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  • Flirteando con el desastre

    1302LAS VENTAJAS DE SER UN MARGINADO

    Si hay un método infalible de que una adaptación al cine convenza del todo al autor de la novela en cuestión, ese no es otro que el novelista escriba el guión y, además, dirija la cinta. Los personajes funcionarán al mismo nivel que sobre el papel, los ambientes serán los pretendidos en la historia escrita, los sentimientos, las sensaciones, los mensajes… todo será tal como debe ser. Todo encajará como debe encajar y funcionará como debe funcionar. Al menos, en teoría.
    Eso es lo que ha hecho Stephen Chbosky con esta Las ventajas de ser un marginado, filme que se basa en su propia novela, publicada a finales de los noventa, y que revisita con nostalgia los años de instituto de un grupo de adolescentes.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012 (112′)
    Título original:  The perks of being a wallflower.
    Escrita y dirigida: Stephen Chbosky, basada en una novela propia.
    Producción:  Lianne Halfon, John Malkovich, Russell Smith.
    Música:   Michel Brook.
    Fotografía:  Andrew Dunn.
    Montaje: Mary Jo Markey.
    Intérpretes: Anthony Hopkins Logan Lerman (Charlie), Ezra Miller (Patrick), Emma Watson (Sam), Dylan McDermott (Padre), Kate Walsh (Madre), Nina Dobrev (Candace), Paul Rudd (Sr. Anderson), Mae Whitman (Mary Elizabeth), Erin Wilhemi (Alice), Melanie Lynskey (Tía Helen), Adam Hagenbuch (Bob).{/xtypo_code}

    El protagonista es Charlie, y la historia comienza el primer día de instituto. Los elementos son comunes a otras historias semejantes. El temor a no encajar, las novatadas, los grupos de los chicos populares, profesores majos, etc, etc, etc… Pero Charlie (que es inteligente pero teme demostrarlo, que es tímido y no habla con nadie, que tiene un doloroso pasado en el que su tía (a la que él adoraba) murió en un accidente y su mejor amigo se suicidó recientemente) tiene la suerte de encontrarse con Patrick y Sam, que están en el último año, y le ‘apadrinan’ en el duro trayecto, le encajan en su grupo (que es también el de los que no encaja).

    Las ventajas de ser un marginado flirtea peligrosamente con el cliché en muchos momentos; bordea el desastre y se acerca al precipicio, incluso está a punto de despeñarse en otros tantos; los personajes estan bien interpretados (destacando Ezra Miller), pero ninguno es creíble al cien por cien… Y sin embargo, quizás por casualidad, quizás por la suma de fragmentos incompletos que se autocompletan, el conjunto es satisfactorio y más que aceptable. Claro, todo ello siempre que dejemos de lado los aspectos ‘físicos’ (un chico delgado y ciertamente atractivo no es el tipo habitual que sería marginado por todos los compañeros).

    La cinta tiene un arranque ciertamente flojo, que hace temer lo peor. Pero después de unos quince o veinte minutos, empezamos a ver la luz. Tiene muy buenos momentos, otros que suenan a ya vistos, y otros que son a todas luces improbables. Es, por ejemplo, difícilmente creíble que unos chicos que adoran la música, que tienen un gusto exquisito, sepan quien en Nick Drake, pero desconozcan a David Bowie. Es una de las muchas incongruencias, de las varias cosas-que-no-cuadran en esta cinta, pero que sin embargo consigue con facilidad la identificación con alguno de los personajes, que juega con la nostalgia para los que ya hace algunos años que fuimos adolescentes. En contra tiene que difícilmente llegará a convencer a los jóvenes de hoy.

     

  • Ser el primero o primero ser

    (Marcos 10,31-45) Mendigamos reconocimiento para poder vivir en aparente paz con nosotros mismos. Buscamos, ansiosos, la aprobación de los demás para “ganarnos” nuestra dignidad. Nos desvivimos para quedar por encima de los que nos rodean para poder vivir en aparente satisfacción personal. Lo llamamos auto-estima, pero son los halagos de los demás los que nos hacen sentir nuestra valía. Contradicción de criaturas.

    Hace años realicé con niños de catequesis una pequeña dinámica. Les invité a que dibujaran una casa, la que ellos quisieran, la que ellos desearan. En sus dibujos aparecieron sorprendentes detalles de su visión de la vida y de sí mismos. Uno de los chavales dibujó una casa muy simple; el único detalle que sobresalía era el número que había puesto a su casa: el número uno. El chaval se empeñó durante muchos años en ser el número uno; como no acertaba a serlo en lo positivo se convirtió en el número uno en todo lo malo que alcanzaba a hacer.

    Qué difícil se nos hace querernos a nosotros mismos; aceptar nuestras limitaciones y debilidades, sin conformarnos con ellas. Qué difícilmente nos miramos como nos mira el Padre, como a hijos queridos a los que quiere animar hacia el bien y la felicidad. En vez de esto andamos comparándonos y juzgándonos, acabando por condenar siempre a los demás; queriendo imponer a los que podemos nuestra voluntad. Contradicción de criaturas.

    Perseguimos ser los primeros, y se nos olvida ser nosotros mismos. Quien se sabe apreciado, y llamado y elegido, por Jesús alcanza la libertad personal para estar al servicio de todos: la plenitud de persona.