Etiqueta: glorificar

  • Glorificar

    Glorificar

    (Mc 1, 40-45) DE TODAS las maneras que las personas podemos reaccionar ante el bien que recibimos, “glorificar” es la más elevada. Podemos “corresponder” a un favor recibido; también podemos “agradecerlo”; “encomiar” a la persona que nos ha ayudado; o también “bendecirlo”, “alabarlo”, incluso “aclamarlo” en público… todas éstas son actitudes ante el bien recibido. Pero cuando la persona prorrumpe en bendiciones y alabanza, y glorifica íntimamente a quien le ha hecho tanto bien, su alma se extasía, sale de sí misma para vivir en la gloria de la bondad del otro. La glorificación brota desde el fondo del alma y llega a lo más alto.

    En el evangelio del próximo domingo un pobre, un enfermo, un marginado de la sociedad se atreve a acercarse un poco a Jesús y a suplicar su bondad, reconociendo su poder. Jesús se acerca, salta las vallas de los rechazos religiosos y sociales, de los miedos y los prejuicios, y lo acaricia, curándolo. El leproso, viéndose curado, “empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones”.

    Hoy siguen siendo los pobres y los enfermos de distintas dolencias, que se han puesto en las manos bondadosas de Jesucristo, de los que con mayor fuerza brota un agradecimiento que da paso a dar gloria desde lo íntimo de su corazón. La autosuficiencia no es agradecida, ni feliz. La conciencia de la propia pequeñez ante Cristo nos hace subir a las profundidades de un amor que nos colma.

  • Intento de asesinato

    (Lucas 4,21-30) EN LOS PRIMEROS compases de su predicación, en su pueblo, Nazaret, ya intentan asesinar a Jesús. Sus paisanos no querían acoger, ni su ideología podía soportar, el Dios de Misericordia y de preferencia por los más pobres que les predicó Jesús. Lo empujaron fuera de la ciudad e intentaron despeñarlo por un barranco. Este primer intento de asesinar a Jesús fue fallido.

    ¿Qué les ocurrió a los nazarenos para que actuaran con tanta violencia con quien era un paisano suyo que venía con fama de predicador del Reino que ellos esperaban?

    Su visión ideologizada de la vida les hacía renegar de la verdad, palpable para cualquiera, que Dios Padre, Creador de todos, es Padre de todos. En vez de alabar y glorificar la misericordia y el perdón de Dios, querían alabarse y glorificarse a sí mismos, sintiéndose el único pueblo acogido por Dios.La injusticia, la mentira y el orgullo van siempre de la mano. Si no somos capaces de abrirnos a una justicia que supera nuestra vida; a una verdad que transparente nos trasciende; y de alabar a un Dios que siempre es más grande de lo que podamos pensar, no tardaremos en caer en la injusticia y la mentira por el camino de nuestro orgullo. Alabar, engrandecer, glorificar a Dios es camino de verdad y de justicia.
    Cristo con su muerte en cruz denuncia la mentira, el orgullo y la injusticia de la sociedad de su tiempo. El Padre al resucitarlo nos anuncia su voluntad de acogernos en Él como a sus hijos. Abismo incomprensible de amor, que se alegra en la justicia, que se goza con la verdad, que deleita siempre a quien ama.