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  • El libro negro

    El libro negroSOBREVIVIR PARA VENGARSE 

    Siete años después de su última película (El hombre sin sombra), Paul Verhoeven regresa a Europa para rodar en su Holanda natal la película más cara de la historia de su país (y una de las más taquilleras), una historia sobre el odio, la venganza y el amor, en la Holanda de finales de la Segunda Guerra Mundial.

    Estados Unidos, 2006.
    Título original: Running with scissors.
    Escrita y dirigida por: Ryan Murphy, basada en la novela de Augusten Burroughs.
    Producción: Dede Gardnerd, Brad Grey, Matt Kennedy, R. Murphy y Brad Pitt.
    Fotografía: Christopher Baffa.
    Montaje: Byron Smith.
    Música: James S. Levine.
    Holanda-Alemania-Gran Bretaña-Bélgica, 2006.
    Título original: Zwatrboek.
    Director: Paul Verhoeven.
    Producción: Jeroen Becker, Teun Hilte, San Fu Maltha, Jens Meurer, Jos van der Linden y Frans van Gestel.
    Guión: Gerard Soeteman y Paul Verhoeven.
    Fotografía: Karl Walter Lindelaub.
    Música: Anne Dudley.
    Montaje: Job ter Burg y James Herbert.
    Duración:  135 minutos.
    Intérpretes: Carice van Houten (Rachel/Ellis), Sebastian Koch (Müntze), Thom Hoffmann (Akkermans), Halina Reijn (Ronnie), Waldemar Kobus (Franken), Derek de Lint (Kuipers), Christian Berkel (General Kautner), Johnny de Mol (Theo).

    Rachel era una conocida cantante judía holandesa, hasta que la guerra y la llegada de los nazis a su país la obligaron a huir, a esconderse, como tantos otros, de una muerte segura. Única superviviente de una emboscada en la que su familia y otros muchos mueren cuando intentan huir a Bélgica, Rachel se ve obligada a escapar y, casualmente, va a topar con miembros de la Resistencia. El plan será internarse en la misma sede de la Gestapo y seducir al jefe de las SS, para poder conocer sus planes y adelantarse a ellos. Su intención es vengarse de los nazis de la manera que más daño podría hacerles: sobreviviendo.

    Verhoeven recupera su buen hacer (tras los tremendos batacazos que fueron El hombre sin sombra y Showgirls) con una cinta intensa, en la que vuelve a emplear uno de sus temas de siempre, el sexo, rodado de forma que pocos se atreverían (muy pocos directores serían capaces de hacer un elemento argumental de una mujer tiñéndose el pubis) y dándole a la vez la fuerza necesaria para transmitir todo lo que se pretende.

    El director recupera también la libertad de la que no ha gozado en los últimos años en Hollywood, cuya censura (según él mismo) le ha mantenido alejado de los rodajes todos estos años. Tanto en las escenas violentas (que las hay, y muchas) como en las de sexo (que, quizás, superen en número a las anteriores). Todas ellas están cargadas de emotividad y crudeza. Aunque suene raro hacer coincidir ambos adjetivos en un mismo elemento.

    El guión va articulando el desarrollo de la historia, engarzando acontecimientos que (es posible) puedan parecer excesivos para la historia de una persona (el filme está inspirado, que no basado, en hechos reales), hasta llegar a la dureza de un final, estremecedor, en el que los roles cambian, tras la llegada al país de las tropas aliadas, cuando muchos de los agredidos se convierten en agresores, en un triste cambio de roles, y la emprenden con sus invasores utilizando las mismas crueles artimañas que éstos habían usado con ellos y que criticaban y censuraban tan solo unos días atrás.

    A destacar también la interpretación de los dos protagonistas, un Sebastian Koch al que también podemos ver en la mejor película europea del 2006 (La vida de los otros, que casi con total seguridad ganará el Oscar de este año) y la belleza de la cinta, la neerlandesa Carice van Houten (que a pesar del apellido, lo aseguramos, no es la prima guapa del mejor amigo de Bart Simpson).

    Una gran película a la que únicamente podríamos ponerle un (insignificante) pero: una utilización poco adecuada de la música, sonando a demasiado volumen y con melodías tópicas en momentos de angustia que piden silencios.

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  • Maestro Whitaker

    el último rey de escociaEL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA 

    Esta fue una de las páginas más negras de la historia del siglo XX, y puede que de la historia. Lo cierto es que no es la primera vez que se hace una película sobre este personaje infame, pero esta es con  diferencia la mejor de todas ellas.

    Estados Unidos, 2006.
    Título original: Running with scissors.
    Escrita y dirigida por: Ryan Murphy, basada en la novela de Augusten Burroughs.
    Producción: Dede Gardnerd, Brad Grey, Matt Kennedy, R. Murphy y Brad Pitt.
    Fotografía: Christopher Baffa.
    Montaje: Byron Smith.
    Música: James S. Levine.
    Holanda-Alemania-Gran Bretaña-Bélgica, 2006.
    Título original: Zwatrboek.
    Director: Paul Verhoeven. 
    Reino Unido, 2006.
    Título original: The last king of Scotland.
    Director: Kevin MacDonald.
    Producción: Lisa Bryer, Andrea Calderwood, Chrsitine Ruppert, Charles Steel.
    Guión: Jeremy Block, basado en la novela de Giles Foden.
    Fotografía: Anthony Dod Mantle.
    Montaje: Justine Wright.
    Música: Alex Heffes.
    Duración:  121 minutos.
    Intérpretes: Forest Whitaker (Idi Amin Dadá), James McAvoy (Nicholas Garrigan), Kerry Washington (Kay Amin), Gillian Anderson (Sarah Merrit), Simon McBurney (Nigel Stone), Abby Mukiibi (Masanga), David Ojelowo (Dr. Junju), Adam Kotz (Dr. Merrit).

    Basada en la novela (aunque cuente hechos lamentablemente reales) de Giles Foden, el director utiliza un personaje ficticio, el doctor Nicholas Garrigan, que es el que verdaderamente vertebra la cinta, para narrarnos la historia de un ser real. Angustiado por un futuro trabajando junto a su padre, el joven doctor Garrigan decide alejarse lo máximo posible de su progenitor y escapa a África, concretamente a Uganda. El destino hace que llegue justo cuando el general Idi Amín Dadá ha dado un golpe de Estado y se ha convertido en el nuevo presidente del país, un dirigente al que el pueblo apoya. Pronto, una casualidad hace que Garrigan, que trabaja en una consulta en un pequeño poblado, conozca a Amín. Ambos sentirán cierto respeto por el otro, se miran con cierta curiosidad y algo de fascinación. Amín le ofrece al joven doctor ser su asesor y su médico oficial, a lo que él, ambicioso e inocente a partes iguales, acepta, para descubrir con el tiempo que el hombre al que admiraba y defendía oculta una personalidad completamente distinta, egocéntrica hasta el absurdo, cruel hasta el extremo.

    Forest Whitaker construye un personaje absorbente al que es imposible no mirar. Su interpretación, absolutamente magistral, le ha hecho ganar multitud de premios en los últimos meses. Pero ceñirnos únicamente a su trabajo sería injusto para el filme.

    El último rey de Escocia está construida a modo de thriller policial, en la que el ‘investigador’ (Garrigan) va descubriendo poco a poco la compleja, autoritaria, demencial y brutal personalidad de la persona que tiene delante (un dictador que acabó con la vida de 300.000 ugandeses), pero que a la vez, tiene algo que le hace atractivo, un poder de convicción (o de atemorización) enorme. Para comprobar que, cuando ya sabe realmente a quién tiene delante, a alguien que se ríe y cuenta chistes sobre sí mismo en las ruedas de prensa internacionales tan fácilmente como asesina a su ministro y mano derecha por un simple rumor.