Etiqueta: el evangelio del domingo

  • Contra toda evidencia

    Contra toda evidencia

    Lucas 20,27-38 CONTRA TODA evidencia quieren hacernos creer que sólo somos una cosa más entre las cosas; que nuestro cuerpo se resuelve en un saco de músculos y huesos, más o menos bien conformados; que nuestro tiempo sólo son horas, semanas, años que se suceden; que nuestra vida sólo consiste en experiencias que se suceden hasta su decrepitud y aniquilamiento.

    Nos intentan hacer creer todo esto contra la evidencia palmaria del espíritu que da sentido a nuestro cuerpo, nuestro tiempo y todas las experiencias que vivimos. Ni las pruebas ostensibles del amor y la libertad que vivimos, ni la trascendencia de la belleza que nos envuelve, ni la conmoción de la ternura que vivimos, parece que puedan convencer a quien sólo quiere vernos como un trozo de materia, sujetos solo de placer y de dolor.

    Pero esto no es así. Somos personas con dignidad; nuestra vida es un regalo, un don, inmerecido, inconmensurable, que nos hace ser humanos; se nos ha hecho el regalo de ponernos en el camino de hacernos personas; se nos regala cada día la oportunidad de hacernos merecedores de ese don; y Quien nos ha entregado hasta su propia intimidad, su Palabra, hace que nuestra vida sea para siempre.

    Convéncete mirando a cualquier personas que te rodea: imagina sus anhelos y sus miedos, sus frustraciones y sus logros, su pecado y su bondad –¡tan parecidos a los tuyos!–. Después contémplate a ti mismo, en la eternidad serena de tu espíritu, en el que no eres ni joven ni viejo, donde tus cualidades dejan paso a la verdad más radical y evidente: eres.

  • Actitud de fe

    Actitud de fe

    (Lucas 17, 5-10) UN FUEGO QUE refresca en las horas de estío; un viento que impulsa sin saber a dónde nos lleva; un caminar sobre cimiento firme aunque todo vaya cayendo. Fuente de alegría callada, serena, que te hace ser afable y bondadoso. Regalo que se desgrana cada día de tu vida. Tarea que te ocupa y te descansa desde el amanecer hasta el fin del día. Puerta del amor y la esperanza. Vivir seguro sin seguridades; saber ver lo que otros no alcanzan; acallar los deseos confiando en Quien nos llama. Esto es la fe.

    “Si tuviéramos fe aunque fuera como un grano de mostaza”, toda nuestra vida cambiaría: afianzados siempre en una atalaya inexpugnable nos podríamos hacer vulnerables a todo dolor ajeno; con mansedumbre y humildad nos enfrentaríamos a los orgullosos que violentan y humillan a los pobres; con lágrimas en los ojos podríamos consolar a quien sufre y se siente desfondado. La fe te da una mirada nueva ante el mundo, una mirada de indignación ante la injusticia, de dolor ante los pobres; una mirada que genera paz y que es semilla de justicia.

    Los profetas tuvieron esa fe y se expusieron a la persecución teniendo su corazón puesto en la transparencia de la luz que viene de lo alto; por su fe supieron anunciar un mundo nuevo, la ciudad de Dios. Los sencillos viven alegres en esa misma fe.

    ¡Cuánta fe nos falta a nosotros, cristianos adormecidos y amodorrados, entumecidos de mediocridad y fríos en nuestra relación con el Padre! Señor Jesús, auméntanos la fe, que se nos escapa la vida sin que la estemos viviendo; auméntanos la fe.

    el casino del hambre
  • El Casino del hambre

    El Casino del hambre

    (Lucas 16,1-13) VIVIMOS EN UN mundo en el que la actividad económica no se rige por la lógica de las necesidades de las personas, sino por la lógica de la especulación. El artífice de la economía no es el productor, ni el consumidor, sino el que especula con los productos.

    El peso de la economía no está ya en el mercado de abastos, o la tienda de ordenadores donde compras; el peso de la economía está en el mercado bursátil, donde se llega a especular hasta con las cosechas destinadas a la población de muchos países. Se negocia con el hambre de los pobres. Este mercado bursátil es como un juego de apuestas, en el que si compras el valor que se encarece ganas mucho dinero… Si lo que se encarece es el precio del trigo, ganas dinero tú con el hambre de otros.

    La complejidad del mundo que vivimos sólo es aparente, porque las preguntas decisivas siguen siendo las mismas: ¿tienen las personas posibilidades de una alimentación y un entorno sano, y una vivienda digna?, ¿tienen los jóvenes acceso a su desarrollo personal y a un trabajo que les permita crear su propia familia?, ¿tienen las personas más débiles o desprotegidas acceso a la salud y a ayudas sociales adecuadas?

    Vivimos en un mundo que tiene capacidad de producción de los bienes de consumo para satisfacer las necesidades de la población mundial. Que haya cientos de millones de personas viviendo en pobreza extrema y con hambre nos revela la profunda injusticia que lo está corroyendo. Cada uno tiene que decidir si pone su energía, su creatividad y su tiempo del lado del dinero asesino o del Dios de la vida. No podrás servir a Dios y al dinero; piensa qué estás haciendo en realidad.

  • Campo a través

    Lucas 15,1-32

    NO, NO ERA senderismo, era ir campo a través; por los sembrados, por los olivares, orientándonos por la intuición de que tras la loma que remontábamos íbamos a encontrar un camino, o que al culminarla veríamos la torre de la iglesia… Más de una regañina nos ganamos por llegar tarde, sucios y con las piernas arañadas de los matojos que no pudimos, o no quisimos, esquivar: era tiempo de aventura; aventura con pantalones cortos, que es la que más se saborea.

    El buen pastor que -sin atender a matemáticas-deja 99 ovejas en el desierto para ir en busca de la que se le había perdido, no iba campo a través. Subiendo lomas, bajando cerros, sorteando setos, cruzando cauces secos de correntías, mirando y mirando, aguzando el oído, hasta encontrar la que había perdido.

    Páramos de superficialidad y tedio cobarde; valles de frondosos arbustos, todos con frutas ácidas, las de la pornografía, las del consumismo, las de la televisión basura o carroñera; desfiladeros de adicciones químicas o telemáticas que anulan la voluntad; roquedales de egoísmo y xenofobia, de intolerancia y rechazo al diferente; zarzas de sentimientos obsesivos en las que dar un paso significa enredarte más y herirte con la desesperación por liberarte; pozos profundos en los que te metieron el desprecio y la injusticia de los demás, hipotecas abusivas, salario de explotación…. Estos son los pasos del buen pastor que te busca.

    No sólo en el Sagrario o en la Biblia puedes encontrar al Señor, siguiendo los pasos del Buen Pastor, acercándote a tu hermano que sufre.

  • El mundo al revés

    (Lucas 10, 1-13) BAJABA un hombre de Jerusalén a Jericó. Era un camino peligroso porque había bandas que asaltaban con violencia. Aquel hombre era un samaritano. El samaritano al ver a lo lejos algo que parecía un hombre herido se acercó, vio que estaba en lo cierto, cogió algunas cosas para curarlo, lo hizo, montó en su vehículo al herido y lo llevó al hospital más cercano.

    El recepcionista llamó enseguida a la policía, y en cuando le contó que había venido un samaritano ayudando a un hombre herido, tomó preso al samaritano, lo llevó a comisaría y allí lo acusaron de tráfico de personas; lo interrogaron sobre qué interés tenía en aquel herido y si tenía algo que ver con la venta de órganos. Aquel buen samaritano sin entender nada pasó varios días en la cárcel hasta que el Estado tuvo la seguridad de que quien quisiera ayudar a alguien herido al borde de algún camino se lo pensaría dos veces y pasaría de largo.

    Puede pareceros una lectura exagerada de la parábola del buen samaritano, pero es lo que está pasando en el Mediterráneo cuando alguien ayuda a los migrantes que naufragan y van a la deriva a una muerte segura. Eso le ha pasado a Carola Rackete, una joven alemana capitana de un barco de salvamento, que ha pasado unos días en la cárcel por hacer de buena samaritana.

    Eso le ocurre a Miguel Roldán, un bombero de Sevilla, encausado por la justicia italiana por ayudar a personas que estaban ahogándose. ¿Cómo puede entenderse este hostigamiento que parece sistemático y programado por todos los países de la UE? ¿Dónde quedó la ética ilustrada y progresista que nos caracterizaba? Quizás…: encarcelada, perseguida, criminalizada.

  • Aguas profundas

    (Juan 21,1-19) LA VERDAD de nuestra vida se juega en lo que no se ve, porque el pudor o los intereses lo ocultan, y en lo que pasa desapercibido porque la costumbre lo ha hecho transparente, invisible.

    Así ocurría con la minusvaloración de la mujer, que de habitual se hacía invisible, o con las personas con algún tipo de discapacidad; así ocurre con la condena a la marginación de los niños de barrios de exclusión, o con los adultos jóvenes que siguen sin poder iniciar su proyecto de vida por culpa del empleo precario -el precariado, que se le llama-, o con la población de los países explotados del Sagel, del África subsahariana.

    Cuando el sufrimiento de las personas se sumerge en el silencio o en el olvido se resiente toda nuestra humanidad, todos nos hacemos menos humanos y menos cristianos. La revelación bíblica nos muestra un Dios Padre de todos, que por serlo busca incansablemente a los últimos, y se hace uno de ellos, y desde ellos y con ellos inicia el camino de la liberación, y en el seno de la pobreza y la cruz hace brotar la luz de su entrega.

    “Rema mar adentro y echa las redes”, dice en el evangelio del próximo domingo el Señor a Pedro. “Si vas a pescar no te quedes en la comodidad de las aguas superficiales, rema a lo profundo y allí echa las redes de la misericordia de Dios”. Cada anciano abandonado que sienta la presencia de Dios gracias a tu cercanía, cada adulto joven que sepa que la iglesia lo comprende y comparte sus frustraciones y sus proyectos, cada inmigrante que se siente acogido e integrado en nuestra sociedad y nuestra iglesia… es “pez de aguas profundas” que Jesús te encomienda.

  • ¿Gente corriente?

    Lucas 9,51-62

    -Papa, ninguno de mis amigos cuando empiezan un viaje rezan, ¿por qué razón nosotros sí lo hacemos? ¿No somos nosotros personas normales?

    -Sí, hijo, somos personas normales, pero no gente corriente. Cuando nosotros vamos unos días a la playa, vamos como todas las personas a descansar y a pasarlo bien, pero nosotros queremos, sobre todo que crezca el amor en la familia y darle gracias a Dios por la vida que nos regala. Por eso no importa tanto dónde vamos, sino cómo vamos. Cuando veas el mar te darás cuenta; aunque lo has visto otras veces, siempre es algo nuevo, inmenso, lleno de un misterio de luz que nos deja mudos… No, no somos gente corriente. Además Dios te tiene a ti reservada una misión especial; seguro. A mí me tenía reservada la misión de ser tu padre, ¿puede haber algo más especial que eso? […]

    Iba Jesús hacia Jerusalén con sus discípulos. Iba a poner un punto y aparte en una religión de condenas y de apariencias; iba a iniciar la Pascua de la Misericordia y de la Vida. Pero los paisanos de un pueblo de Samaría pensaron que eran gente corriente, que iban a Jerusalén a sacrificar en el templo para pedir favores, y no les quisieron recibir. Ellos no eran unos peregrinos más; ellos llevaban la salvación y la vida a su lado, caminando a su paso, haciéndoles descubrir la especial misión que iban a asumir cuando les enviara el Espíritu desde el cielo. […]

    Y tú, ¿te consideras una persona corriente?, ¿no has descubierto todavía la misión especial y única que Dios te tiene encomendada?, ¿vas por la vida como quien quiere pasar sin dejar huella, sin sembrar nada, sin ser testimonio de la bondad que te hace ser? No, no puedes dejar pasar tu vida sin descubrirlo.

  • Hetero-divinidad

    (Juan 16,12-15) LAS RELIGIONES fueron poco a poco purificando su imagen de la divinidad. Desde comienzos groseros y primitivos en los que un animal poderoso y temible, o una montaña grande y peligrosa eran «tabú», y eran llamados dioses; hasta ir comprendiendo que Dios es fuente de bien y dador de vida, de tal manera que adoraron al Sol como si fuera el dios verdadero.

    El antropomorfismo politeísta de muchas culturas, donde los dioses tenían pasiones demasiado humanas, fue purificándose hasta comprender que lo divino tenía que ser una esencia pura, simple, incognoscible, fundamento de todo. El monoteísmo fue ganando, poco a poco, sobre todo a las clases más cultas desde el oriente al occidente. Las personas más espirituales comprendieron que Dios era Uno, Bien, Verdad, Belleza.

    Pero Jesucristo lo alteró todo. Él que hablaba de Dios como Padre de Misericordia, después de su resurrección fue comprendido como igual a Dios. Los apóstoles podían dudar de todo, menos de que en Jesús se habían encontrado con el Rostro del Inefable, con la Misericordia del Todopoderoso, con la Belleza del que todo lo hizo. Y así tuvieron que comprender que la divinidad no era la simplicidad racional que sus mentes intuían. Dios mismo se les había revelado como Padre, Hijo y Espíritu, y la alteridad estaba en la realidad misma de Dios.

    Lo distinto se compenetra en un amor que une sin confundir. Lo distinto enriquece haciendo saltar todos los límites. Lo diverso nos hace vivir en el encuentro, en el mismo salir. Lo distinto prueba nuestra misma humanidad; y acoger y entregarnos al otro, como otro, nos hace ser nosotros mismos en realidad.

  • Prueba testifical

    Juan 24,46-53

    SEGURAMENTE habrás visto en algún medio de comunicación escenas del proceso judicial a los miembros de la Generalidad de Cataluña enjuiciados por declarar la independencia de aquella comunidad autónoma. A todos nos ha llamado la atención la firmeza con que el juez Marchena recrimina a los testigos cuando comienzan a hacer valoraciones políticas, o cuando intentan exponer opiniones personales en torno al llamado «procés». «A un testigo sólo se le pide que dé razón de lo que ha visto y ha oído, de lo que ha presenciado», suele ser su frase habitual.

    Los creyentes hemos de ser testigos de la fe atendiendo a esa admonición del juez Marchena. Algunas veces ofrecemos largos razonamientos que no interesan mucho, y que no mueven a conversión a nadie. Otras veces refugiamos nuestra fe en una religiosidad que tiene más de cultura y tradición que de experiencia personal de encuentro con Jesús. Si en un «juicio» tuviéramos que dar testimonio de quién es y ha sido Jesús para nosotros, qué diríamos.

    Y ya sabéis: no valen largos razonamientos teológicos; no valen sentimentalismos subjetivos que no se pueden compartir; tampoco son admisibles en ese testimonio las tradiciones culturales o folclóricas de nuestro pueblo que pueden ser unas u otras. Lo único que tiene validez en tu testimonio evangelizador es narrar lo que tú has vivido al seguir a Jesucristo en tu vida, cómo te encontró Él y cómo te dejaste encontrar, cómo te cambió la vida y cómo te hizo una persona nueva, cómo lo pudiste ver cuando entraste en la comunidad cristiana, cómo tantas veces te inundó de paz y valentía su Santo Espíritu.

  • ¿Precepto?

    Juan 14,23-29

    ES SORPRENDENTE la extensión con la que el evangelio de san Juan describe la Última Cena. Los capítulos 13, 14, 15, 16 y 17 de su evangelio los dedica a narrar todo lo que allí vivieron los discípulos con Jesús. Los otros evangelistas nos describen la institución de la eucaristía, el anuncio de la traición de Judas y que cantaron los himnos. En Juan parece que la experiencia de aquella cena, que vivirían entre el estupor y el miedo, se ve enriquecida por las experiencias en las que al partir el pan Jesús Resucitado vino realmente a ellos y los colmó con su Vida.

    En el relato de la Última Cena, san Juan nos permite escuchar palabras luminosas, hondas, apenas comprendidas, pero que llenan de paz el alma: «un mandamiento os doy, que os améis como yo os he amado»; «yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie va al Padre sino por mí»; «os dejo mi paz, mi paz os doy; «ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos»…

    «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él», resonará en nuestros templos el próximo domingo cuando el evangelio sea proclamado. El Señor nos anticipa una experiencia religiosa profunda y plenificadora, una experiencia mística.

    Como aquella que siglos más tarde intentó expresar san Juan de la Cruz: ¡Oh llama de amor viva/ que tiernamente hieres/ de mi alma en el más profundo centro!/ Pues ya no eres esquiva/ acaba ya si quieres,/ ¡rompe la tela de este dulce encuentro!

    A esta experiencia somos llamados en cada eucaristía. ¿Qué habremos hecho para llegar a llamarla «precepto dominical»?