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  • Representantes

    (Mateo 5, 13-16) TODOS LOS CRISTIANOS estamos llamados por Jesucristo a ir anunciando con nuestras palabras y nuestras obras la Buena Noticia de que Dios es Padre de todos. Pero hay unos “representantes cualificados” de esa tarea, que es la tarea de la Iglesia. Esos representantes somos los sacerdotes.

    Muchas veces no estamos a la altura de la llamada que se nos hizo. Representar a Cristo ante la comunidad cristiana es tarea harto difícil, que excede las fuerzas de cualquier persona. A veces estamos muy por debajo de esa llamada. ¿Qué podéis hacer los cristianos “de a pie” para ayudarnos a vivir esa vocación especial?

    Lo primero es no creer que estáis en la verdad plena, y que el sacerdote de turno está completamente equivocado y es sólo él el que tiene que cambiar. La prepotencia no es exclusiva de los clérigos. Y siempre cercena caminos de crecimiento y comunión. Lo segundo es tener paciencia con nosotros. Somos personas, unos pecan de jóvenes; otros de viejos; otros de estar cansados; otros de no tener las capacidades que serían necesarias… Pero ni ser viejo, ni ser joven, ni estar cansado, ni ser un poco “torpe” es “pecado” que no se cure con el tiempo.

    Después de estos dos requisitos previos, usad de la sinceridad aderezada con la prudencia, del testimonio constante y sencillo de vuestra bondad, de los ánimos en todo lo bueno que veáis en nosotros, y de la exigencia perseverante en todo lo que sea auténticamente evangélico (la búsqueda de la oveja perdida, la atención a los que más sufren, el anuncio del evangelio de Jesucristo…).

    Aunque quizás todo esto sirviera también al revés. ¿Verdad?

  • Entrevista a Gregorio Aranda

    Gregorio Aranda Alcántara, Rey Gaspar

    Rey Gaspar

    {xtypo_quote_right}Me gustaría regalar a la ciudad trabajo, paz y prosperidad para el año 2015 {/xtypo_quote_right}

    Gregorio Aranda Alcántara dejará de lado por un día su faceta como empresario industrial de Dos Hermanas para afrontar uno de los grandes retos de su vida: encarnar a su majestad el Rey Gaspar en la cabalgata. Una labor que afronta con mucha alegría, pero con los nervios propios de la responsabilidad del momento.

    ¿Qué se siente al ser elegido como representante del Rey Gaspar?=
    Cuando me lo comunicaron sentí una gran alegría. Pero este sentimiento ha ido en aumento a medida que se está acercando el día.
    ¿Qué se necesita para representar a un Mago de Oriente en la cabalgata?
    En principio ser elegido por la comisión pro-cabalgata de Reyes Magos y contar con una serie de requisitos para desempeñar un buen papel ese día.
    De estos momentos de preparativos que está viviendo, ¿con cuál se queda?
    Con la hermandad y la buena armonía que reina entre los componentes de la asociación Pro-Cabalgata de Reyes Magos Estrella de la Ilusión.
    ¿Qué es lo que más le gusta de la cabalgata de Reyes Magos?
    La felicidad que se ve en la cara de los más pequeños esa tarde.
    ¿Cómo espera vivir la experiencia?
    Espero repartir dicha y alegría a todos los nazarenos, sobre todo a los niños, que son ellos los que llevan todo un año esperando esa noche.
    En su cofre de incienso, ¿qué regalo le trae a la ciudad de Dos Hermanas?
    Me gustaría traer trabajo, paz y prosperidad para toda la ciudadanía de Dos Hermanas en este nuevo año que comienza.
    Cuando no está ocupado en estos menesteres reales, ¿cómo suele vivir la festividad de los Reyes Magos?
    Como cualquier ciudadano, en familia y disfrutando de la alegría de los nietos.

  • Bill Murray no es santo, es Dios

    Película St. Vicent

    ST. VINCENT

    A primera vista esta película puede no atraer mucho. Lo que se sabe de ella antes de verla (trailer y demás, que en la mayoría de las veces son convenientes evitar para no verla intoxicado con una idea preconcebida de la misma) suena a ya visto: hombre cascarrabias y gruñón, adicto y olvidado de sí mismo, y niño con el que entabla relación. No sólo suena a visto, sino que ya de por sí puede echar para atrás.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2014 (103′)
    Escrita y dirigida: Theodore Melfi.
    Producción: Peter Chernin, Theodore Melfi, Fred Roos, Jenno Topping.
    Fotografía:  John Lindley.
    Música: Theodore Shapiro.
    Montaje: Sarah Flack, Peter Teschner.
    Intérpretes: Bill Murray (Vincent), Melissa Mccarthy (Maggie), Naomi Watts (Daka), Jaeden Lieberher (Oliver), Chris O’Dowd (Padre Geraghty), Terrence Howard (Zucko), Kimberly Quinn (Ana), Dario Barosso (Ocnski), Nate Corddry (Terry). {/xtypo_code}

    Y es que la historia es simplemente esa: una madre soltera se ve ‘obligada’ por azares del destino a dejar a su hijo al cuidado de su nuevo vecino, un viejo cascarrabias que no es precisamente el mejor ejemplo (fuma, bebe, es malhablado…), y que lleva al crío de bares, a apostar a las carreras, pero con el que trabará una honda amistad que nadie, desde fuera, entiende.

    La verdad es que prácticamente todo lo dicho anteriormente es cierto, que es una historia que nos han contado mil veces, y que los pasos habituales se van siguiendo uno a uno. No hay ninguna sorpresa en cuanto a argumento se refiere. Incluso cae en los errores comunes (esa escena lacrimógena del final en la escuela es de traca).

    ¿Cuál es la diferencia aquí respecto a las anteriores? Evidentemente el reparto. Un poker de intérpretes magnífico. El joven Jaeden Lieberher demuestra que tiene un gran talento que puede desarrollar en el futuro. Las dos damas de la función sorprenden por su cambio de registro: Melissa McCarthy deja sus bravuconerías para ejercer un papel dramático en el que está fantástica; incluso mejor está Naomi Watts, con ese acento ruso (imprescindible verla en versión original) que nos hace rogar que le den más papeles cómicos para explotar esta vis casi desconocida en ella. Pero sobre todos ellos, Bill Murray, ese actor soberbio en el que es imposible distinguir donde está el límite entre actuación y él mismo, qué gestos, qué frases están en el guión y cuáles son suyas, y que después de una película que aunque se deja ver está repleta de ‘dejavus’, nos regala una escena final (acompañando a los créditos finales) que hará las delicias de este actor superlativo.

     

  • ¡Felicidades Aitor!

    ¡Felicidades Aitor!
    En tu segundo añito. Te desean tus padres, abuelos y tias. No dejes nunca esa sonrisa tan bonita.

  • Invitados

    (Mateos 24,1-14) CUANDO VIVIMOS desde la verdad profunda de ser hijos de Dios y que Dios es Padre y nos acoge y nos protege, vivimos de una manera distinta, como invitados a un banquete. Eso nos dice el Evangelio.

    Podemos quedarnos con una mirada superficial sobre lo que vivimos y nos pasa. Entonces la enfermedad será sólo un problema serio; la crianza de los niños, una tarea exigente; hasta la amistad la viviremos con distancia porque sabemos que nadie es completamente fiel…

    Pero podemos asumir una mirada distinta, la mirada de la fe. Desde esa mirada cada amanecer se convierte en un regalo; el gesto amable y cada caricia de quien nos aprecia en una llamada de Dios mismo a vivir en amor y alegría; cada dificultad que se nos presenta en un reto, en una oportunidad para superarnos, para mantenernos firmes, para mostrar que nos sentimos hijos de Dios, o para acogernos a su bondad si nuestras fuerzas flaquean.

    Sin esa mirada de profundidad en la que descubrimos los ojos de Alguien que nos mira y se nos entrega con cariño, nada es bastante bueno, nada es suficiente, nada nos satisface. Nuestro mundo está entretejido con hilos de limitación y pobreza, pero esos mismos hilos mirados con perspectiva, resaltan el arcoíris que se dibuja en cada trozo del paño.
    Hemos de aprender a vivir sin alienarnos en la inmediatez de lo que sentimos, ni de lo agradable ni de lo desabrido. Vivir desde la fe convierte nuestra vida en una invitación inesperada e inmerecida a un banquete. Esto nos lo dice quien sabe de dificultades y problemas; quien sabe de ellas es quien lo dice con más convicción.

  • El profesor y la nieve

    Película El amor es un crimen perfecto

    EL AMOR ES UN CRIMEN PERFECTO

    Estamos ante un thriller atípico y extraño en el que la persecución por resolver el asesinato (que siempre debe estar presente en todo thriller que se precie) es lo de menos, una simple excusa, y sin embargo esa negrura, esa permanente sensación de angustia no desaparece nunca.

    {xtypo_code}Francia-Suiza, 2013. (110′)
    Título original: L’amour est un crime parfait.
    Escrita y dirigida: Arnaud Larrieu, Jean-Marie Larrieu, basada en la novela ‘Incidences’ de Philippe Dijan.
    Producción: Francis Boespflug, Sidonie Dumas, Bruno Pésery.
    Fotografía:  Guillaume Deffontaines.
    Música: Caravaggio.
    Montaje: Annette Dutertre.
    Intérpretes: Mathieu Amalric (Marc), Karin Viard (Marianne), Maïwenn (Anna), Sara Forestier (Annie), Denis Podalydès (Richard), Marion Duval (Barbara).{/xtypo_code}

    Marc es un profesor de escritura creativa en la universidad de Lausanne (cuya sede parece sacada de una fantasía futurista y espacial) con gran facilidad para conquistar a sus estudiantes (aunque a veces son ellas las empeñadas en conquistarle a él). La última de dichas conquistas es Bárbara, su más brillante alumna, que desaparece tras una noche con el profesor. Días después llega a la facultad Anna, la madrastra de la chica, que está investigando qué ha pasado con la joven y que quiere conocer más a su ahijada con la que mantenía una relación difícil.

    La película que han montado los hermanos Larrieu es un producto extraño. Bajo su apariencia de thriller glacial (tanto en las relaciones de los personajes, como en los nevados paisajes en los que tiene lugar la historia) se esconde una comedia negra. El problema es que está tan escondida que cuesta mucho verla (de hecho, se duda constantemente de las verdaderas intenciones de los realizadores).

    Lo importante aquí, más que descubrir qué ha pasado con la chica, quién es responsable de su desaparición (algo que, seamos sinceros, se intuye desde el primer momento). Lo que verdaderamente mantiene el interés de la historia es ver lo tóxicas que son las relaciones humanas (en este caso la que une al protagonista con su hermana, con la que vive en una vieja casa familiar perdida entre las montañas, y que está bordeando la obsesión, por ambos bandos, aunque en un primer momento no lo parezca). Es ese trauma del pasado (del que nunca se llega a hablar) el que de verdad importa.
    Mathieu Amalric está brillante, como siempre. A su lado, el trío de papeles femeninos (Karin Viard, Maïwenn y Sara Forestier) mantienen también el tipo, pero no llegan al nivel del actor. El guión es interesante la mayor parte del tiempo, pero su resolución resulta forzada, poco creíble. Y ello hace que la sensación con la que uno se queda al final sea muy inferior a la que todo lo anterior invitaba.

     

  • Forrest se hace el sueco

    El abuelo que saltó por la ventana y se largó

    EL ABUELO QUE SALTÓ POR LA VENTANA Y SE LARGÓ

    Basado en la novela superventas de mismo y larguísimo título, El abuelo que saltó por la ventana y se largó es una comedia sueca, repleta del humor que se suele gastar por aquellos lares (que, por cierto, no es muy habitual ver en nuestras pantallas, donde las raras veces que cintas suecas nos llegan suelen ir más por el terreno del thriller), y que ya vimos en obras como la divertidísima La comedia de la vida (Du levande en su título original), se estrena con intenciones de conseguir buenos resultados de taquilla y público. Aunque lo cierto es que lo conseguirá sólo a medias.

    {xtypo_code}Suecia, 2014. (114′).
    Título original:   Hundraåringen som klev tu genom fönstret och försvann.
    Dirección: Felix Herngren.
    Guión: Felix Herngren y Hans Ingemansson, basado en la novela homónima de Jonas Jonasson.
    Fotografía: Göran Hallberg.
    Música: Matti Bye.
    Montaje: Henrik Källberg.
    Intérpretes: Robert Gustafsson (Allan Karlsson), Iwar Wiklander (Julius Jonsson), David Wiberg (Benny), Mia Skäringer (Gunilla), Jens Hulten (El jefe), Alan Ford (Pim), Ralph Carlsson (Inspector Aronsson), Bianca Cruzeiro (Caracas), Sven Lönn (Bucket).{/xtypo_code}

    Narrado tal y como aparece en el libro (incluyendo esa voz en off que tantísimo daño ha hecho en muchas ocasiones), El abuelo que saltó… es una historia de casualidades. O del destino si quieren. El día en que cumple cien años, Allan Karlsson, hombre de cerebro limitado salta por la ventana (afortunadamente está en un bajo) de la residencia en la que vive y escapa del aburrimiento sin dirección concreta. Por una de estas casualidades de la vida, acaba con una maleta que no le pertenece y perseguido por una banda mafiosa. En el camino, o en la huída, según se vea, Allan nos cuenta su vida, repleta de encuentros azarosos con gente como Stalin, Franco o Harry Truman. Sin proponérselo (y casi sin ser consciente de ello), Karlsson cambiará la historia, por ejemplo, ayudando a crear la bomba atómica.

    Lo cierto es que el protagonista es un hombre un tanto estúpido, que parece no sentirse afectado por nada de lo que ocurre a su alrededor; es testigo mudo de todos los cambios que suceden en una época convulsa. Las referencias pretenden ir dirigidas hacia el humor absurdo (Jacques Tati como principal exponente) y hacia el humor negro.
    La cinta tiene cierta frescura en algunos momentos, pero decae bastante en otros tantos. Hay elementos que están pidiendo a gritos más protagonismo (ese elefante, por favor, ¡qué desaprovechado!). Tiene situaciones poco creíbles (esa banda de maleantes no puede ser más torpe). Y aunque a veces es disfrutable, uno no puede dejar de pensar que esto ya lo ha visto antes. Porque eso de un señor limitado que conoce a la gente más importante de su tiempo y que apenas se da cuenta de todos los cambios que él mismo provoca en el mundo suena horrores a Forrest Gump, o, por citar un referente europeo, a la checa Yo serví al rey de Inglaterra.

     

  • Los besos

    (Juan 6,51-59) SALE EL sacerdote de la sacristía, revestido con la ropa de la celebración. Con paso pausado y firme llega al presbiterio, hace una pequeña reverencia de respeto a la imagen que lo preside, se vuelve hacia la mesa del altar y lo besa…

    La celebración ya ha acabado, se han pronunciado muchas oraciones y reflexiones.

    El sacerdote proclama la última oración, bendice con solemnidad al pueblo allí congregado, y, por último, se inclina ante la mesa del altar y lo besa…

    ¿Qué pasa en esa mesa para que tenga el honor de acoger esas muestras de cariño tan visibles?

    En esa mesa se nos entrega el pan del perdón y del consuelo. En esa mesa se nos entrega el pan de la cercanía y la ternura. En esa mesa se nos entrega la esperanza de nuestra vida, de los nuestros, de toda la humanidad, que por ella se nos hace cercana, próxima, fraterna.

    En esa mesa se nos hace presente, cada día, la entrega transparente de quien da sentido pleno a todo lo que en nuestra vida tiene sentido; de quien da sentido a todo lo que en nuestra vida es absurdo e incomprensible; de quien da pleno sentido al amor que da sentido a nuestra vida.

    Como el hijo que cada mañana y cada noche besa a su madre al levantarse y al irse a dormir, el sacerdote besa el altar porque en él se hace presente la vida de su pueblo.

    Los cristianos sabemos que las cosas, por muy santas que sean, son cosas. Pero es que hay cosas que nos evocan tanta bondad que el besarlas, meramente, nos hace vivir en una serena confianza. Cada uno tiene alguna cosa así, el altar lo compartimos todos.

     

  • Una sociedad enferma

    Desde la Asociación ANTARIS queremos mostrar nuestra más firme repulsa al homicidio cometido contra un conciudadano de nuestra localidad. En todas las noticias aparecidas hasta este momento lo primero que se ha destacada es su condición de toxicómano, como si esto fuera lo único importante, como si esa adicción anulara la existencia de una persona y su capacidad de sentir, reír o amar, una persona que como otros muchos millones en el mundo son víctimas de las drogas.

    Queremos condenar este homicidio y al mismo tiempo condenar a esa sociedad que ante el drama de las drogas que mueve billones de euros e intereses ilícitos, no hace más que prohibir y condenar a sus víctimas, víctimas a las que se excluye y señala como culpables de su situación.

    Una sociedad que expulsa a quienes no han tenido ni siquiera oportunidad de elegir, capaz de producir basura tan putrefacta como esos seres a los que le divierte ver a través de una pantalla a un ser humano ardiendo por 10 €, seres capaces de gravarlo mientras ríen.

    Una sociedad que se pregunta porque saldrá en la tele tanta miseria, mientras comemos y que prefiere pensar en el fútbol o en personajes que viven de vender sus “apasionantes” vidas.

    ANTARIS lleva veintiocho años luchando contra las adicciones, la exclusión y la injusticia social y sucesos como este nos llenan de dolor pero al mismo tiempo nos hace sentir que esa lucha no deja de tener sentido.

    Por último pedirle perdón a Miguel en nombre de esta sociedad enferma.

  • Filosofía de baratillo

    Películla Tren de noche a Lisboa

    TREN DE NOCHE A LISBOA

    Un hombre, profesor de Universidad en Berna, encuentra a una chica a punto se suicidarse saltando a las frías aguas del Aar y logra salvarla. La lleva a su trabajo pero ella huye dejando tras de sí un abrigo con un libro de un autor portugués y un billete de tren para esa misma noche a Lisboa. No lo duda y decide dejarlo todo y tomar ese tren, buscando conocer el origen y la historia del escritor, un doctor y poeta que luchó contra el dictador portugués Salazar y cuyos textos le fascinan y le tocan personalmente.

    {xtypo_code}Alemania-Suiza-Portugal, 2013. (111′)
    Título original: Night train to Lisbon
    Dirección: Bille August.
    Producción:  Kerstin Ramcke, Peter Reichenbach, Günther Russ.
    Guión: Greg Latter, Ulrich Herrmann, basado en la novela homónima de Pascal Mercier.
    Fotografía: Filip Zumbrunn.
    Música: Anette Focks.
    Montaje: Hansjörg Weissbrich.
    Intérpretes: Jeremy Irons (Raimund Gregorius), Mélanie Laurent (Stefania, joven), Jack Huston (Amadeu), Martina Gedeck (Mariana), Tom Courtenay (Joao, mayor), August Diehl (Jorge, joven), Bruno Ganz (Jorge, mayor), Lena Olin (Stefania, mayor), Marco D’Almeida (Joao, joven), Beatriz Batarda (Adriana, joven), Charlotte Rampling (Adriana, mayor), Christopher Lee (Padre Bartolomeu). {/xtypo_code}

    La película avanza a base de flash-backs, mezclando la búsqueda de información por parte del profesor en la capital lusa, con los últimos años del poeta autor del libro durante el declive de la dictadura. El fantástico reparto (grandes nombres, pero no grandes actuaciones) demasiado hace con conseguir que el espectador no se duerma, porque el ritmo es cansino y el tedio hace presencia en numerosos momentos.

    La nueva película de Bille August (ganador del primer Oscar para Dinamarca por Pelle, el conquistador), que se presentó en el último festival de Berlín, tiene un reparto espectacular repleto de nombres de calidad de intérpretes alemanes (Bruno Ganz, Martina Gedeck), británicos (Christopher Lee, Charlotte Rampling, Jeremy Irons) y franceses (Mélanie Laurent), que aquí hacen de portugueses. Vale que esto es habitual en el cine, pero ayuda a que la credibilidad no sea precisamente la marca de la casa. Y es que, aunque la cinta tiene momentos de cierta intensidad (sobre todo los que reflejan los momentos históricos de la Resistencia), la intensidad baja muchos enteros en las secuencias de la actualidad, a parte de que la credibilidad de su punto de partida (el porqué se va el profesor a Lisboa, el origen de ese arrebato no se lo cree nadie).

    Y ello sin entrar en esa filosofía de baratillo que destila toda la historia. Así no, August, así no.