños se quedaban huérfanos. Pero los que mandaban no cejaban, con palabras engañosas, con leyes injustas y con violencia los obligaban. ¡Cuánta sangre estaba costando aquella torre!
Desde el cielo el Padre veía tanto sufrimiento de sus hijos. Y decidió que era mejor separar a sus hijos a que siguieran muriendo. Y así confundió sus idiomas para que no se entendieran y tuvieran que dejar la construcción de aquella maldita torre.“Padre, pero si son hermanos, ¿cómo es que no van a poder entenderse y vivir juntos” –le dijo el Hijo. “Mira, cuando las palabras sólo llevan calumnias y las miradas sólo transmiten violencia, todo lo que se hace es daño e injusticia. Y eso es lo que hay que evitar”. Entonces el Hijo le contestó: “¿Me dejarás un día que les enseñe qué significa ser hijo y ser hermano? ¿Me dejarás que les entregue el Amor que Tú y Yo compartimos?”. El Padre se quedó pensando lo que eso iba a costar…
No iba a ser fácil. Enseñar el lenguaje del Amor sólo se hace entregando la propia vida, cargando, uno mismo, con la calumnia y la violencia. Y le dijo: “Te dejaré, Hijo. Pero ten en cuenta que las personas sólo te escucharán cuando hayan aprendido de sus errores… y los cometan contigo”. “¡Mira ese niño llorando! ¿Cómo vamos a dejar de ir?”.
-
La torre de la confusión
(Pentecostés) Érase una vez que se era, según nos cuenta la Biblia, unos hombres que, al principio de los tiempos, quisieron hacer una torre muy grande, muy alta. Conscientes del poder de su sabiduría y su técnica querían ponerse a salvo de todos los peligros que pudieran venirles. Y se pusieron manos a la obra.
Comenzaron poniendo andamios de cañas y madera, comenzaron a construir un piso, y otro, y otro. Algunos trabajadores se caían, y como estaban tan altos morían del golpe que se daban. Pero los que se habían hecho cargo de la gran torre con un látigo (de hambre, de miedo y de inconsciencia) los azotaban. Mientras más alta era la torre, más trabajadores morían; más mujeres se quedaban viudas y más niños se quedaban huérfanos. Pero los que mandaban no cejaban, con palabras engañosas, con leyes injustas y con violencia los obligaban. ¡Cuánta sangre estaba costando aquella torre!
Desde el cielo el Padre veía tanto sufrimiento de sus hijos. Y decidió que era mejor separar a sus hijos a que siguieran muriendo. Y así confundió sus idiomas para que no se entendieran y tuvieran que dejar la construcción de aquella maldita torre.“Padre, pero si son hermanos, ¿cómo es que no van a poder entenderse y vivir juntos” –le dijo el Hijo. “Mira, cuando las palabras sólo llevan calumnias y las miradas sólo transmiten violencia, todo lo que se hace es daño e injusticia. Y eso es lo que hay que evitar”. Entonces el Hijo le contestó: “¿Me dejarás un día que les enseñe qué significa ser hijo y ser hermano? ¿Me dejarás que les entregue el Amor que Tú y Yo compartimos?”. El Padre se quedó pensando lo que eso iba a costar…
No iba a ser fácil. Enseñar el lenguaje del Amor sólo se hace entregando la propia vida, cargando, uno mismo, con la calumnia y la violencia. Y le dijo: “Te dejaré, Hijo. Pero ten en cuenta que las personas sólo te escucharán cuando hayan aprendido de sus errores… y los cometan contigo”. “¡Mira ese niño llorando! ¿Cómo vamos a dejar de ir?”.
-
La torre de la confusión
(Pentecostés) Érase una vez que se era, según nos cuenta la Biblia, unos hombres que, al principio de los tiempos, quisieron hacer una torre muy grande, muy alta. Conscientes del poder de su sabiduría y su técnica querían ponerse a salvo de todos los peligros que pudieran venirles. Y se pusieron manos a la obra.
Comenzaron poniendo andamios de cañas y madera, comenzaron a construir un piso, y otro, y otro. Algunos trabajadores se caían, y como estaban tan altos morían del golpe que se daban. Pero los que se habían hecho cargo de la gran torre con un látigo (de hambre, de miedo y de inconsciencia) los azotaban. Mientras más alta era la torre, más trabajadores morían; más mujeres se quedaban viudas y más niños se quedaban huérfanos. Pero los que mandaban no cejaban, con palabras engañosas, con leyes injustas y con violencia los obligaban. ¡Cuánta sangre estaba costando aquella torre!
Desde el cielo el Padre veía tanto sufrimiento de sus hijos. Y decidió que era mejor separar a sus hijos a que siguieran muriendo. Y así confundió sus idiomas para que no se entendieran y tuvieran que dejar la construcción de aquella maldita torre.“Padre, pero si son hermanos, ¿cómo es que no van a poder entenderse y vivir juntos” –le dijo el Hijo. “Mira, cuando las palabras sólo llevan calumnias y las miradas sólo transmiten violencia, todo lo que se hace es daño e injusticia. Y eso es lo que hay que evitar”. Entonces el Hijo le contestó: “¿Me dejarás un día que les enseñe qué significa ser hijo y ser hermano? ¿Me dejarás que les entregue el Amor que Tú y Yo compartimos?”. El Padre se quedó pensando lo que eso iba a costar…
No iba a ser fácil. Enseñar el lenguaje del Amor sólo se hace entregando la propia vida, cargando, uno mismo, con la calumnia y la violencia. Y le dijo: “Te dejaré, Hijo. Pero ten en cuenta que las personas sólo te escucharán cuando hayan aprendido de sus errores… y los cometan contigo”. “¡Mira ese niño llorando! ¿Cómo vamos a dejar de ir?”.
-
La torre de la confusión
(Pentecostés) Érase una vez que se era, según nos cuenta la Biblia, unos hombres que, al principio de los tiempos, quisieron hacer una torre muy grande, muy alta. Conscientes del poder de su sabiduría y su técnica querían ponerse a salvo de todos los peligros que pudieran venirles. Y se pusieron manos a la obra.
Comenzaron poniendo andamios de cañas y madera, comenzaron a construir un piso, y otro, y otro. Algunos trabajadores se caían, y como estaban tan altos morían del golpe que se daban. Pero los que se habían hecho cargo de la gran torre con un látigo (de hambre, de miedo y de inconsciencia) los azotaban. Mientras más alta era la torre, más trabajadores morían; más mujeres se quedaban viudas y más niños se quedaban huérfanos. Pero los que mandaban no cejaban, con palabras engañosas, con leyes injustas y con violencia los obligaban. ¡Cuánta sangre estaba costando aquella torre!
Desde el cielo el Padre veía tanto sufrimiento de sus hijos. Y decidió que era mejor separar a sus hijos a que siguieran muriendo. Y así confundió sus idiomas para que no se entendieran y tuvieran que dejar la construcción de aquella maldita torre.“Padre, pero si son hermanos, ¿cómo es que no van a poder entenderse y vivir juntos” –le dijo el Hijo. “Mira, cuando las palabras sólo llevan calumnias y las miradas sólo transmiten violencia, todo lo que se hace es daño e injusticia. Y eso es lo que hay que evitar”. Entonces el Hijo le contestó: “¿Me dejarás un día que les enseñe qué significa ser hijo y ser hermano? ¿Me dejarás que les entregue el Amor que Tú y Yo compartimos?”. El Padre se quedó pensando lo que eso iba a costar…
No iba a ser fácil. Enseñar el lenguaje del Amor sólo se hace entregando la propia vida, cargando, uno mismo, con la calumnia y la violencia. Y le dijo: “Te dejaré, Hijo. Pero ten en cuenta que las personas sólo te escucharán cuando hayan aprendido de sus errores… y los cometan contigo”. “¡Mira ese niño llorando! ¿Cómo vamos a dejar de ir?”.
-
La torre de la confusión
(Pentecostés) Érase una vez que se era, según nos cuenta la Biblia, unos hombres que, al principio de los tiempos, quisieron hacer una torre muy grande, muy alta. Conscientes del poder de su sabiduría y su técnica querían ponerse a salvo de todos los peligros que pudieran venirles. Y se pusieron manos a la obra.
Comenzaron poniendo andamios de cañas y madera, comenzaron a construir un piso, y otro, y otro. Algunos trabajadores se caían, y como estaban tan altos morían del golpe que se daban. Pero los que se habían hecho cargo de la gran torre con un látigo (de hambre, de miedo y de inconsciencia) los azotaban. Mientras más alta era la torre, más trabajadores morían; más mujeres se quedaban viudas y más niños se quedaban huérfanos. Pero los que mandaban no cejaban, con palabras engañosas, con leyes injustas y con violencia los obligaban. ¡Cuánta sangre estaba costando aquella torre!
Desde el cielo el Padre veía tanto sufrimiento de sus hijos. Y decidió que era mejor separar a sus hijos a que siguieran muriendo. Y así confundió sus idiomas para que no se entendieran y tuvieran que dejar la construcción de aquella maldita torre.“Padre, pero si son hermanos, ¿cómo es que no van a poder entenderse y vivir juntos” –le dijo el Hijo. “Mira, cuando las palabras sólo llevan calumnias y las miradas sólo transmiten violencia, todo lo que se hace es daño e injusticia. Y eso es lo que hay que evitar”. Entonces el Hijo le contestó: “¿Me dejarás un día que les enseñe qué significa ser hijo y ser hermano? ¿Me dejarás que les entregue el Amor que Tú y Yo compartimos?”. El Padre se quedó pensando lo que eso iba a costar…
No iba a ser fácil. Enseñar el lenguaje del Amor sólo se hace entregando la propia vida, cargando, uno mismo, con la calumnia y la violencia. Y le dijo: “Te dejaré, Hijo. Pero ten en cuenta que las personas sólo te escucharán cuando hayan aprendido de sus errores… y los cometan contigo”. “¡Mira ese niño llorando! ¿Cómo vamos a dejar de ir?”.
-
La torre de la confusión
(Pentecostés) Érase una vez que se era, según nos cuenta la Biblia, unos hombres que, al principio de los tiempos, quisieron hacer una torre muy grande, muy alta. Conscientes del poder de su sabiduría y su técnica querían ponerse a salvo de todos los peligros que pudieran venirles. Y se pusieron manos a la obra.
Comenzaron poniendo andamios de cañas y madera, comenzaron a construir un piso, y otro, y otro. Algunos trabajadores se caían, y como estaban tan altos morían del golpe que se daban. Pero los que se habían hecho cargo de la gran torre con un látigo (de hambre, de miedo y de inconsciencia) los azotaban. Mientras más alta era la torre, más trabajadores morían; más mujeres se quedaban viudas y más niños se quedaban huérfanos. Pero los que mandaban no cejaban, con palabras engañosas, con leyes injustas y con violencia los obligaban. ¡Cuánta sangre estaba costando aquella torre!
Desde el cielo el Padre veía tanto sufrimiento de sus hijos. Y decidió que era mejor separar a sus hijos a que siguieran muriendo. Y así confundió sus idiomas para que no se entendieran y tuvieran que dejar la construcción de aquella maldita torre.“Padre, pero si son hermanos, ¿cómo es que no van a poder entenderse y vivir juntos” –le dijo el Hijo. “Mira, cuando las palabras sólo llevan calumnias y las miradas sólo transmiten violencia, todo lo que se hace es daño e injusticia. Y eso es lo que hay que evitar”. Entonces el Hijo le contestó: “¿Me dejarás un día que les enseñe qué significa ser hijo y ser hermano? ¿Me dejarás que les entregue el Amor que Tú y Yo compartimos?”. El Padre se quedó pensando lo que eso iba a costar…
No iba a ser fácil. Enseñar el lenguaje del Amor sólo se hace entregando la propia vida, cargando, uno mismo, con la calumnia y la violencia. Y le dijo: “Te dejaré, Hijo. Pero ten en cuenta que las personas sólo te escucharán cuando hayan aprendido de sus errores… y los cometan contigo”. “¡Mira ese niño llorando! ¿Cómo vamos a dejar de ir?”.
-
La torre de la confusión
(Pentecostés) Érase una vez que se era, según nos cuenta la Biblia, unos hombres que, al principio de los tiempos, quisieron hacer una torre muy grande, muy alta. Conscientes del poder de su sabiduría y su técnica querían ponerse a salvo de todos los peligros que pudieran venirles. Y se pusieron manos a la obra.
Comenzaron poniendo andamios de cañas y madera, comenzaron a construir un piso, y otro, y otro. Algunos trabajadores se caían, y como estaban tan altos morían del golpe que se daban. Pero los que se habían hecho cargo de la gran torre con un látigo (de hambre, de miedo y de inconsciencia) los azotaban. Mientras más alta era la torre, más trabajadores morían; más mujeres se quedaban viudas y más niños se quedaban huérfanos. Pero los que mandaban no cejaban, con palabras engañosas, con leyes injustas y con violencia los obligaban. ¡Cuánta sangre estaba costando aquella torre!
Desde el cielo el Padre veía tanto sufrimiento de sus hijos. Y decidió que era mejor separar a sus hijos a que siguieran muriendo. Y así confundió sus idiomas para que no se entendieran y tuvieran que dejar la construcción de aquella maldita torre.“Padre, pero si son hermanos, ¿cómo es que no van a poder entenderse y vivir juntos” –le dijo el Hijo. “Mira, cuando las palabras sólo llevan calumnias y las miradas sólo transmiten violencia, todo lo que se hace es daño e injusticia. Y eso es lo que hay que evitar”. Entonces el Hijo le contestó: “¿Me dejarás un día que les enseñe qué significa ser hijo y ser hermano? ¿Me dejarás que les entregue el Amor que Tú y Yo compartimos?”. El Padre se quedó pensando lo que eso iba a costar…
No iba a ser fácil. Enseñar el lenguaje del Amor sólo se hace entregando la propia vida, cargando, uno mismo, con la calumnia y la violencia. Y le dijo: “Te dejaré, Hijo. Pero ten en cuenta que las personas sólo te escucharán cuando hayan aprendido de sus errores… y los cometan contigo”. “¡Mira ese niño llorando! ¿Cómo vamos a dejar de ir?”.
-
¡Felicidades,!

De parte de tu mujer y tu hijo. Eres el papi más chuli, chuli. -
Se cumplen cuatro años sin noticias de Josué Monge García
Su padre, Antonio García, sigue en búsqueda y captura por la PolicíaEl próximo sábado se cumplen cuatro años sin noticias del paradero del menor Josué Monge García, que el día 10 de abril de 2006 desapareció en la barriada nazarena de Huerta Sola. Una noticia que copó la actualidad informativa local durante el primer año y que ha quedado relegada a un segundo plano al no haberse dado con una pista fiable que dé con el menor y su padre, Antonio Monge, quien también está en paradero desconocido desde el 23 de abril, diez días después de la desaparición de su hijo.
A pesar de este silencio informativo, su madre, María Isabel García, no ceja en su empeño de dar con su hijo, acudiendo cada vez que puede a la televisión, la última vez hace una semana en Canal Sur Televisión, donde volvió a insistir en la necesidad de dar con su marido, quien sigue en búsqueda y captura por parte de la Policía, ya que para Isabel, éste sigue siendo la clave para llegar a su hijo.
Según María Isabel, ya que la Policía Nacional no se ha pronunciado al respecto, la investigación sigue adelante pero hasta la fecha ninguna de las pistas ofrecidas han dado resultados positivos. La última esperanza llegó hace dos meses cuando alguien aseguró haber visto al padre solo. Un indicio en el que se ha centrado la investigación policial, además de seguir repasando, según María Isabel, los pasos previos dados en la investigación por si se ha quedado alguna pista en el tintero que se pueda retomar.{xtypo_code}Fuerzas de flaqueza
Isabel reconoce que la fuerza que tiene para seguir adelante se la dan sus hijos, puesto que “no puedo permitirme venirme abajo ya que ellos ya han sufrido bastante, aunque por dentro me coma la pena”. Reconoce que es “una espina que lleva clavada” y que lo peor es “la incertidumbre”, por lo que después de cuatro años sólo quiere “descansar y saber qué es lo que ha pasado”. A veces, se pone en lo peor, ya que Josué tendría en la actualidad 17 años y podría haber dado señales de vida.{/xtypo_code}