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  • Ya se han solicitado 1.228 certificaciones energéticas

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    De las que el 63,2 por ciento era de inmuebles de consumo medio, el 24 de un gasto alto y el 10,2 más eficientes

    Desde abril de 2013 un Real Decreto  obliga efectuarse certificaciones energéticas en inmuebles que estén en uso, si su propietario desea venderlo o alquilarlo, así como en todos los edificios administrativos donde se ocupe una superficie igual o superior a 250 metros cuadrados abiertos al público.

    Desde la aprobación de esta normativa y hasta la fecha, en Dos Hermanas se han tramitado 1.228 certificaciones energéticas, que sirven para que el consumidor interesado en el inmueble pueda saber su grado de eficiencia energética y por ello, su consumo de energía.

    El certificado asigna al inmueble una etiqueta, que varía desde el tipo energético A, para los más eficientes, al tipo G, los que más consumen. La etiqueta se asigna según el volumen de dióxido de carbono que producen las instalaciones de atemperamiento climático, de acondicionamiento luminoso y de producción de agua caliente.

    De las 1.228 certificaciones, el  63,2 por ciento, es decir, 776, son de inmuebles con un consumo energético medio, con etiquetas D y E; el 24, 297, son del tipo F y G, de un alto consumo; mientras que 119 son propiedades más eficientes, del tipo A, B y C, por su bajo consumo.

    Estas certificaciones sólo la llevan a cabo empresas especializadas, quienes, tras visitar la vivienda, la evalúan y califican, entregando los resultados en la Consejería de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo, encargada de entregar la certificación.

  • Pluma ejemplar

    Con derecho en igualdad
    y la pluma por bandera
    vuelve a llenar con su estela,
    su discurso y sus detalles,
    aquella acera que, en tiempos,
    le fuera prohibida al viento
    y hoy se anima en pasacalles.
    Pudiera pensarse al verlos
    que, otra vez, son los de siempre:
    ese show cuasi-circense
    del marica y la lesbiana,
    que vuelve a sacar los sones
    manidos y comodones
    pasando por Dos Hermanas.

    Pero me paro… y lo pienso…
    Pienso en que son, de antemano,
    un grupo de ciudadanos
    alabando su existencia;
    un puñado de personas
    que reivindica y razona
    con la fiesta por querencia.

    Pienso en ellos, que ahí están,
    y reparo en los bocazas
    que gustan de la carnaza,
    la etiqueta y el prejuicio,
    y que apenas dicen nada
    tragando mierda enlatada
    y obviando su desperdicio.

    Por eso, desde la glosa,
    vaya aquí mi enhorabuena
    al otro, —de la otra acera—
    que demuestra hablar sincero:
    ejemplo de libertad
    que engrandece una ciudad
    al surcar su callejero.