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  • Dejarse encontrar

    (Juan 20,19-29) PENSAMOS QUE tenemos que buscar a Dios, y nos equivocamos. Pensamos que tenemos que encontrar a Cristo, y erramos en nuestra manera de afrontar nuestra fe y nuestra vida. Pensamos que nuestro esfuerzo es el que nos abre el camino de la vida, y solo cuando, cansados, nos abandonamos estamos en situación de ser encontrados.

    En la vida, el precio que tenemos que pagar por lo que da sentido  es tan grande que nunca podemos costearlo. No podemos comprar el amor verdadero, ni con dinero ni con sacrificados favores. El amor se nos regala gratuitamente o no es amor. No podemos comprar el aprecio de los demás, y si intentamos hacerlo nunca nos apreciarán de manera ajustada a los esfuerzos que hemos hecho para conseguirlo. Las sombras del victimismo y la inseguridad son alargadas, y oscurecen nuestra alma en cuanto nos quedamos solos.

    Los evangelios de estos domingos nos hablan de la experiencia de los discípulos con Cristo Resucitado.

    Tampoco los primeros discípulos pudieron forzar el encuentro con Cristo Resucitado. Lo único que hicieron algunos fue encerrarse en una casa, paralizados por el miedo, dándose un poco de ánimo unos a otros. En ese reconocimiento de la debilidad propia, en esa confianza en que la debilidad ajena puede ser nuestra propia fortaleza, Jesús de Nazaret se presentó en medio de ellos entregándoles una paz profunda, inédita.

    La fe es experiencia de encuentro con Dios; que nos encuentra en nuestra sorpresa por lo gratuito y lo inmerecido que llena la vida. Tener fe es dejar de correr y dejarse encontrar.

     

  • Fin de semana aciago en tierras catalanas

    El conjunto femenino de División de Honor del CW Dos Hermanas cerró su doble compromiso barcelonés del fin de semana con sendas derrotas. Tras caer en la matinal del sábado de forma clara (14-4) ante el subcampeón, el CN Mataró La Sirena, el equipo sevillano encajó el domingo un nuevo tropiezo, en este caso ante el tercer clasificado de la máxima categoría nacional, el CE Mediterrani, al que llegó a ir dominando hasta el ecuador del partido para luego dejarse ir y ceder por 12-8.

    En busca de la permanencia matemática, el equipo nazareno hizo borrón y cuenta nueva para dejar atrás el encuentro del sábado y luchar por los puntos ante otro rival teóricamente superior pero del que a punto estuvo de sacar petróleo. Aunque el Mediterrani reaccionó y no dudó en castigar a las de Dos Hermanas.

     

  • Jesús es Jesucristo

    (Juan 1,29-34) “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor” (Papa Francisco, Evangelii gaudium, nº 3).

    Cuando los discípulos de Cristo se encontraron con Él y los llamó pensaron que era, simplemente, un hombre más. Inmediatamente captaron que la profundidad de su vida era distinta a la de cualquiera, y esa experiencia fue afianzándose con cada palabra y cada gesto del Profeta de Nazaret. Él les había dicho que era hijo de Dios, pero ellos pensaban que lo era como cualquiera de nosotros. Fue después de su muerte y su resurrección cuando los discípulos descubrieron la verdadera dimensión de esas palabras. Ellos descubrieron que Jesús de Nazaret era el Hijo de Dios y que en Él, en su mensaje, en su perdón, en su mirada, en su vida todos, sin excepción, podemos acogernos al amor del Padre.

    Los textos del Evangelio sobre Juan Bautista lo manifiestan con toda claridad: Juan era un Profeta, Jesucristo es el Salvador; Juan enseñó con sus palabras y su testimonio, Jesucristo nos entrega su vida y nos hace vivir de manera nueva al acogernos y dejarse encontrar por nosotros.

    ¡Que nunca caigamos en la tentación de reducir a Jesucristo a su mensaje, ni a su ejemplo. El cristianismo no es ni una doctrina, ni una forma de vivir. Ser cristiano es vivir en el encuentro con Jesús, nada compromete más, nada puede traernos más consuelo.

     

  • La misma historia de todas las jornadas

    Vence el Fuente del Rey y cae La Unión

    La 2ª Provincial nazarena vive en un bucle constante. Todas las semanas tiende a repetirse el mismo modelo: Fuente del Rey vence y la UD Dos Hermanas cae. Esta semana no se salió del guión.

    Pese a que le costó más trabajo que en semanas anteriores, el Fuente del Rey impuso su juego y venció por 3-2 al Alcosa. Tras una primera mitad con marcador a cero y cuantiosas oportunidades sobre un campo embarrado, los fuenteños saltaron más entonados en el segundo tiempo. El Fuente del Rey visita esta semana al Carrión, último clasificado.

    Fiel a su trayectoria esta campaña, la UD Dos Hermanas volvió a dejarse los puntos, esta vez en su propia casa y ante el Mairena (0-2). La joven cantera del club de El Chaparral no consigue hacerse a los rivales. A ello hubo que unir que el colegiado no estuviera a la altura de la ocasión. Pese a ello el primer gol se produjo en un riguroso penalti antes del descanso aunque el segundo llegó nada más comenzar la segunda mitad tras un clarísimo fuera de juego.

    La Unión se desplazará esta semana a jugar ante el Nueva Sevilla.

     

  • El pescador pescado

    (Marcos 1,14-20) PESCADORES DE hombres es el oficio que Jesús le ofrece a sus discípulos. Todos recordamos sus palabras: “Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres.

    En el Evangelio se dan algunas paradojas curiosas. En el de esta semana tenemos un ejemplo, sólo el que es ‘pescado’ puede convertirse en pescador. No es la única; acordaros de la frase de Juan Bautista: “Ese es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Pues bien, el ‘cordero’ es Dios mismo hecho pastor para llevar al pueblo por caminos de justicia y compasión. Sólo el cordero degollado puede ser pastor.

    Si no te dejas pescar por Jesucristo, no podrás ser pescador de hombres, no serás cristiano como Cristo te pide.

    Dejarse pescar por Jesús es dejarse liberar por las cadenas que nos tienen presos y esclavizados. Quizás es el afán por el dinero, o por quedar bien ante los demás; o tu obsesión por la propia perfección, o el rencor o la envidia que te carcome por dentro, o considerarte siempre el centro de la gravedad del universo. No, no te confundas, no son tus debilidades y pecados los que te impiden ser cristiano, es el no reconocerlas y no dejarte ‘pescar’ y liberar por Él.

    Quién ha experimentado su propia debilidad, su propio y autodestructivo pecado, y la presencia interpelante y liberadora de Cristo, esa persona es la que está capacitada para acercarse con afecto, tender la mano -también encallecida-al hermano, animar constantemente a los otros para que nunca se conformen con lo que impide la felicidad.

    Ser pescador es duro, no te lo oculto; pero, ¿quién renuncia a estrechar la mano de Jesucristo cuanto te la tiende?