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  • A mi madre Francisca Vidal Adame

    Hoy. Día 10 de Abril, hace un año que ya no estás y tratamos de enlazar las palabras, que con lágrimas salen de nuestra alma, palabras que acompañarán esta tristeza por una ausencia que no esperábamos, hoy la nostalgia nos visita otra vez, trayendo a nuestra memoria recuerdos de ti, esa gran mujer, esa mujer maravillosa, llena de fuerza, llena de vitalidad, llena de vida, hoy parece que las palabras también se despiden de nosotros, tenemos tanto que decir, pero tu ausencia enmudece nuestras voces, cautiva nuestros pensamientos y sencillamente no podemos.

    Esto te queremos decir, mamá, y sé perfectamente que nos escucharás porque no te has ido, y nunca te irás, porque estás en cada latido, porque estás en cada lágrima, porque estás en cada suspiro, porque estás siempre en cada uno de nosotros.

    Ahora mismo, y siempre estás viva, porque tu esencia sigue, tu recuerdo, tu ejemplo, tu valor, tu cariño, tu amor y tu esfuerzo han quedado plasmados en nuestras memorias, escritas con letras doradas en nuestros corazones.

    Tus palabras vivirán siempre en nuestras almas, las recordaremos cada mañana, aunque ahora la tristeza nos quite la calma, pero hacemos nuestros tus recuerdos, tus besos, tus abrazos, son un tesoro interminable, mujer admirable, madre inmejorable, no has muerto y nunca lo harás, porque no se muere cuando el corazón deja de latir, se muere cuando en los recuerdos se deja de existir, y tú, mamá, estás presente, estás aquí por siempre.

    Te queremos mucho, mamá

    Josefa Álvarez.

     

  • A mi madre Francisca Vidal Adame

    Hoy. Día 10 de Abril, hace un año que ya no estás y tratamos de enlazar las palabras, que con lágrimas salen de nuestra alma, palabras que acompañarán esta tristeza por una ausencia que no esperábamos, hoy la nostalgia nos visita otra vez, trayendo a nuestra memoria recuerdos de ti, esa gran mujer, esa mujer maravillosa, llena de fuerza, llena de vitalidad, llena de vida, hoy parece que las palabras también se despiden de nosotros, tenemos tanto que decir, pero tu ausencia enmudece nuestras voces, cautiva nuestros pensamientos y sencillamente no podemos.

    Esto te queremos decir, mamá, y sé perfectamente que nos escucharás porque no te has ido, y nunca te irás, porque estás en cada latido, porque estás en cada lágrima, porque estás en cada suspiro, porque estás siempre en cada uno de nosotros.

    Ahora mismo, y siempre estás viva, porque tu esencia sigue, tu recuerdo, tu ejemplo, tu valor, tu cariño, tu amor y tu esfuerzo han quedado plasmados en nuestras memorias, escritas con letras doradas en nuestros corazones.

    Tus palabras vivirán siempre en nuestras almas, las recordaremos cada mañana, aunque ahora la tristeza nos quite la calma, pero hacemos nuestros tus recuerdos, tus besos, tus abrazos, son un tesoro interminable, mujer admirable, madre inmejorable, no has muerto y nunca lo harás, porque no se muere cuando el corazón deja de latir, se muere cuando en los recuerdos se deja de existir, y tú, mamá, estás presente, estás aquí por siempre.

    Te queremos mucho, mamá

    Josefa Álvarez.

     

  • Felicidades Valme

    El dieciséis de marzo de 1993, a las 3 de la madrugada nació una persona muy especial para las familias Mauri-Marchena Álvarez. Especial para todos, ya que día a día nos demuestra todo lo fuerte y luchadora que es. Durante muchos años ha sido la más pequeña, pero ahora le ha quitado el protagonismo su sobrina Marta y su sobrino Liroy, y los que vienen, que si Dios quiere serán muchos más, pero ella seguirá siendo siempre, ella.

    Nadie mejor que tu sabes de los sinsabores de la vida, y las trabas que la sociedad pone, aunque digan que hay muy buenas intenciones en las integraciones, a veces hacen oidos sordos.

    Pero no todas las personas saben afrotar como tú, desde que nacistes, todos los revés que da la vida.

    Eres inteligente y luchadora y desde que nacistes, dijistes: “aquí estoy con todo lo que traigo en mi maleta”. Por eso hay que quitarse el sombrero al hablar de ti, pues desde siempre has demostrado lo tenaz que eres en todos los aspectos, nunca te has escudado en nada para sacar un curso adelante aun cuando has venido del hospital, has retomado tus estudios y con buenas notas. Por todo ello te digo que sigas así, que eres un ejemplo para muchas personas tantoa de tu edad como más mayores.

    Ya sabrás, por estas letras que soy tu tía Pepa. La tercera persona que te tuvo en sus brazos hace ya 18 años y como eres de mi mismo signo, supe desde entonces que eres como yo, fuerte y luchadora.

    Todos te queremos y te mandamos mucha fuerza desde nuestros humildes corazones para que el tuyo siga siendo el más grande.

    Sigue siendo siempre esa persona tan querida por todos nosotros, no dejes nunca de ser como te dice tu padrino: “esa rubia bonita”

     

  • Pórtico de Gloria

    (Mateo 5,1-13) A mí, el evangelio de Mateo siempre me ha parecido la más adusta y seria de las cuatro miradas que la Iglesia nos ofrece para que conozcamos la Buena Noticia que es Jesucristo.

    En este evangelio, Jesús aparece o enseñando a sus discípulos o caminando delante de ellos. La más extensa de esas enseñanzas se abre con un poema de fuerza y sencillez sorprendente. «¡Felices! ¡Bienaventurados! ¡Alegres!» nos llama Jesús a todos los que intentamos seguirle con sinceridad. Y no dice que lo seremos, o que debiéramos serlo; sino que grita con fuerza una verdad que a veces está un poco oculta. Pero no, por estar oculto en la mina, el diamante deja de estar ahí.

    La plenitud de la vida está tan cerca de ti… Sólo basta con que quites la tierra del pedestal que te has construido; o que derribes la tapia, también de tierra, que te aísla del Padre y de los hermanos. El tesoro está ahí, y no deja de ser tuyo.
    Tus lágrimas se secarán; tus heridas cicatrizarán definitivamente; tu hambre y tu sed se verán saciadas; el hambre de todos los hijos de Dios desaparecerá; y todos los hombres y mujeres del mundo podremos vivir como hermanos. Cada persona podrá vivir en la claridad de la presencia del absoluto de Dios en su vida, y todos nos sabremos colmados por su gracia.

    ¿Qué cómo puedes hacer para comenzar a vivir todo esto? (…) Mejor que Mateo no lo te lo puedo contar yo.   Lee los capítulos 5, 6 y 7 del evangelio; y si en algún momento te falta una sonrisa en los labios es que no lo has entendido bien: deja pasar un poco de tiempo, recuerda que eres sólo una persona, y vuelve a leerlo

     

  • ¡Felicidades!

    0203
    Mi pequeña Natalia, con la sonrisa más bonita y simpática, en tu primer año nos has dado alegría y felicidad. Te queremos tus papás, abuelos y titos.
  • Inocencia en la mirada

    (Mateo) Mira lo bueno y lo hermoso como si fuera la primera vez que lo haces. Los ojos son la puerta del alma; y, si miras las cosas con la ingenuidad de la primera vez, no dejarás nunca de admirarte por tanta bondad como te rodea.

    Estamos muy «entrenados» en descubrir lo negativo de los demás, y en lo que nosotros recaemos una y otra vez. También estamos muy concienciados del compromiso que como cristianos tenemos que vivir, aunque no lo vivamos. Pero, la capacidad de mirar una y otra vez la hermosura y la bondad que están a nuestro lado, la tenemos un poco adormecida. Y así cuando queremos vivir como cristianos nos sale el gesto serio de quien sabe mucho, pero saborea poco.

    Cada noche guarda unos minutos para ti mismo, para estar con Dios. Quizás tengas que arrepentirte de algo, quizás tengas que pedir fuerzas para continuar tus tareas.Pero no te olvides de repasar lentamente lo hermoso y lo bueno que has visto y sentido. ¿Qué no has visto nada bueno? (…) No lo digas, que ofendiendo a las criaturas, ofendes a quien las creó. Desde el amanecer hasta la noche ¡cuánto de bueno acontece a tu alrededor que has dejado de disfrutar sólo porque es cotidiano! Comienza esta noche y verás como poco a poco el ojo para contemplar lo bueno se espabila y tu vida va sosteniéndose en una continua acción de gracias.

    Juan, el bautista, incluso en la cárcel como estaba, escucha un hermoso mensaje: los cojos andan, los ciegos ven, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la buena noticia.

     

  • Cruz Blanca en la calumnia

    La semana pasada nos asaltó, desde diversos medios de comunicación, la noticia de que religiosos de Cruz Blanca de la casa de acogida de Córdoba, estaban denunciados por supuestos abusos deshonestos a discapacitados. Los supuestos abusos se reducen a “tocamientos”, sin llegar la propia acusación, en ningún caso, a mayores.

    Unos meses atrás, esos mismos religiosos, habían denunciado y expulsado de la casa a un joven, interesado en incorporarse a la orden, por abusar de uno de los acogidos. Al calor mediático de esta noticia, y sin ninguna relación con la primera, salta a los titulares otra denuncia a religiosos y trabajadores de la casa de Cruz Blanca en Sevilla, esta vez por supuestos malos tratos a los acogidos, discapacitados psíquicos y físicos profundos.

    En todas las colectividades humanas hay personas resentidas por una razón o por otra. En los centros de trabajo también. Todos lo hemos constatado muchas veces.  Unas veces pueden ser supuestos agravios comparativos, otras intentos de tapar errores propios acusando a los demás, otras veces, simplemente, obsesiones personales que acaban en un deformación grave en la percepción de la realidad.

    Cuando el trabajo es con papeles, o con latas de sardinas, esos agravios u obsesiones se van resolviendo con el tiempo. Pero cuando el trabajo es con personas, y con personas en situación de debilidad por ser niños o por ser discapacitados, la tentación de acusar a quien creemos que nos agravió injustamente es grande. Lo que son gestos de afecto se interpretan como tocamiento indecente; lo que es un mero juego en el que el “niño” se ríe o se enfada dependiendo del día, o una llamada de atención para que deje de hacerse daño o de agredir a los demás, estamos hablando de personas con discapacidades muy graves, se convierte en maltrato.

    En los últimos meses se están multiplicando las acusaciones de abusos deshonestos a los profesores de primaria. Muchos inspectores sospechan que algunas tienen como objetivo el cambio a un centro educativo distinto. Éstas no salen en los medios de comunicación, gracias a Dios. También soy testigo cercano de la acusación a un sacerdote, sin viabilidad jurídica porque no tiene asiento de realidad, al que se le ha hecho un daño grande por lo calumnioso de la intención. Quien delinque ha de asumir sus responsabilidades ante la justicia, esto es insoslayable; pero quien es calumniado merece todo nuestro apoyo.

    La dinámica de los medios de comunicación y el clima de minucioso “seguimiento” a toda actividad de la iglesia ha llevado a estas acusaciones a religiosos de Cruz Blanca a la portada de periódicos y televisiones. El sufrimiento de los religiosos de Cruz Blanca, de la inmensa mayoría de los trabajadores de sus centros, de los voluntarios que colaboran semana tras semana con ellos y que se cuentan por miles, de los familiares de los acogidos, y de los que los conocen de cerca, ha sido grande. Por suerte, los acogidos, en su inocencia, están fuera de esos sufrimientos.

    Es terrible que te acusen de maltratar a un enfermo cuando quieres trabajar honradamente por su bien, en el caso de los contratados; o cuando has dejado muchas cosas atrás por consagrarte al servicio del más necesitado. Es terrible que te acusen de maltrato cuando has estado 14 horas en Urgencias con un acogido, por una crisis neurológica; o cuando has evitado con riesgo de recibir un golpe que un acogido, en una crisis, agreda a alguno de sus compañeros.

    Yo soy voluntario en Cruz Blanca de Sevilla, y puedo ser testigo de que los acogidos son profundamente queridos y quieren a los religiosos y los trabajadores del centro. Con ellos juegan, se ríen. Puedo ser testigo de las graves crisis que tienen los acogidos muchas veces, y el talante de paz y serenidad con que se afrontan. Muchos son los voluntarios que colaboran con este centro, por supuesto ninguna obra hecha por hombres es perfecta, pero todos ellos podrían dar fe del clima de afecto que se respira en esta casa.

    En estos momentos ejerzo de capellán de la casa Miguel de Mañara de los hermanos de Cruz Blanca, en ella se encuentra el noviciado, y puedo ser testigo de la grandeza de la vocación de estos religiosos. Una vocación interpelante, joven, atractiva, provocadora: dedicarse de por vida a cuidar a los más débiles entre los débiles, ver en ellos el rostro de Jesucristo, ser testigo del amor de Dios para con los que más sufren. No me extrañaría que esta situación de cruz provocara un aumento de las muchas vocaciones que ya tienen.

  • Cruz Blanca en la calumnia

    La semana pasada nos asaltó, desde diversos medios de comunicación, la noticia de que religiosos de Cruz Blanca de la casa de acogida de Córdoba, estaban denunciados por supuestos abusos deshonestos a discapacitados. Los supuestos abusos se reducen a “tocamientos”, sin llegar la propia acusación, en ningún caso, a mayores.

    Unos meses atrás, esos mismos religiosos, habían denunciado y expulsado de la casa a un joven, interesado en incorporarse a la orden, por abusar de uno de los acogidos. Al calor mediático de esta noticia, y sin ninguna relación con la primera, salta a los titulares otra denuncia a religiosos y trabajadores de la casa de Cruz Blanca en Sevilla, esta vez por supuestos malos tratos a los acogidos, discapacitados psíquicos y físicos profundos.

    En todas las colectividades humanas hay personas resentidas por una razón o por otra. En los centros de trabajo también. Todos lo hemos constatado muchas veces.  Unas veces pueden ser supuestos agravios comparativos, otras intentos de tapar errores propios acusando a los demás, otras veces, simplemente, obsesiones personales que acaban en un deformación grave en la percepción de la realidad.

    Cuando el trabajo es con papeles, o con latas de sardinas, esos agravios u obsesiones se van resolviendo con el tiempo. Pero cuando el trabajo es con personas, y con personas en situación de debilidad por ser niños o por ser discapacitados, la tentación de acusar a quien creemos que nos agravió injustamente es grande. Lo que son gestos de afecto se interpretan como tocamiento indecente; lo que es un mero juego en el que el “niño” se ríe o se enfada dependiendo del día, o una llamada de atención para que deje de hacerse daño o de agredir a los demás, estamos hablando de personas con discapacidades muy graves, se convierte en maltrato.

    En los últimos meses se están multiplicando las acusaciones de abusos deshonestos a los profesores de primaria. Muchos inspectores sospechan que algunas tienen como objetivo el cambio a un centro educativo distinto. Éstas no salen en los medios de comunicación, gracias a Dios. También soy testigo cercano de la acusación a un sacerdote, sin viabilidad jurídica porque no tiene asiento de realidad, al que se le ha hecho un daño grande por lo calumnioso de la intención. Quien delinque ha de asumir sus responsabilidades ante la justicia, esto es insoslayable; pero quien es calumniado merece todo nuestro apoyo.

    La dinámica de los medios de comunicación y el clima de minucioso “seguimiento” a toda actividad de la iglesia ha llevado a estas acusaciones a religiosos de Cruz Blanca a la portada de periódicos y televisiones. El sufrimiento de los religiosos de Cruz Blanca, de la inmensa mayoría de los trabajadores de sus centros, de los voluntarios que colaboran semana tras semana con ellos y que se cuentan por miles, de los familiares de los acogidos, y de los que los conocen de cerca, ha sido grande. Por suerte, los acogidos, en su inocencia, están fuera de esos sufrimientos.

    Es terrible que te acusen de maltratar a un enfermo cuando quieres trabajar honradamente por su bien, en el caso de los contratados; o cuando has dejado muchas cosas atrás por consagrarte al servicio del más necesitado. Es terrible que te acusen de maltrato cuando has estado 14 horas en Urgencias con un acogido, por una crisis neurológica; o cuando has evitado con riesgo de recibir un golpe que un acogido, en una crisis, agreda a alguno de sus compañeros.

    Yo soy voluntario en Cruz Blanca de Sevilla, y puedo ser testigo de que los acogidos son profundamente queridos y quieren a los religiosos y los trabajadores del centro. Con ellos juegan, se ríen. Puedo ser testigo de las graves crisis que tienen los acogidos muchas veces, y el talante de paz y serenidad con que se afrontan. Muchos son los voluntarios que colaboran con este centro, por supuesto ninguna obra hecha por hombres es perfecta, pero todos ellos podrían dar fe del clima de afecto que se respira en esta casa.

    En estos momentos ejerzo de capellán de la casa Miguel de Mañara de los hermanos de Cruz Blanca, en ella se encuentra el noviciado, y puedo ser testigo de la grandeza de la vocación de estos religiosos. Una vocación interpelante, joven, atractiva, provocadora: dedicarse de por vida a cuidar a los más débiles entre los débiles, ver en ellos el rostro de Jesucristo, ser testigo del amor de Dios para con los que más sufren. No me extrañaría que esta situación de cruz provocara un aumento de las muchas vocaciones que ya tienen.

  • Cruz Blanca en la calumnia

    La semana pasada nos asaltó, desde diversos medios de comunicación, la noticia de que religiosos de Cruz Blanca de la casa de acogida de Córdoba, estaban denunciados por supuestos abusos deshonestos a discapacitados. Los supuestos abusos se reducen a “tocamientos”, sin llegar la propia acusación, en ningún caso, a mayores.

    Unos meses atrás, esos mismos religiosos, habían denunciado y expulsado de la casa a un joven, interesado en incorporarse a la orden, por abusar de uno de los acogidos. Al calor mediático de esta noticia, y sin ninguna relación con la primera, salta a los titulares otra denuncia a religiosos y trabajadores de la casa de Cruz Blanca en Sevilla, esta vez por supuestos malos tratos a los acogidos, discapacitados psíquicos y físicos profundos.

    En todas las colectividades humanas hay personas resentidas por una razón o por otra. En los centros de trabajo también. Todos lo hemos constatado muchas veces.  Unas veces pueden ser supuestos agravios comparativos, otras intentos de tapar errores propios acusando a los demás, otras veces, simplemente, obsesiones personales que acaban en un deformación grave en la percepción de la realidad.

    Cuando el trabajo es con papeles, o con latas de sardinas, esos agravios u obsesiones se van resolviendo con el tiempo. Pero cuando el trabajo es con personas, y con personas en situación de debilidad por ser niños o por ser discapacitados, la tentación de acusar a quien creemos que nos agravió injustamente es grande. Lo que son gestos de afecto se interpretan como tocamiento indecente; lo que es un mero juego en el que el “niño” se ríe o se enfada dependiendo del día, o una llamada de atención para que deje de hacerse daño o de agredir a los demás, estamos hablando de personas con discapacidades muy graves, se convierte en maltrato.

    En los últimos meses se están multiplicando las acusaciones de abusos deshonestos a los profesores de primaria. Muchos inspectores sospechan que algunas tienen como objetivo el cambio a un centro educativo distinto. Éstas no salen en los medios de comunicación, gracias a Dios. También soy testigo cercano de la acusación a un sacerdote, sin viabilidad jurídica porque no tiene asiento de realidad, al que se le ha hecho un daño grande por lo calumnioso de la intención. Quien delinque ha de asumir sus responsabilidades ante la justicia, esto es insoslayable; pero quien es calumniado merece todo nuestro apoyo.

    La dinámica de los medios de comunicación y el clima de minucioso “seguimiento” a toda actividad de la iglesia ha llevado a estas acusaciones a religiosos de Cruz Blanca a la portada de periódicos y televisiones. El sufrimiento de los religiosos de Cruz Blanca, de la inmensa mayoría de los trabajadores de sus centros, de los voluntarios que colaboran semana tras semana con ellos y que se cuentan por miles, de los familiares de los acogidos, y de los que los conocen de cerca, ha sido grande. Por suerte, los acogidos, en su inocencia, están fuera de esos sufrimientos.

    Es terrible que te acusen de maltratar a un enfermo cuando quieres trabajar honradamente por su bien, en el caso de los contratados; o cuando has dejado muchas cosas atrás por consagrarte al servicio del más necesitado. Es terrible que te acusen de maltrato cuando has estado 14 horas en Urgencias con un acogido, por una crisis neurológica; o cuando has evitado con riesgo de recibir un golpe que un acogido, en una crisis, agreda a alguno de sus compañeros.

    Yo soy voluntario en Cruz Blanca de Sevilla, y puedo ser testigo de que los acogidos son profundamente queridos y quieren a los religiosos y los trabajadores del centro. Con ellos juegan, se ríen. Puedo ser testigo de las graves crisis que tienen los acogidos muchas veces, y el talante de paz y serenidad con que se afrontan. Muchos son los voluntarios que colaboran con este centro, por supuesto ninguna obra hecha por hombres es perfecta, pero todos ellos podrían dar fe del clima de afecto que se respira en esta casa.

    En estos momentos ejerzo de capellán de la casa Miguel de Mañara de los hermanos de Cruz Blanca, en ella se encuentra el noviciado, y puedo ser testigo de la grandeza de la vocación de estos religiosos. Una vocación interpelante, joven, atractiva, provocadora: dedicarse de por vida a cuidar a los más débiles entre los débiles, ver en ellos el rostro de Jesucristo, ser testigo del amor de Dios para con los que más sufren. No me extrañaría que esta situación de cruz provocara un aumento de las muchas vocaciones que ya tienen.

  • Cruz Blanca en la calumnia

    La semana pasada nos asaltó, desde diversos medios de comunicación, la noticia de que religiosos de Cruz Blanca de la casa de acogida de Córdoba, estaban denunciados por supuestos abusos deshonestos a discapacitados. Los supuestos abusos se reducen a “tocamientos”, sin llegar la propia acusación, en ningún caso, a mayores.

    Unos meses atrás, esos mismos religiosos, habían denunciado y expulsado de la casa a un joven, interesado en incorporarse a la orden, por abusar de uno de los acogidos. Al calor mediático de esta noticia, y sin ninguna relación con la primera, salta a los titulares otra denuncia a religiosos y trabajadores de la casa de Cruz Blanca en Sevilla, esta vez por supuestos malos tratos a los acogidos, discapacitados psíquicos y físicos profundos.

    En todas las colectividades humanas hay personas resentidas por una razón o por otra. En los centros de trabajo también. Todos lo hemos constatado muchas veces.  Unas veces pueden ser supuestos agravios comparativos, otras intentos de tapar errores propios acusando a los demás, otras veces, simplemente, obsesiones personales que acaban en un deformación grave en la percepción de la realidad.

    Cuando el trabajo es con papeles, o con latas de sardinas, esos agravios u obsesiones se van resolviendo con el tiempo. Pero cuando el trabajo es con personas, y con personas en situación de debilidad por ser niños o por ser discapacitados, la tentación de acusar a quien creemos que nos agravió injustamente es grande. Lo que son gestos de afecto se interpretan como tocamiento indecente; lo que es un mero juego en el que el “niño” se ríe o se enfada dependiendo del día, o una llamada de atención para que deje de hacerse daño o de agredir a los demás, estamos hablando de personas con discapacidades muy graves, se convierte en maltrato.

    En los últimos meses se están multiplicando las acusaciones de abusos deshonestos a los profesores de primaria. Muchos inspectores sospechan que algunas tienen como objetivo el cambio a un centro educativo distinto. Éstas no salen en los medios de comunicación, gracias a Dios. También soy testigo cercano de la acusación a un sacerdote, sin viabilidad jurídica porque no tiene asiento de realidad, al que se le ha hecho un daño grande por lo calumnioso de la intención. Quien delinque ha de asumir sus responsabilidades ante la justicia, esto es insoslayable; pero quien es calumniado merece todo nuestro apoyo.

    La dinámica de los medios de comunicación y el clima de minucioso “seguimiento” a toda actividad de la iglesia ha llevado a estas acusaciones a religiosos de Cruz Blanca a la portada de periódicos y televisiones. El sufrimiento de los religiosos de Cruz Blanca, de la inmensa mayoría de los trabajadores de sus centros, de los voluntarios que colaboran semana tras semana con ellos y que se cuentan por miles, de los familiares de los acogidos, y de los que los conocen de cerca, ha sido grande. Por suerte, los acogidos, en su inocencia, están fuera de esos sufrimientos.

    Es terrible que te acusen de maltratar a un enfermo cuando quieres trabajar honradamente por su bien, en el caso de los contratados; o cuando has dejado muchas cosas atrás por consagrarte al servicio del más necesitado. Es terrible que te acusen de maltrato cuando has estado 14 horas en Urgencias con un acogido, por una crisis neurológica; o cuando has evitado con riesgo de recibir un golpe que un acogido, en una crisis, agreda a alguno de sus compañeros.

    Yo soy voluntario en Cruz Blanca de Sevilla, y puedo ser testigo de que los acogidos son profundamente queridos y quieren a los religiosos y los trabajadores del centro. Con ellos juegan, se ríen. Puedo ser testigo de las graves crisis que tienen los acogidos muchas veces, y el talante de paz y serenidad con que se afrontan. Muchos son los voluntarios que colaboran con este centro, por supuesto ninguna obra hecha por hombres es perfecta, pero todos ellos podrían dar fe del clima de afecto que se respira en esta casa.

    En estos momentos ejerzo de capellán de la casa Miguel de Mañara de los hermanos de Cruz Blanca, en ella se encuentra el noviciado, y puedo ser testigo de la grandeza de la vocación de estos religiosos. Una vocación interpelante, joven, atractiva, provocadora: dedicarse de por vida a cuidar a los más débiles entre los débiles, ver en ellos el rostro de Jesucristo, ser testigo del amor de Dios para con los que más sufren. No me extrañaría que esta situación de cruz provocara un aumento de las muchas vocaciones que ya tienen.