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  • Una nueva muestra de clasicismo cofrade en la calle

    1101El tiempo respetó la salida de la hermandad de Pasión

    La salida de la Hermandad de Pasión es una de esas típicas salidas de barrio. La gente de Las Portadas se echa a la calle cuando falta media hora para que se abra el portalón de la iglesia para volver a arropar con su presencia, sus aplausos y hasta con sus rezos contenidos a los titulares de la Hermandad del barrio. Igual o más, si cabe, que hace 20 años, cuando el Cristo que tallara Álvarez Duarte pusiera por primera vez sus plantas en la calle.

    Se cumplía su 20 aniversario y la salida de ayer martes del Cristo de Pasión desde su templo estuvo más elegante que nunca. Acompañado por los sones clásicos de la agrupación musical de Valme desde el dintel de la parroquia, el Cristo inició un caminar pausado, sobre los pies y siempre al son de la música que lo llevó hasta las primeras calles de su recorrido.

    1103Muy cerca de su hijo, la Virgen del Amparo. De nuevo con corona de reina y con una original disposición del pecherín, diferente a la de años anteriores, que le dejaban más despejado su bello rostro. También resaltó la original disposición de sus flores, que combinaban el blanco y el rosa.

    Al cierre de esta edición la cofradía ya buscaba la Carrera Oficial.

  • Muerte en primavera

    Se murió Miguel Delibes:
    superador del lenguaje;
    pintor de tiempo y paisaje;
    equilibrista de huellas.
    Cantor de sinceridades;
    de sencillas mezquindades
    que sublimara su estrella.

    Nos murió de voz madura.
    De la luz irresistible
    que se yergue, inconfundible,
    sobre palabras sin peso,
    y que envueltas en verdad
    repelen mediocridad
    siempre prestas al regreso.

    Se nos fue para, curioso,
    ser, por fin, redescubierto
    por el lector —ese incierto
    chubasco desorientado—
    que habrá de volver a él,
    con su muerte por dintel,
    victorioso del pasado.

    Apenas se apagara el agua
    nos abrió la primavera
    dejando a la flor primera
    como aldaba de su muerte,
    dejando el olor a jara
    siempre unida —entreverada—
    a su vida y su suerte.

    Paso a un grande de las letras.
    Se marchó sin estridencias
    aprendida la conciencia
    de las letras y sus cuitas,
    en un vuelo alborotado
    —hoy por él, más enlutado—
    de una “milana bonita”…