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  • Respeto e igualdad

    La violencia contra las mujeres, es una de las más degradantes violaciones de los Derechos Humanos.  No respeta culturas, fronteras, niveles económicos ni estatus. Está presente en el ámbito privado, en el hogar, el trabajo y en la calle; en épocas de  conflictos y en tiempos de paz.

    La violencia contra las mujeres es una injusticia manifiesta, que impide a nuestra sociedad avanzar en igualdad y bienestar.

    •Cuando las mujeres dejen de ser ciudadanas de segunda y participen de forma igualitaria en la sociedad.
    •Cuando dejen de estar a la cabeza de las cifras de pobreza y desempleo.
    •Cuando dejen de sufrir la infravaloración de sus trabajos y los problemas de conciliación de su vida personal, laboral y pública.
    •Cuando se deje de usar su imagen como objeto de consumo.
    •Cuando sus palabras se oigan igual que las de los hombres.
    •Cuando se las nombre y se las visibilice en todos los espacios sociales.
    •Cuando exista una verdadera educación no sexista, donde niñas y niños, tengan presente y futuro con las mismas posibilidades.
    •Cuando puedan decidir si continuar o interrumpir sus embarazos.
    •Cuando suceda todo esto, desaparecerá la violencia de género.

    Esta violencia no solo afecta a las mujeres que la padecen, se proyecta a sus entornos familiares, hijos e hijas, trasmitiendo este tipo de violencia en generaciones posteriores. Este problema no se puede considerar exclusivamente de las mujeres. Es una gran alarma social. Las administraciones y la sociedad en general están llamadas a participar en su erradicación. Dejó de ser un delito invisible y produce un rechazo evidente y colectivo.

    La finalidad de esta concentración, es fomentar una convivencia basada en el respeto y la igualdad, y hacer patentes nuestro rechazo a la violencia.

    Es deber común:
    •Considerar que hombres y mujeres somos iguales en derechos, en capacidad de decisión y en oportunidades para elegir.
    •Rechazar todas las acciones y comentarios que trivialicen la discriminación de las mujeres, y que denigren su imagen.
    •Analizar críticamente discursos sexistas y violentos, difundidos por medios de comunicación.
    Es deber común:
    •Promover una educación igualitaria, en nuestro entorno más cercano.
    •Apostar por juguetes y juegos que acerquen y enriquezcan a niños y niñas, y no perpetúen los roles discriminatorios, que asigna a las mujeres cuidado y
    pasividad, y a los hombres, inteligencia y acción.
    •Decidir sobre nuestras vidas sin que ser hombres y mujeres nos impida elegir, promoviendo la eliminación de los estereotipos femeninos y masculinos.

    Es deber común:
    •Compartir solidariamente tareas domésticas y cuidado propio y de las personas, ganando autonomía y disfrutando del afecto de quienes queremos.
    •Resolver los conflictos de manera no violenta.
    • Participar socialmente para erradicar estructuras sociales, y mentalidades que fomentan la discriminación de mujeres en la sociedad.
    •Y es nuestro deber común: trabajar activamente por la igualdad, mostrando nuestro apoyo y solidaridad a las mujeres que sean víctimas de violencia de
    género.

    Desde 1975 hasta hace algo más de cuatro años, ETA asesino a 829 personas. Escalofriante cifra. Desde que se aprobó la Ley Orgánica de Medidas Integrales contra la Violencia de Género en 2004, el machismo ha asesinado a 658 mujeres. Aún más alarmantes estas cifras.

    Si una sola de ellas, hubiese sido víctima del terrorismo etarra ¿Cuántas condenas? ¿Cuántos homenajes? ¿Cuántos minutos de silencio le hubiesen guardado? ¿Cómo sentaría no luchar contra la violencia etarra o no aplicar la ley para combatir el terrorismo? ¿Es que no supone la violencia machista un atentado para difundir terror?

    Las muertas por el machismo son víctimas de segunda, frente a otros tipos de asesinatos o muertes por terrorismo, que son víctimas de primera.

    Cuarenta y seis son ya las mujeres asesinadas en lo que va de año. Más escalofriante que las cifras, es la indiferencia institucional, política y ciudadana que se continúa observando.
    Únicamente ganaremos la guerra a la violencia machista, cuando se establezca plenamente en todas las esferas, respeto e igualdad.

  • Austeridad

    Empieza el curso y con este una de las muchas cuestas del empinado declive que llevamos en descenso durante los últimos años. Contamos entre nosotros con algunas experimentadas familias que, no sin esfuerzo, llevan apretándose el cinturón demasiado tiempo, pero por desgracia además, comienzan a aparecer multitudes de novatos en materia del ahorro forzoso.
    Las fuerzas están flaqueando peligrosamente para los primeros, que lejos de acostumbrarse a la situación reinante, luchan día a día por alimentar a las siguientes generaciones que en el mejor de los casos, están resignados en «curritos» de condiciones dudosamente dignas o incluso en sus propias casas amordazados ante las perspectivas de futuro que se les plantéan. Y es que debemos empezar a reflexionar en qué repercuten las decisiones precipitadas y drásticas impuestas en pro de” malsolventar “esta crisis económica, en aquellos que precisamente ahora se suben a la ola de pobreza que amenaza con desolar el panorama profesional y académico de este país. Porque nos hallamos en un círculo vicioso, donde las aulas se masifican, la formación no es rentable, y las expectativas de un buen empleo que facilite la financiación de esas nuevas mentes ansiosas de mejorar el mundo, las desperdiciamos sin remedio, al verlos partir al extranjero en busca de nuevas oportunidades.
    En el mejor caso, de contar con una beca o alguna ayuda de esas que paulatinamente han ido desapareciendo y que se echan como la lotería, no es equiparable a la subida de los precios tanto en el transporte público como en el combustible, ni cubre el desembolso en material escolar. Las facturas por el contrario, sí cubren por completo los sueldos mileuristas con los que se obsequia a los pocos privilegiados que conservan su puesto laboral a final de mes, un mes más.
    Lo peor es ver en los ojos de amigos y vecinos la resignación que les arrastra hacia sus rutinas día tras otro, pidiendo únicamente que les dejen vivir en paz y que si al menos la situación no mejora, dejen las cosas como están. Darte cuenta de cómo sobreviven aferrándose a un clavo ardiendo aguardando a que escampe el temporal; observarles levantando tres veces su peso como hormigas que llevan sus migajas al hogar.
    No frivolicen pues al pedir austeridad, sino anímense a comprobar de primera mano las condiciones de aquellos que no tienen seguro médico privado, ni coche oficial, ni trajes caros. Tal vez, con conocimiento de causa puedan caer en la cuenta, por el contrario, de que lo absolutamente imprescindible ahora es la generosidad y la buena voluntad de todos los que necesitamos unos cuantos cambios, y que la recompensa por mantenernos fuertes no debe ser pisarnos, sino empujarnos juntos hacia delante.

    Empieza el curso y con este una de las muchas cuestas del empinado declive que llevamos en descenso durante los últimos años. Contamos entre nosotros con algunas experimentadas familias que, no sin esfuerzo, llevan apretándose el cinturón demasiado tiempo, pero por desgracia además, comienzan a aparecer multitudes de novatos en materia del ahorro forzoso.Las fuerzas están flaqueando peligrosamente para los primeros, que lejos de acostumbrarse a la situación reinante, luchan día a día por alimentar a las siguientes generaciones que en el mejor de los casos, están resignados en «curritos» de condiciones dudosamente dignas o incluso en sus propias casas amordazados ante las perspectivas de futuro que se les plantéan.

     

    Y es que debemos empezar a reflexionar en qué repercuten las decisiones precipitadas y drásticas impuestas en pro de” malsolventar “esta crisis económica, en aquellos que precisamente ahora se suben a la ola de pobreza que amenaza con desolar el panorama profesional y académico de este país. Porque nos hallamos en un círculo vicioso, donde las aulas se masifican, la formación no es rentable, y las expectativas de un buen empleo que facilite la financiación de esas nuevas mentes ansiosas de mejorar el mundo, las desperdiciamos sin remedio, al verlos partir al extranjero en busca de nuevas oportunidades.

    En el mejor caso, de contar con una beca o alguna ayuda de esas que paulatinamente han ido desapareciendo y que se echan como la lotería, no es equiparable a la subida de los precios tanto en el transporte público como en el combustible, ni cubre el desembolso en material escolar. Las facturas por el contrario, sí cubren por completo los sueldos mileuristas con los que se obsequia a los pocos privilegiados que conservan su puesto laboral a final de mes, un mes más.

    Lo peor es ver en los ojos de amigos y vecinos la resignación que les arrastra hacia sus rutinas día tras otro, pidiendo únicamente que les dejen vivir en paz y que si al menos la situación no mejora, dejen las cosas como están. Darte cuenta de cómo sobreviven aferrándose a un clavo ardiendo aguardando a que escampe el temporal; observarles levantando tres veces su peso como hormigas que llevan sus migajas al hogar.

    No frivolicen pues al pedir austeridad, sino anímense a comprobar de primera mano las condiciones de aquellos que no tienen seguro médico privado, ni coche oficial, ni trajes caros. Tal vez, con conocimiento de causa puedan caer en la cuenta, por el contrario, de que lo absolutamente imprescindible ahora es la generosidad y la buena voluntad de todos los que necesitamos unos cuantos cambios, y que la recompensa por mantenernos fuertes no debe ser pisarnos, sino empujarnos juntos hacia delante.