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  • Reforma electoral

    Hemos cerrado una fase de la historia económica de nuestro país definida por haber sido la de mayor crecimiento y estabilidad como jamás antes habíamos experimentamos. Pero estos cuatro últimos años, han estado caracterizados por la aparición de la mayor crisis económica de los tiempos modernos, en un mundo de economía globalizada, y que, en nuestro país, se ha caracterizado por una intensa destrucción de empleo, una caída sin precedentes de los ingresos  del Estado y, con mayor intensidad con el último gobierno de signo conservador, con una repercusión del coste de la crisis a las personas trabajadoras, las más desprotegidas, y el cuestionamiento de lo publico en su más amplia acepción: la sanidad, la educación, la justicia o la cultura.

    Como contrapunto, tenemos la autocomplacencia que habitualmente se respira en el Congreso y el Senado roto únicamente en el minuto concreto de los plenos cuando conecta en directo los informativos de televisión. Esto, que en los actuales momentos de grave crisis económica podría entenderse como un acuerdo tácito entre los grupos parlamentarios para transmitir a los ciudadanos serenidad, es sencillamente la indolencia de un parlamentarismo inocuo por el vacío de contenido de sus señorías debido al modelo de las listas cerradas establecido en la democracia española; que por una parte establece la propiedad personal del escaño y, por otra de forma practica el voto pertenece a los partidos, siendo el jefe del grupo el que ordena lo que los parlamentarios deben votar. Por explicarlo de forma sencilla: es como si usted en su trabajo le dicen que no tiene que hacer ni pensar nada, solo pulsar el botón que se le indique. Esto debe ser enormemente frustrante si a usted le gusta su trabajo; ahora bien, si solo le gusta el estatus y el sueldo de su oficio debe de sentirse enormemente feliz como parece ser el caso de la mayoría de nuestros representantes políticos, según se desprende de sus sonrientes semblantes y el cordial ambiente que se respira en los hemiciclos.

    De esto, no es culpable la democracia ni el parlamentarismo; es la ley electoral implantada. Pero claro, modificar el sistema electoral  supondría ceder poder a los ciudadanos y, me da que no…

     

  • 22 de mayo y Andalucismo

    Los malos resultados obtenidos por los andalucistas en las pasadas elecciones municipales tanto a nivel de la Comunidad Autónoma, como provincial o local, inducen necesariamente a una profunda reflexión crítica sobre las causas objetivas que han provocado el escaso apoyo electoral, y sobre todo, a reconducir el futuro político de las organizaciones que han conformado la coalición en estos comicios.

    La sucesión de las luchas internas, junto a la dilapidación que anteriores dirigentes como Pacheco, Ortega, etc. han hecho del patrimonio político del andalucismo son la base fundamental de este último batacazo en las urnas. Se demuestra una vez más que anteponer los intereses personales a las ideas y a los sentimientos políticos pasa una factura a las organizaciones muy difícil de cancelar.

    Con las estructuras de la actual democracia resulta fácil salir de las instituciones y enormemente difícil reingresar en ellas. En esta tesitura está hoy el andalucismo, y si estás fuera del poder, no tienes medios económicos ni comunicativos para hacer llegar tu mensaje a los ciudadanos, por lo tanto, la batalla electoral es enormemente desigual, de ahí este resultado.

    Es evidente, que los actuales dirigentes del andalucismo no se parecen en nada a los anteriormente mencionados, y tampoco a los mas históricos, entiéndase Rojas Marcos, Uruñuela, o de los Santos, ni en las formas ni en el fondo. El andalucismo de hoy es más a pie de calle, más ecologista y mucho más de izquierdas; sin embargo no han podido ni sabido hacer llegar a los andaluces y andaluzas este nuevo mensaje, en parte por la ingeniería política actual, como también, por su errática estrategia comunicativa.

    ¿Y ahora que? Desde mi particular punto de vista, solo queda un camino: la refundación en un solo partido y todos juntos elevar la marca, el pensamiento y la acción política para contribuir  y luchar por una Andalucía más justa y económicamente viable.