La última película de Manuel Martín Cuenca (director de las muy interesantes La flaqueza del bolchevique y Caníbal), que recibió el premio FIPRESCI de la crítica en el último festival de Toronto y que pasó también por los festivales de San Sebastián y Sevilla, es una muestra de ese cine pequeño, sin grandes alardes, sin grandes alharacas, pero con una historia tan contundente y tan redonda que no queda más remedio que rendirse ante ella. (más…)