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  • Andalucía apuesta por la función pública del crédito.

    Hace unas semanas nos despertábamos con la grata noticia del acuerdo definitivo sobre los Presupuestos 2015 y el Anteproyecto de creación del Ente Público de Crédito de Andalucía (ECA) entre PSOE-A e IULV-CA. Este compromiso no es sino la continuación lógica de la voluntad del Partido Socialista de auxiliar en el crédito a PYMEs y favorecer la creación de empleo de calidad y reconversión del sistema económico (hacia una economía social), alejado del anterior esquema de Cajas de Ahorro.

    La mayoría de los expertos coincide en que va a ser muy difícil, por no decir imposible, que las entidades financieras españolas sean capaces de hacer fluir el crédito a corto y medio plazo. Debiendo tener en cuenta que la contracción del crédito ha golpeado con mayor dureza a nuestra Comunidad que al resto del Estado.

    Desde el inicio de la Autonomía de Andalucía, el PSOE-A ha mostrado su preocupación por el apoyo al emprendimiento y empoderamiento de nuestra economía, apoyo materializado en más de una docena de Fondos Reembolsables sin personalidad jurídica (al servicio de las Consejerías) y mediante otras instituciones. También contamos con el ICO a nivel estatal, carente de control sobre los créditos, y que es cuestionado ya que su gestión ha ido encaminada a satisfacer los intereses de los bancos y no el interés general de la sociedad.

    Es por tanto real la necesidad de crear un instrumento que tenga capacidad de intervenir en el mercado financiero, de dar respuesta a las necesidades de crédito de las pymes y de financiar el cambio de modelo productivo que resulta imprescindible para evitar nuevas burbujas inmobiliarias. En todo caso, los objetivos que se marque la Entidad deben ser proporcionales a los recursos de los que disponga, a su madurez, experiencia y credibilidad en los mercados; algo difícilmente posible en la actualidad si el ECA se hubiera constituido como una entidad de depósito (banco en sentido clásico) de titularidad pública, que supondría problemas de cara al objetivo de déficit que nuestra Comunidad (como el resto de la Estado) debe cumplir. Asimismo, los requerimientos tanto de tamaño crítico como de un necesario periodo de maduración, hacen que en un primer momento no sea un elemento esencial la disponibilidad de una Ficha Bancaria
    Ante la imperativa necesidad de dar solución al problema financiero de nuestras empresas, y teniendo en cuenta las limitaciones racionales de los mercados, el Grupo Socialista planteó una alternativa consistente en un modelo de carácter evolutivo que, partiendo de una Instituto de Crédito Público, se encamine en su diseño, modelo de gestión, recursos, sistemas, etc. hacia un Banco Público que complemente a la Banca Privada y que lo haga con los recursos, la experiencia, madurez y el prestigio suficientes como para adquirir el necesario peso en el sistema financiero andaluz. Creemos en el desarrollo de un nuevo modelo de entidad financiera: fiable, moderna, transparente, ética, eficiente, profesionalizada, etc. En definitiva, que sea capaz de contribuir a marcar el camino a las futuras Instituciones Financieras, recogiendo lo más positivo de los modelos anteriores y añadiendo aquellos elementos que la actual crisis nos ha enseñado.

    Desde Juventudes Socialistas de Dos Hermanas creemos que la economía debe estar al servicio de la ciudadanía y que la intervención pública en ella sólo puede realizarse mediante la gestión transparente de los fondos. Es por esto que el ECA sólo puede entenderse en el marco de la Ley de Transparencia de Andalucía, que aspira a configurar una verdadera auditoría ciudadana de las cuentas públicas. Es esta la aspiración del PSOE-A: gestión de calidad, compromiso con las pymes, transparencia y vanguardia; ante los retos de esta crisis y de la segunda década del siglo XXI.

  • En el Dios de la Vida

    (Mateo 22, 23-30) Muchas religiones creen en la continuidad de la vida de las personas después de la muerte. Nuestro cuerpo, dicen los budistas, es como un vestido viejo del que el alma se despoja al morir. Los musulmanes también creen en un paraíso al que van los justos. A decir verdad, el primer rasgo de humanidad que constatan los antropólogos son los restos arqueológicos de tumbas, en las que siempre aparecen ofrendas que el difunto necesitará en la otra vida.

    Cuando se busca la secularización de la vida política y social, surge la necesidad de “honrar la memoria de los que han fundado la nación”; unas honras que en poco se distinguen del culto a los difuntos.

    Los cristianos no creemos en la supervivencia de nuestra alma cuando el cuerpo muere. La fe cristiana no se basa en el deseo humano de pervivir a la muerte, sino en la experiencia de la resurrección de Cristo. Por el testimonio de los apóstoles creemos que Jesús, muerto en la cruz, resucitó y se convirtió en fuente de vida para los que creen en él. Por esa fe sabemos que nuestros difuntos viven en él; que el amor que vivieron sigue vivo, porque él es amor y quiere que su amor sea eterno.

    Por nuestra fe los cristianos sabemos que nuestros difuntos viven de la presencia y la bondad del Dios de la Vida. Dios es Vida, y en su presencia la muerte se desvanece. En su presencia hasta nuestra mezquindad retorna al impulso del que nació: la necesidad de ser protegido y amado; y en su presencia se ve colmado.

  • En el Dios de la Vida

    (Mateo 22, 23-30) Muchas religiones creen en la continuidad de la vida de las personas después de la muerte. Nuestro cuerpo, dicen los budistas, es como un vestido viejo del que el alma se despoja al morir. Los musulmanes también creen en un paraíso al que van los justos. A decir verdad, el primer rasgo de humanidad que constatan los antropólogos son los restos arqueológicos de tumbas, en las que siempre aparecen ofrendas que el difunto necesitará en la otra vida.

    Cuando se busca la secularización de la vida política y social, surge la necesidad de “honrar la memoria de los que han fundado la nación”; unas honras que en poco se distinguen del culto a los difuntos.

    Los cristianos no creemos en la supervivencia de nuestra alma cuando el cuerpo muere. La fe cristiana no se basa en el deseo humano de pervivir a la muerte, sino en la experiencia de la resurrección de Cristo. Por el testimonio de los apóstoles creemos que Jesús, muerto en la cruz, resucitó y se convirtió en fuente de vida para los que creen en él. Por esa fe sabemos que nuestros difuntos viven en él; que el amor que vivieron sigue vivo, porque él es amor y quiere que su amor sea eterno.

    Por nuestra fe los cristianos sabemos que nuestros difuntos viven de la presencia y la bondad del Dios de la Vida. Dios es Vida, y en su presencia la muerte se desvanece. En su presencia hasta nuestra mezquindad retorna al impulso del que nació: la necesidad de ser protegido y amado; y en su presencia se ve colmado.

  • El PA pide que el Colegio Blas Infante no cambie de nombre

    El Partido Andalucista ha pedido al Ayuntamiento que mantenga el nombre del Colegio Blas Infante, tras su traslado a su nueva ubicación, y abandone la intención de renombrarlo como Arco Norte. Su secretario local, Alejandro Santos, ha asegurado que “los andalucistas de Dos Hermanas creemos oportuno respetar el nombre del centro, sobre todo, porque hablamos del Padre de la Patria Andaluza, como recoge el Estatuto de Autonomía de Andalucía”.

  • Providencia y libertad

    (Juan 14,15-21) PODEMOS decir que creemos en Dios, y considerarlo ajeno a nuestra vida, como el Ser que dio comienzo al mundo. Podemos decir que creemos en Jesucristo, sin acoger su presencia de resucitado acompañando nuestro camino. Pero al creer en el Espíritu la vivencia racionalista y fría de la fe se llena de calor y de color.

    Cuando creemos en el Espíritu, creemos en el impulso hacia el bien que el Padre imprime en nuestra vida. Creer en el Espíritu es creer en la Providencia de Dios; en su presencia bondadosa y benefactora, en el interior de la historia y de nuestra vida.

    Cuando creemos en el Espíritu, sabemos que enfermedad, dificultades y problemas, todo, puede servirnos para el bien. No es el azar, ni la necesidad lo que gobierna, en lo profundo, nuestra vida. Junto con las causas y los azares contamos con la presencia de Quien –desde nuestra intimidad y desde lo íntimo de la vida—nos ayuda y nos protege. La Providencia de Dios en nuestras vidas tiene nombre propio. Su nombre es Espíritu.

    Cuando creemos en el Espíritu, creemos que nuestra vida es, siempre, para Dios lo más importante. No es que sea lo más importante para nosotros, que ya es decir, es que es lo más importante para Dios mismo. Para Dios no hay normas, ni leyes, ni tradiciones, ni dogmas, siquiera, más importante que ninguno de sus hijos. Cuando caminas en la fe en el Espíritu tu propia vida y la vida de los que te rodean se convierte en un absoluto.

    Cuando creemos en el Espíritu nuestra existencia y la historia se abren a la novedad de lo insospechado. Así le ocurrió a los primeros cristianos, así le ocurrió al imperio esclavista que residía en Roma. El Espíritu es como un vendaval que se lleva lo viejo y lo caduco, y nos hace vivir en la juventud de Dios. Yo conozco jóvenes que lo llevan siendo 50 años, y 60, y 70. La persona que conozco que lleva más tiempo siendo joven, se llama Rosario, es religiosa, y cuida leprosos en Macao. Lleva siendo joven 85 años.