Etiqueta: enorme

  • 1927. Saltan por los balcones para salvarse de la inundación

    Terribles escenas las que estamos viendo en Dos Hermanas en las últimas horas, provocadas por las lluvias torrenciales que inundan el pueblo desde que la pasada madrugada comenzara a llover. La circulación por las calles es imposible, ya que se encuentran completamente anegadas.

    En la calle Conde de Ybarra, el agua ha llegado a los dos metros de altura. Los vecinos han tenido que ser rescatados por los balcones de las casas, algunas de las cuales han sufrido hundimientos.         

    Las consecuencias de las lluvias también se hacen notar en los alrededores. El arroyo Doña María, cuya corriente arrastra cadáveres de animales, se desbordó y sus aguas han invadido una enorme extensión de terreno.

    Los moradores de una venta han sido evacuados. La carretera a Sevilla y la línea férrea están anegadas, y la casilla de la guardabarrera de La Salud ha sido arrasada. El mal tiempo persiste. Los nazarenos miran al cielo esperando que dé una tregua y escampe.

     

  • Nuestras condolencias

    La Comunidad Educativa del C.E.I.P. Los Montecillos (alumnado, familias, maestros y el
    personal de administración y servicios) expresan sus condolencias y su más sentido pésame a la familia de Miguel, nuestro alumno. Lamentamos tan enorme pérdida y acompañamos a sus familiares en su dolor, que es el nuestro.

  • ¡Felicidades!

    ¡Felicidades!

    Para Celia, la pelirroja más bonita. De parte de tus padres. Un beso enorme.

  • Los mismos con diferentes disfraz

    El 10 de julio la OCDE señalaba que la tasa de paro para 2013 apuntaría al 25,3%, situando ya a España como la economía desarrollada con mayor tasa de paro.

    El 27 de noviembre, la misma organización señala que la tasa de desempleo rozará el 27%, superando así los seis millones de parados. Esto demostraría las mentiras del gobierno central, ya que la economía española caería el triple de lo pronosticado por el ejecutivo. Después de la enorme reforma laboral del Partido Popular, que ya vemos cómo está dando sus frutos -fracaso, recesión y paro-, la OCDE propone, para aliviar el sufrimiento de nuestro país, abaratar aún más el despido.

    Una vez vistas las propuestas de la OCDE y las de nuestro gobierno algunos “se echaron a llorar”, pero otros, motivados por un enorme afán de superación, pensaron que todavía quedaba Europa, que nos ayudarían. Y la solución de nuestra pretendida dueña Angela Merkel fue incrementar las listas del INEM, exigiendo el despido de miles de trabajadores del sector bancario como condición para entregarnos un rescate para nuestra banca.

    Creemos que han actuado por encima de sus posibilidades, que han abusado de nosotros sin piedad y que ahora es el momento de la ciudadanía. Es momento de que las ayudas lleguen hasta nosotros y nosotras, y no a la banca. Es momento de que salgamos a la calle para recuperar los derechos que nos han robado, porque recordad que como no logremos la adquisición de esos derechos nunca dejaremos atrás la crisis sin que los ricos sean mucho más ricos y los pobres estén en la miseria más absoluta.

  • Desde el punto de vista de un dragón

    En una cueva, en una tierra mágica cualquiera, un dragón dorado de enormes proporciones dormitaba en lo alto de su tesoro: una montaña entera de joyas, coronas y monedas de reluciente oro, suficientes para toda una vida de lujos y caprichos.

    Aunque pareciera que el dragón dormía, realmente no era así. Sólo mantenía los párpados cerrados.

    Sus doradas escamas relucían como joyas. Probablemente, era el animal más hermoso, fiero y orgulloso del mundo.

    El dragón que descansaba sobre su montón de oro, se llamaba Magnitus. Controlaba el común aliento de fuego. Sus hermanos dragones manejaban otra clase de alientos, tipo veneno, hielo o tierra.

    Magnitus consideraba las demás razas como inferiores y a menudo eso le hacía descuidado. Sin embargo, por muy descuidado que fuese, nunca dejaba de ser un terrible adversario.

    En muchas ocasiones, sus hermanos lo habían tenido que salvar de la muerte por su descuido y luego le habían soltado una reprimenda. Lo peor de todo es que Magnitus nunca aprendía, su orgullo era demasiado elevado para aceptar que cometía errores. Y, aunque él no lo creía así, esa sería su perdición.

    Hacía, según su manera de ver las cosas, meses desde que había abandonado a su familia e independizado. Había arrasado pueblos y robado tesoros. También mató mucha gente. Eso, para los dragones del mundo, era una práctica habitual y que conllevaba reconocimiento y respeto. A estas alturas, Magnitus ya era conocido en todo el reino. Los elfos, los enanos, las hadas, los magos, los humanos, los duendes… todos le conocían y le temían. Sin embargo estuvieron a punto de acabar con él en tres ocasiones.

    El dragón lo recordaba muy bien. Tan bien de hecho, que su cuerpo se estremeció involuntariamente.

    Será algo de frío que ha entrado, pensó, pues se negaba a reconocer que tuviera miedo. Él NUNCA tenía miedo. O eso decía.

    Se relamió al pensar en humanos. Le deleitaba matarlos, hacerles sufrir, devorarlos cuando aún vivían y torturarlos más allá de lo imaginable.

    Oyó algo y abrió sus enormes ojos azules. No vio nada fuera de lo común a simple vista, pero él sabía que un intruso se había colado en su cueva. Rebufó, furioso y expulsó de su boca un enorme chorro de llamas doradas. Un calor enorme inundó el lugar, que hubiese desintegrado a cualquier ser vivo que se encontrara allí en ese momento.

    Creyendo que ya se habría librado del intruso, el dragón ronroneó satisfecho y dejó caer los párpados nuevamente.

    De repente, notó el frío contacto de una espada que, más que dolerle, le molestó.
    Debido a su enorme tamaño, el dragón apenas notaba el dolor, como no fuera un corte enorme o un hechizo. Al abrir los ojos, se topó con tres peculiares personajes: Uno de ellos era un elfo, de cabello rubio, ojos azules y rostro anguloso. Vestía ropajes negros y del cinto le colgaba un cuchillo con el mango de hueso. En su mano tenía firmemente agarrado un arco con una flecha. Por lo que pudo observar el imponente dragón, el elfo llevaba colgado a la espalda un carcaj con al menos quince flechas. Al lado derecho del elfo se hallaba una maga, que tapaba su rostro con un velo púrpura. Cuando miró hacia abajo, descubrió a su atacante: un enano de barba rojiza que vestía armadura. No le había atacado con una espada como supuso él, sino con un hacha de guerra.

    -Toma esa, bestia inmunda-dijo el enano y retiró el hacha con violencia.

    El dragón rugió de dolor pero antes de que pudiera hacer nada, algo lo paralizó.
    La magia de esa bruja sin duda. Ella debió ocultarlos cuando él sintió su presencia.
    No quedaría así, se dijo. Mataría a esa bruja primero, luego al enano y después al elfo, por haberle atacado, por haberle privado de su libertad, y por haber invadido sus dominios. Él era el único con derecho a intimidar, atacar, saquear y arrasar todo cuanto le viniera en gana. Y nadie se lo impediría.

    Él era el mejor de su especie. Esos idiotas no tenían la más mínima posibilidad contra él. No sabían donde se acababan de meter. Habían sellado su destino.
    El elfo apuntó con su arco al cráneo del dragón y disparó. La flecha se incrustó en su frente haciéndole sangrar y expulsar sudores. La sangre de dragón, como la de cualquier raza (salvo algunas excepciones) era roja.

    El dragón se debatió desesperado contra el hechizo de la bruja. Deseaba matarlos cuanto antes, uno a uno y librarse de ellos. Para Magnitus, los tres guerreros no eran más que una molestia, lo que para un humano sería una mosca.

    El elfo volvió a sacar una flecha y la volvió a lanzar. De nuevo el dolor. Notó entonces que alguien trepaba por su cola. Intentó sacudirse, pero estaba completamente paralizado. Aquella bruja era poderosa.

    El elfo, cansado de lanzar flechas, sacó su cuchillo y avanzó rápidamente hacia el dragón donde clavó la punta en el pecho de la criatura, que internamente chilló de dolor, ya que la magia de la bruja le impedía siquiera rugir. Algo metálico se le metió por la frente. Era el hacha del enano. Así que fue él quien había trepado, se dijo Magnitus.

    Notó como el cuchillo se incrustaba más y más hasta alcanzar su corazón. Notó como lo rasgaba y su corazón dejaba de latir. Su vista empezó a nublarse y pudo moverse libremente de nuevo. Pero por mucho que quisiera, ya no tenía fuerzas para moverse.

    -Ya está- fue lo último que oyó, de boca del elfo, antes de cerrar los ojos y descansar… para siempre.

  • El FS Nazareno vuelve a 2ª División por la puerta grande

    1902Tras ganar en casa venció a domicilio al O´Parrulo por un claro 2-5

    Objetivo conseguido. El Fútbol Sala Nazareno certificó en El Ferrol su regreso a la 2ª División de su disciplina, categoría a la que dijo adiós hace dos años y a la que regresará la próxima temporada tras un enorme esfuerzo realizado con escasos medios.

    Como ocurriera en el partido de ida en Dos Hermanas, el cuadro nazareno volvió a imponer su superioridad frente al O`Parrulo gallego. Si el resultado de Los Montecillos fue de 6-4, en el pabellón de la Malata la contienda se resolvió por un cómodo 2-5, obrado por sólo dos jugadores del plantel que dirige David Serrano.

    La delegación nazarena llegaba a la cita recelosa a sabiendas de que se medía a un rival correoso que ya en Dos Hermanas dio muestras de poder aguarle la fiesta a los andaluces y que en campo propio podría dar el campanazo. Por fortuna eso no pasó.

    Cierto es que al Nazareno le costó abrir la cuenta de goles, pero cuando lo hizo le cogió gusto a eso de marcar.

    Fue Álex del Amor el encargado de inaugurar el marcador en el minuto 11 y de colmar de alegría a su equipo, aunque poco les duraría ya que dos minutos después Zecastro igualó la contienda para los anfitriones.

    Con este empate el partido volvía a la misma tesitura que al comienzo: igualdad en el luminoso y todo un partido por delante por conquistar.

    El Nazareno no perdió los nervios y se mostró confiado en sus posibilidades. Dicho y hecho, a partir del minuto 18 los pupilos de Serrano abrieron una enorme brecha en el marcador que los ferrolanos ya no podrían igualar.

    Abrió la veda Nene, a quien le siguió su compañero Álex del Amor en el 25 y nuevamente Nene en el 32.

    El 1-4 era hiriente para el O´Parrulo, que tardó en reaccionar y tan sólo pudo rascar un gol. Vituco marcó el 2-4 en el 34 y trató de devolverle la esperanza a su equipo, aunque sus pretensiones cayeron en vano.

    El reloj no paraba y la contienda se hacía cuesta arriba para los anfitriones. Ya sólo faltaba que el FS Nazareno diera la puntilla con otro gol, tal y como ocurrió en el minuto 40. Nene cerraba el partido y certificaba el pase de su equipo a 2ª División con su hat-trick.

    Ahora queda por delante otro duro partido: planificar la nueva temporada y conseguir los fondos necesarios para asegurar la continuidad en la nueva categoría.

    {xtypo_code}APOYO ECONÓMICO

    Tras certificar su ascenso a 2ª Provincial el Fútbol Sala Nazareno ha emprendido una nueva campaña de captación de patrocinios que posibiliten contar con fondos que aseguren la continuidad del proyecto deportivo del club. Así, como contraprestación de apoyo al equipo, desde el Nazareno recuerdan que el patrocinio deportivo es deducible en el Impuesto de Sociedades y el IRPF.
    Asimismo, desde la entidad recuerdan que aquellos inversores podrán ver reflejada su marca en medios como Marca TV (que emite partidos de la liga de fútbol sala) así como en medios impresos.{/xtypo_code}

     

  • Lugares del silencio

    Silencios marineros dialogan con el mar. A la noche la Luna cautivada susurra soliloquios de espumas.

    – Óyeme tú silencio
    que vives en el mar
    y guardas misterioso
    el secreto escondido
    de las olas que nacen
    allá donde se pierden,
    se derraman las aguas,
    la luz se duerme.

    – ¡Silencio mío…!
    Acércame a la playa,
    silénciame los labios.
    Cogidos de la mano,
    caminemos despacio
    por las pausas sonoras
    de la orilla.
    Tú y yo, silencio caro,
    huellas en el andar
    con nuestros pies desnudos,
    dejaremos marcadas
    haciendo un caminito
    húmedo sinuoso,
    cuando la bajamar.

    Silencio que arropa soledades en desiertos de arenas, montes altos. Silencio en el espacio, ingente multitud de musicales luminarias. Silencio lejano de asnos que rebuznan, ladran los canes, ululan lobos. Silencio de los árboles, de aves que averizan. Croar de ranas en noches de verano. Y en la mañana, por entre vidrieras de álamos y plátanos, el Sol se asoma rectilíneo. Horas de bicicletas, juntos, sin hablar.

    Los frailes jerónimos, sentados en el huerto, en su día de asueto, no saben qué decir, tan hechos al silencio, rezar y trabajar. Riquísimo silencio que llega desde Asís, que se celebran nupcias entre Francesco y la pobreza, que adornarán su vida de empíricos festejos y grandezas.

    Gorriones de invierno vuelan a mi ventana. Se posan de san Telmo en los alféizares y dibujan sones, cuando vuelan, con música de Schubert y pavanas.

    Fray Luis a orillas del río Tormes, collados de la Flecha, arrullos del agua del molino, diálogos de peces. Anfibios que pasean la ribera. Los almendros del Jertes, las mieses de Marchena. Silencio en Haro y Villafría. Los cardos de Cardeña. Silencioso Silos, volátil monasterio, por ciprés a la tierra de Castilla bien atado. Cartuja de Cazalla, San Millán y las Huelgas.

    Silencio absoluto en la Escala de Jesús en Roma: cercanía imposible del Maestro con el romano Imperio.

    Silencio en San Patricio, hundida entre gigantes de cemento y cristal, famosa catedral, señera, mentís neogótico al caos liberal y la riqueza huera. Refugio de los pobres en el estío y agobio neoyorquino. Perfecta, singular.

    – ¿Qué buscas alma mía,
    que hurgas la miseria
    de gentes abatidas,
    que sin ningún ropaje
    y sus rostros fundidos,
    nos muestran en silencio,
    fracasado alboroto
    de sus cuerpos torcidos
    y personal paisaje
    triste y roto?

    Silencio de trigos y cizañas, sin paz ni gobernanza ni buen ayuntamiento. Mortífero silencio del amor apagado. Cenizas y rescoldos, rutinas de perdones, gratuidades perdidas en hondas y voraces tristes desolaciones que en las moradas yacen destruidas.

    ¡Espantoso silencio de los engaños muertos! Disimulos, mentiras, pequeñas, grandes. Infiernos sin luz, falacias jugadas con ventaja y prójimos vejados, perplejos, aturdidos, rechazados.

    Silencio en hospitales de enfermos moribundos. Beatas de azul con delantales blancos. Doctores cerciorando promociones de muertes inmediatas.

    ¡Silencio! Que ha muerto Federico asesinado, Antonio en el exilio, Miguel encarcelado. La muerte los requiere, enorme destrucción, justicia rota y malherida. Silencio de los perros que miran a sus amos. Silencio de los pobres, arropados, tirados a la acera y la noche fría de lunas y de estrellas.

    – Te adentras en suburbios
    de hórrida indigencia,
    paseas por las calles
    en el marasmo negro
    de la miseria abrupta
    que devora la vida.

    Huiste silencio
    del sistema innoble.
    Huiste de frívolos ladrones,
    que se adueñan
    del pan y del vestido
    propiedad de los niños
    sin furturo…de pie,
    a las puertas de sus casas
    destruidas.
    Te marchaste
    silencio querido
    buscando acariciar
    las almas desgraciadas,
    oprimidas.

    Silencio de los ojos de los amores míos. Silencio de la música, criatura que reza. Su espíritu descansa deleitado. Silencio de los besos de los enamorados, ternura de la Tierra y enorme bendición de carne regalada. Denso y sabroso silencio del perdón y el arrepentimiento, resurrección dolida, con fiestas de células que bailan, coro de corazones, se divierte la mente, el alma abierta.

    Tú, silencio amable,
    en comisuras
    de sonrisas anchas,
    donde el reposo es gratis
    y a Dios se alcanza.

  • Lugares del silencio

    Silencios marineros dialogan con el mar. A la noche la Luna cautivada susurra soliloquios de espumas.

    – Óyeme tú silencio
    que vives en el mar
    y guardas misterioso
    el secreto escondido
    de las olas que nacen
    allá donde se pierden,
    se derraman las aguas,
    la luz se duerme.

    – ¡Silencio mío…!
    Acércame a la playa,
    silénciame los labios.
    Cogidos de la mano,
    caminemos despacio
    por las pausas sonoras
    de la orilla.
    Tú y yo, silencio caro,
    huellas en el andar
    con nuestros pies desnudos,
    dejaremos marcadas
    haciendo un caminito
    húmedo sinuoso,
    cuando la bajamar.

    Silencio que arropa soledades en desiertos de arenas, montes altos. Silencio en el espacio, ingente multitud de musicales luminarias. Silencio lejano de asnos que rebuznan, ladran los canes, ululan lobos. Silencio de los árboles, de aves que averizan. Croar de ranas en noches de verano. Y en la mañana, por entre vidrieras de álamos y plátanos, el Sol se asoma rectilíneo. Horas de bicicletas, juntos, sin hablar.

    Los frailes jerónimos, sentados en el huerto, en su día de asueto, no saben qué decir, tan hechos al silencio, rezar y trabajar. Riquísimo silencio que llega desde Asís, que se celebran nupcias entre Francesco y la pobreza, que adornarán su vida de empíricos festejos y grandezas.

    Gorriones de invierno vuelan a mi ventana. Se posan de san Telmo en los alféizares y dibujan sones, cuando vuelan, con música de Schubert y pavanas.

    Fray Luis a orillas del río Tormes, collados de la Flecha, arrullos del agua del molino, diálogos de peces. Anfibios que pasean la ribera. Los almendros del Jertes, las mieses de Marchena. Silencio en Haro y Villafría. Los cardos de Cardeña. Silencioso Silos, volátil monasterio, por ciprés a la tierra de Castilla bien atado. Cartuja de Cazalla, San Millán y las Huelgas.

    Silencio absoluto en la Escala de Jesús en Roma: cercanía imposible del Maestro con el romano Imperio.

    Silencio en San Patricio, hundida entre gigantes de cemento y cristal, famosa catedral, señera, mentís neogótico al caos liberal y la riqueza huera. Refugio de los pobres en el estío y agobio neoyorquino. Perfecta, singular.

    – ¿Qué buscas alma mía,
    que hurgas la miseria
    de gentes abatidas,
    que sin ningún ropaje
    y sus rostros fundidos,
    nos muestran en silencio,
    fracasado alboroto
    de sus cuerpos torcidos
    y personal paisaje
    triste y roto?

    Silencio de trigos y cizañas, sin paz ni gobernanza ni buen ayuntamiento. Mortífero silencio del amor apagado. Cenizas y rescoldos, rutinas de perdones, gratuidades perdidas en hondas y voraces tristes desolaciones que en las moradas yacen destruidas.

    ¡Espantoso silencio de los engaños muertos! Disimulos, mentiras, pequeñas, grandes. Infiernos sin luz, falacias jugadas con ventaja y prójimos vejados, perplejos, aturdidos, rechazados.

    Silencio en hospitales de enfermos moribundos. Beatas de azul con delantales blancos. Doctores cerciorando promociones de muertes inmediatas.

    ¡Silencio! Que ha muerto Federico asesinado, Antonio en el exilio, Miguel encarcelado. La muerte los requiere, enorme destrucción, justicia rota y malherida. Silencio de los perros que miran a sus amos. Silencio de los pobres, arropados, tirados a la acera y la noche fría de lunas y de estrellas.

    – Te adentras en suburbios
    de hórrida indigencia,
    paseas por las calles
    en el marasmo negro
    de la miseria abrupta
    que devora la vida.

    Huiste silencio
    del sistema innoble.
    Huiste de frívolos ladrones,
    que se adueñan
    del pan y del vestido
    propiedad de los niños
    sin furturo…de pie,
    a las puertas de sus casas
    destruidas.
    Te marchaste
    silencio querido
    buscando acariciar
    las almas desgraciadas,
    oprimidas.

    Silencio de los ojos de los amores míos. Silencio de la música, criatura que reza. Su espíritu descansa deleitado. Silencio de los besos de los enamorados, ternura de la Tierra y enorme bendición de carne regalada. Denso y sabroso silencio del perdón y el arrepentimiento, resurrección dolida, con fiestas de células que bailan, coro de corazones, se divierte la mente, el alma abierta.

    Tú, silencio amable,
    en comisuras
    de sonrisas anchas,
    donde el reposo es gratis
    y a Dios se alcanza.

  • Lugares del silencio

    Silencios marineros dialogan con el mar. A la noche la Luna cautivada susurra soliloquios de espumas.

    – Óyeme tú silencio
    que vives en el mar
    y guardas misterioso
    el secreto escondido
    de las olas que nacen
    allá donde se pierden,
    se derraman las aguas,
    la luz se duerme.

    – ¡Silencio mío…!
    Acércame a la playa,
    silénciame los labios.
    Cogidos de la mano,
    caminemos despacio
    por las pausas sonoras
    de la orilla.
    Tú y yo, silencio caro,
    huellas en el andar
    con nuestros pies desnudos,
    dejaremos marcadas
    haciendo un caminito
    húmedo sinuoso,
    cuando la bajamar.

    Silencio que arropa soledades en desiertos de arenas, montes altos. Silencio en el espacio, ingente multitud de musicales luminarias. Silencio lejano de asnos que rebuznan, ladran los canes, ululan lobos. Silencio de los árboles, de aves que averizan. Croar de ranas en noches de verano. Y en la mañana, por entre vidrieras de álamos y plátanos, el Sol se asoma rectilíneo. Horas de bicicletas, juntos, sin hablar.

    Los frailes jerónimos, sentados en el huerto, en su día de asueto, no saben qué decir, tan hechos al silencio, rezar y trabajar. Riquísimo silencio que llega desde Asís, que se celebran nupcias entre Francesco y la pobreza, que adornarán su vida de empíricos festejos y grandezas.

    Gorriones de invierno vuelan a mi ventana. Se posan de san Telmo en los alféizares y dibujan sones, cuando vuelan, con música de Schubert y pavanas.

    Fray Luis a orillas del río Tormes, collados de la Flecha, arrullos del agua del molino, diálogos de peces. Anfibios que pasean la ribera. Los almendros del Jertes, las mieses de Marchena. Silencio en Haro y Villafría. Los cardos de Cardeña. Silencioso Silos, volátil monasterio, por ciprés a la tierra de Castilla bien atado. Cartuja de Cazalla, San Millán y las Huelgas.

    Silencio absoluto en la Escala de Jesús en Roma: cercanía imposible del Maestro con el romano Imperio.

    Silencio en San Patricio, hundida entre gigantes de cemento y cristal, famosa catedral, señera, mentís neogótico al caos liberal y la riqueza huera. Refugio de los pobres en el estío y agobio neoyorquino. Perfecta, singular.

    – ¿Qué buscas alma mía,
    que hurgas la miseria
    de gentes abatidas,
    que sin ningún ropaje
    y sus rostros fundidos,
    nos muestran en silencio,
    fracasado alboroto
    de sus cuerpos torcidos
    y personal paisaje
    triste y roto?

    Silencio de trigos y cizañas, sin paz ni gobernanza ni buen ayuntamiento. Mortífero silencio del amor apagado. Cenizas y rescoldos, rutinas de perdones, gratuidades perdidas en hondas y voraces tristes desolaciones que en las moradas yacen destruidas.

    ¡Espantoso silencio de los engaños muertos! Disimulos, mentiras, pequeñas, grandes. Infiernos sin luz, falacias jugadas con ventaja y prójimos vejados, perplejos, aturdidos, rechazados.

    Silencio en hospitales de enfermos moribundos. Beatas de azul con delantales blancos. Doctores cerciorando promociones de muertes inmediatas.

    ¡Silencio! Que ha muerto Federico asesinado, Antonio en el exilio, Miguel encarcelado. La muerte los requiere, enorme destrucción, justicia rota y malherida. Silencio de los perros que miran a sus amos. Silencio de los pobres, arropados, tirados a la acera y la noche fría de lunas y de estrellas.

    – Te adentras en suburbios
    de hórrida indigencia,
    paseas por las calles
    en el marasmo negro
    de la miseria abrupta
    que devora la vida.

    Huiste silencio
    del sistema innoble.
    Huiste de frívolos ladrones,
    que se adueñan
    del pan y del vestido
    propiedad de los niños
    sin furturo…de pie,
    a las puertas de sus casas
    destruidas.
    Te marchaste
    silencio querido
    buscando acariciar
    las almas desgraciadas,
    oprimidas.

    Silencio de los ojos de los amores míos. Silencio de la música, criatura que reza. Su espíritu descansa deleitado. Silencio de los besos de los enamorados, ternura de la Tierra y enorme bendición de carne regalada. Denso y sabroso silencio del perdón y el arrepentimiento, resurrección dolida, con fiestas de células que bailan, coro de corazones, se divierte la mente, el alma abierta.

    Tú, silencio amable,
    en comisuras
    de sonrisas anchas,
    donde el reposo es gratis
    y a Dios se alcanza.

  • Lugares del silencio

    Silencios marineros dialogan con el mar. A la noche la Luna cautivada susurra soliloquios de espumas.

    – Óyeme tú silencio
    que vives en el mar
    y guardas misterioso
    el secreto escondido
    de las olas que nacen
    allá donde se pierden,
    se derraman las aguas,
    la luz se duerme.

    – ¡Silencio mío…!
    Acércame a la playa,
    silénciame los labios.
    Cogidos de la mano,
    caminemos despacio
    por las pausas sonoras
    de la orilla.
    Tú y yo, silencio caro,
    huellas en el andar
    con nuestros pies desnudos,
    dejaremos marcadas
    haciendo un caminito
    húmedo sinuoso,
    cuando la bajamar.

    Silencio que arropa soledades en desiertos de arenas, montes altos. Silencio en el espacio, ingente multitud de musicales luminarias. Silencio lejano de asnos que rebuznan, ladran los canes, ululan lobos. Silencio de los árboles, de aves que averizan. Croar de ranas en noches de verano. Y en la mañana, por entre vidrieras de álamos y plátanos, el Sol se asoma rectilíneo. Horas de bicicletas, juntos, sin hablar.

    Los frailes jerónimos, sentados en el huerto, en su día de asueto, no saben qué decir, tan hechos al silencio, rezar y trabajar. Riquísimo silencio que llega desde Asís, que se celebran nupcias entre Francesco y la pobreza, que adornarán su vida de empíricos festejos y grandezas.

    Gorriones de invierno vuelan a mi ventana. Se posan de san Telmo en los alféizares y dibujan sones, cuando vuelan, con música de Schubert y pavanas.

    Fray Luis a orillas del río Tormes, collados de la Flecha, arrullos del agua del molino, diálogos de peces. Anfibios que pasean la ribera. Los almendros del Jertes, las mieses de Marchena. Silencio en Haro y Villafría. Los cardos de Cardeña. Silencioso Silos, volátil monasterio, por ciprés a la tierra de Castilla bien atado. Cartuja de Cazalla, San Millán y las Huelgas.

    Silencio absoluto en la Escala de Jesús en Roma: cercanía imposible del Maestro con el romano Imperio.

    Silencio en San Patricio, hundida entre gigantes de cemento y cristal, famosa catedral, señera, mentís neogótico al caos liberal y la riqueza huera. Refugio de los pobres en el estío y agobio neoyorquino. Perfecta, singular.

    – ¿Qué buscas alma mía,
    que hurgas la miseria
    de gentes abatidas,
    que sin ningún ropaje
    y sus rostros fundidos,
    nos muestran en silencio,
    fracasado alboroto
    de sus cuerpos torcidos
    y personal paisaje
    triste y roto?

    Silencio de trigos y cizañas, sin paz ni gobernanza ni buen ayuntamiento. Mortífero silencio del amor apagado. Cenizas y rescoldos, rutinas de perdones, gratuidades perdidas en hondas y voraces tristes desolaciones que en las moradas yacen destruidas.

    ¡Espantoso silencio de los engaños muertos! Disimulos, mentiras, pequeñas, grandes. Infiernos sin luz, falacias jugadas con ventaja y prójimos vejados, perplejos, aturdidos, rechazados.

    Silencio en hospitales de enfermos moribundos. Beatas de azul con delantales blancos. Doctores cerciorando promociones de muertes inmediatas.

    ¡Silencio! Que ha muerto Federico asesinado, Antonio en el exilio, Miguel encarcelado. La muerte los requiere, enorme destrucción, justicia rota y malherida. Silencio de los perros que miran a sus amos. Silencio de los pobres, arropados, tirados a la acera y la noche fría de lunas y de estrellas.

    – Te adentras en suburbios
    de hórrida indigencia,
    paseas por las calles
    en el marasmo negro
    de la miseria abrupta
    que devora la vida.

    Huiste silencio
    del sistema innoble.
    Huiste de frívolos ladrones,
    que se adueñan
    del pan y del vestido
    propiedad de los niños
    sin furturo…de pie,
    a las puertas de sus casas
    destruidas.
    Te marchaste
    silencio querido
    buscando acariciar
    las almas desgraciadas,
    oprimidas.

    Silencio de los ojos de los amores míos. Silencio de la música, criatura que reza. Su espíritu descansa deleitado. Silencio de los besos de los enamorados, ternura de la Tierra y enorme bendición de carne regalada. Denso y sabroso silencio del perdón y el arrepentimiento, resurrección dolida, con fiestas de células que bailan, coro de corazones, se divierte la mente, el alma abierta.

    Tú, silencio amable,
    en comisuras
    de sonrisas anchas,
    donde el reposo es gratis
    y a Dios se alcanza.