Día de luto en el pueblo al conocerse la muerte del vecino Francisco Vázquez Machado. Conducía un carro cargado de maíz y tuvo la desgracia de caerse, de tal suerte que le pasó el vehículo por encima, produciéndole la muerte en el acto.
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1968. Críticas por la falta de señalizacion en el cruce de Los Cuatro Cantillos
Tras el accidente ocurrido anoche, son cada vez más las quejas de los vecinos ante la falta de señalización en el cruce de “Los Cuatro Cantillos” (en la foto). En esta confluencia de las calles Santa María Magdalena y General Franco no existe ni “stop” ni “ceda el paso” alguno, y además la iluminación nocturna es escasa.En caso de impacto entre dos vehículos, se suelen originar discusiones (por desgracia, muchas de ellas en tono agresivo) para demostrar quién tenía la preferencia de paso. Especial peligro muestran las nuevas generaciones de motoristas, que suelen tomar el cruce sin detenerse y a gran velocidad.
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1895. FALLECE al pasarle por encima el carro que conducÍa
El vecino de Dos Hermanas Francisco Vázquez Machado falleció ayer a consecuencia de un desgraciado accidente. Los hechos ocurrieron sobre la una de la tarde, cuando Francisco conducía en Sevilla un carro cargado de maíz. Por causas que se desconocen, tuvo la desgracia de caerse en la calzada, de tal suerte que le pasó por encima el propio vehículo. La muerte fue instantánea, según relatan los testigos.
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Haití
(Lucas 4,14-21) Se llama Cloe, y era la mayor de cinco hermanos. Ahora sólo le queda la hermana que lleva en brazos. Sus padres y sus otros tres hermanos murieron en el terremoto. Le duele el hambre. Le duelen las heridas. Le duele la tristeza del llanto de su hermana. Cuando logran comer algo, siente el corazón profundamente desgarrado. Como si le hubieran arrancado de cuajo una parte.
También nosotros sentimos el desgarro de su desgracia. Cada desgracia que ocurre a un hermano a todos nos afecta. Por eso el evangelio de esta semana es una luz, una exigencia, un consuelo. Jesús experimentó la llamada del Padre a que vendara los corazones desgarrados. Nosotros sabemos que Jesús nos llama a dar la buena noticia a los pobres.
Cloe necesita comida, agua, mantas para el frío, ropa para vestirse, medicinas para sus heridas. Cloe necesita una mano amiga que limpie su rostro de tierra, que la abrace y le dé ánimos para seguir adelante. Necesita una voz amiga que la invite, ahora más que nunca, a confiar en Jesucristo. Necesita que le digan que Él no es un dios alejado de nuestros sufrimientos; que es un Dios de carne que conoce por experiencia propia lo que es sufrir. Por eso, siempre, incluso en la mayor de las desgracias, podemos acudir a Él. Cloe necesita saber que la vida de sus padres y sus hermanos no se ha desvanecido como si fueran polvo entre los escombros.
Necesita saber que su vida continúa entre las manos de un Dios que es amor. Ya es tarde, pero Cloe sigue necesitando un mundo más justo, donde la pobreza y la explotación no multipliquen los efectos de los desastres naturales, que mientras el mundo sea mundo nos acompañarán.
Dentro de algunos años, puede ser que Cloe venga a España buscando una vida mejor. Puede ser que el dinero lo consiga vendiendo su cuerpo de niña a algún canalla que haga turismo sexual –bonito nombre para una explotación tan salvaje–. Puede ser que consiga el pasaje, y cuando esté en nuestra tierra se encuentre con el calificativo de “ilegal” y se le nieguen hasta los derechos más básicos.
Cloe necesita pan y agua, un abrazo y una palabra de fe, justicia y dignidad para su vida y un mundo en el que todos seamos de verdad hermanos. Y lo que Cloe necesita es, para nosotros, Palabra de Dios.